FIN DE MILENIO: La evolución de Hombres a Samitas.



A. ¿Sabes qué día es hoy?.

B. No. Ni siquiera sé la edad que tengo.

A. Es normal. Uno se desorienta aquí encerrado. Resulta realmente fácil perder la noción del tiempo cuando hace tanto que no vemos el sol.

B. ¿Cuánto hace de eso?.

A. Más de media vida.

B. ¿Por qué me preguntabas por el día que es?. ¿Acaso tú lo sabes?.

A. He oído rumores de que es fin de año.

B. Un día más.

A. O un día menos según los catastrofistas que anuncian el fin del mundo.

B. ¿Y eso?.

A. Dicen que con el cambio de milenio concluye una era.

B. ¿Cambio de milenio?. ¿Una era?.

A. Sí. Hoy es el último día del año 49.999 y alguien ha dicho que la cifra esconde un mensaje o no sé qué.

B. ¿49.999?, ¡Madre mía!, ¡Cómo pasa el tiempo!, parece que fue ayer cuando corrían los 70 y éramos libres. ¿Y de qué mensaje me hablas?.

A. No estoy seguro pero tiene algo que ver conque la primera cifra es un cuatro y le siguen cuatro nueves.

B. Siempre inventando tonterías. Hay mucho loco suelto. Si uno fuera a hacerles caso cada vez que dicen una sandez de esas, no podría vivir.

A. O incluso podrías morir, tal y como ocurrió a finales del segundo milenio.

B. ¿Qué ocurrió?.

A. Millones de Hombres se suicidaron con un líquido llamado cicuta convencidos por un líder sectario de que el mundo acabaría ese día.

B. ¿Qué tontos?. Está claro que eran una especie poco evolucionada y primitiva.

A. Precisamente esa es la conclusión a la que han llegado todos los científicos. No cabe duda de que los Samitas somos una especie más evolucionada que los primitivos Hombres. Tuvieron que darse muchas mutaciones antes de que se aceptara que la especie había evolucionado. Para muchos supuso un verdadero trauma aceptar que ya no eran Hombres sino Samitas, sobre todo para una primitiva organización llamada Iglesia, la cual desapareció dos milenios después de que todas las comunidades científicas del planeta alcanzaran el consenso, allá por el año 25.530, admitiendo la evolución de la especie de Hombres a Samitas.

B. ¿Qué tipo de organización era la Iglesia?.

A. Era una organización de tipo religioso que tenía millones de adeptos por todo el planeta y que fue perdiéndolos conforme los que aún se creían Hombres asimilaron que eran Samitas. Eso supuso el fin de la Teoría Creacionista del origen del mundo en detrimento de la Teoría Evolucionista. Fue de esa forma que el Hombre entendió definitivamente el concepto de Dios como el origen de una realidad cambiante a la que hay que adaptarse y no estática tal y como la entendía la Iglesia.

B. ¿Y tú cómo sabes todo eso?.

A. Nunca te lo he dicho porque para mí supuso un fracaso, pero llegué al último año de los estudios de historia, siéndome imposible acabar.

B. ¿Entonces sabrás mucho de los Hombres?.

A. No sé si mucho o poco, pero algo sé. Casi todo lo que hoy se sabe de los Hombres se ha averiguado a partir de los libros, pero en mi opinión el ejemplo más claro de la vida cotidiana y costumbres del Hombre, lo encontramos en las tierras hundidas en el mar tras el deshiele de los polos que vieron nuevamente la luz cuando los polos volvieron a congelarse.

B. ¿Cómo ocurrió eso?.

A. La primera fase de deshiele se produjo por la pérdida progresiva de la capa de ozono que protegía al planeta de los rayos solares que resultaban nocivos para la vida. La segunda fase se produjo por una sobreproducción de ozono a manos del Hombre.

B. ¿Fue capaz de regenerar el ozono?.

A. Sí, pero con una tecnología equivocada que significó la aniquilación casi definitiva de la especie. Lograron corregir la escasez de ozono y las temperaturas infernales que sufría el planeta con un proceso químico, que aunque eficaz en el propósito planteado, provocó demasiados efectos secundarios, entre los que sin duda el más grave fue la lluvia ácida. Toda el agua del planeta estaba contaminada, y depurarla suponía un coste que apenas eran capaces de soportar los países más ricos del planeta, y que para los más pobres era sencillamente imposible. En pocas décadas la población mundial se redujo al 1%, lo cual supuso un descenso hasta los 6.000 millones de habitantes. Algunos pensaron que el Hombre había encontrado la solución a la superpoblación del planeta en su propia estupidez.

B. ¿Los Hombres eran muy diferentes a nosotros los Samitas?.

A. Realmente somos lo que ellos han querido que seamos, o al menos somos fruto de sus costumbres adquiridas a lo largo de la historia. Pero, para responder de una forma clara a tu pregunta, te diré que sí somos diferentes. Quizás la mayor diferencia fuera la forma que tenían de comunicarse entre ellos. Sin duda que se comunicaban mucho más que nosotros los Samitas, pero fue ese un hábito que fueron perdiendo poco a poco, quizás por la aparición de un instrumento que ellos creyeron que serviría para facilitar la comunicación, y que sin duda supuso un cambio radical en las relaciones interpersonales.

B. ¿Qué instrumento fue ese?.

A. Ellos lo llamaban Internet. En su día, este primitivo sistema de comunicación revolucionó el mundo y acortó las dimensiones del planeta. Facilitó tanto la vida de los Hombres que éste era capaz de cubrir todas sus necesidades sin apenas salir de su casa. Fue por eso que acabó con las relaciones interpersonales. A este hecho corresponde el origen de la mayoría de las mutaciones que sufrió el Hombre en tan solo unos pocos milenios.

