
Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem
Editorial
Durante la celebración del día de San José, patrono de la Iglesia, Benedicto XVI se reunió en la Nunciatura Apostólica en Yaundé con los representantes de la comunidad musulmana de Camerún.
El Santo Padre
puso de manifiesto
que "si nuestra mente finita nunca puede alcanzar directamente la
gloria
de Dios infinita en esta vida, sin embargo podemos percibir sus
destellos en la
belleza que nos rodea. Si los hombres y las mujeres permiten al orden
magnífico
del mundo y al esplendor de la dignidad humana iluminar sus mentes,
pueden
descubrir que lo que es «razonable» supera los
cálculos matemáticos,
lo que la lógica puede deducir y los experimentos
científicos pueden demostrar;
lo «razonable» incluye también la bondad
y el atractivo innato de una
vida honrada y según los principios éticos, que
se nos manifiesta mediante el
lenguaje de la creación".
Benedicto XVI
concluyó alentando a
los representantes musulmanes a "llenar la sociedad con los valores que
emergen de esta perspectiva y elevan la cultura humana, y a invitar a
otras
personas a participar en la construcción de una
civilización del amor. Que la
cooperación entusiasta entre musulmanes,
católicos y otros cristianos en
Camerún sea para las otras naciones africanas un
faro luminoso del
potencial enorme de un compromiso religioso por la paz, la justicia y
el bien
común".
Mientras
el
Papa alentaba la paz y la unidad en naciones castigadas por flagelos
semejantes a los que padecemos en América Latina, distintas
voces se alzaron acerca de sus dichos relacionados con el sida. Es
interesante que son pocos los medios que reproducen lo que la
propia OMS afirma, y es que mientras los estados que
difunden el uso (y el negocio) de los preservativos tienen tasas de
infección en crecimiento, las naciones como Uganda y Filipinas
presentan índices de reducción permanente por el
solo hecho de fomentar los valores de la familia. Sólo volviendo
a los conceptos cristianos en nuestra vida diaria, comprenderemos
nuestra propia responsabilidad y la de los medios en la difusión
de tantas dolencias que afectan nuestro cuerpos, pero especialmente
nuestra alma.