
Agnus Dei, qui tollis pecatta mundi, dona nobis pacem
Editorial
En este mes transitamos el camino de la Semana Santa, en la que conmemoramos el sacrificio del propio Dios por amor a su Creación. Concluye aquí la Cuaresma, tiempo de preparación para este vívido recuerdo de la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Estas palabras, resaltadas en obligadas mayúsculas, han perdido sentido en los últimos tiempos, reduciéndose a expresiones vacías y despojadas de su profunda significación. Parece no quedar claro que el propio Dios, Creador y Señor del Universo, se encarnó como uno de nosotros, padeciendo el atroz terremoto de la crucifixión cargando con todas y cada una de nuestras faltas, dejándonos en la Eucaristía una pequeña ventana al Paraíso hasta su retorno.
Reducir este tiempo al simple recreo laboral no es probablemente la mejor manera de advertir que el Amor con mayúsculas se entregó libremente por sus hijos, dejándonos además a su propia Madre como consuelo. Acaso la frivolidad con la que encaramos el acontecimiento más sublime de la historia sea la punta de la pirámide de relativismo sobre cuya base nos asentamos, día a día, hundiéndonos poco a poco mientras nos alejamos de nuestro destino trascendente de unión con el Padre.
Revista Digital Fides et Ratio - Abril de 2007