San Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia

Santo Tomás de Aquino (1225-1274), el «Doctor Angélico», patrono de la educación católica

Artículo especial: 

una aproximación a la autenticidad de la Torre de Babel (segunda parte)

 

El lenguaje es un medio de expresión y vínculo entre los seres humanos que, a diferencia de la comunicación entre animales, posee la capacidad de discriminar entre el contenido y la forma que toma ese contenido; de transmitir eventos nuevos, pasados o futuros; y de ser propagado generacionalmente de padres a hijos. Muchos lingüistas modernos tienden a clasificar los lenguajes humanos desde un punto de vista genealógico, mediante el cual se comparan los distintos sistemas fonéticos, incluso con lenguas que ya no se utilizan cotidianamente. Por decirlo de alguna manera, existen lenguas troncales de las cuales se han derivado muchas otras; un buen ejemplo de esta situación es el latín del Imperio Romano y sus actuales secuelas: el castellano, el catalán, el gallego, el francés, el italiano, el rumano, el portugués y el romanche.

Sin embargo, es notable que entre las lenguas del gran espacio indoeuropeo parece existir un único antepasado idiomático común, con familiaridades tanto en el léxico como en la fonética y la semántica. Un ejemplo destacable es el vocablo latino patrem, del cual han nacido «padre», «pai», «pére» y «father».

La Torre de Babel (Peter Breughel, siglo XVI)

Figura 1.- La Torre de Babel (Peter Breughel, siglo XVI)

Son muchos los lingüistas, de hecho, que más allá de las controversias, sitúan al lenguaje protoindoeuropeo hacia 4000 aJC en el territorio que actualmente corresponde al Cáucaso o al Este de Turquía, desde donde se irradiarían en diferentes direcciones:

à al sudeste, generando el farsí (idioma iraní, que actualmente usa caracteres arábigos) y el sánscrito, el cual a su vez daría origen al hindí y al urdu

à al oeste, dando lugar a los grandes troncos griegos, eslavos, báltico, germánico y romance

 

Como destacábamos en la primera parte del artículo, existe evidencia secular de una dispersión humana y cultural hace unos pocos miles de años desde el área donde, según el Génesis, se hallaba la torre de Babel y su confusión de idiomas. Sin embargo, hay quienes remarcan que las lenguas semíticas, de Asia oriental y de los pueblos originarios de América no guardan relación con este probable idioma primitivo.

 

Se reconoce hoy que no existe un consenso claro acerca del patrón migratorio cultural e idiomático de estos pueblos, incluyendo, por ejemplo, los más de 2000 idiomas hablados en el África antes de la invasión europea; sí parece clara la existencia de una migración original procedente desde el nordeste africano (Egipto) hacia el oeste y el sur de ese continente, lo cual no deja de coincidir con la Babel de Cercano Oriente.

Incluso, los idiomas de nuestros pueblos originarios, como los populares quechua, aymará y nahuatl, están emparentados con los idiomas del Norte de Siberia, sugiriendo un patrón migratorio desde aquellas latitudes.

Es indudable que los lenguajes se modifican en el tiempo a velocidades sorprendentes. Les tomó muy poco tiempo a los latinoparlantes del fraccionado imperio romano convertirse en francófonos, hablantes del italiano o usuarios del castellano. Muy rápidamente también las lenguas bárbaras se trocaron en el inglés británico o el sueco, por ejemplo. Incluso contamos con el ejemplo de las distintas variantes del castellano en nuestra América Latina (donde se constratan el muy puro idioma de nuestros hermanos colombianos con el increíble castellano del Río de la Plata).

Lo cierto es que el desarrollo del lenguaje, al menos el de la familia indoeuropea de idiomas, tiene un patrón de dispersión cronológico francamente compatible con la historia de Babel. Por otro lado, las lenguas africanas, en forma quizás menos evidente, podrían acomodarse en el mismo modelo. Si asociamos a este fenómeno sociológico los conocimientos genéticos en relación al modelo de la Eva mitocondrial, quizás podemos reconocer que el Genésis no nos describe un mero simbolismo, sino que nos muestra de modo claro y contundente fragmentos de nuestra historia como especie que, de todos modos, parece menos antigua de lo que creemos.

 

Revista Digital Fides et Ratio - Noviembre de 2006

 

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