Creador y creatura

Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem,
factorem coeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium.

Sección Astronomía y Física:

Venus como modelo de invernadero

En la edición anterior, comentábamos las características que hacían de la Tierra un planeta único. En muchas de las comparaciones, utilizamos a nuestro vecino Venus como modelo.

Ha llegado la hora de detenernos en el citado Venus que, si bien fue bautizado con el nombre de la divinidad romana de la belleza, no es el lugar más adecuado que elegiríamos para irnos de vacaciones.

Entre otras cosas, en el artículo anterior recordamos que Venus es un planeta sólido, apenas más pequeño que la Tierra, distante del Sol unos 108 millones de kilómetros. En el orden de nuestro sistema planetario, sólo el pequeño Mercurio está más próximo a nuestra estrella que este cuerpo celeste.

Una cualidad puntual de Venus, que ha llamado la atención de los astrónomos por centurias, es el hecho de que se encuentra cubierto por una densa capa de nubes que impide la visualización de su superficie por medios ópticos. Quienes dirigimos la mirada nocturna a la Luna, por ejemplo, observamos su desprolijo relieve, de «mares» y contrastes. Los científicos del pasado, merced a telescopios elementales, lograron descubrir detalles de la geografía de otros planetas (recordemos sin ir más lejos los «canales» que Percival Lowell creyó distinguir en el suelo marciano y que dieron lugar a especulaciones sobre una civilización tecnológica).

Venus (imagen NASA)

Figura 1.- Venus y su capa de nubes

Sin embargo, una espesa capa situada en los estratos superiores de la atmósfera venusina, a unos 32 km por encima de su superficie, ha impedido por siglos tener detalles visuales de su naturaleza. Hoy sabemos que se trata de grandes masas de dióxido de carbono y compuestos de azufre, que rodean todo el planeta y lo convierten en un modelo perfecto de efecto invernadero.

Todos conocemos el mecanismo por el cual los invernaderos permiten el crecimiento de vegetales de climas cálidos, similar a la experiencia del calor acumulado y reinante en un auto cerrado aún en pleno invierno. Ello se debe a que el calor enviado por el Sol (en un caso) o generado por los pasajeros (en el otro) es «retenido» por el vidrio. En Venus, es esta capa densa la que impide que el calor reflejado por la superficie del planeta escape al espacio, siendo acumulado y generando temperatura elevadas, las cuales son similares desde el Ecuador a los Polos.

Venus (imagen NASA). Obsérvese las capas de nubes

Figura 2.- Otra imagen de Venus donde se aprecian las capas nubosas

Este fenómeno fue verificado cuando las primeras sondas no tripuladas que llegaron a Venus lograron emitir imágenes durante los primeros minutos hasta derretirse sin piedad. Técnicamente se han generados mapas de superficie, basados en radar y otras tecnologías que nos demuestran un mundo candente y de geografía escarpada, con valles desérticos, cordilleras y grandes mesetas o «continentes».

Venus ha sido postulado como ejemplo del eventual futuro de la Tierra si las emisiones de dióxido de carbono siguieran incrementándose, dando origen al llamado calentamiento global. Sin embargo, deberíamos considerar si acaso el clima de Venus no es capaz de darnos una respuesta científica a un acontecimiento crucial de la historia de la Tierra: el Diluvio Universal.

Los invito al debate de dicho tema en el artículo especial de esta edición.

Revista Digital Fides et Ratio - Junio de 2006

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