
POBLACIÓN Y ENVEJECIMIENTO
NORA GÓMEZ
INTRODUCCIÓN
El propósito de esta parte del trabajo es presentar el proceso de envejecimiento en datos motivado por los cambios en las variables demográficas.
Para ello se esboza en primer lugar el proceso de envejecimiento que se manifiesta en el cambio en la distribución por edades de la población. En las sociedades actuales las personas viven más años y esto lleva a un aumento de las personas en edades avanzadas como consecuencia del proceso de transición demográfica.
La investigación busca describir o la distribución porcentual de los mayores de 65 años según edad, sexo, nivel de instrucción formal, condición de actividad, situación familiar, condición jubilatoria tanto a nivel país como en la provincia de Santiago del Estero.
EL FIN DE LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA Y EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN
El envejecimiento demográfico anuncia transformaciones a nivel mundial de grandes proporciones, que se observará en las complejas ramificaciones de carácter social, económico, político y cultural. Esta problemática incidirá en el futuro, en la formación de demandas de la población e impondrá desafíos inéditos.
Una de las características del fin de la transición demográfica es el envejecimiento de la población. Este envejecimiento ya se ha constituido en un problema ya que se vuelve difícil garantizar las medidas asistenciales.
Según Torrado (2007) el concepto proceso de transición demográfica constituye una generalización empírica de la trayectoria demográfica de las sociedades que, en su proceso histórico-concreto de desarrollo económico y social -desde un estadio tradicional (o rural, o agrario) a otro moderno (o urbano, o industrial)-, adquieren progresivamente el control social de la mortalidad (erradicación de ciertas enfermedades, postergación del fallecimiento por otras) y de la natalidad(capacidad de regular el número y calendario de los nacimientos). Para una población conocida como cerrada (sin migraciones internacionales), esta trayectoria tiene tres etapas.
Para la autora la primera que se ubica en un momento anterior al despegue económico-social- se caracteriza por alta natalidad (estable) y alta mortalidad (muy oscilante), lo que se traduce en un crecimiento vegetativo bajo y en una -estructura de edades "joven" (alto porcentaje de niños).
En la segunda o etapa transicional, desciende primero la mortalidad y con posterioridad la natalidad, para luego volver a acercar sus respectivos niveles, pero ahora a valores bajos
Finalmente la tercera se caracteriza por baja natalidad y baja mortalidad (ambas estables), lo que también se traduce en un crecimiento vegetativo bajo pero ahora con una estructura etaria "envejecida" (alto porcentaje de ancianos).
En la transición se observa, primero una aceleración del crecimiento vegetativo (mientras desciende la mortalidad y se mantiene la natalidad); posteriormente, una desaceleración del mismo (cuando desciende la natalidad más rápidamente que la mortalidad). Durante esta etapa se verifica además el tránsito desde una a otra estructura etaria.
La caída de la mortalidad es función del aumento de la esperanza de vida, mientras que la de la natalidad traduce las modificaciones que se operan en el comportamiento reproductivo vía la adopción progresiva de la planificación familiar.
Por otra parte, el potencial de crecimiento de una población es su capacidad futura de crecer en función de su actual dinámica demográfica. Las poblaciones que se encuentran en la primera etapa del proceso poseen un alto potencial de crecimiento ya que tienen por delante la posibilidad de transitar el defasaje de la caída entre mortalidad y natalidad. Las que se encuentran en la tercera etapa tienen un bajo potencial ya que el descenso de la mortalidad y de la natalidad son fenómenos irreversibles.
La autora considera que la primera transición corresponde a la experiencia histórica de las sociedades actualmente avanzadas hasta mediados de la década de 1960. En efecto, a partir de entonces, una evolución no prevista ni imaginada de los comportamientos demográficos comenzó a definir una dinámica que no encaja en ninguna de aquellas tres etapas, dinámica para la que se acuñó recientemente el término de segunda transición. En este momento, en promedio, las sociedades altamente industrializadas experimentan, por un lado, un descenso de la fecundidad que llega a niveles inferiores, incluso, al de reemplazo generacional (menos de dos nacimientos por mujer al fin de la vida fértil). Por otro lado, aunque el valor de su esperanza de vida no cesa de incrementarse, ven aumentar el valor de su tasa bruta de mortalidad debido a su pronunciado envejecimiento
A comienzos del siglo XXI la Argentina puede situarse al inicio de la tercera etapa, pero, cuando se observan las dinámicas propias de sus asentamientos regionales, se constata que, mientras un segmento está discurriendo por la segunda transición, otros segmentos hace relativamente poco que entraron en la segunda etapa de la primera transición. Esto significa que en potencial de crecimiento actual del conjunto de la población argentina, esta esencialmente sostenido por el potencial de crecimiento que poseen ciertos segmentos sociales y regionales, en razón, precisamente, de la precariedad de sus condiciones de vida, puesto que la natalidad y la mortalidad están altamente correlacionadas con el bienestar.
Los expertos del CELADE y otros autores han elaborado un modelo sintetizado de la transición demográfica para América Latina, que distingue cuatro etapas evolutivas según las condiciones de desarrollo económico y los niveles de mortalidad y fecundidad.
La llamada Transición Incipiente (Grupo I) caracteriza a los países con una alta mortalidad y natalidad y crecimiento natural moderado de la población del 2,5 por ciento, lo que da lugar a poblaciones muy jóvenes y con una alta relación de dependencia. La "transición incipiente" subsiste como dramática realidad en muchos países pobres del llamado "Tercer Mundo" y no "en sociedades remotas y aisladas".
La Transición Moderada (Grupo II) la definen por los siguientes rasgos: una tasa alta de natalidad y una mortalidad moderada que le imprime un rápido crecimiento natural a la población cercano al 3 por ciento. Este proceso se relaciona con un desarrollo económico incipiente acompañado de una ostensible mejoría de la nutrición y la sanidad pública que a su vez trae aparejado un descenso de la tasa de mortalidad sin que influya igualmente en la disminución de la natalidad. Una peculiaridad de la baja tasa de mortalidad es su ocurrencia sobre todo en edad temprana. Como resultado de altas tasas de natalidad y una mortalidad moderada se produce un rejuvenecimiento de las estructuras por edades y una elevada tasa de dependencia juvenil.
La Plena Transición Demográfica (Grupo III) corresponde a los países que han alcanzado una natalidad moderada y una mortalidad baja y, en consecuencia, un crecimiento natural moderado cercano al 2 por ciento. El desarrollo económico sostenido, la expansión de la urbanización y la educación provocan una reducción de la mortalidad infantil y de la natalidad lo que induce a muchas parejas a desear una familia menos numerosa. Por su parte, es fuerte el impacto de los avances en materia de salud sobre los cambios en las tasas de mortalidad y fecundidad.
En esta etapa del desarrollo el crecimiento de la población puede ser rápido, pero con una clara tendencia a la desaceleración. La estructura por edades es todavía joven, aunque se observa una leve disminución en el índice de dependencia juvenil, debido a que la reducción de la fecundidad es aún incipiente. Por lo general, en estos países ha existido un fuerte proceso de urbanización.
Por último, la Transición Avanzada (Grupo IV) corresponde a todos aquellos países con natalidad baja, mortalidad moderada y un crecimiento natural bien bajo del orden del 1 por ciento y hasta menos. El desarrollo económico y la urbanización acelerada son sus causales directas; influye además la alta tasa de ocupación entre hombres y mujeres lo que determina una mayor propensión al control de la natalidad y a la reducción del número de hijos, a dos aproximadamente, por lo que el crecimiento neto de la población tiende a cero.
Según Díaz, (1998) en América Latina, hasta mediados de los 60 el decrecimiento de la mortalidad frente a tasas de fecundidad que se mantenían elevadas, produjo altas tasas de crecimiento de la población, pero comenzaron a decrecer al finalizar los 70, producto de una baja de la fecundidad. Este fenómeno se extendió a la mayoría de los países y al interior de estos de una manera gradual y estratificada comenzando por los sectores de mayor nivel de escolarización de las áreas urbanas hacia las de menor nivel de instrucción de las zonas rurales.
En la década de los 80 continúa el proceso de Transición Demográfica en todos los países, aunque se alteran algunos aspectos demográficos: composición de la familia, nupcialidad, movimientos migratorios, a consecuencia del período de crisis económica que sacude a la Región. La tasa de crecimiento relativamente alta de la población promedio anual para ese período fue de 2,1 por ciento (pese al decrecimiento de la mortalidad y la fecundidad) y se explica por el potencial de las cohortes en edad juvenil, cuyos nacimientos ocurrieron en años precedentes de expansión de la natalidad.
Los expertos de CEPAL/CELADE, (1993) de acuerdo con un concepto de modernización que se refiere a los cambios sociales que ocurrieron en los decenios de 1960 y 1970 y sobre la base de los criterios de terciarización de la economía, urbanización y educación, han encontrado que todos los países de América Latina que se encuentran en la fase de transición demográfica avanzada presentan también un nivel de modernización avanzado; dos tercios de los países que se encuentran en plena transición demográfica se ubican en un nivel intermedio de modernización (parcial y acelerado) junto a cuatro de los cinco países de transición demográfica aún moderada y finalmente, los dos países de transición incipiente se corresponden con un nivel de modernización también incipiente.
Es conveniente señalar que las características de la transición demográfica dependen en gran parte del marco histórico específico de cada país. El comportamiento de la fecundidad, la mortalidad y las migraciones internacionales dentro de cada país afectan el crecimiento y la distribución por edades de la población de ese país, dando lugar a la disminución, estancamiento o expansión de diferentes grupos que, a su vez, articulan demandas diferenciadas.
La fecundidad se considera entre las variables de la dinámica demográfica el factor que mayor influencia ha tenido en este proceso de cambios, por su fuerte impacto en el tamaño de las nuevas generaciones, efecto que se traslada con los años a los diferentes grupos de edades. Es conocido que el descenso de la fecundidad observado en algunos países de Europa, por debajo del nivel de reemplazo de sus miembros ha dado lugar, no sólo a la disminución del crecimiento de la población, sino también a una disminución absoluta de sus efectivos e incluso a una probable inversión de la pirámide de edades.
En efecto, en el modelo de transición demográfica expuesto por los expertos de CELADE para América Latina y la secuencia de las diferentes etapas, no siempre se explican por los mismos factores, ni los determinantes de los cambios demográficos actúan de acuerdo a un patrón idéntico, pues todo depende del marco histórico concreto en que se encuentra cada país. No obstante, el descenso de la fecundidad marca el inicio del avance sostenido de la transición demográfica. En la actualidad, el uso de esta teoría se ha extendido pues constituye una propuesta vigente que permite dar una explicación de la dinámica demográfica en su relación con los factores sociales, económicos y culturales.
