El Rostro de Nuestro Señor en el Santo Sudario

Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem

Editorial


Con dolor observamos con el holocausto del aborto se extiende velozmente sobre la faz de la Tierra, exterminando sobre todo en nuestros países pobres a los niños, imagen y semejanza de Dios, desde el propio seno de sus madres. Desgraciadamente, nuestros gobiernos, guiados por el único horizonte al que obedecen (el dinero), apoyan este despropósito, ya sea en forma explícita o por abierta omisión.

Los grandes motores del genocidio han sido el comunismo, en aquellos lugares del planeta castigados por esta ideología, y la masonería, en los países que aún pensamos que son libres. 

Sabemos que Dios sólo permite el mal al saber que de él puede extraer un bien mayor. De hecho, en uno de los bastiones de la barbarie comunista en nuestra castigada América Latina, la hermana República de Cuba, el primer país del continente en legalizar el aborto... aparece el reconocimiento público por parte de autoridades médicas de las graves consecuencias del homicidio prenatal.

Efectivamente, en el medio oficialista Granma, el doctor De la Osa le describe al pueblo cubano algunas de las secuelas que sus mujeres padecen, al mismo que deja en claro que el «aborto seguro» es una falacia mercantilista.

Roguemos por intermedio de María Santísima para que nuestras naciones se libre, para bien de sus hijos, de las crueles redes del comunismo, la masonería y las dictaduras disfrazadas de democracias liberales.


 

Revista Digital Fides et Ratio - Junio de 2008

 

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Campaña de oración por los no nacidos

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