NASCIMENTO


La noche del 17 de agosto de 1947 mi madre murió, y a mi hermano que en esos momentos tenía seis años más o menos le contaron que ella había ido a hacerle compañía a dios, pero no volvería y ya no podría volver a verla nunca más. A mi hermano aquello le pareció muy extraño, es decir, cómo era posible que la mujer que tanto le quería, de repente se fuera para siempre con ese tal dios al que él no conocía de nada sin ni siquiera despedirse de él. Tan poco convencido de esto estaba, que según él ésta fue la razón por la que es ateo. Él lo considera casi una obligación, yo una venganza. Él siempre desde entonces le tuvo un gran desprecio a dios, según él, el mayor odio que se le puede tener a algo o a alguien es la ignorancia.

Mi hermano tampoco le tuvo nunca mucho aprecio a mi padre. Supongo que el ver como éste le daba grandes palizas a mi madre, tendría algo que ver. El pobre niño contemplaba impotente este espectáculo mientras sus ojos deseaban salirse de sus cuencas para detener aquella pelea amañada con claro ganador. Durante el combate el crío recordaba las maravillosas mañanas que en aquel mismo cuarto se habían producido y se seguirían produciendo, magníficos desayunos con los tres en la mesa riendo las bromas del padre, incluída mi madre con la cara llena de moratones. Su pequeña mente no alcanzaba a comprender cómo aquel ser lleno de alegría y amor por la mañana, al llegar la noche se convertía en un ser lleno de odio, y a pesar de la frecuencia de aquellas palizas, él no se pudo acostumbrar, y lloraba cada noche.

Al morir mi madre, mi padre cayó en una especie de letargo-depresión que le duró varios meses, en realidad esto sólo sería la calma antes de la tempestad. Durante esos meses estuvo mi hermano sólo cuidando de mí, me daba los biberones y se levantaba a cambiarme los pañales cada noche. Cuando se acabó aquella semi-depresión empezó el verdadero infierno para mi hermano. Mi padre tenía que desahogarse con alguien y faltando mi madre, el sustituto sería mi hermano. Carlo, que así se llama mi hermano se tuvo que hacer cargo el sólo de mi y de la casa mientras mi padre hacía algún que otro trabajo cuando le salía alguno, al llegar la noche mi padre lo castigaba cruelmente por el mínimo error cometido en la limpieza de la casa, además de haber sido molido a palos, tenía que levantarse un par de veces cada noche cuando yo lloraba.

A mi hermano este infierno le duró aproximadamente 5 años y medio, ya que una mañana que mi padre salió a ver si podía trabajar en algo, Carlo se acercó a mí y me dijo que me quería mucho, pero que tenía que irse un tiempo de casa, pero que volvería a por mí en cuanto pudiera. Ahora, aproximadamente 26 años después de eso y recordando aquellos momentos veo perfectamente la lotería que me tocó ese día, lo mismo que mi padre había hecho sufrir a mi madre, y mas tarde hizo sufrir a mi hermano, era lo que a mí se me venía encima. Pero lo peor de todo es que yo no podría irme de casa a los once años como hizo mi hermano pues lo que me esperaba podría ser incluso peor de lo que tenía en casa, o al menos yo pensé eso. Lo que pasó en aquellos largos años que parecieron siglos o incluso milenios, prefiero no recordarlo, no podía creer que aquel ser maligno se pudiera autodenominar humano, a mí en concreto me pareció peor que el mismo satanás.

Aproximadamente 10 milenios duró aquel horror, ya que un día, el día más maravilloso de todos los días de mi vida fuí liberada de aquella esclavitud por mi hermano que me llevó con él. El primer pensamiento fue curioso por que no fue una idea de libertad ni de una vida mejor, sólo se me ocurrió pensar en que había cambiado mucho, y mientras huíamos en su coche sólo me fijaba en su poblada barba y en sus rasgos más marcados. Había pasado tanto tiempo, tantas penas, que yo no podía concebir la idea de una vida más placentera sin palizas. Carlo tardó una o dos semanas en convencerme de que no tenía que limpiarle la casa. Al llegar la noche me siguió entrando el miedo en el cuerpo durante bastante más tiempo. Ahora ya puedo contar esto como una historia pasada, pero sin llegar a poder reírme con nada de mi pasado. A pesar del odio que siento hacia mi padre, hace dos días pase por su casa y lo vi allí sentado con sus amigos jugando a las cartas y discutiendo, me acerqué a ellos, pero mi padre tardó en reconocerme, cuando lo hizo no dijo nada, no hizo nada, simplemente sus ojos se apartaron de los míos y siguió jugando a las cartas. Puede que él se sienta muy orgulloso de la postura tenida con toda su familia, pero a mí ese odio, esa indiferencia final no me motiva más que un sentimiento, la pena, pena porque no es capaz de sentir amor por nadie, por nada. Yo tarde bastante tiempo en aprender a querer, pero finalmente puedo sentirlo. Me gustaría que mis hijos aprendan lo que es amar desde el principio, aun estando en mis entrañas, ya lo intenté una vez pero tuve un aborto natural, pero aún así sigo intentándolo, estoy segura de que algún día lo conseguiré y lograré vengarme de ese odio de un vez por todas. Mañana cumplo 26 años, mañana hace nueve meses que mi marido y yo engendramos una criatura en mi interior, mañana puedo ser madre igual que lo fue mi madre hace casi 26 años, mañana podré empezar una historia de amor con mi hijo y enseñarle lo que mi padre no me quiso enseñar y mi madre no pudo, mañana empezará mi vida, mañana naceré y seré feliz, o no, pero lo habré intentado.

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