El curso tendencial de la fecundidad en algunos países ha dado lugar al surgimiento de nuevas corrientes teóricas tratando de explicar su evolución demográfica, pero no han logrado desplazar los fundamentos teóricos básicos de la Teoría de la Transición Demográfica, sino que la complementan. Esta teoría se le ha llamado por los demógrafos Teoría de la Segunda Transición Demográfica y ha sido expuesta por reconocidos autores. Esencialmente plantea que en los países occidentales se están dando una serie de cambios interdependiente en el terreno de las formas de convivencia que podrían conducir a la desintitucionalización de las relaciones familiares tales como el aumento de los divorcios, la suba de las segundas nupcias y de las uniones consensuales junto al incremento de determinados tipos de hogares no familiares, lo que provocaría finalmente un descenso de la fecundidad y un aumento de los nacimientos entre madres no casadas.
En términos generales, se puede decir que aun sigue la polémica en el marco teórico y científico alrededor de esta y otras teorías basadas fundamentalmente en la disminución continuada de la fecundidad, sin embargo algunos autores sostienen que existen evidencias de que la causa del descenso de la fecundidad parece ser una combinación de factores económicos, sociales y culturales.
La Teoría de la Transición Demográfica permite sistematizar el conocimiento sobre la forma en que a lo largo de la historia se ha manifestado la relación entre la población y el desarrollo socioeconómico; además esta teoría refleja la constatación histórica del cambio de altas a bajas tasas de fecundidad tanto en países desarrollados como en los subdesarrollados. No obstante se plantea que en América Latina y el Caribe que la teoría de la transición Demográfica no debería considerarse una teoría, ni una ley, sino un proceso que atraviesan las sociedades cuando pasan de una situación caracterizada por una fecundidad y una mortalidad elevada a otra con fecundidad y mortalidad baja, pues aun no se ha podido concebir una teoría general para explicar y predecir la dinámica sociodemográfica en las distintas sociedades.
EFECTO DE LOS CAMBIOS DEMOGRÁFICOS EN EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN
Naciones Unidas (2000) plantea que durante la transición demográfica el histograma de frecuencias adopta una clara forma de pirámide, con generaciones jóvenes muy abundantes, generaciones adultas de tamaño medio y generaciones viejas reducidas.
La transición demográfica ha terminado para los países desarrollados en los años 60 y 70, lo que quiere decir que en ningún país del mundo se han extinguido las últimas generaciones abundantes de la transición demográfica. Sin embargo, ya están presentes las generaciones reducidas del ciclo moderno de población. Esto implica que las generaciones más abundantes no son las más jóvenes, sino las adultas e incluso las viejas. A este fenómeno se le llama envejecimiento de la población, que desaparecerá cuando se extingan las últimas generaciones de la transición demográfica. En ese momento la mortalidad puede volver a tener protagonismo
Así, el histograma de frecuencias adoptará el aspecto de columna que tenía en el régimen antiguo de población, y es posible que la mortalidad catastrófica vuelva a tener un protagonismo determinante.
No hay estudios que explique lo que pasa cuando termina la transición demográfica porque ha transcurrido muy poco tiempo para poder evaluar las tendencias mundiales. En algunos países la fecundidad ha continuado descendiendo, hasta situarse por debajo de la mortalidad, con lo que el crecimiento vegetativo es negativo. Esto puede ser una tendencia permanente, pero también una situación coyuntural (es el caso de Noruega y Suecia). Además, al final de la transición demográfica, mientras continúen presentes las últimas generaciones abundantes, la mortalidad se elevará algo, mientras van desapareciendo
Asimismo no se conoce cual será la tendencia una vez desaparecida la última generación de la transición demográfica, puesto que esto no ha sucedido en ningún país del mundo. Es riesgoso hacer prospectivas con los datos y tendencias de la transición demográfica.
Según Naciones Unidas (2000) se observa en la última mitad del siglo XX, un aumento de la esperanza de vida promedio de la población mundial que es de alrededor de 25 años. Las razones de este incremento se atribuyen a una mejor calidad de vida que trae aparejado una disminución de la mortalidad infantil –producto de la presencia de agua no contaminada, mejor saneamiento y nutrición adecuada–. A su vez, el acceso a servicios de salud y educación constituyen otras causas relevante.
Las variaciones en la esperanza de vida llevan a transformaciones en la composición por edades de la población, por el mayor el peso demográfico de las personas de edades avanzadas.
En el siglo XXI según las proyecciones medias elaboradas por las Naciones Unidas estos cambios serán mucho más espectaculares ya que elevan la esperanza de vida promedio a los 110 ó 120 años.
Sin embargo, se presentan diferencias marcadas entre los países desarrollados y subdesarrollados:
En general en los países desarrollados las personas de más de 65 años representan alrededor del 15% de la población. La mayor proporción se encuentra en Europa y le siguen América del Norte y Oceanía.
En los países en desarrollo se plantean desafíos para atender las necesidades de los ancianos. Según Naciones Unidas (2000) existen dos regiones en el mundo donde el envejecimiento todavía no constituye un reto para la sociedad: África Subsahariana y Asia Meridional. Los países de estas dos regiones deben afrontar cuestiones más urgentes como el acelerado crecimiento de la población, la elevada mortalidad de lactantes y niños, el masivo éxodo rural y las enfermedades, como el sida.
La transición demográfica, como factor del envejecimiento, también está relacionada con la transición epidemiológica, es decir, cambio de los patrones de morbilidad en los que en lugar de predominar las enfermedades infecciosas y agudas prevalecen las crónicas y degenerativas, características de la vejez.
Según datos de Naciones Unidas (2000) todos los países del mundo están enfrentando una fuerte transición demográfica, llamado así al proceso evolutivo que está teniendo la población, causado por un descenso importante de las tasas de mortalidad y fecundidad y un aumento de la expectativa de vida. Durante este proceso, las poblaciones están pasando de una etapa demográfica tradicional o etapa de pre - transición, caracterizada por altos niveles de fecundidad y mortalidad, a una etapa demográfica de post transición, en la cual la fecundidad y la mortalidad tienden a ser bastante bajas.
Durante miles de años la natalidad y la mortalidad de las poblaciones estuvieron expuestas a elevadas tasas. La insuficiencia de alimentos, las epidemias y las guerras provocaron la muerte de grandes contingentes de población que sólo un elevado número de nacimientos compensaba.
La mortalidad comienza a descender debido al desarrollo de la agricultura y la industria, el transporte y las comunicaciones y al posterior adelanto en materia de higiene y medicina. Los cambios económicos y sociales que acompañaron el proceso de industrialización y modernización condujeron al descenso de la fecundidad.
En América Latina el descenso de la mortalidad se inicia, a mediados del siglo XX. El ritmo de descenso fue más rápido que en Europa, debido a la instrumentación de técnicas de bajo costo para el control de las enfermedades infecciosas y parasitarias y el saneamiento ambiental.
EL ENVEJECIMIENTO EN EL MUNDO Y EN AMÉRICA LATINA
El envejecimiento de la población es un fenómeno originado en el siglo XX, resultado en parte de las mejoras en la expectativa de vida. El desafío en los países en desarrollo es cubrir las necesidades de las personas ancianas y, al mismo tiempo, las demandas de los jóvenes.
El lento crecimiento de la población debido a las bajas tasas de nacimiento hace que el número de personas ancianas crezca y el de jóvenes disminuya.
El Informe de Naciones Unidas (2000) observa que el veinte por ciento de los habitantes del Norte industrializado son mayores de 60 años, y se prevé que esa proporción crecerá a 33 por ciento en 2050. En esas naciones, la cantidad de personas mayores ya superó al de niños y niñas, según el informe. Los servicios de atención sanitaria, de pensiones y apoyo social otrora basados en una fuerza laboral joven para beneficio de las personas retiradas deben ser revisados a la luz de estas transformaciones demográficas. Esto plantea el desafío de una mayor inversión en atención sanitaria y en servicios sociales.
El informe de Naciones Unidas (2000) también hace proyecciones sobre envejecimiento de la población y otras tendencias que son más notorias en las naciones industrializadas. Entre 2005 y 2050, la mitad del incremento de la población mundial se deberá a un aumento en la cantidad de personas de más de 60 años, mientras que la de menores de 15 años se reducirá sensiblemente.
En las regiones más industrializadas, la población mayor de 60 años casi se duplicará, pasando de 245 millones en 2005 a 406 millones en 2050. . Según las nuevas estimaciones, la población de los países del Norte decrecerá para 2050, a pesar del aumento de inmigrantes del Sur.
Dado el aumento en la esperanza de vida y el continuo descenso en la fecundidad, los países ya envejecidos profundizarán aún más esta característica. Japón casi duplicará el porcentaje de mayores de 60 años que se aproximará a 40 por ciento, frente a 13 por ciento de niños.
Según la Organización de Naciones Unidas (2000) el envejecimiento demográfico afecta el tamaño y la proporción de las diferentes cohortes y cambia la relación de dependencia entre jóvenes y ancianos y el tamaño de la población activa. Así el informe “Perspectiva de la población mundial: revisión 2006”, presentado oficialmente en marzo, prevé que en los próximos 43 años se sumarán 2.500 millones de habitantes al planeta, pasando de los 6.700 millones actuales a 9.200 millones en 2050. Un problema que no sólo estará en el número, sino en la edad: las proyecciones determinan que cada vez serán más los ancianos. La gran carga de este incremento poblacional será absorbida por los países en desarrollo. La población del Sur en desarrollo pasará de 5.400 millones en 2007 a 7.900 millones en 2050, según el nuevo cálculo.
El envejecimiento puede ser visto como el resultado de un cambio en materia de salud para la humanidad. Tal vez el primer cambio demográfico de importancia ocurrido en América Latina y el Caribe en la segunda mitad del siglo XX haya sido la substancial disminución de la mortalidad, cuyo inicio se remonta a finales del primer cuarto de ese siglo.
Según CELADE/BID, (1996) diversos estudios reconocen que el componente más importante de la disminución de la mortalidad en América Latina y el Caribe ha sido el infantil. Así puede apreciarse que el descenso de la mortalidad infantil ha sido mucho más intenso que el observado entre la población adulta y, en particular, que en las edades avanzadas. Un indicio adicional de esta diferencia se obtiene al comparar las ganancias de la esperanza de vida de la población total con las conseguidas por el grupo de 60 y más años. La información disponible permite estimar que aproximadamente un 80% del aumento experimentado por el valor del indicador regional entre 1950 y 2000 corresponde al incremento de la probabilidad de sobrevivir hasta los 60 años; aun cuando se espera que en el futuro se haga más ostensible la disminución de la mortalidad después de aquella edad.
