El Rostro de Nuestro Señor en el Santo Sudario

Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem

Editorial

En nuestros días, el desprecio por la vida humana se manifiesta en las formas más variadas; basta leer cualquier periódico para enterarnos de las espantosas cifras de muertos de las guerras dispersas por doquier sobre la faz de la Tierra .

También vemos esa catástrofe expresada todos los días en los profundos daños aplicados a los ecosistemas del mundo. Animales y plantas se extinguen al mismo tiempo que el clima del planeta se hace incomprensible y cobra miles de víctimas humanas en forma de hambrunas, sequías, inundaciones o tormentas incontrolables.

Llama sin embargo la atención que la principal causa de muerte de la especie humana no es citada siquiera en las últimas noticias de los medios, salvo a la hora de su promoción. Incluyendo las muertes fetales y maternas, el aborto es la causa número uno de mortalidad a nivel mundial, lo cual comprende también a América Latina.

Lo que acaso no llama la atención es que el móvil fundamental de este deliberado silencio es el beneficio económico alcanzado por los múltiples cómplices del genocidio (Estados, gobiernos, parlamentos, laboratorios, organizaciones no gubernamentales y una larga lista) que no se detendrán hasta su legalización total.

Sólo el respeto por el primero de los derechos humanos (el derecho a la vida) puede permitir que esta pesadilla herodiana no termine implantando más semillas del infierno sobre la Tierra.

«No matarás» (a ninguna edad)

 

Revista Digital Fides et Ratio - Mayo de 2007

 

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