
Santo Tomás de Aquino (1225-1274), el «Doctor Angélico», patrono de la educación católica
Artículo especial:
los medios de comunicación y las virtudes clásicas
Los medios de comunicación y las cuatro virtudes clásicas
Prudencia,
justicia, fortaleza y templanza siguen siendo guías para sacar lo mejor de los
medios, incluyendo Internet.
Las virtudes
teologales (fe, esperanza y caridad) ordenan todas nuestras capacidades y
fuerzas al fin sobrenatural que es Dios. Las virtudes cardinales (templanza,
prudencia, justicia y fortaleza) disponen esas mismas capacidades y fuerzas
pero a los medios que conducen al fin: ordenan los actos humanos a Dios.
Se llaman
cardinales porque son como la bisagra o gozne sobre el que descansa toda la
vida moral humana. También las llamamos cardinales porque son como ciertas
condiciones necesarias para cualquier otra virtud.
Desde antiguo
se han reducido las virtudes a cuatro principales. Filósofos como Sócrates,
Platón, Aristóteles, Macrobio, Plotino y Cicerón hablaron expresamente de ellas
considerándolas virtudes quiciales.
¿Por qué hemos
elegido este subtipo de virtudes y no otras? Porque las cardinales tienen una grande influencia sobre
tantas otras virtudes anejas y subordinadas. Si considerásemos
al mundo de las virtudes como un gran árbol, las cardinales serían las raíces.
Es obvio que si queremos obtener frutos que perduren, trabajaremos de raíz.
¿Qué relaciones
se pueden hacer entre medios de comunicación social y virtudes cardinales? Es
fácil entender que para potenciar el recto y eficaz uso de los medios de
comunicación, busquemos trabajar las raíces de cada una de nuestras acciones de
manera que ese trabajo se convierta en un hábito bueno por el que, cada vez más
espontáneamente, rechacemos instintivamente el mal que también ofrecen algunos
medios de comunicación.
Si, como ya se
ha dicho, las virtudes cardinales disponen nuestras capacidades y fuerzas a los
medios que llevan al fin, y los medios de comunicación no dejan de ser canales
que conducen a un fin último, Dios en definitiva, la relación está más que
justificada. En buena medida tenemos parte del camino andado pues como dijimos
al inicio, Dios nos ayuda pero también
deja espacio a nuestra libertad para responder soberana y buenamente.
No está de
sobra recordar qué es una virtud. El Catecismo de
Sí, nosotros
queremos el bien; más aún, a él tendemos. Deseamos actuar de una forma
correctamente ética siendo fieles a nuestra conciencia cuando usamos los medios
de comunicación dando así lo mejor de nosotros mismos. Aspiramos a optar,
siempre y en todo momento, por el bien. A continuación vamos a ir ofreciendo
reflexiones en torno a cada una de las virtudes teologales aplicándolas a
líneas generales de acción más o menos concretas donde cada una de ellas se
puede emplear o identificar su aplicación. Dado que el Internet ofrece un
amplio campo para el ejercicio, vamos a hacer un énfasis sobre él si bien por
analogía se podrá utilizar los comentarios para el cine, la radio, la
televisión o la prensa escrita.
Pero antes de
ir a las reflexiones, conviene tener presente dos aspectos valiosísimos que no
podemos dejar de lado y que debemos recordar a lo largo de la lectura de este
texto pues, en última instancia, queremos crecer en la vivencia de las virtudes
no sólo en su relación específica con los medios de comunicación sino también
en todas las demás dimensiones de nuestra vida. Y para crecer debemos recordar
que no estamos solos: tenemos a Dios.
A) Las
virtudes crecen de tres formas:
A.1
Mediante la educación: por eso no están demás las enseñanzas aprendidas en el
hogar ni los valores que guardan relación con las virtudes que se aprenden ya
no sólo en la familia sino también en la escuela, de la cultura y de la
sociedad.
A.2
Mediante actos deliberados: todos nuestros actos son libres. Tenemos
libertad de acción. Pero nuestras acciones tienden a ese principio inscrito en
nuestro interior: hacer el bien y evitar el mal. Indudablemente podemos abrazar
el mal, pero sólo mediante actos buenos podemos fortalecer los buenos hábitos y
ser así más virtuosos. Si fuese al contrario, seríamos viciosos pues el vicio
entraña el mal.
A.3
Mediante la perseverancia en el esfuerzo. Es un dato de
experiencia el que algunas veces obramos el mal, que sucumbimos. Sin embargo
podemos levantarnos y proseguir la lucha para ser mejores. También es un dato
de experiencia el que las buenas acciones cuesten alcanzarlas. El esfuerzo es
el empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia; el
empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo
dificultades.