Si bien la disminución de la mortalidad fue, en orden cronológico, el primer gran cambio demográfico observado en América Latina y el Caribe durante el último medio siglo, existe consenso en la mayor trascendencia del segundo cambio: la drástica reducción de la fecundidad acaecida en la mayoría de los países desde mediados de los años sesenta y comienzos de los setenta. Una modificación tan profunda de la conducta reproductiva trasunta un complejo de cambios sociodemográficos y culturales. Dado que la fecundidad es la principal fuerza remodeladora de la estructura etaria de la población, sus alteraciones provocarán un impacto sobre el envejecimiento que será mayor y más directo que los cambios de la mortalidad.
Como apunta Chesnais (1986 y 1990), el resultado inmediato de un más acentuado descenso de la fecundidad que de la mortalidad es el “envejecimiento por la base”, es decir, la disminución de la proporción de niños respecto de la población total que se expresa en la contracción del escalón inferior de la pirámide de edades. La persistencia de este descenso por un tiempo prolongado llevará al envejecimiento por el centro (una figura rectangular); posteriormente, y en la medida que su efecto se combine con el de la disminución de la mortalidad en las edades avanzadas, originará estructuras etarias con una cúspide amplia y una base estrecha (tal vez con forma de hongo). De este modo, la transición hacia menores niveles de fecundidad actúa como detonador de la inversión de la pirámide.
Otro factor que afecta las tendencias del envejecimiento de las poblaciones es la migración internacional. Dado que las personas que se desplazan son, en su gran mayoría, adultos jóvenes ¾algunos de los cuales migran con sus hijos de corta edad¾, la migración tiende, a corto plazo, a dinamizar los estratos juveniles de las poblaciones receptoras y a envejecer a las de origen.
Como plantea Lattes (1993) en Argentina y Uruguay, el acceso masivo ¾aunque fluctuante¾ de inmigrantes entre el último cuarto del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX ha ejercido un efecto fundamental en el envejecimiento de las respectivas poblaciones. La expresión directa de este efecto, la suma de efectivos de edad adulta en su mayoría hombres a poblaciones aún no muy numerosas ¾lo que es más evidente si se examina su intervención en los contingentes de la población económicamente activa¾ significó una profunda modificación de las estructuras por edad de estos países; las oscilaciones de los flujos y su fuerte disminución después de la última postguerra implicaron ciclos de envejecimiento de la población. Tal vez aun más importante sea el efecto indirecto de esta inmigración, principalmente por su papel inductor de la temprana transición de la fecundidad en Argentina y Uruguay.
Un indicador agregado del cambio de la estructura etaria de la población y, por ende, de las tendencias del envejecimiento, es la edad mediana. Según CEPAL/CELADE, (1997) en A Latina se observa un cambio de las estructuras etarias. Durante el primer cuarto de siglo considerado (1950- 1975), la proporción de menores de 15 años aumentó en la mayoría (22) de los países, superando el 40% de la población total en 1975. Esta señal de rejuvenecimiento respondió a la ya comentada disminución de la mortalidad en la infancia y la niñez y al eventual aumento de la natalidad. De modo paralelo, se elevó ligeramente la participación del grupo de 60 y más años, que llegó a más del 6% de la población. En cambio, el grupo etario central ¾la población en edades activas¾ tuvo una merma relativa en 26 países. Las proporciones más elevadas de menores de 15 años (superiores al 45%) se registraron en la categoría de transición moderada (TM), que presentaba los mayores niveles de fecundidad y natalidad en la región; asimismo, esta agrupación fue la única que mostró una leve disminución de la proporción de adultos mayores. Por el contrario, en Argentina y Uruguay el grupo joven representaba menos del 30% de las respectivas poblaciones y las personas de 60 y más años superaban el 10%, con un máximo de 14% en Uruguay.
En el año 2000 se hace evidente el impacto de la reducción de la fecundidad, lo que es puesto de manifiesto por la fuerte baja de la proporción de menores de 15 años en todos los países de la región, que llega, en promedio, a poco más del 31% de la población regional; sólo en las agrupaciones de transición incipiente y moderada bordea el 40%. Es decir, se está en presencia de una situación de envejecimiento por la base, reflejada en una clara modificación de la fisonomía de las pirámides de edad.
A medida que avanza el proceso de envejecimiento se va acrecentando la proporción de las personas de 75 años y más, que conforman la llamada “cuarta edad”. Su aumento relativo es el fruto del retroceso de la mortalidad general ¾que posibilita la sobrevivencia de una proporción cada vez mayor de la población¾, de la prevención oportuna de afecciones que hasta no hace mucho eran consideradas inevitables y del combate a las enfermedades degenerativas. El número de personas de 75 años y más aumentó de manera sostenida en América Latina y el Caribe.
Para CEPAL/CELADE, (1997) una de las características sociodemográficas más importantes de la población adulta mayor es la referida al trabajo. Como en otras regiones del mundo, en América Latina y el Caribe la tasa de participación económica de las personas de edad es inferior a la de los demás adultos. Esta situación, más allá de responder a una decisión voluntaria o a una limitación impuesta por problemas de salud, obedece a las disposiciones que rigen el retiro de la actividad y a las rigideces del mercado de trabajo. El escaso dinamismo en la creación de nuevas plazas laborales, la persistencia de altos niveles de desempleo y la generalizada subutilización de la fuerza de trabajo, sumados a la virtual obligatoriedad de la jubilación en el sector formal del empleo, son factores que presionan en contra de la manutención de las personas de edad en la actividad económica. Dado este contexto, es frecuente que la separación de sus empleos signifique, para los adultos mayores, el retiro permanente de la fuerza de trabajo remunerada, pues en la búsqueda de nuevas ocupaciones se encuentran con obstáculos que no pueden sortear, como la discriminación por razón de edad o la competencia de jóvenes eventualmente más calificados o con conocimientos más actualizados.
Según Chackiel (2000) el proceso de envejecimiento biológico de los individuos, como tal, es irreversible y ocurre a lo largo de toda la vida. Sin embargo, se considera vieja a la persona que está en la etapa final de la misma, en la que dicho proceso se hace más acelerado y va comprometiendo las facultades físicas y mentales. Desde un punto de vista sociodemográfico y jurídico-laboral se considera que la vejez comienza a partir de cierta edad o, mejor dicho, de un cumpleaños específico. Este umbral es, sin duda, arbitrario y no puede contemplar la multidimensionalidad de un estado que depende de muchos factores, en los que la edad por sí sola nada significaría. Visto de otra manera, la edad umbral es sólo un indicador sintético de una condición que involucra probablemente como elemento central el estado de salud de las personas, pero también aspectos sociales, psicológicos, culturales, políticos, etc. Incluso, el avance tecnológico, más allá del referido a la medicina, permite a las personas con alguna discapacidad prestar servicios a la sociedad que en otra época hubieran requerido una gran fuerza y destreza física.
Solari (1987) decía que el cambio de la expresión viejos por tercera edad, simboliza bien el pasaje de un calificativo que se considera como implicando al menos un cierto desdén por otro que traduce una valoración positiva.
Es posible que esta distinción emergente entre tercera y cuarta edad sea de gran utilidad para los países de América Latina que ya han logrado esperanzas de vida al nacimiento cercanas a las de regiones más desarrolladas, como Argentina, Chile, Costa Rica, Cuba y Uruguay. En cambio, se justificaría menos en países de menor desarrollo relativo, salvo quizás para destacar las diferencias con otras realidades o las fuertes desigualdades internas. Por su parte, el proceso de envejecimiento de las poblaciones se da a través del cambio en su distribución por edades. En este caso, el grado de envejecimiento varía según el indicador o los indicadores que se consideren, que pueden ser la edad media o mediana de la población, la proporción de personas menores o mayores de cierta edad, la relación entre el número de viejos y de niños (o la inversa), etc. En concordancia, es común que se tome como indicador el porcentaje de viejos, definidos como los mayores de una edad específica, que puede ser 60, 65, 70 o cualquier otra, a pesar de las limitaciones que se señalaron sobre la fijación de una edad umbral. Para analizar el acelerado envejecimiento de la población uruguaya, Solari (1957) utilizó los siguientes indicadores: el porcentaje de viejos (60 y más años de edad) sobre el total de la población, el cociente entre viejos y población activa (15–59 años de edad) y el cociente de viejos sobre niños (menores de 15 años de edad). El primero es el indicador clásico; el segundo expresaría la carga demográfica que representan las personas de edad avanzada (relación de dependencia económica potencial); y el último, la capacidad de renovación de la población (la inversa de este indicador es el número de niños por cada viejo).
Chesnais (1990) propuso la utilización de los mismos indicadores, fundamentándolo en que lo más apropiado es definir el envejecimiento como la “inversión de la pirámide de edades”, pues, desde el punto de vista económico y social, el hecho más sobresaliente es la disminución proporcional de los jóvenes, es decir el estrechamiento de la base de la pirámide.
Asimismo Solari, (1987) plantea que ligado a las transformaciones económicas y sociales ocurridas en Europa a partir del siglo XVIII, se dieron cambios importantes en el comportamiento demográfico, caracterizados por descensos de la mortalidad en una primera etapa, y más tarde en la fecundidad. En este sentido la transición demográfica se entendería como el pasaje de un régimen demográfico de equilibrio, constituido por altos niveles de mortalidad y fecundidad, a una nueva fase de equilibrio con baja mortalidad y fecundidad. Si bien éstos son los dos factores principales del cambio demográfico, las migraciones pueden jugar un papel importante en países con población poco numerosa, como Uruguay.
En la pretransición la esperanza de vida al nacer oscilaba en torno a los 25 años y la tasa global de fecundidad era de entre 5 y 6 hijos por mujer, lo que implicaba tasas brutas de mortalidad y natalidad del orden del 40 por mil. En la etapa final de la transición, propia de los países hoy desarrollados, la esperanza de vida al nacer alcanza valores cercanos a 80 años y el número medio de hijos está próximo a 2. Hacia fines del siglo XX, prácticamente todos los países han entrado en este proceso de cambio demográfico, aunque mostrando enormes diferencias entre ellos y entre los diversos estratos de sus poblaciones.
Este proceso que en Europa ha tomado entre 150 y 200 años, en los países en vías de desarrollo se da en forma mucho más acelerada. Así, en América Latina la esperanza de vida al nacer aumentó 20 años en promedio (de 50 a 70) durante la segunda mitad de este siglo y se pasó de una tasa global de fecundidad de 6 a menos de la mitad en las últimas tres décadas. Las diferencias en la velocidad de la transición, así como la especificidad del proceso, tienen su explicación en el contexto histórico considerado y en los mecanismos que producen los descensos de la mortalidad y la fecundidad.
