
Agnus Dei, qui tollis pecatta
mundi, dona
nobis pacem
Editorial
Más allá de la información (intencionada) que la mayor parte de los medios oculta, la Iglesia se encuentra a la vanguardia de la lucha contra el VIH, como pudo observarse con nitidez en la Conferencia Mundial del Sida que se celebró en la Ciudad de México en agosto pasado, con la presencia de miles de referentes en el tema.
De acuerdo con el informe de Karna Swanson para la agencia Zenit,
sin ir más lejos, la cuarta parte de los enfermos de sida en el
planeta son atendidos en instituciones católicas, según
comentó el cardenal Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud.
Sin embargo, el monseñor Vitillo, participante de la
Conferencia, consideró que la opinión pública
desconoce esta acción.
De acuerdo con monseñor Vitillo, la misión de la Iglesia es "enseñar a
la gente tanto los hechos relativos a esta pandemia, como los valores
permanentes que deberían fundamentar nuestra respuesta. Esto incluye tanto la
prevención de la ulterior difusión del virus VIH --observando la abstinencia
sexual fuera del matrimonio, así como la fidelidad en el matrimonio-- como el
amor a los enfermos, la solidaridad, la superación de la discriminación y el
rechazo".
La segunda misión de la Iglesia, en este contexto,
es "servir a las personas. Además de Caritas otras muchas
organizaciones católicas que están trabajando para ayudar a las personas
afectadas por el VIH".
"En este sentido, las
organizaciones de Cáritas a nivel regional, nacional, diocesano y parroquial
han desempeñado, y siguen desempeñando, un papel importante, organizando la
asistencia sanitaria, servicios sociales, apoyo emocional, actividades que
generan ingresos, atención a los huérfanos, programas de apoyo y autoayuda con
y para personas que conviven con el virus", informa el consejero.
En tercer lugar, añadió que la Iglesia ofrece
"atención pastoral a las personas que conviven con el virus. Muchas personas que conocen de
primera mano el impacto del virus tratan de profundizar su relación con Dios,
especialmente cuando tienen que afrontar el desafío que les plantea el virus a
ellos o a sus seres queridos". Por otra parte, hizo mención a que "ellos también tratan de
comprender que este virus no es un «castigo de Dios». Obispos y conferencias episcopales,
al igual que el Papa Juan Pablo II, han afrontado este argumento con mucha
claridad, explicando que, según la doctrina católica, Dios no «castiga» a la
gente enviándoles enfermedades".
Se
ha dicho que el siglo XXI es la era de la información.
Lamentablemente, parece claro que la mayor parte de
los canales del conocimiento se encuentran en manos de unos pocos
que, de manera técnica e incruenta, rememoran a su
modo las antiguas persecuciones a través de provocar el
desconocimiento.
Revista
Digital Fides et
Ratio - Septiembre de 2008


