El Rostro de Nuestro Señor en el Santo Sudario

«La sabiduría todo lo sabe y entiende» (Sb 9, 11)

Editorial

La relación entre la ciencia y la Fe ha atravezado por diversas etapas a lo largo de la historia de nuestra civilización. En ciertos tiempos, fundamentalmente durante el Medioevo, llegaron a oscilar entre la fusión y la confusión. Ante el impacto sociocultural que significó el Renacimiento europeo, se inició una etapa de conflicto vinculada a la progresiva separación entre la actividad y la moral de los científicos.

Esto llevó a la ateización de la ciencia, iniciada en aquellos remotos tiempos, la que avanzó en forma lenta e inexorable hasta alcanzar su primer clímax en el siglo XVIII, con la entronización de la Diosa Razón.

Sin embargo, quizás sea en nuestros oscuros días del siglo XXI el momento en que esta falsa dicotomía se encuentra en su apoteosis. Según distintos sondeos, más del 90% de los científicos modernos son decididamente ateos o se han volcado a religiones paganas o politeistas. 

Sólo así puede entenderse el aval, explícito o implícito, que una ciencia sin la pantalla de la moral (hija directa y única de la religión) ha brindado a modelos como el comunismo o el nazismo (recordemos el florecimiento científico bajo ambos regímenes), al capitalismo feroz y desmedido de los actuales países centrales o a las políticas transnacionales que intentan convencernos que crímenes de lesa humanidad como la clonación o el aborto son... ¡derechos!

En este mes, en el cual conmemoramos la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, queremos acercar nuestra mínima opinión sobre el marco filosófico y moral que nuestra Fe católica es capaz de brindar al desarrollo racional de una ciencia al servicio del hombre como ser trascedente.

¡Qué Dios los Bendiga!

 

Leonardo Gilardi - Director

 

Revista Digital Fides et Ratio - Abril de 2006

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