
Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem
Editorial
En marzo de 2006, hace ya un año, dábamos comienzo a la redacción de estas páginas. En aquella ocasión, transcribimos unos fragmentos de la Encíclica Fides et Ratio, de SS Juan Pablo II, que parecen proféticamente actualizarse con el paso de los días.
«La filosofía moderna, dejando de orientar su investigación sobre el ser, ha concentrado la propia búsqueda sobre el conocimiento humano. En lugar de apoyarse sobre la capacidad que tiene el hombre para conocer la verdad, ha preferido destacar sus límites y condicionamientos. Ello ha derivado en varias formas de agnosticismo y de relativismo, que han llevado la investigación filosófica a perderse en las arenas movedizas de un escepticismo general. Recientemente han adquirido cierto relieve diversas doctrinas que tienden a infravalorar incluso las verdades que el hombre estaba seguro de haber alcanzado. La legítima pluralidad de posiciones ha dado paso a un pluralismo indiferenciado, basado en el convencimiento de que todas las posiciones son igualmente válidas. Este es uno de los síntomas más difundidos de la desconfianza en la verdad que es posible encontrar en el contexto actual. No se substraen a esta prevención ni siquiera algunas concepciones de vida provenientes de Oriente; en ellas, en efecto, se niega a la verdad su carácter exclusivo, partiendo del presupuesto de que se manifiesta de igual manera en diversas doctrinas, incluso contradictorias entre sí. En esta perspectiva, todo se reduce a opinión.»
Es notable que una criatura como el hombre, destinada al conocimiento de la Verdad, congregue en sí mismo la soberbia de su propia y falsa divinización, por un lado, y la falta absoluta de reconocimiento de la existencia de un Absoluto.
Se ha asociado la identificación de absolutos con autoritarismo. Nada más alejado de la realidad... ¿Reconocer la existencia de un Amor Absoluto puede considerarse autoritario? ¿Reconocer que existe una Misericordia Absoluta puede considerarse autoritario?
El Camino a la Verdad no es un sendero de rosas, pero el género humano no debe olvidar que existe premisas y realidades absolutas que van más allá de la mera y mundana opinión. No todas las posiciones son igualmente válidas. Está en nuestra Fe, en nuestra oración, en nuestros sacramentos, el reconocimiento del genuino y único Absoluto, quien dio lugar a la Creación, a la Redención y a la Santificación de la humanidad.
Revista Digital Fides et Ratio - Marzo de 2007