B) La
gracia divina las purifica y las eleva
No hay que
perder de vista que en la vivencia y fortalecimiento de las virtudes contamos
con la ayuda de Dios que quiere que las vivamos y transmitamos haciendo
percibir la belleza que entrañan. A la educación, libertad correctamente
empleada y esfuerzo constante se une la bendición de Dios.
1. La
prudencia
La prudencia es
la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia
nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. Ya lo dice
el libro de los proverbios: "El hombre cauto medita sus pasos" (Prov
14,15).
En las antiguas
Grecia y Roma, el hombre que gobernaba los caballos de los carros en las
carreras de circo era llamado auriga. Muchos han visto en la virtud de la
prudencia a ese auriga de todas las demás virtudes ya que las conduce
indicándoles su camino. Así, el hombre prudente decide, ordena y guía su
conducta según el juicio de la prudencia.
La prudencia
abarca virtudes acerca del conocimiento (memoria, entendimiento, docilidad,
sagacidad, razón, circunspección, providencia y precaución), la synesis (virtud
que nos ayuda a juzgar según las reglas comunes) o el consejo.
En su relación
con los medios de comunicación social, esta virtud nos enseña:
A.
Respecto a la prensa escrita : a ser precavidos cuando leemos artículos o
noticias que pueden afectar las verdades fundamentales de la ley natural y de
la fe, viciándolas, adulterándolas o sembrando la confusión en nuestro interior
con el consiguiente riesgo de afectar luego a otros. No podemos “pecar” de
soberbia considerándonos lo suficientemente maduros como para prescindir de
ella. Es verdad, como lo hemos dicho en alguno de nuestros artículos, que
podemos educarnos en la lectura de la prensa a través de su análisis y
confrontación. Aquí se presupone todo cuanto se ha dicho en esos otros lugares.
B. En
relación con la radio y la música: aquí también podemos aplicar lo dicho en el
punto anterior si bien va no a la lectura cuanto a la audición de programas y
música. La prudencia nos ayudará a renunciar a la música que puede conllevar a
varios males como la dispersión mental, la asimilación inconsciente de
criterios no aptos para el hombre o la incitación a determinadas acciones
(pienso, por ejemplo, en la música violenta con letra agresiva que invita a
actos vandálicos). Es muy conocido que algunas películas y programas de
televisión han influido en la manera de comportarse de miles de jóvenes de
entre los cuales han salido asesinos en escuelas, por ejemplo, de diferentes
ciudades de Estados Unidos aunque no únicamente allá.
C. En
relación al cine, la televisión y el Internet : siendo que en estos
tres medios de comunicación ocupa un lugar destacado el campo visual y siendo
que el triste desarrollo de la pornografía se extiende ya no sólo a productos
específica y totalmente pornográficos (hoy por hoy, muchas películas o
programas de televisión con argumentos varios y proyectados a plena luz del día
recurren a escenas llenas de erotismo o tal cual a la pornografía pues saben
que provocan morbo y curiosidad malsana y en consecuencia son causa de mayor
audiencia).
La prudencia
nos ayudará a evitar toda aquella ocasión que nos lleve a buscar la lujuria de
la vista (que las más de las veces lleva a la de la carne) dando al acto sexual
la justa reivindicación que tiene dentro del marco del amor conyugal del
verdadero y único matrimonio posible: el de un hombre y una mujer.
Concretamente en Internet, nos dará la certidumbre de que renunciaremos a ver
pornografía cuando no la buscamos y que ni siquiera pasará por nuestra mente el
ir a la caza de ella.
2. La
justicia
En
La justicia
comprende virtudes como la religión, la piedad, la obediencia, el justo
castigo, la fidelidad, la simplicidad, la afabilidad, la liberalidad y la
equidad.
Justicia,
entonces, implica que de hecho le estamos dando un lugar a los medios de
comunicación; significa que les estamos dando o les debemos dar el auténtico
lugar que deben ocupar en la vida de la sociedad; es decir, que los estamos
valorando correctamente.
