El Rostro de Nuestro Señor en el Santo Sudario

Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem

Editorial

Son muchos los intereses involucrados en el llamativo renacer del falso conflicto entre ciencias y fe de este naciente 2008. Acaso el ápice de ellos es la exaltación del hombre, en la extraña paradoja de creer que el hombre es dueño de sí mismo al tiempo que desprecia su propia vida y la de sus semejantes.

La ciencia en sí claramente no es suficiente para comprender el enorme misterio del hombre, de la única criatura trascendente que puebla este hermoso planeta. ¿Cómo un ser trascendente puede ser fruto aleatorio y casual de la mutación de un primate? ¿Cómo un ser trascendente, creado a imagen y semejanza de la Santísima Trinidad puede pensar que con su burda experiencia de laboratorio físico o social puede entender la maravilla de la vida?

Indudablemente todo nuestro bagaje cultural de conocimientos es absurdo y despreciable si no es planteado ante la trascendencia, ante la sola aproximación a comprender que el hombre es mucho más que un racimo de macromoléculas surgido de la mentirosa evolución de las especies.

No puede entenderse el misterio notable que existe en nosotros mismos si no tenemos en claro que nuestra existencia es fruto del amor de un prodigioso Creador y que nuestro destino es peregrinar hacia la felicidad perpetua que Él mismo desea para todos y cada uno de nosotros.

 

Revista Digital Fides et Ratio - Febrero de 2008

 

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