
Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt coeli et terra gloria tua. Hosanna in excelsis
Sección Historia:
¿qué evitó la guerra entre Argentina y Chile?
Por Monseñor Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia. Texto original disponible en AICA.
El fantasma de
la guerra
En 1978, la
embriaguez del Mundial
de Football, con la victoria argentina, nos hizo olvidar, por un
momento, la
pesadilla que vivíamos, con etapas cada vez más
terribles. Primero había sido
el estado de terror creado por la guerrilla revolucionaria que,
además de
convulsionar a la sociedad, había puesto en jaque a las
comisarías y a los
cuarteles. Después, fue el terror que impuso el Estado, con
un estilo de
represión que emuló el vivido en
Pasada la
resaca de la borrachera
del Mundial, ¿nos hacía falta otra? ¿Y
esta vez con sangre, en una guerra con
la nación hermana de Chile? Nadie en el pueblo la
quería. Sin embargo, un laudo
arbitral sobre tres islas inhóspitas en el lejano Sur,
rechazado por
Hubo medios de
prensa que
propiciaron la paz, gestiones de representaciones
diplomáticas ante las dos
naciones, en especial de las dos Nunciaturas Apostólicas,
tiras y aflojas
dentro de ambas Fuerzas armadas. Y, desde el comienzo del conflicto,
conversaciones entre los Episcopados.
Pero
¿quiénes fueron los que miraron
de frente al fantasma, y se propusieron vencerlo, como David a Goliat,
con el
arma sencilla de una intervención pacificadora, que
reportó la victoria de la
paz para nuestros pueblos?
Sólo
recordaré los pasos dados por
el Episcopado argentino, y también por el chileno, ante
El
cónclave del Papa Luciani (agosto
1978)
El 6 de agosto
de 1978 murió el Papa
Pablo VI, incansable apóstol de la paz. El
Cónclave que eligió al Papa Juan
Pablo I se realizó los días 25 y 26 de agosto. El
sábado 26, poco antes de las
18,30 hs., resultó elegido el Cardenal Albino Luciani,
patriarca de Venecia.
Esa misma
noche, tras escoger su
nuevo nombre como Juan Pablo I, recibió el saludo y la
obediencia de los
Cardenales electores. Cuando llegó el turno del Cardenal
Primatesta, Arzobispo
de Córdoba y Presidente de
Ciertamente que
los Cardenales de
Argentina y Chile, Raúl Silva Henríquez, Juan
Carlos Aramburu y Raúl Francisco
Primatesta, conversaron en los pasillos del Cónclave sobre
el peligro de una
guerra. Pero también lo hicieron formalmente. El domingo 27
por la mañana, el
Cardenal Silva Henríquez se entrevistó con el
Cardenal Primatesta. “Una guerra
sería un suicidio, le dijo. No es una iniciativa que cuente
con el apoyo
popular de los chilenos”. Y enterado de lo que el Cardenal
Primatesta le había
dicho al Papa, prometió hacer lo mismo. Y ambos quedaron en
pedirle que dijera
alguna palabra a los Episcopados para alentar su accionar de paz.
El domingo 3 de
septiembre, día del
inicio del ministerio del Supremo Pastor, llamado antes de la
“entronización” o
“coronación”, entre las numerosas
misiones especiales llegadas a Roma, estaba
el Presidente de
Sin embargo, la
semillita de la
futura mediación estaba sembrada. Pero habría que
cultivarla y defenderla de
muchas malezas y abrojos.
Reunión
de Obispos argentinos y
chilenos en Mendoza (septiembre 1978)
El martes 5 de
septiembre, en Buenos
Aires, se reunió
La
reunión se concretó en Mendoza,
casi de inmediato los días 11 y 12 de septiembre. De la
parte chilena vinieron
Mons. Valenzuela y Mons. Fresno. Y se redactó el
“Mensaje de los obispos de
Argentina y Chile sobre
La respuesta
papal no tardó en
llegar. El 20 de septiembre, nueve días antes de su
inesperada muerte, el Papa
Luciani escribió a los Obispos de
El
cónclave del Papa Wojtyla
(octubre 1978)
Los miembros
del Colegio
Cardenalicio se reunieron nuevamente en Cónclave en Roma
entre el 14 y 16 de
octubre. El día
Es muy probable
que esa noche, en el
saludo al nuevo Papa, los tres Cardenales de
No deja de
tener interés que los
Presidentes de ambos países se hiciesen presentes con
telegramas. En el de
Augusto Pinochet se lee: “Confiamos en que nos
iluminéis con cristiana bondad”.
