Lo que Dios quiera,
cuando Dios quiera, como Dios quiera

Sección
Biografías: Santa Faustina Kowalska
Mucho se ha
escrito de esta notable santa del siglo XX, apóstol
privilegiada de la Divina Misericordia y compatriota del extraordinario
Juan Pablo II. Acaso la biografía que mejor se ajusta a su
breve pero prolífica vida es la que la propia Santa Sede nos
ofrece y que a continuación transcribimos. El texto
original, así como la homilía
ofrecida por el Papa en ocasión de la
canonización en abril de 2000, pueden accederse a
través de los enlances de esta página.
Sor
María Faustina,
apóstol de la
Divina Misericordia, forma parte del
círculo de santos de la Iglesia
más conocidos. A
través de ella el Señor Jesús
transmite al mundo el gran mensaje de la
Divina Misericordia
y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre
la confianza en
Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.
Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre
diez hermanos en la
familia de Mariana y Estanislao Kowalski, campesinos de la aldea de
Głogowiec.
En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Świnice
Warckie, se
le impuso el nombre de Elena. Desde pequeña se
destacó por el amor a la
oración, la laboriosidad, la obediencia y una gran
sensibilidad ante la pobreza
humana. A los 9 años recibió la Primera
Comunión. La vivió muy
profundamente,
consciente de la presencia del Huésped Divino en su alma. Su
educación escolar
duró apenas tres años. Al cumplir 16
años abandonó la casa familiar para,
trabajando de empleada doméstica en casas de familias
acomodadas de
Aleksandrów, Łódź y Ostrówek,
mantenerse a sí misma y ayudar a los padres.
Ya desde los 7 años sentía en su alma la llamada
a la vida religiosa, pero ante
la negativa de los padres para su entrada en el convento,
intentó apagar dentro
de sí la voz de la vocación divina. Sin embargo,
apresurada por la visión de
Cristo sufriente fue a Varsovia y allí, el 1 de agosto de
1925 entró en la Congregación
de las
Hermanas de la
Madre
de Dios de la Misericordia donde, como
sor María Faustina, vivió trece
años. Trabajó en distintas casas de la
Congregación. Pasó
los períodos más largos en Cracovia, Płock y
Vilna cumpliendo los deberes de
cocinera, jardinera y portera.
Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su singular
intensa
vida mística. Cumplía sus deberes con fervor,
observaba fielmente todas las
reglas del convento, era recogida y callada, pero a la vez natural,
llena de
amor benévolo y desinteresado al prójimo. Su
vida, aparentemente ordinaria,
monótona y gris, se caracterizó por la
extraordinaria profundidad de su unión
con Dios.
Su espiritualidad se basa en el misterio de la
Divina Misericordia,
que ella meditaba en la Palabra de Dios y
contemplaba en lo cotidiano de su vida. El
conocimiento y la contemplación del misterio de la
Divina Misericordia
desarrollaban en ella una actitud de confianza de niño hacia
Dios y la caridad
hacia el prójimo. «Oh, Jesús
mío —escribió—, cada uno de
tus santos refleja en sí
una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo
y lleno de
misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh
Jesús, quede impresa
sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste
será mi signo distintivo en
esta vida y en la otra.» (Diario 1242). Sor Faustina era una
fiel hija de la
Iglesia a la que amaba
como a Madre y como el Cuerpo Místico de Jesucristo.
Consciente de su papel en la Iglesia,
colaboró con la
Divina Misericordia
en la obra de salvar a las almas perdidas. Con este
propósito se ofreció como
víctima cumpliendo el deseo del Señor
Jesús y siguiendo su ejemplo. Su vida
espiritual se caracterizó por el amor a la
Eucaristía y por una profunda
devoción a la Madre
de la Divina Misericordia.