Chesnais (1990) identifica cuatro etapas de la evolución de la estructura por edades de una población, consecuencia de los cambios demográficos mencionados. La primera ocurre cuando se producen intensos descensos de la mortalidad, con todavía altas tasas de fecundidad. Como la baja de la mortalidad en esa etapa ocurre principalmente en edades tempranas, el efecto es similar al de un aumento en la fecundidad y tiene como consecuencia un rejuvenecimiento de la población. En América Latina como promedio esta fase se observa aproximadamente entre 1950 y 1965 y se refleja en que el porcentaje de menores de 15 años de edad se acerca al 44 por ciento de la población total .
Luego, en la fase de plena transición demográfica que se expresa en un descenso más acelerado de la fecundidad que de la mortalidad, hay un envejecimiento por la base de la pirámide, al ocurrir una contracción en el porcentaje de niños. La tercera etapa, se observa en los países que están en una transición demográfica avanzada reciente, en que la base de la pirámide es estrecha, las edades centrales se ven abultadas por la alta fecundidad de un pasado no muy lejano, y aún no se percibe un aumento importante en la proporción de ancianos.
Finalmente, cuando ya la fecundidad es muy baja y la ganancia en mortalidad se da con fuerza en las edades superiores, el proceso de envejecimiento se hace más notorio. Según Chackiel CELADE (2000)en estos casos se puede hablar de poblaciones envejecidas, aquellas donde el porcentaje de personas de 60 años y más es cercano al 20 por ciento. Uruguay es el país más próximo a esta situación, con 17 por ciento.
La morfología de la pirámide de edades está fundamentalmente determinada por los niveles de fecundidad. Así, es bien conocido que a los países con una alta natalidad les corresponde la clásica pirámide de base ancha, y a los de baja fecundidad una forma más bien rectangular . Sin embargo, cuando se ha alcanzado una fecundidad muy baja, pareciera que los cambios hacia un mayor envejecimiento estarían radicados en los aumentos en la sobrevivencia a edades superiores. Estoe fenómeno ya está ocurriendo en los países desarrollados.
Bourgeois Pichat (1985) planteaba que en lo que se podría llamar post–transición demográfica, se observará un fuerte descenso de la mortalidad en edades avanzadas e incluso por un aumento en el límite máximo de la vida, que hasta ahora no ha sufrido mayores cambios y se sitúa entre 115 y 120 años de edad. En su opinión se debería estar preparado para alcanzar esperanzas de vida al nacer del orden de 95 a 100 años.
Los cambios en la mortalidad y la fecundidad no tienen un efecto retardado en la estructura de edades por una inercia proveniente principalmente de los altos niveles de fecundidad del pasado. Este fenómeno se conoce como “potencial de crecimiento de una población” o “efecto eco”. El promedio de hijos por mujer disminuye, pero el número de nacimientos continúa creciendo debido al alto contingente de mujeres que llegan a la edad de procreación. Así, algunos países de América Latina muestran una fecundidad y mortalidad similares a los países desarrollados, pero aún mantienen un alto crecimiento de su población y una estructura por edades relativamente joven.
Los indicadores de envejecimiento de la población muestran una gran heterogeneidad entre países latinoamericanos, consecuencia de las disímiles tendencias demográficas a que han estado sujetos. El factor principal que explica las diferencias por sexo es la mortalidad. En América Latina se espera que en promedio una mujer vive 6.4 años más que los hombres, y en Japón, país que detenta la más baja mortalidad en el mundo, esa diferencia alcanza a casi 8 años. Considerando la esperanza de vida a los 60 años, las mujeres tienen expectativas de vivir en promedio entre tres y cuatro años más que los hombres, lo que puede alcanzar hasta 20 por ciento más de sobrevida a esa edad. En este sentido las mujeres enfrentan una enorme paradoja: viven más que los hombres, pero en la mayoría de los casos deben enfrentar solas, como viudas, y muchas veces teniendo familiares a su cargo, una vejez precaria.
El aparente lento proceso de cambio en la estructura por edades en América Latina se ha debido al efecto del potencial de crecimiento. Podría decirse que el envejecimiento acelerado de la población está “incubándose” y que los “síntomas” estarían dados por la evolución de los componentes del cambio demográfico, principalmente la fecundidad, y por las diferencias en el ritmo de crecimiento de los distintos tramos de edades. En el presente, la tasa de crecimiento anual de las personas de edades avanzadas es muy elevada, del orden del 3 por ciento, mientras que la tasa del grupo 0–14 años es muy baja, en algunos casos prácticamente nula, e incluso negativa, como en Brasil.
Como consecuencia del “boom” de nacimientos ocurrido hace cuatro o cinco décadas, la región se verá enfrentada a una “ola” de aumento de los mayores de 60 años. Entre 2010 y 2025 la tasa de crecimiento de ese segmento se acercará al 4 por ciento medio anual , mayor aún a la que existió para la población total durante la llamada “explosión demográfica”. Por ello, a partir del 2000 la población de adultos mayores de América Latina se duplicará en sólo dos décadas, alcanzando a aproximadamente 80 millones de personas.
En la población femenina hay un mayor porcentaje de personas en edades avanzadas y esa diferencia ha sido creciente. Hoy, 8 por ciento de las latinoamericanas tienen 60 años y más, mientras que sólo 6.7 por ciento de los hombres superan esa edad.
Dado que el envejecimiento implica la observación de la pirámide de edades en toda su extensión, es más correcto realizar la comparación tomando como indicador la relación entre niños (menos de 15 años) y viejos (60 años y más). Así, según Chackiel (2000) en América Latina, la relación es cercana a 450 niños por cada cien viejos, lo que implica una situación intermedia en el mundo. En la región, el indicador varía entre aproximadamente 900 y 150 niños por cien viejos, en Guatemala y Uruguay respectivamente. En los países más envejecidos estas dos subpoblaciones se han equiparado, por lo que la relación es inferior a cien. En otras palabras, siguiendo las ideas de Chesnais (1990), el mundo desarrollado estaría viviendo el momento en que se produce la inversión de la pirámide de edades.
El autor considera que el argumento para ello está en la relación gradualmente creciente entre población mayor de 60 años y población en edades activas, la que crecerá aún más. Si bien, en América Latina, en los últimos cincuenta años tal relación aumentó levemente, de 11 a 13 potencialmente pasivos de 60 años y más por cada cien potencialmente activos , para el 2030 se duplicará y para el 2050 se triplicará (39 por cien). En particular, el bono demográfico estaría muy lejos de ser alcanzado por los sectores más desposeídos de la sociedad. La población bajo la línea de pobreza tiene una relación de dependencia demográfica marcadamente alta, de entre 1.5 y 2 veces más que la de los no pobres.
La relación de dependencia efectiva depende de dos factores: la evolución de la estructura de la población por edades y la variación en las tasas de participación en la población económicamente activa (PEA). Esta relación, calculada como el cociente de la población no económicamente activa (PNEA) y la PEA, en 1995 duplica la relación de dependencia demográfica total. Ello indicaría que los factores relacionados con el mercado laboral tienen tanta o más importancia que el factor demográfico, considerando además que la relación efectiva no toma en cuenta la cesantía y el subempleo. La diferencia entre la relación demográfica y la efectiva, se debe fundamentalmente a la baja tasa de participación en la PEA por parte de las mujeres, que conduce a relaciones efectivas altas en todas las edades, debido a la disminución del denominador. Además, según Chackiel (2000) por su efecto en el numerador de la relación se obtienen valores sorprendentemente elevados en las edades comprendidas entre 15 y 60 años de edad (más de 50 inactivos por cada cien activos en América Latina, en Guatemala 72 por cien y en Uruguay 37 por cien). Ello más que compensa el efecto contrario que produciría la existencia de niños y adultos mayores activos, que no es nada despreciable en la mayoría de los países de la región.
La importancia del mercado laboral es mucho más notoria si se toma en cuenta la relación de dependencia real, que considera la población desocupada como dependiente. Esta relación es siempre superior a la efectiva y en algunos casos varias veces mayor que la relación de dependencia demográfica.
La visión positiva de una baja en la relación de dependencia en las próximas décadas en países de la región, se basa en que la todavía creciente, y proporcionalmente mayor fuerza de trabajo, tendrá a su cargo un menor número de pasivos. Pese a que se espera un sostenido aumento en la proporción de viejos en los próximos años, la relación de dependencia demográfica y la efectiva descenderán considerablemente debido a la estabilización de los nacimientos. Se considera este hecho como una oportunidad demográfica que favorecería el desarrollo económico y social, al liberarse recursos antes destinados a atender las demandas de salud materno e infantil y la cobertura de educación preescolar y primaria. Dichos recursos podrían destinarse, entre otras cosas, a asegurar condiciones de vida dignas para las personas de edad avanzada, mejorar la calidad de la educación vinculada al progreso tecnológico o realizar inversiones productivas. No obstante esto podría verse mediatizado porque el envejecimiento también ocurrirá en el tramo de edades activas y de las personas en edad avanzada, con disímiles consecuencias para la sociedad.
LA INFORMACIÓN EN ARGENTINA
Zulma Recchini(1999) estudia las tendencias y perspectivas del envejecimiento de la población Argentina. La autora destaca que las estimaciones disponibles para el año 2000 coloca a la Argentina entre los tres países más envejecidos de Latinoamérica detrás de Uruguay y Cuba, con un 9,7 % de la población mayor de 65 años. Asimismo Recchini (1999) divide al proceso de envejecimiento argentino en tres etapas la primera de 1870 a 1925 , etapa en la que a pesar de iniciarse la transición demográfica no hubo envejecimiento de población. La edad mediana oscila alrededor de los 20 años, y las inmigrantes extranjeras contribuyeron a bajar la fecundidad de la población total.
La segunda etapa entre 1925 y 1970 es la de mayor envejecimiento demográfico de la población llegando a una edad mediana de 27,4 años en 1970. Tasas de envejecimiento (diferencia entre tasa de crecimiento de 65+ y tasa de crecimiento total) con valores superiores a 20 .
En la tercera etapa entre 1970 y 2000, el envejecimiento continúa pero a menor ritmo, oscilando la edad mediana entre 27,2 y 27,8 años. De acuerdo a las proyecciones disponibles esta etapa se prolongaría hasta el 2005-2010, cuando el envejecimiento volvería a acelerarse dando lugar a una cuarta etapa hasta el 2050 con un envejecimiento más acelerado.
Por otra parte Recchini (1999) señala que, al igual que en otros países, la población femenina argentina es más envejecida que la masculina. Aunque esto no fue siempre así, en edad mediana las mujeres recién comenzaron a superar a los hombres a partir del año 1965. Es de destacar que entre 1915 y 1925 predominaban los hombres como consecuencia de la migración internacional.
