El argumento escéptico en la vida cotidiana

por David Yañez Colín

 

Tal vez uno de los argumentos más importantes en la historia de la epistemología, es el argumento del sueño cartesiano, con el que comienza el desarrollo de propuestas a favor del conocimiento del mundo exterior, a saber el mundo que compone nuestras prácticas cotidianas, en mor de eliminar las consecuencias que dicho argumento trae consigo. El conocimiento empírico, desde la formulación de este argumento, forma parte de aquello que parece que el hombre jamás logrará descubrir a través de la argumentación y por el que se han intentado, tanto estrategias que eliminen las condiciones que impone el argumento, como tesis que pretenden disolver el problema.

 

Dicho argumento puede ser reconstruido de la siguiente manera:

 

Estando sentado al lado del fuego con un papel en las manos, se pregunta si estará soñando, de primera impresión se responde que no, pues se mueve con perfecta soltura. Sin embargo recuerda que en el pasado ha soñado que se frotaba los ojos y se hacia las misma reflexiones que se hace mientras estaba despierto. Esta es una razón para creer que es posible que estuviera soñando.

 

Puede estar cierto que se encuentra sentado al lado del fuego con un papel en las manos, únicamente si nunca ha tenido razones para creer que estar sentado al lado del fuego es falso, y únicamente si no existiera la posibilidad de dudar de su vigilia podría estar cierto de que está sentado al lado del fuego. Sin embargo, al discurrir, se da cuenta de que sí existe la posibilidad de dudar, de que la vigilia no puede distinguirse nunca del sueño con indicios ciertos y que no hay nada que pueda evitar esa duda, y por tanto no puede estar absolutamente seguro que está sentado al lado del fuego.

 

Este argumento generó muchas controversias a nivel histórico, tales como las diferencias entre empiristas y racionalistas; el traslado del plano empírico al plano trascendental; o la introducción de tesis sobre el mal empleo de la expresión dudar en la que la duda sólo es a nivel verbal, lo que quiere decir que el escéptico no dejaría de actuar en la vida cotidiana ante un desafío como el que él mismo impone.

 

Es importante destacar que es sólo una condición la que el escéptico cartesiano agrega para llevar a cabo la plena realización del conocimiento, a saber, la de eliminar por completo la posibilidad de estar soñando. Si es así, dicha cuestión parece indicar que es por medio de un argumento que se debe resolver el problema.

 

Tal vez son innumerables las críticas que merecía un intento en particular: el de George Moore con su famosa prueba del mundo externo, en la que intentó probar el conocimiento empírico tan sólo observando sus manos, y así, resolver el desafío escéptico; criticas que a nivel argumentativo son de ingente importancia, entre las que podemos rastrear la de la gramática en profundidad de Wittgenstein en la que nos hace ver que Moore había empleado de forma errónea la expresión saber pues de acuerdo con la normatividad impuesta, -si alguien sabe algo como lo que Moore creía saber, es decir que frente a él estaban sus manos, y de esa premisa concluir que el mundo externo existía- implícitamente se deben tener evidencia a favor de lo que se sabe, cosa que Moore mismo afirma que no tiene.

 

Es evidente que Moore no tenía razones suficientes para justificar el conocimiento, sin embargo considero que es él quien abre las puertas hacia las reflexiones sobre el conocimiento en la vida cotidiana. Como ya lo decíamos para el escéptico el conocimiento de las cosas solo se da si eliminamos la posibilidad de estar soñando, postura que en las prácticas cotidianas parece ser absurdo pues es irrelevante, ya que si se diera el caso en el que de alguna forma fuera descubierto un argumento que trazara finamente la eliminación de la posibilidad de estar en un sueño o bajo un engaño; en la vida cotidiana no nos conduciríamos como si fuera necesario hacer notar que no estamos soñando. Por ejemplo, nadie afirmaría lo siguiente: Ahora estoy escribiendo un ensayo sobre el escepticismo y he eliminado la posibilidad de estar soñando con este argumento…

 

La concepción que tiene el filósofo escéptico de la vida cotidiana es la misma que tiene cualquier otra persona, así pues la justificación que busca puede ser solamente la de estar conciente de que lo que cree es algo que está en el mundo, cuya definición, en el mejor de los casos, es ostensiva. Quizá la lección que debemos aprender del escéptico es que únicamente podemos dudar de la realización plena del conocimiento cuando nos encontramos dentro de un razonamiento formal y no transportar la duda a un plano en el que cotidianamente no representa ningún peligro, a saber, el del ámbito de la praxis moral.

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