Lo que Dios quiera,
cuando Dios quiera, como Dios quiera

Sección Biografías: San Pío X
Publicado por las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
Nuestro Papa nació en 1835 con el
nombre de Giuseppe Sarto,
hijo de un humilde cartero, en la ciudad de Riese, en el Veneto. Fue el segundo
de 10 hijos de la pobre familia. Asistió a la escuela elemental de Riese y,
gracias a las instancias del cura párroco, pasó a la escuela superior de
Castelfranco, a una distancia de
En 1884, fue consagrado obispo de Mantua,
diócesis que se hallaba en bajas condiciones morales, debido a su clero
negligente hasta el extremo de haber provocado un cisma en dos poblaciones. Fue
tan limpio y brillante el triunfo que obtuvo el obispo en el desempeño de aquel
cargo plagado de dificultades que, en 1892, el Papa León XIII consagró a Monseñor
Sarto como cardenal sacerdote de San Bernardo de los Baños y, casi
inmediatamente, lo elevó a la sede metropolitana de Venecia, que comprende el
título honorífico de patriarca. Ahí se transformó en un verdadero apóstol para
toda la región del Veneto y puso de manifiesto el valor de su sencillez y su
rectitud, en una sede que se ufanaba de su magnificencia y de su pompa.
A la muerte de León XIII, en 1903,
era creencia general que habría de sucederle en la cátedra de San Pedro el Cardenal
Rampolla del Tíndaro; las tres primeras votaciones del cónclave indicaron que
la opinión general estaba en lo cierto; pero entonces, el cardenal Puzyna,
arzobispo de Cracovia, comunicó a la asamblea de electores que el emperador
Francisco José de Austria imponía el veto formal contra la elección de
Rampolla. El anuncio causó una profunda conmoción; los cardenales protestaron
con energía por la intervención del emperador y las cosas llegaron al punto de
efervescencia, cuando Rampolla, con mucha dignidad, retiró su candidatura.
(Actualmente se afirma que Rampolla no habría sido elegido de ningún modo).
Al cabo de otras cuatro votaciones,
resultó elegido el cardenal Giuseppe Sarto. Así llegó a la cátedra de Pedro un
hombre de humilde cuna, sin relevantes dotes intelectuales, sin experiencia en
las diplomacias eclesiásticas, pero con un corazón tan grande que no le cabía
en el pecho, y tan bueno que parecía irradiar gracias: "un hombre de Dios
que conocía los infortunios del mundo y las penurias de la existencia y, en la
grandeza de su corazón, sólo quería arreglarlo todo y consolar a todos".

Uno de los primeros actos del nuevo
Papa fue el de recurrir a la constitución "Commissum nobis", a fin de terminar, de una vez por todas, con
cualquier supuesto derecho de cualquier poder civil para interferir en una
elección papal, por el veto u otro procedimiento. Más adelante, dio un paso
cauteloso pero definitivo hacia la reconciliación entre
El obispo de Nevers, Mons.Gauthey
dijo del Papa: "Pío X nos emancipó de la esclavitud al costo del
sacrificio de nuestras propiedades. Que Dios le bendiga por siempre, por no
haber titubeado en imponernos ese sacrificio". La severa actitud del Papa
causó tantos trastornos y dificultades al gobierno francés que, veinte años más
tarde, se avino a concertar un nuevo acuerdo, dentro de los cánones, para la
administración de las propiedades de
Contra el Modernismo
El nombre de Pío X se vincula
generalmente y con toda razón, al movimiento que purgó a
Cinco años después, en 1910, la
encíclica del Papa sobre San Carlos Borromeo fue mal interpretada y se
ofendieron los protestantes en Alemania. Pío X publicó la explicación oficial
del párrafo mal interpretado en el Osservatore Romano y ahí mismo
recomendó a los obispos alemanes que no hiciesen más comentarios ni publicidad
en torno a la encíclica, en el púlpito o en la prensa.