Además se hace referencia a que no sólo la población mayor crece más aceleradamente que la población total y cambia su composición por sexo, sino que también la población de adultos mayores tiene un proceso interno de envejecimiento y feminización.
Se destaca que la migración internacional tuvo un gran efecto sobre el envejecimiento de la población preferentemente masculina entre 1925-1950 y 1950- 1975, ya que como consecuencia de migración de épocas anteriores, los individuos al envejecer, van reduciendo el peso relativo del grupo de 0-64 años, para engrosar el de 65 y más años. Las migraciones también influyeron en la baja de la fecundidad, aunque la gran cantidad de mujeres en edad fértil que llegaron hizo aumentar el número de nacimientos, aumentando la natalidad y retrasando el envejecimiento.
Peláez (2000) señala que el descenso de la fecundidad argentina se inició con posterioridad a 1895 prolongándose hasta 1970, dando lugar a un envejecimiento por la base de la pirámide. Plantea también que la mortalidad comenzó a descender a principios de siglo, y este descenso ha sido diferencial por edades, reduciéndose más la mortalidad en las edades jóvenes. Por tal motivo la mortalidad ha contribuido a rejuvenecer la población.
En su trabajo hace hincapié en que la variable que más influenció en el envejecimiento de la población argentina fue la fecundidad; considera que las corrientes migratorias de finales del siglo XIX y comienzos del XX, tuvieron un efecto de retardo del proceso de envejecimiento poblacional. Indica que en el censo de 1947 la población ya aparece con signos de envejecimiento.
Edith Pantélides(1991) en su trabajo sobre los aspectos Sociales y Económicos del Envejecimiento en la Argentina analiza la contribución de las variables demográficas al proceso de envejecimiento, puntualizando que tanto la mortalidad como la fecundidad han contribuido de manera similar a este proceso.
El trabajo de María S. Müller y Edith Pantelides (1991) pone énfasis en los diferenciales por género que presenta la ancianidad. En primer lugar se menciona el hecho que la sobremortalidad masculina da origen al predominio de mujeres entre los adultos mayores.
La investigación de María Julieta Odone (1991) menciona el importante rol que la familia y el estado deben tener en la contención del anciano. En el caso de la familia su rol esta explicado por el llamado intercambio generacional, en donde la ayuda prestada por los padres en el proceso de crecimiento y formación de los hijos es devuelta por éstos como forma de protección de la vejez. En cuanto al Estado señala que si bien ha desarrollado programas de atención a la vejez, hay muchos que están excluidos de estos programas.
Según Emilia Roca (1997) en su investigación sobre la cobertura del sistema previsional observa que en 1991, el 65,5 % de la población de más de 60 años en el país recibía algún tipo de cobertura previsional.
El trabajo de Jorge Antonio San Martino (1997) enfatiza la implicancia del cambio del sistema previsional argentino. Analiza que la nueva legislación califica categorías de afiliados: aquellos que cumplen con sus aportes de forma regular (entre 30 y 36 aportes regulares en tres años) son considerados aportantes regulares. Los que realicen en el mismo período entre 18 y 30 aportes son considerados irregulares, correspondiéndoles una quita en su jubilación o pensión en caso de invalidez o fallecimiento. Finalmente ubica como sin derecho aquellos que tienen menos de 18 aportes.
Para Redondo, (2003) la incorporación de la Argentina como exportadora de materias primas en el orden económico internacional fue un factor determinante en el proceso de modernización y crecimiento económico del país que se registró entre 1870 y 1930. En este contexto, las dos variables primarias de la transición demográfica siguieron el patrón que habían trazado unas décadas antes los países pioneros de Europa y América del Norte, pasando de niveles iniciales de mortalidad y fecundidad altos y estables a niveles finales bajos y estables. El descenso de la fecundidad en nuestro país -como la de los Estados Unidos- partió de niveles iniciales altos, cercanos a los niveles de la fecundidad natural.
Torrado, (2003) destaca que el punto de declinación de la fecundidad global se ubicó aproximadamente en los últimos años del siglo XIX. El escenario de partida fue similar al de los Estados Unidos, pero la velocidad de los cambios fue algo mayor en la Argentina: nuestro país alcanzó en sesenta años los niveles que a los Estados Unidos le demandaron ochenta años de evolución. Al promediar el siglo XX, los valores de la fecundidad indicaban que la transición estaba casi completa. El descenso de la fecundidad originó el envejecimiento desde la base de la pirámide de edades de la población argentina: aumentó la proporción de personas mayores porque se redujo el número de niños y jóvenes.
Autores como Lattes y Lattes, (1975) plantean que el crecimiento económico de principios de siglo también fue decisivo para el descenso de la mortalidad en nuestro país. En los primeros años del siglo pasado se inició el progresivo aumento de la esperanza de vida de la población: la duración de la vida promedio se duplicó en un período de aproximadamente setenta y siete años.
Según Somoza, (1971) el descenso de la mortalidad que se registró en la primera mitad del siglo XX no produjo cambios en la estructura de edades de la población, pero fue la causa del alargamiento de casi veinte años en el promedio de vida del total la población: desde los 48,5 años de esperanza de vida al nacer que se estimaba en el año central de 1914 hasta los 67,7 años que según el INDEC, (1988 ) se registró en el año 1980.
Redondo (2003) describe como en las últimas dos décadas del siglo XX, el descenso de la mortalidad alcanzó las edades avanzadas. Ese proceso de aumento de la esperanza de vida en los grupos de más edad está produciendo el denominado envejecimiento desde la cúspide de la pirámide, es decir, el incremento de la proporción de personas mayores en el total de la población se origina en la supervivencia de las personas de edad extrema.
El proceso de envejecimiento de la población de nuestro país no sigue exactamente el patrón de los países europeos debido a que, a causa del proceso inmigratorio, la disminución de la fecundidad general iniciada a fines del siglo XIX no produjo de manera directa un cambio en la estructura de edades y el envejecimiento de la población. Lamentablemente, el período intercensal 1914-1947 es demasiado extenso y esconde el momento de inflexión, pero es fácil inferir que el cambio se produjo alrededor del año 1930, cuando se interrumpió la inmigración masiva.
La autora señala que en la Argentina, el envejecimiento demográfico demandó setenta años de evolución, un proceso de más larga duración que el de los países europeos y algo más corto que el de los Estados Unidos. La suave declinación de la fecundidad en las últimas décadas se traduce actualmente en un proceso de envejecimiento progresivo, pero moderado. La evolución de la razón de dependencia potencial permite apreciar desde otra perspectiva estos cambios en la composición de edades de la población. La razón es potencial debido a que no todos los jóvenes ni todas las personas mayores son efectivamente no productoras de bienes, así como no todos los adultos son productores. Por tal motivo, la razón sólo expresa la dependencia demográfica, o lo que es lo mismo, muestra la estructura de edades de la población.
Para Redondo (2003) la razón de dependencia potencial capta la oscilación en el descenso de la fecundidad que se produjo en la década de 1980 que determinó, por un lado, el aumento de la dependencia potencial total y la de jóvenes y, por el otro, moderó el proceso de envejecimiento evidenciado en el leve aumento que se produjo entre 1980 y 1991 en la razón de dependencia de mayores. En el año 2001 se registraban en el total del país 6,3 personas potencialmente activas (entre 15 y 64 años) por cada persona de 65 cinco años y más. Observa que hacia fines del siglo XX se observaba además un continuo aumento de la proporción de personas de edad extrema -los mayores de 80 años- en el total de la población, es decir, se notaba a su vez el envejecimiento de la población de personas mayores.
Asimismo sostiene que el incremento de la proporción de la población de edad extrema está asociado al aumento de la esperanza de vida en las edades avanzadas. En las últimas décadas del siglo XX era evidente el alargamiento de la vida promedio de la población debido al control de las enfermedades degenerativas, principalmente el cáncer y las cardiovasculares. Además, en estos años llegan a las edades mayores cohortes con mejor estado de salud general que sus predecesoras.
La esperanza de vida en la población argentina de 65 años y más, aun en la población de edad extrema, aumentó de manera gradual durante las últimas tres décadas del siglo XX.
Es interesante destacar que, como sucede en el plano internacional, también en nuestra sociedad el aumento de la esperanza de vida en las edades avanzadas es diferencial según el desarrollo económico de las jurisdicciones. También considera que la brecha que separa a las distribuciones polares es más ancha a medida que el alargamiento del promedio de vida es de mayor magnitud.
Redondo (2003) observa que en el inicio del siglo XXI, la Argentina atraviesa una etapa favorable desde una perspectiva estrictamente demográfica: sus cargas de dependencia totales son bajas debido a la disminución de la proporción de jóvenes, y todavía no es demasiado pronunciada la razón de dependencia de los mayores. Ésta fue la etapa de la composición de edades de sus poblaciones que aprovecharon los países con pronunciado envejecimiento demográfico actual -Japón es un ejemplo reciente- para dar un vigoroso impulso al crecimiento económico. Las ventajas relativas de la estructura de edades de la población argentina se prolongarán en la próxima década.
Las proyecciones indican que el envejecimiento demográfico se irá acentuando progresivamente, así como el aumento de la proporción de personas de edad extrema sobre el total de la población argentina. Debe destacarse que se prevé que las personas mayores de 80 años superen el millón en el año 2015. Sin perjuicio de ello, el envejecimiento de la población argentina no alcanzará en las próximas décadas valores similares a los de los países más envejecidos del planeta.
Visto en perspectiva internacional, para la autora, el envejecimiento demográfico de nuestro país, aunque gradualmente avanza en todas las provincias, es todavía suave: es el tercero en orden de importancia de América Latina, sólo superado por el de Uruguay y levemente por Cuba, es menor que el de los países de América del Norte y Oceanía y es significativamente más bajo que el de los países europeos y Japón.
Redondo (2003) considera que las dos dimensiones del cambio de edades de la población, el envejecimiento demográfico y el alargamiento del promedio de vida, e tienen implicancias sociales, económicas y políticas en la sociedad argentina. El proceso de envejecimiento de la población se desarrolló en el marco de la modernización, la urbanización y la industrialización del país. Por este motivo, las transformaciones de la edad resultaron concomitantes con las que se fueron manifestando en otras esferas de la sociedad, y es difícil discernir las consecuencias atribuibles únicamente al proceso demográfico. Sin prejuicio de ello, la feminización de la población, la reducción del tamaño de las familias, principalmente, el aumento de los hogares unipersonales y de pareja sola, y la socialización del soporte económico de las personas mayores a través de las instituciones de bienestar pueden identificarse como resultados exclusivos del envejecimiento demográfico.
