A veces me gusta coger un folio en blanco y escribir sobre lo que siento o lo que pienso y ahora tengo la oportunidad de que otros sepan sobre ello. Voy a hablar de un tema nada sencillo, al menos a mí me parece que no es fácil opinar sobre la interrupción ordinaria del embarazo. La verdad es que no hace muchos años tenía muy claro que es lo que se debía hacer, pero el transcurso de mi vida me ha demostrado que hay mucho sobre lo que discutir.
Siempre consideré que la mujer que es capaz de matar a su propio hijo no era una persona, y por tanto no merecía ser considerada como tal y me basaba en que mi madre quiso hacerlo conmigo y por eso la he odiado durante mucho tiempo; entonces yo no podía defenderme y de haberlo hecho hoy no estaría aquí, y aunque mi papel en esta sociedad no sea fundamental, me alegro de poder vivir, de compartir alegrías y tristezas con el resto del mundo y de tener mi vida. Y tal vez un feto pueda o no ser vida en el momento del aborto, lo que está muy claro es que lo será si se le da la oprtunidad.
Sin embargo, existe otra parte, existe una mujer que va a ser madre, que piensa muchas cosas y no encuentra respuestas ni soluciones, desea lo mejor para el bebé, pero sabe que no podrá darselo o que no será feliz, al menos ella piensa así y nadie y nadie el más que ella para opinar sobre un problema que no es suyo. Pero siempre hay quien sabe qué el lo que se debe hacer en cada ocasión, aunque cuando el problema existe no está hay para resolverlo. Antes de tomar una decisión así pasan por la cabeza muchas cosas y la conciencia pesa mucho como para cargarla más. Sólo quien vive pensando en lo que pudo ser y no fué, en si fué acertada o no la elección puede entenderlo. Y es bastante duro en esta sociedad -pues en otras ni siquiera existe la oprtunidad- de ser mujer y salir adelante en un mundo de hombres, como para que decidan que es lo mejor para nosotras si ni siquiera son capaces de entendernos.Y tampoco es fácil tener un niño nueve meses en tu vientre para cedérselo a otros cuando nazca, si tiene que nacer debe estar al lado de su madre pues nadie mejor que ella podrá quererlo.
Como conclusión diré que ni a favor ni en contra, cada persona debe ser lo suficientemente capaz de decidir sobre su propio cuerpo, su futuro, su vida; y el resto deberíamos ayudarle a llevar a cabo sus propias decisiones sin juzgarlas, ni aprobarlas o denegarlas, simplemente habría que tener en cuenta que en otras ocasiones somos nosotros quienes quienes necesitamos su apoyo y comprensión para seguir adelante. Es necesario que cada uno elija su propio camino.
María José Marco López.