Renovarlo todo en Cristo: Eucaristía
y Palabra
En su primera encíclica Pío X
anunciaba que su meta primordial era la de "renovarlo todo en Cristo"
y, sin duda que con ese propósito en mente, redactó y aprobó sus decretos sobre
el sacramento de
También el Papa se preocupó por
A favor de los Pobres
Siempre consagró sus preocupaciones
y actividades a los débiles y los oprimidos. Con inusitada energía, denunció
los malos tratos a que eran sometidos los indígenas en las plantaciones de
caucho del Perú. Creó y organizó una comisión de ayuda a los damnificados, tras
el desastroso terremoto de Messina y, por cuenta propia, acogió a numerosos
refugiados en el hospicio de Santa Marta, junto a San Pedro. Sus caridades, en
todas las partes del mundo donde se necesitaban socorros, eran tan abundantes y
frecuentes, que las gentes de Roma y de toda Italia se preguntaban de dónde
saldría tanto dinero. La sencillez de sus hábitos personales y la santidad de
su carácter se ponían de manifiesto en su costumbre de visitar cada domingo,
alguno de los patios, rinconadas o plazuelas del Vaticano, para predicar,
explicar y comentar el Evangelio de aquel día, a todo el que acudiera a
escucharle. Era evidente que Pío X se sentía desconcertado y tal vez un poco
escandalizado, ante la pompa y la magnificencia del ceremonial en la corte
pontificia. Cuando era patriarca de Venecia, prescindió de una buena parte de
la servidumbre y no toleró que nadie, fuera de sus hermanas, le preparase la
comida; como Pontífice, eliminó la costumbre de conferir títulos de nobleza a
sus familiares. "Por disposición de Dios, solía decir, mis hermanas son
hermanas del Papa. Eso debe bastarles". En una ocasión, antes de cierta
ceremonia, exclamó ante un viejo amigo suyo: "¡Mira cómo me han
vestido!" y se echó a llorar. A otro de sus amigos, le confesó: "No
cabe duda de que es una penitencia verse obligado a aceptar todas estas
prácticas. ¡Me condujeron entre soldados, como a Jesús cuando le apresaron en
Getsemaní!".
Estas anécdotas describen la
grandeza de corazón y la sencillez de la bondad de Pío X. A un joven inglés,
protestante convertido al catolicismo y que deseaba ser monje, pero sentía el
escrúpulo de haber estudiado muy poco, le dijo el Papa: "Para alabar a
Dios bien, no se necesita ser sabio". Un escritor de Mantua publicó un
libro de carácter sensacionalista en el que lanzaba infames acusaciones contra
Pío X; éste no quiso emprender ninguna acción legal, pero, en cuanto supo que
el calumniador se hallaba en bancarrota, el Papa le envió ayuda: "Un
hombre tan desdichado, comentó, necesita oraciones más que castigos".
Aún durante su vida, Dios utilizó al
Papa Pío X como instrumento de sus milagros y, hasta en esos casos
sobrenaturales, se puso de manifiesto su perfecta modestia y sencillez. Durante
una audiencia pública, uno de los asistentes mostró su brazo paralizado al
tiempo que decía: "¡Cúrame, Santo Padre!" El Papa se acercó
sonriente, tocó el brazo tumefacto y dijo amablemente: "Si, sí". Y,
el hombre quedó curado. En otra audiencia privada, una niña de once años que
estaba paralítica, pidió lo mismo. "¡Quiera Dios concederte lo que
deseas!", dijo el Pontífice. La niña se levantó y anduvo por sí misma. Una
monja que sufría de una tuberculosis muy avanzada, le pidió la salud.
"Sí", fue todo lo que repuso Pío X, mientras ponía las manos sobre la
cabeza de la religiosa. Aquella tarde, el médico declaró que estaba completamente
sana.
Primera Guerra Mundial
El 24 de junio de 1914,
"Nací pobre, he vivido en la
pobreza y quiero morir pobre", dijo en su testamento. Demostró la verdad
de aquellas palabras: su pobreza era tanta que hasta la prensa anticlerical
quedó admirada.
Después del funeral en la basílica
de San Pedro, Monseñor Cascioli, escribió lo siguiente: "No tengo la menor
duda de que este rincón de la cripta se convertirá, muy pronto, en un
santuario, un centro de peregrinación . . . Dios glorificará ante el mundo a este
Papa cuya triple corona fue la pobreza, la humildad y la bondad". Y así
fue por cierto. El Pontificado de Pío X no fue tranquilo y el Papa mostró
resolución en su política. Hubo muchos que le criticaron, lo mismo dentro
que fuera de
En 1923, los cardenales de la curia
decretaron que se había abierto su causa, firmada por veintiocho prelados. En
1954, el Papa Pío XII canonizó solemnemente a su predecesor ante una enorme
multitud que llenaba