
Santo Tomás de Aquino (1225-1274), el «Doctor Angélico», patrono de la educación católica
Artículo especial:
una aproximación a la autenticidad de la Torre de Babel (primera parte)
Es sugestiva e interesante al mismo tiempo la ausencia de lo que podríamos denominar «evidencias de civilización» en el registro arqueológico más allá del año 4000 antes de Jesucristo. Es por todos reconocida la presencia de herramientas de pedernal, fogatas o sepulturas anteriores a esa época; no obstante, no es posible hallar templos, murallas, monumentos o registros escritos anteriores a la citada fecha.
La evidencia negativa, en este caso, es firme e intrigante, sobre todo porque, de acuerdo a la hipótesis de la evolución, la especie Homo Sapiens existe sobre la faz de la Tierra desde hace entre cien y doscientos mil años. En términos concretos, personas como nosotros, inteligentes, voluntariosos, creativos, habrían pululado durante milenios sin dejarnos legado cultural alguno, hasta un «súbito» cambio cerca del año 4000 aJC.
Cabe la posibilidad, es cierto, de que aún no hayamos encontrado esas evidencias de cultura y civilización. Pero es por lo menos intrigante la feroz incompatibilidad entre los teóricos 200 mil años de existencia del género humano y los escasos 6000 años de civilización cultural. Quizás suene impactante, pero la evidencia arqueológica parece más consistente con el relato bíblico del Pentateuco que con la paleontología humana.
Los registros históricos sitúan a la primera civilización humana en la Mesopotamia (actual Iraq, o lo que queda de ese país) hacia el año 4000 aJC, incluyendo ciudades como el caso de la sumeria Ur. Unos pocos cientos de años después, se desarrollaron en ese mismo territorio la escritura cuneiforme y una primitiva industria del bronce.

Figura 1.- Vasija sumeria (hacia 3500 aJC)
Las culturas del Antiguo Egipto son levemente posteriores, existiendo evidencias de gobiernos organizados hacia 3100 aJC (el tiempo de las grandes pirámides llegaría medio milenio después).
Es destacable que se dispone de evidencias de civilizaciones europeas contemporáneas de las primeras culturas egipcias, en sitios tan distantes entre sí como Creta, Escandinavia e Irlanda. En lo que hace al Asia, el desarrollo cultural es discretamente más tardío: ya en 2500 aJC existen claros registros históricos de la Dinastía Xia en el valle del Yangsté. En cambio, son mucho más recientes las civilizaciones de la India o las conocidos construcciones de Camboya, que sólo tienen unos pocos cientos de años.

Figura 2.- El conocido templo Sanchi de la India (entre los siglos II aJC y I dJC)
En nuestra hermosa Sudamérica, entontramos la construcción de formaciones piramidales en el valle de Atacama (incluyendo la Huaca de los Sacrificios), datadas hacia 3000 aJC, esto es, son anteriores a las grandes culturas de Mesoamérica y, por supuesto, al grandioso Tahuantinsuyo de los incas.
Es evidente la existencia de una primera civilización humana en la periferia del río Éufrates, con una aparente dispersión geográfica y cronológica por el globo terrestre a partir de allí. ¿Es qué acaso deberíamos ver con otros ojos al relato de la Torre de Babel, en el Génesis? La respuesta acaso nos la brinde un análisis lingüístico, al que nos dedicaremos con detalle en la segunda parte de esta nota.
Revista Digital Fides et Ratio - Octubre de 2006