
Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem
Editorial
Las circunstancias que vivimos en el día a día nos han llevado a perder la humana capacidad de asombro. Acaso ya nos sorprende escuchar que en un ataque doscientas personas han perdido la vida, o que se asesinan en el seno materno miles de niños por mes, o que enfermedades decimonónicas como la tuberculosis o la sífilis hacen estragos en nuestra gente.
Es entendible entonces que, como narramos en esta edición, no nos deslumbre saber que el Sol, que nos parece tan próximo, está a 150 millones de kilómetros de distancia y que su luz tarda más de 8 minutos en llegar a nosotros. Este simple dato numérico implica que estamos viendo por la ventana al Sol tal cual era hace 8 minutos, cuando sus rayos de luz partieron de allí, y no como realmente es ahora. Si por algún acontecimiento imprevisible el Sol estallara en este instante, nos enteraríamos 8 minutos más tarde...
Del mismo modo y por el mismo motivo, vemos a Sirio como era hace 8 años, por lo cual, siendo estricto, ni siquiera sabemos si Sirio aún existe ya que, si en este preciso momento desapareciera... nos enteraríamos en 8 años.
Pero la pérdida de nuestra capacidad de asombro nos ha llevado a un extremo aún más grande... nos olvidamos a diario que el Creador de todas estas maravillas, de cada astro del firmamento, de cada estrella del universo, de cada forma de vida sobre la tierra, de cada uno de nosotros mismos, está entregado a nosotros por amor en cada sagrario del mundo, esperándonos dócilmente a que volvamos a Él...
Revista Digital Fides et Ratio - Septiembre de 2007