La modificación de las modalidades de transferencias intergeneracionales de recursos fue un resultado casi exclusivamente atribuible al aumento de la proporción de personas mayores en las poblaciones. En particular, pueden adjudicarse al envejecimiento demográfico la disminución del peso de las transferencias en el seno de las familias y su progresivo reemplazo por formas de intermediación social, o por las transferencias individuales a lo largo del ciclo de vida.
Hasta bien entrado el siglo XIX, las principales fuentes de soporte económico y protección de las personas de edad en los países occidentales provenían, en primer lugar, de su trabajo y cuando tenían que dejarlo a causa de la vejez, dependían del cuidado familiar o de los amigos, de la caridad privada o de la asistencia pública para pobres. El cambio de la estructura de edades en los países occidentales fue simultáneo con la urbanización e industrialización y, por lo tanto, con la progresiva mercantilización de la fuerza de trabajo. El riesgo de pobreza aumentaba entre las personas que a causa de su edad avanzada no podían continuar en el mercado de trabajo. Los sistemas de pensiones estatales y paraestatales se propusieron asegurar a los trabajadores frente a este extendido riesgo. De tal modo, progresivamente se impuso la socialización del soporte económico que antes se realizaba a través de las relaciones familiares. Asimismo, se dio lugar a la salida del mercado de trabajo a una edad pautada, y se estableció una nueva relación directa y prolongada de las personas de más edad con el Estado.
La Argentina creó el primer régimen de jubilaciones con sentido moderno en el año 1904. Como en otros países cuyas poblaciones habían envejecido, los primeros sectores del mercado de trabajo que tuvieron cubierto su riesgo ante enfermedades, invalidez, vejez o muerte fueron los empleados del Estado. En los años posteriores hasta la década de 1940, el sistema de previsión social extendió su cobertura hacia los gremios con mejor posicionamiento relativo de la fuerza laboral. Autores como Belloni, 1975; Isuani, 1985; Floria y García Belsunce, 1992; Rapoport, 2000). plantean que debe tenerse en cuenta que las grandes huelgas de los primeros años del siglo XX exigían -sin mayores logros- beneficios laborales básicos, entre los que se destacaban salarios justos, descanso dominical, jornadas laborales de ocho horas, protección del trabajo de mujeres y niños y cobertura de accidentes de trabajo. Sin embargo, las reivindicaciones de las luchas obreras en esos años no incluían jubilaciones y pensiones.
Laslett, (1995); Johnson, (2004) infieren que la falta de esa demanda por parte de los sindicatos resultaba racional a los intereses de los trabajadores. Por un lado, los descuentos para contribuir al seguro de vejez constituían un poderoso factor de control social. Por otra parte, los estudios de historia demográfica coinciden en que los trabajadores comienzan a desarrollar estrategias tendientes a asegurarse recursos para el retiro cuando tienen -al comienzo de su vida laboral- expectativas de llegar a viejos. Si la esperanza de vida es baja realizan, por el contrario, las previsiones necesarias para salvaguardar a sus familias de un posible fallecimiento prematuro.
Laslett (1989) propone, en su trabajo sobre la emergencia del tercera edad, como indicador para el seguimiento de esta evolución, la esperanza de vida de los varones a los 25 años asumiendo que cuando los hombres de esa edad de una comunidad dada esperan vivir en promedio hasta los 70 años, perciben la necesidad de prever los recursos que consumirán tras el cese laboral. Si los trabajadores tienen sólidas expectativas de alcanzar edades avanzadas, argumentan los estudios, están dispuestos a diferir una parte de sus salarios y ahorran a lo largo de su vida activa para gozar de los beneficios sociales y garantizar ingresos para los años posteriores al retiro.
La aplicación de este indicador a la realidad argentina en las dos primeras décadas del siglo XX muestra que la mortalidad era todavía muy elevada -es obvio que mucho más entre los trabajadores manuales- como para que el movimiento obrero percibiera la necesidad de reclamar por jubilaciones y pensiones.
INDICADORES DE ENVEJECIMIENTO
EDAD MEDIA DE LA POBLACIÓN. PAÍS
Categorías Promedio
Varón 30,11
17659072
Mujer 32,47
18601058
Total y Promedio 31,32
36260130
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
EDAD MEDIA DE LA POBLACIÓN. SANTIAGO DEL ESTERO
Categorías Promedio
Varón 26,60
402961
Mujer 27,64
401496
Total y Promedio 27,12
804457
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.
La edad media de la población observa 4,2 puntos menos a nivel provincial que en los varones representa un 3,5 y en las mujeres un 4,9 %.
País
Porcentaje de población de 65 años y más Porcentaje de población de 80 y más
Santiago del Estero
Porcentaje de población de 65 años y más Porcentaje de población de 80 y más
7,07 1,49
GRUPOS QUINQUENALES DE EDAD
Cuadro 1: Grupos Quinquenales de edad según sexo. País 2001
Total Varón Mujer
Otros grupos 90,2 92,0 88,6
65-69 3,1 2,8 3,3
70-74 2,7 2,2 3,1
75-79 2,0 1,6 2,4
70-84 1,2 0,9 1,5
85-89 0,6 0,4 0,8
90-94 0,2 0,1 0,3
95 y más 0,0 0,0 0,0
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 2: Grupos Quinquenales de edad según sexo. Santiago del Estero 2001
Total Varón Mujer
Otros 92,9 93,8 92,2
|
65-69 |
2,3 |
2,2 |
2,4 |
|
70-74 |
2,0 |
1,8 |
2,2 |
|
75-79 |
1,3 |
1,1 |
1,5 |
|
80-84 |
0,8 |
0,7 |
1,0 |
|
85-89 |
0,4 |
0,3 |
0,5 |
|
90-94 |
0,2 |
0,1 |
0,2 |
|
95 y mas |
0,05 |
0,03 |
0,08 |
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Una primera aproximación al tema incluye la presentación de la información censal referida a la distribución de los mayores de los diferentes quinquenios en estudio 65-69, 70-74, 75-79, 80-84, 85-89, 90-94 y 95 y más según sexo en el país y en la provincia de Santiago del Estero. Así los datos reflejan que, tanto a nivel país como provincial los porcentajes más altos de mayores se presentan en el sexo femenino. Asimismo es importante remarcar la caída en la proporción de población de mayores que se exhibe en el país en el quinquenio de 80-84 años y en la provincia en estudio en el quinquenio anterior de 75-79. La lectura por sexo permite inferir asimismo que en el país el porcentaje de mujeres cae más que el de mujeres en el quinquenio 80-84.
En segundo lugar se adjuntan la lectura de los datos acerca de la distribución porcentual de los mayores de los diferentes quinquenios de edad y sexo en estudio según habiten en zonas rurales o urbanas para el País y Santiago del Estero.
TASA DE DEPENDENCIA
La Tasa de Dependencia expresa la carga demográfica y laTasa de Dependencia Niños la capacidad de renovación de la población
Tasa de Dependencia. País15,9 pasivos por cada activo
Tasa de Dependencia Santiago del Estero 12,3 pasivos por cada activo
Tasa de Dependencia Niños: Expresa la capacidad de renovación de la población
Tasa de Dependencia Niños País 35,0
Tasa de Dependencia Niños Santiago del Estero 19,8
POBLACIÓN RURAL Y URBANA
En los siguientes cuadros es posible observar como se distribuye la población de mayores de los diferentes quinquenios del país y Santiago del Estero según viva en poblaciones urbanas o rurales y en este último caso es posible distinguir entre rural agrupada y dispersa. Así en relación a los datos presentados los mismos registran un mayor porcentaje de población de mayores que vive en espacios urbanos tanto en el país como en la provincia. Asimismo es posible inferir que a medida que se pasa del primer quinquenio de edad en estudio al último en el país esta situación se acentúa para varones y mujeres. En Santiago del Estero por otro lado, a diferencia de lo que ocurre en el país, los datos experimentan un descenso en los porcentajes de población que entre el primer y último quinquenio habita en zonas urbanas. Es decir a medida que los adultos mayores envejecen en Santiago del Estero baja la preferencia por vivir en las ciudades salvo entre las mujeres en donde se registra un crecimiento del porcentaje del 30,1 %.
Cuadro 3: Población Rural o Urbana según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 90 y más
Urbana 90,2 91,1 91,8 92,0 92,2 92,5 91,6
Rural A 3,3 3,2 3,1 3,2 3,3 2,8 2,8
Rural D 6,5 5,8 5,1 4,8 4,6 4,7 5,6
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109.788 996.525 727.895 432.908 224.463 77.654 18.387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 4: Población Rural o Urbana según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Urbana 88,0 88,7 89,5 89,4 84,3 88,8 88,1
Rural A 3,6 3,6 3,5 3,8 4,0 3,8 3,6
Rural D 8,4 7,7 6,9 6,8 6,7 7,3 8,3
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
499.544 422.426 289.055 152.255 68.423 20.758 4.431
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 5: Población Rural o Urbana según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Urbana 92,0 92,7 93,2 93,4 93,5 94,0 92,7
Rural A 3,0 2,9 2,9 2,9 2,9 2,4 2,6
Rural D 5,0 4,4 3,9 3,8 3,6 3,6 4,7
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
610.244 574.099 438.840 280.653 156.040 56.896 13.956
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 6: Población Rural o Urbana según Grupos Quinquenales de edad. Total. Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Urbana 62,0 63,6 63,3 61,6 60,2 58,4 51,1
Rural A 7,4 7,1 7,6 7,8 8,1 7,7 11,2
Rural D 30,6 29,3 29,1 30,6 31,7 33,9 27,7
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18.291 15.831 10.724 6.761 3.536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.
Cuadro 7: Población Rural o Urbana según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Urbana 57,8 58,2 58,2 56,5 55,6 52,7 49,2
Rural A 7,6 7,9 8,2 7,9 8,5 9,4 14,5
Rural D 34,6 33,9 33,6 35,6 35,9 37,9 36,3
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8680 7193 4597 2794 1448 438 124
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.
Cuadro 8: Población Rural o Urbana según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Urbana 62,6 64,8 60,3 56,3 93,5 93,2 92,7
Rural A 8,1 7,5 8,1 9,7 2,9 2,4 2,6
Rural D 29,3 27,7 31,8 3,4 3,4 3,9 4,7
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
10.241 9074 6880 4596 156040 56.896 13.956
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
EDUCACIÓN
Una variable relevante en el análisis de la población adulta mayor es el nivel de educación. En los cuadros siguientes se describe la distribución de los niveles de instrucción por grupos de edades y sexo.
