Creador y creatura

Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem,

factorem coeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium.

Sección Astronomía y Física:

los anillos de Saturno

Si bien son 4 los planetas del sistema solar que cuentan con anillos (Júpiter, Urano, Neptuno y el que genera este artículo), es Saturno el cuerpo celeste en el que se ha detectado esta particularidad por primera vez. Ya desde el siglo XVIII existen descripciones telescópicas del gigantesco planeta y de su peculiar característica.

Aunque existen distintas teorías acerca de la formación de los anillos en Saturno y los planetas similares, la más difundida sugiere que una o más lunas o acaso algunos cometas se desintegraron por distintos motivos (proximidad al campo gravitatorio, colisión, etc.) y dieron lugar a los vistosos cinturones. Sabemos hoy día que gran parte de los mismos están formados por hielo, casi como si tratara de gigantescos témpanos en órbita.

Fueron sobre todo Christian Huygens y Cassini quienes describieron detalladamente el aspecto que los anillos ofrecían por aquel entonces al telescopio óptico convencional. Sin embargo, distintos astrónomos en años posteriores, incluyendo a Herschel en el siglo XVIII y a Struve en el XIX, han percibido modificaciones groseras en el espacio que separa al planeta del anillo más interno.

A fines del siglo XX, mediante el telescopio espacial Hubble, un grupo de astrónomos publicó el artículo Water ‘rains’ on the ringed planet (“Llueve” agua sobre el planeta anillado) en la reconocida revista New Scientist (año 1996, volumen 152, página 2053). Los científicos percibieron que los anillos interiores están perdiendo agua a gran velocidad, lo suficientemente rápido para pensar en una futura desaparición de los anillos y en un origen reciente de los mismos, ya que de lo contrario ya habrían dejado de existir.

El origen de esta “demolición” de los anillos estaría dada por la lluvia persistente de fragmentos de asteroides, rocas y meteoritos que, atraidos por la gravedad saturniana, erosionan por impacto a los anillos. Las moléculas de agua desprendidas de estos glaciares flotantes, en función o no de su ionización, caen hacia la atmósfera del planeta, generando realmente lluvia en el sentido estricto del término.

No se conoce con exactitud la magnitud de este nivel de precipitaciones, ni tampocosi el mismo fenómeno ocurre en los otros planetas con anillos. Lo que resulta llamativo es que se trata de planetas muy similares en diámetro, masa, características físicas y químicas, por lo que no es inapropiado creer que el evento meteorológico probablemente suceda en todos ellos. De ser así, acaso la edad de estos cuerpos celestes resulte sensiblemente menor a la habitualmente aceptada, ya que de lo contrario no existirían anillos para admirar.

¿Acaso nuestro sistema solar es más joven de lo que creemos…?

 

Revista Digital Fides et Ratio - Octubre de 2007

 

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