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| MADREPAZ ARCANO 6: LOS ENAMORADOS. �Uni�ndose�. Tradicionalmente una imagen de dualidad y elecci�n, los Amantes representan las fuerzas yin y yang del universo y su natural atracci�n. El amor o encuentro entre estas fuerzas complementarias ocurre en muchos niveles. En el plano social, los Enamorados simbolizan matrimonio. En un nivel m�s profundo, en su forma esot�rica, la imagen se refiere al �hieros gamos� o matrimonio sagrado de la iniciaci�n de los misterios, el encuentro de cualidades opuestas dentro del ser, lo que conduce a la totalidad. La uni�n de lo masculino y lo femenino es reconocida por todas las culturas como necesaria para la continuaci�n de las especies. En pr�cticas t�ntricas de la India, esta uni�n es ritualizada y efectuada en ambientes especiales. En los Misterios Eleusinos, as� como en otras religiones, es facilitado por el Hierofante. Hasta nuestros d�as es necesario un sacerdote, un rabino, un ministro o un juez para casarse oficialmente. Pero el significado esencial de un matrimonio alqu�mico, ya sea sexual o no, est� siempre en la uni�n entre lo divino en nosotros y el universo. En la imagen de la Madre Paz, est� uni�n no est� a�n realizada sino solamente visualizada y deseada; lo que es activo en esta situaci�n es la fuerza de la atracci�n. La imagen de los Amantes es atribuida al signo astrol�gico de G�minis, los gemelos, y representa la forma dual de ver las cosas (en pares). La ciencia oculta ense�a la doctrina de las almas gemelas que encierra m�s claramente esta idea. En el plano f�sico, cada ser humano tiene al menos un opuesto o �gemelo� en alguna parte de la tierra con quien el alma desea unirse. Cuando estos seres se encuentran, lo saben y se conectan. Cuando los dos entran en armon�a, se produce una arrobadora uni�n y el ser es Uno. En el Tarot, la carta de los enamorados se refiere generalmente a una uni�n sexual en proceso. El Tantra ense�a que la fusi�n humana a trav�s de la sexualidad produce la disoluci�n de los l�mites del ego y la experiencia del �xtasis. Las estatuas hind�es de la uni�n sexual Shiva-Shakti o el �Yab-Yum� tibetano son demostraciones en el plano humano de una uni�n que es divina. En las culturas modernas, la uni�n de los amantes est� necesariamente ligada con ideas y estereotipos de roles sexuales culturales. En la imagen Madrepaz, en primer plano, se coloca el amor patriarcal, representado por los jarrones griegos que describen algunas �escrituras� que comienzan con el patriarcado y que a�n est�n vigentes, 5.000 a�os m�s tarde, en el cine, en la TV, en libros, juegos y la mitolog�a de nuestros d�as. Los jarrones griegos se empezaron a pintar en Corinto alrededor del siglo VII a.C. En Atenas, un siglo m�s tarde. Los jarrones atenienses, en particular, son precursores de la mitolog�a rom�ntica europea y americana de los tiempos modernos. El jarr�n a la izquierda describe un mito popular: el h�roe matando a la reina amazona. En este caso es Aquiles matando a Pentesilea. J. J. Pollit dice que �Aquiles se yergue sobre la amazona ca�da y en el momento de darle el golpe mortal sus ojos se encuentran. Su brazo parece congelarse cuando la ira, el deber y el orgullo entran en conflicto con el amor y el arrepentimiento�. �Se defiende Pentesilea? Ella �lo toma d�bilmente, en parte implorando, en parte resistiendo. En su caso, el miedo y el orgullo y, quiz�s el amor, se mezclan�. El lado oscuro del romanticismo cultural es esta temprana conexi�n entre sexo y violencia que comenz� como violaci�n durante la transici�n al patriarcado. Esta glorificaci�n de la violaci�n y su asociaci�n perversa con la sexualidad es un recuerdo desagradable de las violentas ra�ces de nuestra cultura. En el jarr�n de la derecha se muestra a una pareja en la cual el hombre no violenta a la mujer, sino que la adora, lo que a primera vista parece reflejar la antigua cultura de la Diosa. Sin embargo, a las mujeres atenienses se les otorgaba el poder de ser adoradas, pero no de ser iguales a los hombres. Una vez casadas, las mujeres no pod�an esperar recibir nuevamente atenciones rom�nticas de sus esposos. Solo ten�an