Lo que Dios quiera, cuando Dios quiera, como Dios quiera 
Sección Biografías: Santa Gertrudis
Santa
Gertrudis “La Grande” nació en Alemania, el día de Reyes de 1256. Desde
muy pequeña fue enviada a estudiar al monasterio de Helfta, de la congregación
benedictina, donde contaba como abadesa a Santa Matilde. Se discute aún hoy su
pertenencia a la orden cisterciense, ya que ambas congregaciones reclaman la
pertenencia de aquel convento en el siglo XIII; lo cierto es que ambas
agrupaciones veneran a Santa Gertrudis.
La
santa poseía grandes conocimientos de literatura y filosofía, frutos de su
formación en el monasterio, y fue pionero en ciertos aspectos devocionales como
lo son la comunión frecuente y su devoción a San José. Sin embargo, la devoción
al Sagrado Corazón es sin dudas el aspecto más reconocido de la vida de Santa
Gertrudis. Se cuenta incluso que en diferentes visiones reclinó la cabeza sobre
el pecho del Señor y oyó los latidos de su corazón.
Así, fue una de los primeros apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús. Sus primeras revelaciones ocurrieron cuando tenía cerca de 22 años. Describe que «aunque sabía yo que me hallaba en el dormitorio, me parecía que me encontraba en el rincón del coro donde solía hacer mis tibias oraciones y oí estas palabras “Yo te salvaré y te libraré. No temas”. Cuando el Señor dijo esto, extendió su mano fina y delicada hasta tocar la mía, como para confirmar su promesa y prosiguió: “Has mordido el polvo con mis enemigos y has tratado de extraer miel de las espinas. Vuélvete ahora a Mí, y mis delicias divinas serán para ti como vino”». Entonces se interpuso un seto de espinos entre los dos. Pero Gertrudis se sintió como arrebatada por los aires y se encontró al lado del Señor: «Entonces vi en la mano que poco antes se me había dado como prenda, las joyas radiantes que anularon la pena de muerte que se cernía sobre nosotros.»

Figura 1.- Santa Gertrudis
La
experiencia de Gertrudis, enormemente impactante, la llevó a entregarse con
deliberación a la conquista de la perfección y de la unión con Dios. Se dedicó
a estudiar la Biblia y los escritos de los Padres, entre ellos los de San Agustín
y los del recientemente fallecido entonces, San Bernardo.
Después
de aquella primera revelación, Santa Gertrudis siguió viendo al Señor en
distintas circunstancias, incluyendo revelaciones privadas, y a la hora de la
Eucaristía. En víspera de la Anunciación, Nuestro Señor la visitó en la
capilla durante los oficios de la mañana y, «desde entonces, me concedió un
conocimiento más claro de Él, de suerte que empecé a corregirme de mis faltas
mucho más por la dulzura de Su amor que por temor de Su justa cólera».
Los cinco libros del "Heraldo de la bondad de Dios" (llamados «Revelaciones de Santa Gertrudis», de los que en realidad la santa sólo escribió el segundo) contienen una serie de visiones, comunicaciones y experiencias místicas, que han sido ratificadas por muchos místicos y teólogos distinguidos.
Exteriormente, la vida de Santa Gertrudis no fue precisamente pintoresca. Se sabe que solía copiar pasajes de la Sagrada Escritura y componer pequeños comentarios para sus hermanas en religión; se distinguía por su caridad para con los difuntos: «Deseo con toda el alma tener el consuelo de recibir los últimos sacramentos, que dan la salud; sin embargo, la mejor preparación para la muerte es tener presente que Dios escoge la hora. Estoy absolutamente cierta de que, ya sea que tenga una muerte súbita o prevista, no me faltará la misericordia del Señor, sin la cual no podría salvarme en ninguno de los dos casos.»
Se
sabe que Santa Gertrudis sufrió diez años de enfermedad antes de morir el 17
de noviembre de 1301 ó 1302, contando con unos 45 años. Curiosamente, ni ella
ni Santa Matilde fueron formalmente canonizadas, si bien Su Santidad Inocencio
XI introdujo el nombre de Gertrudis en el Martirologio Romano en 1677.
«La adversidad es el anillo espiritual que sella los esponsales con Dios» (Santa Gertrudis)