Puede surgir
una duda: ¿y cuál debe ser esa correcta valoración? Ayuda pensar una y otra vez
que son “medios”, no fines. Sólo la persona humana y Dios son fines en sí
mismos. Puede estar latente la tentación de convertirlos en fines invirtiendo
en ellos todo nuestro tiempo irresponsable e injustamente. Los medios de
comunicación nunca sustituirán, por ejemplo en el mundo de Internet, el valor
de la relación persona a persona. No podemos abstraernos de la realidad. Se
puede hacer uso de Internet para enriquecer las relaciones interpersonales en
su justa medida a través del chat o el messenger, pero jamás ese medio
suplirá nuestro ser social que como humanos llevamos intrínsecamente.
La virtud de la
justicia también hace referencia a un derecho tristemente violado y cada vez
con mayores posibilidades de impunidad: la propiedad intelectual. Me refiero,
sobre todo, a la prensa y el mundo editorial impreso y digital, a la música y a
la cinematografía. ¡Con qué facilidad se presentan en la escuela –incluso a
nivel universitario– trabajos descargados de portales de Internet o transcritos
de alguna enciclopedia o libro sin citar la fuente o al autor! Ni qué decir del
negocio en que se ha convertido la música robada y difundida en varios portales
o de la exhibición y transmisión no autorizada de películas que aún no salen
oficialmente al cine o a la venta que solemos conocer con el nombre de
piratería.
Tampoco parece
que sea justo lucrar con la mentira (caso de algunas agencias de información,
periódicos y noticieros de radio o televisión), el sexo (más reprobable aún si
es con menores de edad) que venden continuamente y al que se solivianta en la
publicidad, programas, páginas de Internet y música. Y si ya de por sí nos es
natural identificar la injusticia de quienes la promueven y difunden, ¿qué no
se puede pensar de quien la compra?
3. La
fortaleza
La fortaleza es
la virtud que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la
búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de
superar los obstáculos en la vida moral.
Ligadas a la
fortaleza están virtudes como la magnanimidad, magnificencia, paciencia,
longanimidad, perseverancia y constancia.
Es más o menos
frecuente que al navegar por Internet aparezca algún anuncio poco digno en su
lenguaje, publicidad excitante, personas que a través del chat nos estimulan a
actividades ilegales e inmorales (venta de droga, por mentar un caso) o a
pornografía. Somos humanos, somos capaces de caer; pero quien es fuerte puede
dominarse e inclinarse por el bien renunciando a la tentación del mal. Y si
además tiene las debidas motivaciones espirituales, sabrá ofrecer ese
autodominio en bien y progreso de sí mismo: se perfeccionará como hombre y
nutrirá aún más sus hábitos buenos.
La fortaleza
dice perseverancia en el recto uso de los medios de comunicación; recto uso que
significa: momentos adecuados para utilizarlos, tiempo invertido en ellos,
jerarquizar prioridades, etc.
4. La
templanza
La templanza es
la virtud que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el
uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los
instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona
moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana
discreción y no se deja arrastrar para seguir sus pasiones. Con razón se dice
que un hombre templado es señor de sí mismo.
A la templanza
relacionamos virtudes como la vergüenza, honestidad, abstinencia, sobriedad,
castidad, virginidad, continencia, mansedumbre, clemencia y modestia.
¡Cuántas veces
acudimos al televisor, a la música, al Internet o al cine no por necesidad sino
como evasión de las exigencias de la propia vida! Sí, es verdad que uno de los
objetivos secundarios de los medios de comunicación es también el de procurar
un descanso al cuerpo y al espíritu. Pero cuando disfrazamos el necesario
descanso siendo en realidad pereza, desgana o búsqueda placentera de comodidad
a como dé lugar, estamos en riesgo de pasar a un inadecuado uso de los medios
de comunicación. Y es que si no nos colocamos límites, fácilmente nos podemos
dejar llevar por los placeres.
Mucho puede
ayudar en la aplicación y vivencia diaria de cada una de estas virtudes en su
relación con en el uso de los medios de comunicación social, el identificar en
cuál de ellas debemos trabajar más o dónde están principalmente nuestras
dificultades. Como dijimos al inicio, las virtudes cardinales son las raíces de
un frondoso árbol donde muchas otras son las ramas verdes y lozanas.
No hemos
pretendido abarcar todos los momentos en los que se puede vivir cada virtud.
Seguramente que con el tiempo se podrá ir bajando a circunstancias más
concretas. Es tarea de cada uno aprovechar las oportunidades que se nos
presenten para el propio crecimiento y la consolidación de los buenos hábitos.
Evaluar las
posibles mejorías tras unos meses de ejercicio y práctica puede servir de faro
para analizar si efectivamente estamos poniendo las herramientas necesarias
para ir adelante o si estamos estancados en algún punto.
Revista
Digital Fides et Ratio - Marzo de 2008