B. ¿Qué mutaciones fueron esas?.

A. Quizás la más importante fuera la pérdida de la capacidad de hablar. Antes no se comunicaban de forma telepática como hacemos tú y yo ahora, sino que usaban señales sonoras que emitían gracias a unas cuerdas vocales que tenían en la garganta, y que fueron atrofiándose por el desuso. Esto supuso un cambio radical en las costumbres de los todavía Hombres, que sin duda contribuyó al progresivo descenso de los contactos interpersonales. Sobre todo afectó a sus hábitos sexuales. Los Hombres eran formalmente monógamos, pero lo cierto es que solían mantener relaciones con múltiples parejas a lo largo de su vida y además de forma totalmente desordenada, aunque siempre trataban de autocontrolarse a través de las religiones. No obstante, esto depende de la época de la que estemos hablando. Lo que sí es seguro es que los contactos sexuales fueron desapareciendo lentamente, hasta la sustitución definitiva por el sistema de donación de células reproductoras que existe hoy en día. Con ello se acabó además con las enfermedades de transmisión sexual, y se corrigió el problema de los crecimientos de población descontrolados.
Antes existían familias en las que crecían las crías de hombres, y que eran algo así como los centros de educación y desarrollo de la personalidad existentes en la actualidad.
Una cosa realmente curiosa era el gran tamaño de los genitales, sobre todo los masculinos, que podían llegar a ser hasta tres veces más grandes que los nuestros. Esta reducción se debió al desuso, y a la utilización de una indumentaria cada vez más ceñida.
En las mujeres, la principal mutación se corresponde con la pérdida de los pezones, que eran algo así como unos conductos a través de los cuales proporcionaban a sus crías la leche que almacenaban en sus pechos. Pero la capacidad de producir leche fueron perdiéndola con la sustitución del pecho por el biberón. De esta forma los pezones dejaron de tener una función biológica, y terminaron por desaparecer.
Tal vez la mutación más llamativa a simple vista sea la reducción del tamaño de los Hombres causado por el auge de una vida cada vez más sedentaria, que requería de menores esfuerzos físicos. Los Hombres eran unos 50 centímetros más altos que los Samitas y además tenían unos filamentos llamados pelos que les cubrían ciertas partes del cuerpo como la cabeza y los genitales. También tenían una dentadura con un mayor número de piezas, pero sus hábitos alimenticios cambiaron y con el paso de los milenios fueron perdiendo dientes hasta la dentadura actual de cinco piezas. Este cambio alimenticio no fue otro que la sustitución de la carne por las algas, corrigiéndose así, de forma parcial, la falta de alimentos a la que estaba sometida la mayoría del planeta. Además, se consiguió con ello, aumentar algo la esperanza de vida, la cual, a principios del tercer milenio apenas era la tercera parte de la que tenemos hoy, es decir, a lo sumo vivían unos ochenta años.
Otra mutación de menor importancia la sufrieron con la pérdida de un dedo pequeño que tenían en la parte exterior de los pies, causada por la utilización de un calzado cada vez más estrecho, pero esas ya son mutaciones de menor importancia.

B. Sin duda, los hombres eran mucho más rudos que los Samitas, al menos en lo que a su aspecto físico se refiere. ¿No es así?.

A. Sin duda, pero no sólo en su aspecto físico, también en su conducta. Al margen de que ésta estaba muy condicionada por una capacidad intelectual muy inferior a la nuestra, tenían conceptos realmente curiosos, sobre todo en lo que a la propiedad se refiere, los cuales condicionaban un comportamiento muy primitivo. Se regían por un concepto ya desaparecido: egoísmo, que determinaba una insaciabilidad incomprensible de las necesidades. Se podría decir que el Hombre era un ser con una imaginación increíble para inventar nuevas necesidades que suplieran a las ya saciadas. Esto le llevaba a adoptar una conducta poco inteligente ante la propiedad. Pese a conocer el concepto de escasez buscaba acumular la mayor cantidad de recursos que le era posible sin importarle lo que otros tuvieran, o mejor dicho, lo que otros dejaran de tener. Así, la quinta parte del planeta era propietaria de la mayor parte de los recursos existentes. La acumulación desigual de riquezas y los enfrentamientos culturales entre oriente y occidente fueron motivo de al menos tres guerras mundiales que deterioraron de forma definitiva el planeta, aunque éste siempre nos sorprendió con su increíble capacidad de regeneración. Tenían tan desarrollado el instinto de propiedad que dividían el mundo en países, que eran unas especies de parcelas cuyos habitantes consideraban como propias. Ahora resulta algo incomprensible y hasta ridículo, pero créeme, era así. Los habitantes de cada país tenían un código de comunicación propio que ellos llamaban idioma, y que solía diferir del utilizado por otros países, dificultándose de manera casi definitiva la comunicación entre los mismos. Pero en fin, esas ya son otras historias.

B. ¿Y tú crees que esta noche acabe definitivamente la historia?. ¿Crees que será el fin del mundo?.

A. Sinceramente. No lo creo. La vida seguirá, siempre evolucionando, al menos hasta que el sol no muera.

B. ¿Y cómo evolucionará la vida?. ¿Cuál crees que será nuestro futuro?.

A. Sinceramente. No lo sé. Nadie lo sabe. Yo sólo conozco el pasado.




Víctor José Rivero Marrero.

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