Los años de su vida en el convento abundaron en gracias
extraordinarias:
revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación
en la
Pasión del Señor, el don
de
bilocación, los dones de leer en las almas humanas, de
profecía y de
desposorios místicos. Un contacto vivo con Dios, con la
Santísima Madre,
con ángeles, santos y almas del purgatorio: todo el mundo
extraordinario no era
para ella menos real que el mundo que percibía a
través de los sentidos.
Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin
embargo, que no son éstas
las que determinan la santidad. En el Diario escribió:
«Ni gracias, ni
revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don
concedido al alma la hace
perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios.
Estos dones son
solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la
perfección. Mi santidad y perfección consisten en
una estrecha unión de mi
voluntad con la voluntad de Dios» (Diario 1107).
El Señor Jesús escogió a sor Faustina
por secretaria y apóstol de su
misericordia para, a través de ella, transmitir al mundo su
gran mensaje. «En el
Antiguo Testamento —le dijo— enviaba a los profetas
con truenos a mi pueblo. Hoy
te envío a ti a toda la humanidad con mi misericordia. No
quiero castigar a la
humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi
Corazón
misericordioso» (Diario 1588).
La misión de sor Faustina consiste en 3 tareas:
– Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada
Escritura
sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.
– Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y
especialmente para
los pecadores, por ejemplo a través de la
práctica de las nuevas formas de
culto a la Divina Misericordia,
presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la
Divina Misericordia
con la inscripción: Jesús, en ti
confío, la fiesta de la
Divina Misericordia,
el primer domingo después de la Pascua
de Resurrección, la coronilla a la
Divina Misericordia
y la oración a la hora de la Misericordia
(las tres de la tarde). A estas formas de la
devoción y a la propagación del culto a la
Divina Misericordia
el Señor Jesús vinculó grandes
promesas bajo la condición de confiar en Dios y
practicar el amor activo hacia el prójimo.
– La tercera tarea es inspirar un movimiento
apostólico de la
Divina Misericordia
que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y
aspirar
a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la
beata sor María
Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño
hacia Dios que se
expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el
prójimo.
Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia
abarca a millones de personas en el mundo
entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes,
hermandades,
asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la
Divina Misericordia
y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que
el Señor
Jesús transmitió por sor María
Faustina.
Sor María Faustina manifestó su misión
en el Diario que escribió por mandato
del Señor Jesús y de los confesores.
Registró en él con fidelidad todo lo que
Jesús le pidió y describió todos los
encuentros de su alma con Él. Secretaria
de mi más profundo misterio —dijo el
Señor Jesús a sor María
Faustina— tu
misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre
mi misericordia para
el provecho de aquellos que leyendo estos escritos,
encontrarán en sus almas
consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí
(Diario 1693). Esta obra acerca
de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no
solamente a la gente sencilla sino también a
científicos que descubren en ella
un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido
traducido a muchos
idiomas, por citar algunos: inglés, alemán,
italiano, español, francés,
portugués, árabe, ruso, húngaro, checo
y eslovaco.
Sor María Faustina extenuada físicamente por la
enfermedad y los sufrimientos
que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores,
plenamente adulta de espíritu
y unida místicamente con Dios murió en Cracovia
el 5 de octubre de 1938, con
apenas 33 años. La fama de la santidad de su vida iba
creciendo junto con la
propagación de la devoción a la
Divina Misericordia y a medida de las gracias
alcanzadas por su intercesión. Entre los años
1965-67 en Cracovia fue llevado a
cabo el proceso informativo sobre su vida y sus virtudes y en 1968 se
abrió en
Roma el proceso de beatificación, concluido en diciembre de
1992. El 18 de
abril de 1993, en la Plaza
de San Pedro de Roma, el Santo Padre Juan Pablo II beatificó
a Sor María
Faustina. Sus reliquias yacen en el santuario de la
Divina Misericordia
de Cracovia-Łagiewniki.
Santa Faustina,
ruega por nosotros.
Revista
Digital Fides et Ratio - Junio de 2008


