El Rostro de Nuestro Señor en el Santo Sudario

Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem

Editorial

Numerosos medios de prensa del mundo entero (América Latina no ha sido la excepción) dieron cuenta del presunto hallazgo del "eslabón perdido" en la presunta evolución que dio origen al hombre.

Ante tamaña liviandad en la presentación de los hechos, basta con remitirse al artículo original de los descubridores de este fósil, para advertir que nos encontramos ante los restos de un prosimio, esto es, de un animal de características similares a los lémures de Madagascar. Según la cronología evolucionista, esta forma de vida data del Eoceno, una de las divisiones del Cenozoico. Los autores no solamente no lo consideran un "eslabón perdido", sino que ni siquiera vinculan al fósil con los seres humanos.

A posteriori, algunos escasos medios de prensa advirtieron que comentarios irrisorios como «la octava maravilla del mundo», «la piedra Rosetta de la evolución de las especies», «revolucionará nuestra comprensión de la evolución humana», «Darwin se habría emocionado de haber visto el fósil, porque expresa lo que el ser humano es y de dónde procede», «su impacto en el mundo de la paleontología será algo así como un asteroide caído en la Tierra», y otros tantos, no eran más que fruto de una maravillosa campaña de difusión.

Incluso medios seculares como Science, en la voz de unos de sus editores, Henry Gree, hizo mención al nuevo hallazgo e incluso le restó importancia en comparación con otros descubrimientos paleontológicos.

Todo hallazgo científico es fruto de regocijo, por el solo hecho de agigantar el conocimiento humano. Pero también es cierto que, como destacábamos en nuestra anterior nota editorial, al alejarnos de la visión trascendente de la naturaleza humana, nos distanciamos también de la esencia misma del hombre como especie, como criatura privilegiada dentro de la Creación, formada a la imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. 

Estos intentos no hacen más que intentar proponer al ser humano como una forma de vida más. Quizás suene duro, pero el fundamento ideológico es el mismo que se utiliza para avalar crímenes de lesa humanidad, como el comunismo, el aborto o el nazismo, al pensar que cada una de las personas que pueblan la Tierra pueden ser manipuladas o descartadas sin importar su dignidad.

 

 


Revista Digital Fides et Ratio - Junio de 2009

 

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