
Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem,
factorem coeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium.
En términos generales, la primera ley de la termodinámica establece que la energía total del Universo es constante. La segunda ley señala que la entropía total del Universo se encuentra en continuo crecimiento. La entropía puede interpretarse como una medida de uniformidad según la cual la energía se distribuye, esto es, resulta cada vez más uniforme según el movimiento aleatorio de las moléculas. Este incremento en la uniformidad, o entropía, según el cual la energía parece difundirse, se interpreta como un creciente “desorden”. Entendemos por “orden” a la clasificación o separación de los objetos según categorías, como el índice alfabético de la guía telefónica. Para diseminar esos objetos con perfecta uniformidad es necesario obviar todas las formas de categorización: una clase particular de objetos se difunde entre las demás categorías para constituir el máximo desorden.
En general, todos los procesos espontáneos parecen conducir a un incremento en ese desorden. Salvo que alguna fuerza se ponga en marcha para restaurar el orden, todos los objetos tienden al desorden. En palabras de Isaac Asimov, “las habitaciones ordenadas tienen al volverse desordenadas”.
Los científicos que adhieren a la hipótesis de la evolución conjeturan que la Tierra no es un sistema cerrado por lo cual la segunda ley de la termodinámica no puede aplicarse para descartar la evolución de la vida. De este modo, sugieren que el planeta debe considerarse como parte del sistema solar, el cual sí puede considerarse como un sistema cerrado. El Sol provee la energía necesaria para “una construcción del orden local y a largo plazo” para la Tierra (SJ Gould, 1997).
De acuerdo con las leyes de la termodinámica, la energía se distribuye, los cuerpos calientes pierden su temperatura y proveen así calor a los objetos que los rodean, como ocurre con la taza de café que se enfría sobre la mesa. En física, se denomina equilibrio a la condición en la cual la energía se distribuye de manera más probable en el espacio disponible. La tendencia al equilibrio se contrapone con los escenarios especulativos de “una construcción del orden local y a largo plazo”, aún en un modelo en el cual el Sol brinda energía a la Tierra. Aún ante billones o trillones de años e incluso en trillones de sistemas solares, aunque se planteen escenarios de “una construcción del orden local y a largo plazo”, no existe evidencia de observación o de experimentación que demuestra que este proceso pueda ocurrir en un modelo complejo y multidimensional, como una célula viva, que tiende continuamente a apartarse del estado de equilibrio.
La energía de un sistema puede incluir a la gravedad, a fuerzas atómicas y moleculares, a la presión o al voltaje, por sólo mencionar algunas formas. La entropía se desencadenará en todas las cosas con tendencia al equilibrio o a su más bajo estado de energía. Los objetos materiales se mueven en función de la atracción gravitatoria; las fuerzas de unión atómicas desplazan moléculas en estructuras más simples y estables; las reacciones químicas tienen lugar; las presiones se distribuyen con uniformidad; etc. De esta manera, toda la materia tiende a su menor estado de energía, la cual se distribuye.
Mientras tanto, en la naturaleza observamos estructuras altamente ordenadas, como ocurre con los copos de nieve, los cristales salinos y de hielo o los vórtices de los tornados. De hecho, el tornado representa un sistema enormemente inestable que se mueve a muy alta velocidad con tendencia a un menor estado de energía, resultando en destrucción y desorden. Los partidarios de la hipótesis evolucionista proponen que este fenómeno es una evidencia de la evolución al orden en un sistema natural, análogo a la formación de un organismo vivo. Sin embargo, subyace en esa idea el error de no advertir que el orden de los seres vivos se debe a la codificación del ADN. La formación de moléculas tan complejas como el propio ADN y las proteínas son procesos altamente energéticos.
De este modo, la segunda ley de la termodinámica indica que no es posible que la energía tienda a concentrarse en procesos altamente energéticos como la formación del ADN, sino que los cuerpos tienden a un estado de menor energía, como ocurre con los cristales. Confundir el mínimo estado energético de moléculas ordenadas (cristales) con la formación de moléculas biológicas complejas de alta energía (ADN) es un error habitual e inaceptable. En realidad, la segunda ley de la termodinámica es un obstáculo infranqueable para todas las explicaciones evolucionistas del origen de los seres vivos.