En ellos puede observarse que el nivel educativo alcanzado es diferencial por sexo y edad. Los que nunca asistieron son el 10,6 % de las mujeres mayores y el 8,73 % de los hombres mayores. En la población de 80 y más años el 12,49 % de los hombres, y el 14,17 % de las mujeres nunca asistieron a la escuela. Claramente los niveles de escolarización tienden a aumentar en las nuevas generaciones, a medida que descendemos en los grupos de edades disminuye el porcentaje de los que nunca asistieron y los de primaria incompleta, aumentando todas las otras categorías.
En cuanto a la educación pudo comprobarse que las futuras generaciones de mayores tendrían mayor nivel educacional que los mayores actuales.
En el estudio de esta problemática se desarrolla en primer lugar la variable sabe leer y escribir para cuyo análisis se presentan dos categorías- si y no- en los diferentes grupos quinquenales de edad. Seguidamente la variable nivel de instrucción formal con las siguientes categorías sin Instrucción, primario completo, secundario completo, terciario completo y universitario completo.
Cuadro 9: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90 -94 95y más
Si 94,8 94,5 93,5 92,6 91,3 90,0 86,0
No 5,2 5,5 6,5 7,4 8,7 10,0 14,0
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 996525 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 10: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-70 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 95,0 94,9 93,9 93,2 91,7 90,3 87,5
No 5,0 5,1 6,1 6,8 8,3 9,7 12,5
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
499.514 422426 289055 152255 68423 20758 4431
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.
Cuadro 11: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-71 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 94,7 94,3 93,2 92,2 91,1 89,9 85,4
No 5,3 5,7 6,8 7,8 8,9 10,1 14,6
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
610244 574099 438840 280653 156040 56896 13956
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 12: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago Del Estero 2001
65-72 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 87,6 85,9 83,0 82,0 78,2 76,2 72,8
No 12,4 14,1 17,0 18,0 21,8 23,8 27,2
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 13: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago Del Estero 2001
65-73 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 89,0 87,8 85,3 84,7 81,0 78,5 83,9
No 11,0 12,2 14,7 15,3 19,0 21,5 83,9
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8680 7193 4597 2794 1348 438 124
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 14: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 86,1 84,0 80,7 79,2 75,3 73,8 61,6
No 13,9 16,0 19,3 20,8 24,7 26,2 38,4
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9610 8638 6127 3967 2188 840 297
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 15: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-74 70-74 75-79 80-84 85-89 90 -94 95y más
Si 94,8 94,5 93,5 92,6 91,3 90,0 86,0
No 5,2 5,5 6,5 7,4 8,7 10,0 14,0
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 996525 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 16: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-75 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 95,0 94,9 93,9 93,2 91,7 90,3 87,5
No 5,0 5,1 6,1 6,8 8,3 9,7 12,5
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
499.514 422426 289055 152255 68423 20758 4431
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 17: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-76 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 94,7 94,3 93,2 92,2 91,1 89,9 85,4
No 5,3 5,7 6,8 7,8 8,9 10,1 14,6
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
610244 574099 438840 280653 156040 56896 13956
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 18: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago Del Estero 2001
65-77 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 87,6 85,9 83,0 82,0 78,2 76,2 72,8
No 12,4 14,1 17,0 18,0 21,8 23,8 27,2
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 19: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago Del Estero 2001
65-78 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 89,0 87,8 85,3 84,7 81,0 78,5 83,9
No 11,0 12,2 14,7 15,3 19,0 21,5 83,9
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8680 7193 4597 2794 1348 438 124
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 20: Sabe leer y escribir según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 86,1 84,0 80,7 79,2 75,3 73,8 61,0
No 13,9 16,0 19,3 20,8 24,7 26,2 38,4
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9610 8638 6127 3967 2188 840 297
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 21: Nivel de Instrucción formal según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
S I 11,2 12,9 15,5 18,0 21,0 23,5 28,4
PC 59,0 59,5 60,5 59,7 58,0 55,5 51,3
SC 18,5 16,9 15,6 14,0 13,1 12,9 12,9
TC 4,4 4,2 4,1 3,8 3,9 3,6 3,5
UC 6,9 6,5 4,3 4,5 4,0 4,5 3,9
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
682467 604579 438768 262491 139391 50569 12453
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 22: Nivel de Instrucción formal según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
S I 10,6 12,2 14,6 17,2 20,9 23,9 27,9
PC 60,3 60,2 59,2 58,0 55,7 53,2 50,6
SC 18,3 17,2 16,0 14,4 13,1 12,5 12,7
TC 3,2 3,2 3,3 3,0 2,9 2,9 2,5
UC 7,5 7,2 6,9 7,4 7,5 7,5 6,3
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
297310 249728 169022 88473 39965 12470 2674
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 23: Nivel de Instrucción formal según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
S I 11,7 13,6 16,3 18,8 21,0 23,0 28,8
PC 61,0 62,4 61,8 61,4 60,3 57,8 52,0
SC 18,7 16,5 15,1 13,6 13,0 13,3 13,0
TC 5,6 5,1 4,9 4,5 4,9 4,2 4,5
UC 3,0 2,4 1,9 1,7 0,8 1,7 1,7
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
385157 354851 269746 174018 99426 38099 9779
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 24: Nivel de Instrucción formal según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
S I 22,7 26,4 31,4 33,9 38,6 44,7 47,8
PC 52,2 51,8 47,9 47,1 46,4 41,5 42,5
SC 19,0 16,2 16,2 14,6 11,2 10,5 5,9
TC 3,7 3,6 2,9 3,0 2,4 1,1 3,8
UC 2,4 2,0 1,6 1,4 1,4 2,2 0,0
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9398 8097 5557 3599 2014 703 249
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 25: Nivel de Instrucción formal según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
S I 21,0 24,1 29,3 31,4 37,2 43,7 33,9
PC 57,6 56,6 53,8 52,7 50,3 44,1 57,6
SC 16,0 14,2 12,3 10,8 7,2 8,3 3,4
TC 1,8 1,8 2,0 2,3 2,6 0,0 5,1
UC 3,6 3,3 2,6 2,8 2,7 3,9 0,0
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
4061 3384 2197 1304 662 206 59
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 26: Nivel de Instrucción formal según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
S I 24,4 28,7 33,4 36,3 39,9 45,7 61,6
PC 46,7 47,0 41,9 41,4 42,4 38,8 27,4
SC 22,0 18,2 20,0 18,3 15,2 12,7 8,4
TC 5,5 5,3 3,9 3,7 2,3 2,2 2,6
UC 1,4 0,8 0,8 0,3 0,2 0,6 0,0
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
5337 4713 3360 2295 1352 497 190
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.
Un aspecto relevante a tener en cuenta es el nivel de instrucción formal que en los quinquenios de mayores en estudio experimenta, tanto a nivel país como en Santiago del Estero, un crecimiento en el porcentaje entre el primer y último quinquenio de la categoría de mayores sin instrucción y un descenso en las restantes categorías Asimismo es importante resaltar que en la provincia se destaca un leve aumento en el porcentaje de mayores que integran la categoría nivel terciario completo. La lectura por sexo de la información por nivel de instrucción formal advierte la misma tendencia en el país y en la provincia, es decir aumento de los porcentajes en la categoría sin instrucción y descenso en las demás categorías censales. En Santiago del Estero, la lectura de la información por sexo, posibilita señalar que el aumento de porcentaje de adultos con terciario completo se registra entre los varones.
SITUACIÓN FAMILIAR
Debido a que en el futuro se intensificarán las demandas de apoyo de los adultos mayores hacia sus familias uno de los aspectos en donde se observarán los cambios es en la familia. No hay duda que el envejecimiento trastocará los arreglos residenciales y domésticos, las relaciones sociales y familiares, así como las relaciones de género e intergeneracionales. Los adultos del mañana tendrán que hacer frente cada vez con mayor intensidad a las responsabilidades que significan la atención de sus padres durante la vejez por periodos de tiempo cada vez más prolongados.
Los jefes de hogar son predominantemente los hombres en todas las edades, pero en las edades avanzadas el número de mujeres jefas se acerca al masculino, debido al reducido índice de masculinidad.
Cuadro 27: Estado civil según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Soltero 12,8 11,9 11,0 11,0 10,9 11,8 13,1
Casado 59,8 54,3 47,6 39,0 30,0 22,8 16,9
Divorciado 2,9 2,1 1,4 0,5 0,8 0,7 1,0
Separado 2,9 2,2 1,5 1,7 0,8 0,8 0,8
Viudo 21,6 29,5 38,5 47,8 57,2 63,9 68,2
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 99652 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 28: Estado civil según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Soltero 13,6 12,5 10,9 10,4 10,1 11,0 12,3
Casado 71,1 69,6 67,4 61,1 51,5 40,4 29,8
Divorciado 3,1 2,3 1,6 1,2 0,9 0,8 1,3
Separado 3,2 2,6 1,9 1,7 1,2 1,3 1,3
Viudo 9,0 13,0 18,2 25,6 36,3 46,5 55,3
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
499.514 422426 289055 152255 68423 20758 4431
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 29: Estado civil según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Soltero 11,9 11,4 11,1 11,6 11,6 12,5 13,8
Casado 48,5 38,9 27,7 16,8 9,1 5,2 3,9
Divorciado 2,7 1,8 1,2 0,9 0,7 0,6 0,6
Separado 2,8 2,0 1,3 0,8 0,5 0,5 0,6
Viudo 34,1 45,9 58,7 69,9 78,1 81,2 81,1
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
610244 574099 438840 280653 156040 56896 13956
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 30: Estado civil según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Soltero 20,2 18,5 16,7 16,1 16,2 21,0 17,3
Casado 52,0 46,8 40,1 33,3 25,9 18,9 19,8
Divorciado 1,7 1,3 1,0 1,3 0,7 0,7 0,7
Separado 3,1 2,4 1,9 1,5 0,9 0,7 0,5
Viudo 23,0 31,0 40,3 47,8 56,3 58,7 61,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 31: Estado civil según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Soltero 22,1 19,4 17,0 15,6 15,4 21,2 15,3
Casado 61,3 59,6 55,4 50,3 41,9 31,3 33,9
Divorciado 1,9 1,5 1,1 1,7 0,8 0,4 0,8
Separado 3,5 2,9 2,5 2,2 1,3 1,4 0,8
Viudo 11,2 16,6 24,0 30,2 40,6 45,7 49,2
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8680 7193 4597 2794 1348 438 124
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 32: Estado civil según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Soltero 18,3 17,5 16,4 16,6 16,9 20,8 19,2
Casado 42,7 34,0 24,8 16,3 9,8 6,5 5,7
Divorciado 1,5 1,3 0,9 1,0 0,8 0,5 0,7
Separado 2,7 1,8 1,3 0,8 0,6 0,5 0,3
Viudo 34,8 45,4 56,6 65,3 71,9 71,7 74,1
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9610 8638 6127 3967 2188 840 297
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 33: Relación de Parentesco según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
5 65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Inst.Colectiva 1,3 1,8 2,6 4,6 7,4 10,9 13,7
Jefe 63,7 65,7 67,0 64,5 58,2 49,0 40,6
Cónyuge 25,0 19,9 14,2 8,7 4,8 2,9 2,0
Hijo 0,4 0,2 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
Otro 9,6 12,4 16,2 22,2 29,6 37,2 43,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 996525 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 34: Relación de Parentesco según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Inst.Colectiva 1,4 1,9 2,5 3,8 5,7 8,0 10,3
Jefe 87,9 86,9 85,1 80,4 72,8 62,6 52,9
Cónyuge 3,8 3,3 3,0 2,8 2,6 2,5 1,8
Hijo 0,3 0,1 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
Otro 6,6 7,8 9,4 13,0 18,9 26,9 35,0
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
499.514 422426 289055 152255 68423 20758 4431
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 35: Relación de Parentesco según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Inst.Colectiva 1,1 1,6 2,7 5,3 9,0 13,7 17,1
Jefe 39,4 44,5 48,8 48,6 43,6 35,4 28,2
Cónyuge 46,2 36,5 25,3 14,5 7,0 3,3 2,1
Hijo 0,5 0,2 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
Otro 12,8 17,2 23,2 31,6 40,4 47,6 52,6
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
610244 574099 438840 280653 156040 56896 13956
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 36: Relación de Parentesco según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Inst.Colectiva 0,7 0,7 1,2 1,6 2,2 2,1 2,5
Jefe 58,4 68,7 70,0 67,1 61,8 54,5 50,5
Cónyuge 22,4 17,9 12,9 8,6 5,8 3,9 3,1
Hijo 0,7 0,2 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
Otro 17,8 12,5 15,9 22,4 30,2 39,5 43,9
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.
