El Rostro de Nuestro Señor en el Santo Sudario

«La sabiduría todo lo sabe y entiende» (Sb 9, 11)

Editorial

Se ha iniciado un nuevo año calendario para nuestra civilización mal llamada cristiana. Ha pasado otro período de 12 meses plagado de manifestaciones feroces de la cultura de la muerte a lo largo de todo el mundo, en las formas más diversas de presentación.

Pero acaso la forma más preocupante es la que nos afecta por infiltración, o mejor aún, por degradación. Hemos visto pasar otra Navidad, otro aniversario de uno de los misterios más grandes de la Creación, el nacimiento de Dios hecho hombre, de la manifestación de Amor más grandiosa de la Historia. Hemos conmemorado la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo en la pobreza de una aldea que no tenía lugar para Él y su familia... desparramando consumo, frenesí financiero y disparates mercantiles en absolutamente todos los terrenos imaginables.

En vez de ver la solidaridad con los pobres de nuestros pueblos, o de ver las iglesias desbordadas en humilde homenaje al Redentor, nos hemos espantado con calles intransitables, con comercios infestados hasta altas horas de la madrugada, y con una circulación horrorosa de dinero por todas partes.

La crueldad de la Navidad sin Nacimiento ha llegado al extremo del vacío "Felices Fiestas" de locales comerciales y al olvido de la trascendente "Feliz Navidad" de nuestros corazones cristianos. ¿Es qué quizás debemos esperar a la propia Parusía para que recordemos aquellas palabras de Nuestro Señor cuando nos decía, al expulsar a los mercaderes del templo, «Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones»? (Lucas 19, 45-46)

 

Revista Digital Fides et Ratio - Enero de 2007

 

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