El domingo 22 de octubre, para la inauguración oficial del
nuevo pontificado,
ambos países enviaron misiones especiales. La de
En Buenos
Aires, el Presidente
Videla lo intentaba desde su viaje a Roma. En una cena en
Pugna entre el
fantasma de la guerra
y el empeño por la paz (noviembre-diciembre 1978)
A pesar de los
tanteos y esfuerzos,
el fantasma de la guerra siguió tomando cuerpo. Se dispuso,
por tanto, que
Viaje
relámpago a Roma del Cardenal
Primatesta (diciembre 1978)
Qué
información sobre los
preparativos para la guerra tenía el Cardenal Primatesta, no
es fácil
conocerlo. A comienzos de diciembre, estando en Córdoba,
decide un viaje
relámpago a Roma. Le pide a Miguel Pérez Gaudio,
su encargado de prensa, hacer
un llamado telefónico “persona a
persona” con el Cardenal Villot, Secretario de
Estado. Luego informa por teléfono de su decisión
al Presidente de
Apenas llegado
a Roma, el Cardenal
se entrevistó con el P. Cavalli, del Consejo para los
Asuntos Públicos de
Roma da pronto
una buena señal. El
12 de diciembre, el Papa Juan Pablo II dirigió una carta a
los Presidentes de
El Cardenal se
entrevistó también
con Monseñor Casaroli, responsable del Consejo mencionado, y
con el Cardenal
Villot, secretario de Estado. El 17 de diciembre, en el aeropuerto de
Roma de
regreso a Buenos Aires, el Cardenal es despedido por el Embajador
Rubén Blanco
con malas noticias. “El Presidente de
Último
round entre el fantasma de la
guerra y el don de la paz (diciembre 1978)
Llegado a
Buenos Aires 18 de
diciembre, el Cardenal se rehúsa hablar con los periodistas.
El 19, por la
mañana, preside la reunión de
El Cardenal
sale para la audiencia
con el Presidente de
El viernes 22,
en Roma, en la
reunión con el Colegio de Cardenales para los saludos
natalicios, el Papa Juan
Pablo II revela que, “en el día de ayer (jueves
21), frente a las noticias
siempre más alarmantes que llegaban sobre el agravamiento y
la posible
precipitación de la situación, temida por no
pocos como inminente, hice conocer
a las partes mi disposición – e incluso el deseo-
de enviar a las dos capitales
un representante mío especial, para tener informaciones
más directas y
concretas sobre las respectivas posiciones y para examinar y buscar
juntos las
posibilidades de una composición honorable y
pacífica de la controversia. A la
noche ha llegado la noticia de la aceptación de tal
propuesta por parte de
ambos Gobiernos, con expresiones de gratitud y de confianza”.
David voltea a
Goliat y embate final
David
había derribado al gigante
Goliat. Faltaba el golpe de gracia. El embate final para degollarlo,
aunque
largo y difícil de dar, comenzó casi enseguida.
El día de Navidad, el Cardenal
Antonio Samoré, representante especial del Papa,
acompañado de un joven
sacerdote español, Faustino Sainz Muñoz,
partió de Roma rumbo a Buenos Aires y
Santiago de Chile. El 26 comenzaron las rondas de entrevistas. El 8 de
enero de
1979, los Cancilleres de Argentina y de Chile, reunidos en Montevideo,
suscribieron un acta por la que ambos Gobiernos acordaron solicitarle
al Sumo
Pontífice Juan Pablo II que actúe “como
Mediador con la finalidad de guiarlos
en las negociaciones y asistirlos en la búsqueda de una
solución del diferendo
para el cual ambos Gobiernos convinieron buscar el método de
solución pacífica
que consideraran más adecuado”.
El
miércoles 24 de enero de 1979 el
Papa Juan Pablo II aceptó actuar como mediador.
El Cardenal
Primatesta, apóstol de
la paz entre
Al Cardenal no
me vinculó una
relación de afecto. Pero siempre sentí respeto
por él. Y en situaciones
delicadas lo consulté. Aunque no era muy sonriente, nunca lo
vi irritado. A
veces me parecía titubeante. Pero varias veces
admiré su capacidad de
resolución. Por ejemplo, cuando se redactó el
documento “Iglesia y Comunidad
Nacional”, y algunos Obispos perfeccionistas
hubiésemos deseado su postergación.
Pero fue en la crisis entre
Los argentinos
no tenemos idea de la
magnitud de los males de los que nos salvó la
mediación del Papa Juan Pablo II
y de los beneficios que nos ha reportado. Esto vale también
de la paciente y
sabia labor realizada por el Cardenal Antonio Samoré, en
llevar a cabo la tarea
concreta de la mediación. Pero vale, igualmente, de la labor
del Cardenal Raúl
Francisco Primatesta para lograr una intervención papal ante
los dos gobiernos,
que desembocó en la mediación.
Tal vez no se
le levante un
monumento, como en justicia lo merecería según el
sentir de muchos. Pero el
Cardenal tiene ya levantado un monumento: el más bello y
perdurable de todos,
esculpido por el mismo Jesús en las Bienaventuranzas del
Sermón del Monte:
“Felices los que trabajan por la paz, porque serán
llamados hijos de Dios”
(Mateo 5,9).