relaciones sexuales para procrear, reservando su pasi�n para las hetairas y los efebos. En el primer plano, la energ�a rosada representa al amor y los deseos, a la vez que todos los temores inconscientes que traemos a una relaci�n. Est� enturbiada con los pensamientos sobre lo que podr�a suceder entre dos personas que se unen en el intercambio sexual. Alice Bailey dice que �el encanto de una pareja de opuestos es de una naturaleza densa y fogosa, algunas veces coloreada con alegr�a y gloria, otras con melancol�a y depresi�n�. �Cu�nto dura este vaiv�n? �Tanto como �nfasis se proyecta sobre los sentimientos� y, en forma m�s precisa, permanece tanto tiempo como estemos perdidos en ideas de c�mo deber�amos sentir, antes que movilizarnos desde nuestros verdaderos sentimientos. Mientras nos acerquemos unos a otros manejados por ideas patriarcales y por imaginarse sobre qu� es el amor y c�mo deber�a ser, tendremos problemas para alcanzar la alegr�a c�smica. La segunda etapa de seres amorosos comienza cuando dos personas se tocan mutuamente en vulnerabilidad y confianza espont�nea. En la imagen de la Madrepaz esto se sugiere en las figuras geom�tricas blanca y negra que est�n unidas. Ahora bien, hay un sentido de algo superior al ego se�alando m�s que un mero entendimiento racional consciente. Cuando dos personas conf�an una en otra como para dejarse ir en el hecho amoroso, rindi�ndose a la fuerza de lo desconocido, al �vac�o�, entonces comienzan juntos a construir el divino cuerpo de luz que representa su uni�n. En el budismo, este cuerpo sutil es el �Vajra� o �cuerpo diamantino�, invencible y eterno. Este �nosotros� de nuestra uni�n es una entidad con derecho propia que comienza a tener su propia vida. En la imagen Madrepaz aparecen detr�s dos seres posando en el umbral del �xtasis, el precipicio donde botar�n lo mundano. Los Amantes emergen bajo el arco de guirnaldas rojas que simbolizan pasi�n. Mientras saltan al espacio abierto, ambos se integran en un nuevo �s� mismo� y todo el amor dado regresa en un continuo c�rculo de energ�a entre ellos. Este �xtasis simbolizando por la esfera naranja del sol poniente es un prototipo del c�rculo de sanaci�n. Ser un canal para movilizar las energ�as amorosas abiertas en nosotros, a la profunda protecci�n y sanaci�n universal prometida en el yoga u otras formas de ritual c�smico. La psiquis se limpia y las c�lulas se regeneran, pues el calor del amor nos libera de antiguos dolores y quema el karma del pasado. Este dichoso estado de conciencia est� bien representado por el n�mero seis, que siempre significa una experiencia m�xima de algo. Es necesario, para los Amantes modernos que desean entrar en un espacio sagrado, limpiarse de formas violentas de pensamiento y de im�genes distractoras de la real energ�a de Eros y Psique -coraz�n y alma-. Nick Douglas y Penny Slinger en �Secretos Sexuales�, describen c�mo los Amantes se preparan, en Tantra y otras disciplinas orientales, a trav�s de ayunos preparatorios y ritos de purificaci�n que liberan al cuerpo de �venenos y toxinas� que empa�an el sistema nervioso y dificultan sentir realmente. En seguida, prescriben pr�cticas de meditaci�n y formas de respirar juntos, toc�ndose y relaj�ndose, de manera que la energ�a de ambos se transforme y est� lista para la uni�n. Finalmente, se permite que el deseo aumente, incendiando la sagrada llama de la pasi�n y anhelos que existen en todos nosotros. Cuando dos serios Amantes se unen con mutuo respeto y reverencia por la energ�a sagrada, se produce una uni�n en la cual comprenden sin palabras la verdadera naturaleza del amor del universo. Experimentan sus cuerpos como templos de la Diosa donde sus corazones pueden abrirse sin dudas, cr�ticas, iras o necesidades ego�stas. Con la pr�ctica, pueden lograr una gran sensibilidad y cada vez que se unan caer�n las viejas estructuras y nuevas formas ser�n posibles. Los sabios t�ntricos sugieren que se pueden sanar todas las enfermedades a trav�s de este m�todo y lograr longevidad y, al mismo tiempo, un entendimiento m�s profundo de los misterios que subyacen en las palabras. VOLVER A TAPA |
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