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Blanca
Varela, una de las grandes voces de la
poesía de nuestro tiempo, nació en
Lima, el 10 de agosto de 1926. Por su edad
pertenece a la generación peruana de los
años cincuenta, entre la que encontramos a
los poetas Jorge Eduardo Eielson (1921), Javier
Sologuren (1921), Sebastián Salazar Bondy
(1924-1964), Washington Delgado (1927) y Carlos
Germán Belli (1927); pero en realidad su
poesía se despierta y tiene más
afinidades con la generación anterior, sobre
todo, con dos de los grandes poetas que ha dado la
poesía peruana: César Moro
(1903-1956) y Emilio Adolfo Westphalen
(1911).
Comienza
su andadura poética con los amigos que
conoce en la Universidad de San Marcos, donde
ingresa en 1943 para estudiar Letras y
Educación. En esta misma década
conoce a Javier Sologuren, Jorge EÍelson,
Francisco Bendezú y al pintor Fernando de
Szyszlo, con quién contrajo matrimonio y
tuvo dos hijos.
A
partir de 1947 empieza a colaborar en la revista
Las Moradas, que dirigía Westphalen. En 1949
llega a París con Fernando de Szyszlo, y
entran en contacto con la vida artística y
literaria del momento de la mano de Octavio Paz y
Jacques Lanzman. Allí conocen a Sartre,
Simone de Beauvoir, Michaux, Giacometti,
Léger, Tamayo, Martínez Rivas...
Después
de una larga temporada en París, vive en
Florencia y luego en Washington; para establecerse
definitivamente en Lima, en 1962, con viajes
esporádicos a Estados Unidos, España
y Francia.
Si
bien es cierto que la poesía de Blanca
Varela es una poesía que se forja y
construye su «lugar del canto», como
diría Valente, al margen de modos, grupos y
generaciones, tiene sus hermanos espirituales en el
continente americano y en España: Emilio
Adolfo Westphalen, César Moro, José
Lezama Lima, Octavio Paz, José Manuel
Arango, José Ángel Valente, Antonio
Gamoneda... Poetas que comparten la visión
de una poesía que transciende la
instrumentalización inmediata del lenguaje y
hacen de la palabra una forma de descubrir, conocer
y revelar la realidad individual y
colectiva.
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