El Rostro de Nuestro Señor en el Santo Sudario

Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem

Editorial

El mes de mayo de 2009 no ha comenzado de un modo grato para América Latina, atestada por la violencia política (basta recordar el reciente atentado contra el arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, el cardenal Terrazas) y las epidemias de dengue en Argentina y de gripe porcina en Méjico.

Nuestro continente, por gracias de Dios, tiene el don único de ser probablemente el mayor depositario de la verdadera fe, ya que concentra el mayor porcentaje de población católica del planeta. No en vano ha sido blanco de enconos y divisiones varias, fruto de la constante tentación a la que somos sometidos sus habitantes. La  persistencia de la violencia social y la reaparición de infecciones que parecían al menos controladas son sólo un reflejo de los errores surgidos de la interpretación puramente material de la realidad, y del trato que como tal brindamos a la hora de querer resolver estos problemas.

Al alejarnos de una visión trascendente de la naturaleza humana, nos distanciamos también de la esencia misma del hombre como especie, como criatura privilegiada dentro de la Creación, como seres hechos a la imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. 

En pos de agigantar nuestra esperanza con el corazón puesto en Nuestro Señor Jesucristo, transcribimos la oración redactada por el cardenal primado de Méjico, el arzobispo Norberto Rivera Carrera, para encomendar a la virgen de Guadalupe, Emperatriz de América, como protección contra la epidemia de gripe porcina:

Santa María de Guadalupe:

A ti, que nos amas con especial ternura,

velas por nosotros con maternal intercesión

y nos procuras siempre tu eficaz ayuda,

suplicamos tu protección y auxilio

para superar pronto esta epidemia

que ha venido a afectar nuestra nación.

 

Cúbrenos con tu manto,

líbranos de este mal.

Ruega por todas las autoridades

y por quienes tienen poder de decisión

para que sepan establecer medidas y prioridades

para prevenir y ayudar a toda la población,

y en particular a quienes son más vulnerables.

 

Concédenos prudencia y serenidad

para actuar con mucha responsabilidad

y así evitar ser contagiados o contagiar.

Socorre al personal de salud,

vela por la recuperación de los enfermos

y sé consuelo de quien se encuentran en duelo.

 

Madre del Verdadero Dios por quien se vive,

Tú que nos has rescatado de otras plagas,

encomiéndanos a la misericordia

de Aquel que nos sanó con Sus llagas

y nos libró de la muerte con Su Resurrección.

 

Enséñanos a unir nuestro dolor al Suyo

para hallarle sentido redentor

y salir de esta adversidad fortalecidos

en la fe, la esperanza y el amor.

 

AMÉN

 


Revista Digital Fides et Ratio - Mayo de 2009

 

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Campaña de oración por los no nacidos

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