
Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem
Editorial
«Una consideración parecida puede hacerse respecto a esa otra gran familia que es la humanidad en su conjunto. También la familia humana, hoy más unida por el fenómeno de la globalización, necesita además un fundamento de valores compartidos, una economía que responda realmente a las exigencias de un bien común de dimensiones planetarias. Desde este punto de vista, la referencia a la familia natural se revela también singularmente sugestiva. Hay que fomentar relaciones correctas y sinceras entre los individuos y entre los pueblos, que permitan a todos colaborar en plan de igualdad y justicia. Al mismo tiempo, es preciso comprometerse en emplear acertadamente los recursos y en distribuir la riqueza con equidad. En particular, las ayudas que se dan a los países pobres han de responder a criterios de una sana lógica económica, evitando derroches que, en definitiva, sirven sobre todo para el mantenimiento de un costoso aparato burocrático. Se ha de tener también debidamente en cuenta la exigencia moral de procurar que la organización económica no responda sólo a las leyes implacables de los beneficios inmediatos, que pueden resultar inhumanas.»
El párrafo es parte de los contenidos vertidos por el Santo Padre en ocasión de la Jornada Mundial de la Paz en este 2008 que comienza, y es válido a la hora de hacer mención a la profunda injusticia que surge de la inmoral distribución de los recursos económicos y culturales para la humanidad toda.
Es real que la ayuda para nuestros países pobres de América Latina y África suele ser simplemente prenda para someternos a posteriori a normas crueles que olvidan la integridad de cada uno de los seres humanos que poblamos estas tierras.
Así como el comunismo sembró de sangre y tiranía a media humanidad en el siglo XX, y continúa atormentando a los pueblos de China y Cuba, entre otros, la economía de mercado se comporta también como verdaderamente satánica, alejándonos tanto como el comunismo del mensaje del Evangelio.
Acaso esta cuadragésima Jornada de la Paz nos permita reflexionar y ubicarnos en nuestro lugar como gran familia y comunidad, para fomentar relaciones de justicia e igualdad entre los hombres de buena voluntad.
Revista Digital Fides et Ratio - Enero de 2008