
Adoro te devote, latens deitas, quae sub his figuris vere latitas: tibi se cor meum totum subicit, quia te conemplans totum deficit, visus, tactus, gustus in te fallitur. Sed auditu solo tuto creditur, credo quiquid deixit Dei Filius: nil hoc Verbo veritatis verius.
Sección Anecdotario: Una visita del Purgatorio
En
la edición anterior de Fides et Ratio, presentamos la traducción de la
entrevista concedida por Maria Simma a Sor Emanuelle de Medjugorje en relación
a las
almas del Purgatorio.
Como
hecho significativo, cabe recordar un episodio acaecido el 17 de noviembre de
1859 en el Convento de las Terciarias Franciscanas de Foligno (Italia). Casi dos
semanas antes, la maestra de las novicias, la hermana Teresa Gesta, había
fallecido víctima de un accidente cerebral vascular. Su sucesora, sor Ana
Felicia, escuchó ese día extraños gemidos procedentes de la ropería que la
fallecida habitualmente cuidaba.
Pese
al temor, la hermana Ana avanzó hacia el lugar para escuchar en detalle la voz
de sor Teresa, quejándose de dolor y sufrimiento. La sorprendida hermana Ana
atinó a preguntar la causa de ese padecer, a lo que la fallecida respondió que
penaba a causa de demasiada libertad concedida a las novicias en relación al
voto de pobreza.
Acto seguido, el lugar se llenó de humo y la silueta de sor Teresa apareció para dirigirse a la puerta y exclamar: «¡He aquí un testimonio de la misericordia de Dios!». De inmediato, la sombra tocó el tablero superior de la puerta y dejó labrada su mano derecha sobre la madera calcinada para finalmente desaparecer.

Figura 1.- La marca de la mano de Sor Teresa, tal cual se conserva en la puerta del convento
La
aterrada sor Ana comenzó a gritar en busca de ayuda; cuando las demás hermanas
acudieron al llamado, escucharon el relato y vieron la marca estampada en la
puerta. Si bien la comunidad del monasterio comenzó a orar, comulgar y hacer
penitencia por el alma de la fallecida, no faltó la tentación de eliminar la
marca que había causado terror en todo Foligno. Sería la propia sor Teresa
quien volvería a manifestarse a Sor Ana para reprenderla: «¿Quieres borrar
la señal que he dejado impresa? No está en tu mano hacerlo, siendo ordenado
por Dios este prodigio para enseñanza y enmienda de todos. Por su justo y
tremendo juicio he sido condenada a sufrir durante 40 años las espantosas
llamas del purgatorio, a causas de las debilidades que he tenido a menudo con
algunas de nuestras hermanas. Te agradezco a ti y a tus compañeras tantas
oraciones, que en su bondad el Señor se ha dignado aplicar exclusivamente a mi
pobre alma.»

Figura 2.- El Convento de Foligno
Sería
al día siguiente cuando, por la noche, sor Teresa volvería a comunicarse con
ella para alegremente decir que partía a la Gloria, gracias a las plegarias y
penitencias de quienes fueran sus compañeras. La imagen se transfiguró en una
nube ligera y blanca, que voló al cielo para desaparecer.
En
presencia de numerosos testigos, una vez iniciada la investigación final, se
realizó la exhumación del cuerpo de sor Teresa, para observar la exacta
coincidencia entre la mano de la difunta y la marca ígnea en la puerta, que aún
se conserva con veneración en el convento.
En nuestros tiempos neopaganos, embebidos aterradoramente de materialismo y afán de dinero, donde vale más la vida de un árbol o una foca que la de un niño o un anciano, es útil recordar que el más duro de los sufrimientos de esta Tierra es ínfimo en comparación con lo que hemos de vivir en el Purgatorio, fiel reflejo tanto de la misericordia como de la justicia de Dios.