Una de las características más originales de la idea del contrato social en
Rawls es el velo de la ignorancia. Esto se debe a que en las teorías
clásicas del contrato, tal como lo pensaron Hobbes, Locke y Rousseau,
existía una situación previa, un estado de naturaleza. La idea que
encontramos en los contractualistas clásicos es que el Estado Político nos
ofrece una situación en la que mejoramos las condiciones de vida que se
presentan en el estado de naturaleza.
John Rawls, tal como lo afirma Roberto Vivero, propone un modelo de contrato
bajo un velo de ignorancia con el objeto de que nuestra decisión, sobre los
principios de justicia que regirán las instituciones, no esté perneada por
nuestras preferencias, habilidades, capacidades. Esta manera de plantear el
problema corresponde a lo que, en teoría de juegos, suele denominarse
“decisión bajo incertidumbre”. La racionalidad de una decisión tal se
encuentra en que elegimos aquella alternativa que, si bien no nos permita
ganar mucho, nos ayuda a no perder demasiado. Según Rawls, la racionalidad
de la decisión bajo incertidumbre nos lleva a elegir unos principios que nos
permitan obtener el respeto a las libertades y acercarnos a una sociedad
menos desigual.
       Son varias las críticas que se han hecho al método Rawlsiano. La primera de
ellas consiste en la abstracción del modelo. Las teorías políticas que han
recurrido al contrato social se han basado en el conocimiento que tienen los
hombres de su situación para lograr consensos, aceptando algunas condiciones
 que van de acuerdo con sus preferencias y sacrificando otras en función de
las preferencias de los demás. Las teorías contractualistas se han
clasificado por los intereses que pueden sacrificarse y aquellos que no
pueden abandonarse.
       Otra crítica al modelo rawlsiano consiste en sostener que no es posible
conciliar los dos principios de la justicia. Esto se debe a que, por
ejemplo, si el Estado aplica políticas para reforzar las condiciones de
justa igualdad de oportunidades, puede interferir con algunas libertades que
se postulan en el primer principio. Y, si tal como lo afirma Rawls el primer
principio tiene prioridad lexicográfica sobre el segundo, el respeto a las
libertades podría ser un impedimento para que un Estado propiciara las
condiciones de justa igualdad de oportunidades.
       Otra crítica ha provenido de pensadores cuyas tesis se han agrupado en un
modelo llamado “comunitarista”. Los comunistas han criticado la visión de
los seres humanos como partículas aisladas, tal como lo afirma Roberto
Vivero. Ellos sostienen que las preferencias de los individuos se forman a
través de una historia y una cultura compartida y que la verdadera comunidad
se forma a través de un diálogo caracterizado por el reconocimiento del
otro. Una teoría de la justicia que soslaye este aspecto fracasará en sus
intentos distributivos.
       Independientemente de lo anterior, no podemos dejar de pensar que en la
obra de Rawls se encuentran las bases para acercarnos cada vez más a una
sociedad más justa. La Teoría de la Justicia no pretende ser una obra
descriptiva sino una meta a la cual llegar. Independientemente de las
críticas a las que se ha visto sometida es importante destacar que los
principios de la justicia nos muestran dos valores que nunca debemos estar
dispuestos a negociar: la libertad y la igualdad.


Paulette Dieterlen

Hosted by www.Geocities.ws

1