Lo que Dios quiera, cuando Dios quiera, como Dios quiera 
Sección Biografías: Santa Gianna Beretta
Inexplicablemente
a los ojos seculares, una joven puérpera en Brasil resolvió por completo y sin
secuela alguna una sepsis postquirúrgica. Era el 9 de noviembre de 1977; las
religiosas del hospital habían pasado la noche encomendando su curación a la
intercesión de Gianna Beretta, cuya figura les era conocida porque el promotor
del hospital era un hermano de la beata, médico y misionero capuchino en el país
hermano. Juan Pablo II la beatificó en 1994 y fue él mismo quien la canonizó
en 2004, tras el estudio de otro hecho milagroso (el nacimiento sin
complicaciones de una niña a las 32 semanas de gestación tras la pérdida
total de líquido amniótico por ruptura de membranas a la semana decimoséptima
de gestación, hecho científicamente inexplicable y mediado por la intercesión
de la santa).
Figura 1.- Santa Gianna Beretta con uno de sus hijos
Gianna Beretta había nacido en Magenta (Lombardía, Italia) en 1922,
siendo la séptima de trece hermanos. Activa y llena de entusiasmo, alternó su
vocación por el piano con el estudio de la profesión médica, especializándose
a posteriori en Pediatría.
«Gianna eligió
esta última solución, la más peligrosa para ella.», diría Molla. «En
aquellos tiempos era previsible que un parto, después de un intervención de
este tipo, fuese muy peligroso para la madre. Y esto Gianna, como médico, lo
sabía muy bien. Cuando se dio cuenta de la terrible
consecuencia de su gestación y el crecimiento de un gran fibroma, su primera
reacción, razonada, fue pedir que se salvara el niño que tenía en su seno».
Así,
la citada cirugía de extracción del fibroma se efectuó el 6 de septiembre de
1961.
El embarazo pudo
continuar y Gianna reanudó sus tareas como pediatra hasta pocos días antes del
parto. Fue internada el Viernes Santo de 1962, dando a luz al día siguiente a Gianna
Emanuela.
Como se había
previsto, a las pocas horas se sucedieron las complicaciones que incluyeron una
sepsis que la llevó a la muerte siete días después, el 28 de abril de 1962.

Figura 2.- Otra imagen de Santa Gianna
Según su viudo, nos confesaría que «jamás creí estar viviendo con una santa. Mi esposa tenía infinita confianza en la Providencia y era una mujer llena de alegría de vivir. Era feliz, amaba a su familia, amaba su profesión de médico, también amaba su casa, la música, las montañas, las flores y todas las cosas bellas que Dios nos ha donado. Siempre me pareció una mujer completamente normal pero, como me dijo Monseñor Carlo Colombo, la santidad no está solo hecha de signos extraordinarios. Está hecha, sobre todo, de la adhesión cotidiana a los designios inescrutables de Dios.»
El
gesto de Santa Gianna Beretta Molla nos lleva a pensar sobre el aborto y el
valor de la vida humana concebida en el seno materno y en vía de desarrollo.
Gianna, como católica, estaba profundamente convencida de que la criatura que
crecía en ella era una persona humana completa y, que como tal, digna del mayor
de los respetos, verdadero don de Dios aceptado como los demás hijos. Gianna, a
imitación de Nuestro Señor Jesucristo, se ha olvidado de sí misma y se ha
ofrecido para que su hija viviera, aunque sabía que el precio podía suponer el
sacrificio de su propia vida.