El 18 de diciembre cumplí 18 años y mi vida cotidiana no ha cambiado en absoluto; sé que es algo obvio que mi vida mo haya cambiado pero eso lo sé ahora, o mejor, lo supe hace algún tiempo. Pero, ¿qué hay de lo que pensaba antes?. Recuerdo que, hace ya algunos años, mis amigos y yo soñábamos con tener la mayoría de edad. El tener la mayoría de edad es un anhelo, un deseo de todo pre-adolescente; ¿cuántas veces habré oído eso de "¡qué ganas tengo de tener los 18 y largarme de casa!"?....Y es que cuando tenemos 14 o 15 años tener los 18 nos sugiere independencia, libertad y en definitiva un vuelco importantísimo en nuestras vidas. Por fortuna o por desgracia, ese ideal no se cumple en nuestros días.
Sin embargo, creo que entre los 17 y los 19 te empiezas a plantear problemas que antes ni siquiera te habías imaginado que existían. Haces un balance de tu vida, de lo que has hecho, de lo que haces y de lo que quieres hacer . Dudas; tienes muchas dudas, tantas que te apetece dejarlo todo, perderte en un bosque y no volver nunca. Discutes con tus padres, te empiezas a agobiar si estás estudiando y estás tan saturado que en algunas ocasiones te apetece olvidarte de todo y de todos y dejar de pelear por lo que crees. No obstante, recuerdo una cita de Bertold Brecht que dice así. " Los hombres que luchan un día son buenos, los que luchan una semana son mejores y los que luchan toda una vida son indispensables".
El mundo necesita tipos así. Mujeres y hombres empiezan a gestar sus ideas en esta época, comienzan a pensar, a madurar.
Quizás todo esto os haya parecido una tontería; pero es que es algo que estoy viendo día a día en mis amigos, en mi familia más joven, y ¿por qué no decirlo?, en mí también.
Sergio Fernández Molina.