LA GRAN DIOSA
(continuaci�n)

Las brujas.

Despreciadas, temidas, quemadas en la hoguera, feas como monstruos, llenas de verrugas y volando en escobas, eso fue lo que qued� de las brujas en el imaginario colectivo. Mujeres que rinden culto a la Diosa �o las diosas� reivindican y rescatan como principales v�ctimas de la violencia del patriarcado. Brujas son todas las que reconocen los poderes que se suponen propios del g�nero o al menos m�s desarrollados como la intuici�n, la sensibilidad, la capacidad de nutrir, de curar, de transitar entre el mundo de lo visible y lo invisible. Carlos Castaneda tambi�n reconoce el poder de las mujeres �para colapsar los par�metros de la percepci�n ordinaria, para ampliar lo perceptible�. Y el �tero tiene un papel fundamental en este modo de la percepci�n, por eso las brujas, seg�n Castaneda y seg�n las feligresas de la Diosa, entrenan su vientre como un �rgano de conocimiento. Como tales las brujas y sacerdotisas �que en definitiva son lo mismo� manejan las hierbas y los elementos necesarios para curar, fertilizar o consultar or�culos. La �nica regla a la que obedecen en los c�rculos de la Diosa es �haz lo que quieras pero no perjudiques a nadie�. Porque adem�s, como la vida es un c�rculo, todo lo que una provoca o da vuelve. Y ninguna bruja que se precie quiere que le devuelvan maldades. �Todas las mujeres tenemos un modo particular de usar el cerebro, podemos atender el tel�fono, trabajar y atender a los ni�os, escribir y lavar la ropa. Podemos ser madre y padre, como la Diosa Creadora. Podemos usar los dos hemisferios, pero la diferencia entre una mujer que hace todo eso y adem�s sabe qui�n llama antes de atender eltel�fono es que la bruja hace todo naturalmente �explica Wigutov�. El antiguo arte saca afuera tu diamante y hace que brille, de eso se trata el entrenamiento. Una bruja puede utilizar su potencial de un modo consciente y deliberado con el objetivo de ligar los dos mundos.� H�cate es una de las manifestaciones de la diosa anciana y es, a la vez, la madre de las brujas. Igual que Lilith, la otra, la condenada a la oscuridad, que rige la sensualidad, el poder de atracci�n. �En mi familia hay una bruja por generaci�n �dice Adriana G�mez�, pero yo soy diferente porque ellas invocaban a la Virgen Mar�a para curar. Yo me hice hija de la Diosa. Hoy ser una bruja significa ser rebelde, como las mujeres que se opusieron al sistema desde distintos lugares. Ellas fueron las herederas de una sabidur�a ancestral. Eran las otras. Por eso quer�an desterrarlas y matarlas. Nunca se supo cu�ntas mujeres murieron en la hoguera por la Inquisici�n, pero se estima que entre tres y nueve millones. Hoy significa hacerte cargo de tu propio poder, decir que no cuando lo ten�s que hacer, defender a tus hermanas, defender la tierra.�

Ay�date a ti misma.

El culto a la Diosa no es una religi�n, porque religi�n remite a estructuras verticales y dogm�ticas. Es una pr�ctica espiritual para algunas, es una forma del feminismo cultural para otras. Y es tambi�n una herramienta de autoayuda y �sa es su manifestaci�n m�s expandida. �Trabajar con los arquetipos de las Diosas ayuda a recomponer tu mundo interno, a evitar las situaciones depredadoras. Conociendo los mitos sagrados femeninos, las mujeres pueden reconocerse y empoderarse�, dice Bernardo. Se trata simplemente de reconocer lo sagrado en el propio cuerpo, de redescubrir sus capacidades y convertirlo en un lugar de placer, �al contrario de lo que proponen las religiones tradicionales que te exigen abandonarlo, salir de �l porque su goce es pecaminoso�, dice Rom�n. �Encontrarse con la Diosa �dice Adriana� es como volver a casa.� Y en ese lugar es f�cil sentirse seguras.


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