El campamento, a pesar de todo el esfuerzo de los voluntarios internacionales que allí trabajan, es un lugar inhóspito, ya que no se dispone de los medios para poder ofrecer una estancia digna. Y no estoy hablando de televisión por cable, duchas con agua corriente o servicio de habitaciones. Es bastante difícil, proveer de ayuda humanitaria a una zona tan escarpada como las montañas de Afganistán y las bolsas amarillas con comida no son una solución.Tiendas de campaña para los afortunados las estrellas como techo para los menos.
Nosotros seguramente daríamos mayor valor a poder ver un paisaje así, de día, un todo blanco por la nieve, y de noche, el cielo totalmente estrellado, un privilegio para los astrólogos, pero nosotros no padecemos el hambre, el frío y las incomodidades normales de una guerra que estos "afortunados" tienen.Los niños son capaces de pasárselo bien en cualquier lado, aunque las condiciones sean peores de lo que cualquiera de nosotros podemos imaginar.
Al menos mientras haya fuerzas, juegan con la nieve, a pesar del intenso frío, incluso correr en las laderas en busca de los ansiados paquetes amarillos se puede convertir en un juego.El fuego cruzado entre las fuerzas aliadas y los talibanes es su lluvia de estrellas, y aunque no conozcan la tradición de pedir deseos con cada estrella, su deseo no desparece en ningún momento de sus mentes.
Cuando las fuerzas desaparecen no se pueden emitir siquiera quejidos.
El otro día tuve la desgracia o la fortuna de ver como emitían en la televisión un reportaje en el que aparecía como dos niños de esos que se encuentran en las montañas de Afganistán, refugiados porque hay una guerra, porque el mundo occidental viene a salvarles, morían, o habían muerto de frío.
Justo antes de morir congelado se tiene la sensación de estar empezando a entrar en calor, por eso mismo se le llama la muerte plácida. Vaya consuelo.
Si a la paz, no a la guerra.