Cuadro 37: Relación de Parentesco según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Inst.Colectiva 0,7 0,7 1,5 1,6 2,1 2,1 3,2
Jefe 72,2 87,1 85,2 80,6 75,0 66,4 60,5
Cónyuge 2,5 2,5 2,1 1,8 3,7 1,8 2,4
Hijo 0,7 0,1 0,1 0,0 0,1 0,0 0,0
Otro 23,9 9,6 11,1 16,0 19,1 29,7 33,9
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8680 7193 4597 2794 1348 438 124
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 38: Relación de Parentesco según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Inst.Colectiva 0,7 0,7 0,9 1,6 2,3 2,1 1,7
Jefe 44,5 50,3 54,7 53,6 48,5 42,5 40,4
Cónyuge 42,3 33,2 23,6 15,3 7,8 6,0 3,7
Hijo 0,7 0,3 0,0 0,1 0,0 0,0 0,0
Otro 11,8 15,5 20,8 29,4 41,4 49,4 54,2
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9610 8638 6127 3967 2188 840 297
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 39: Tipo de Hogar según Grupos Quinquenales de edad. Total. País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
H Unipersonal 14,5 18,1 21,3 23,2 23,1 20,4 17,4
H.Nuclear sin hijos 41,3 32,6 30,2 26,3 20,2 13,9 8,7
H.Nuclear con hijos 5,6 11,6 8,0 6,2 4,5 4,2 3,3
H.Nuclear Incompleto 6,4 5,4 5,5 5,8 6,5 7,1 8,0
Compuesto y Extenso 32,2 32,3 35,0 38,5 45,7 54,4 62,6
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 996525 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 40: Tipo de Hogar según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
H Unipersonal 11,1 12,3 13,5 15,3 17,3 17,3 17,4
H.Nuclear sin hijos 33,2 40,0 41,2 41,2 34,6 25,4 15,9
H.Nuclear con hijos 23,6 16,8 12,4 10,0 7,9 7,4 6,1
H.Nuclear Incompleto 3,0 2,9 3,0 3,7 4,8 6,4 8,2
Compuesto y Extenso 29,1 28,0 29,9 29,8 35,4 43,5 52,4
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
492568 414521 281835 146529 64514 19099 3973
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 41: Tipo de Hogar según Grupos Quinquenales de edad. Mujer. País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
H Unipersonal 17,9 23,8 29,1 31,0 28,9 23,6 17,5
H.Nuclear sin hijos 27,4 25,2 19,1 11,5 5,8 2,4 1,5
H.Nuclear con hijos 11,2 6,7 3,9 2,3 1,2 1,1 0,6
H.Nuclear Incompleto 8,3 7,8 7,9 7,9 8,1 7,7 7,7
Compuesto y Extenso 35,2 36,5 40,0 47,1 56,0 65,2 72,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
603389 565024 427028 265798 141969 49076 11572
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 42: Tipo de Hogar según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
H.Unipersonal 10,9 12,9 14,3 14,1 13,2 12,2 11,8
H.Nuclear sin hijos 15,4 11,3 9,0 7,5 5,8 6,3 4,7
H Nuclear con hijos 13,5 14,7 14,6 11,9 8,8 4,9 3,5
H.Nuclear Incompleto 6,9 7,0 8,2 9,3 10,2 8,7 9,4
Compuesto y Extenso 53,3 54,1 53,9 57,2 62,0 67,9 70,6
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 43: Tipo de Hogar según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago del Estero2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
H.Unipersonal 11,9 13,5 13,7 13,6 13,1 12,1 13,3
H.Nuclear sin hijos 20,1 16,2 13,3 11,6 8,9 10,0 9,2
H.Nuclear cin hijos 14,0 17,1 19,4 17,3 14,3 8,2 5,0
H.Nuclear Incompleto 3,9 4,5 4,7 5,7 8,2 6,0 8,3
Compuesto y Extenso 50,1 48,7 48,9 51,8 55,5 63,7 64,2
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8616 7140 4528 2750 1320 429 120
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 44: Tipo de Hogar según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
H.Unipersonal 10,0 12,2 14,8 14,7 13,3 12,3 10,3
H.Nuclear sin hijos 10,9 6,4 4,7 3,5 2,6 2,7 0,3
H.Nuclear con hijos 12,9 12,3 9,9 6,6 3,4 1,6 2,1
H.Nuclear Incompleto 9,8 9,7 11,8 12,6 12,2 11,3 10,3
Compuesto y Extenso 56,4 59,4 58,8 62,6 68,5 72,1 77,0
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9547 8576 6071 3903 2137 822 292
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Para el análisis de la situación familiar de los mayores se consideraron las siguientes variables; estado civil, relación de parentesco y tipo de hogar. De la información que contienen los cuadros presentados es posible inferir que, en relación a la variable en estudio estado civil y la distribución de los porcentajes en los diferentes quinquenios, a nivel país, desciende el porcentaje de casados, divorciados y separados y crece levemente el de solteros. Asimismo es posible señalar un aumento importante en la categoría viudos entre el primer quinquenio en estudio 65-69 y el último 95 y más. Por otro lado cuando se busca diferenciar por sexo se observa que entre los varones el porcentaje baja en todas las categorías y asciende en viudos y, en las mujeres sube el porcentaje tanto de solteras como de viudas. La lectura de la información para la provincia de Santiago del Estero en la variable antes presentada sigue la tendencia del país es decir baja el porcentaje de casados, divorciados y separados y crece aunque, en diferente medida, el porcentaje de solteros y viudos. A los fines de completar la presentación la observación por sexo señala un descenso porcentual, entre los varones, de las categorías soltero, casado, divorciado y separado y, un aumento en viudos a diferencia de las mujeres en donde bajan todas las categorías salvo el de solteros y viudos que crecen.
En cuanto a la variable relación de parentesco se observa que tanto la información del país como la provincial sugieren que, al mismo tiempo que descienden entre el primer y último quinquenio el porcentaje de jefes, cónyuges e hijos crece el porcentaje de mayores que viven en institución colectiva y que integran el grupo familiar como otro miembro del hogar.
Finalmente la variable en consideración es tipo de hogar. Al respecto la información del cambio en los valores porcentuales entre el primer y último quinquenio de mayores observa que tanto en el país como en Santiago del Estero crece el porcentaje de mayores que viven en hogares compuestos y extensos como así también en hogares unipersonales y bajan los porcentajes de mayores en la categoría hogar nuclear sin hijos, con hijos y nuclear incompleto.
CONDICIÓN JUBILATORIA
Una de las preocupaciones mayores con respecto a la problemática del envejecimiento es el mantenimiento del ingreso de las personas mayores. Para ello las legislaciones laborales de los diferentes países plantean como un logro social una edad legal de retiro a partir de la cual se pasa a ser pasivo aunque los haberes jubilatorios a veces distan de posibilitar una vida digna.
Al respecto Villa y Rivadeneira (1999) sostienen que el retiro de la actividad genera un síndrome de desvinculación, que suele ir acompañado de la pérdida del reconocimiento y de la importancia que las personas pudieron tener en el pasado. En el trabajo de Peláez M., Palloni A. y Ferrer M. (1999) se comenta que si un individuo está en condiciones de trabajar por más tiempo, y desea o necesita seguir trabajando, la sociedad no debe desestimular que lo haga y debe buscar los mecanismos que le permitan mantenerse económicamente activo.
Redondo (2007) analiza la asistencia social de la vejez indigente y considera que la falta de una legislación social que cubriera del riesgo de miseria debido al cese laboral por la edad avanzada tenía consecuencias directas sobre la calidad de vida de las poblaciones.
La autora describe como en las primeras décadas del siglo XX se conformaron mutualidades, sociedades de socorros mutuos y empresas de asistencia médica, que procuraban la protección de los trabajadores ante los riesgos de enfermedad y vejez. Pero muchos trabajadores, fundamentalmente inmigrantes, que a causa de enfermedades crónicas o de la edad avanzada dejaban de trabajar y carecían de redes familiares de apoyo, caían en la indigencia, generando un problema critico.
Redondo (2007) presenta el problema desde los primeros años del siglo, en donde, con la masiva llegada de inmigrantes de ultramar, la permanencia por largos períodos de inválidos y enfermos crónicos sin familias ni recursos en los hospitales generales representaba uno de los mayores obstáculos para una adecuada atención de la salud de la población.
Así, por ejemplo los hospitales de colectividades extranjeras -Italiano, Francés, Español, Británico, Alemán e Israelita- padecían el problema de la permanencia de enfermos crónicos, sin recursos, durante largas estadías que obstruía la atención de los enfermos agudos. La repatriación de los enfermos incurables con familia en Europa fue una de las primeras medidas que tomaron las colectividades. Sin embargo, no todos los enfermos crónicos tenían familiares identificables en sus países de origen.
Según Redondo (2007)los hospitales de geriatría estaban encargados de la atención de la actualmente denominada vejez frágil o dependiente desamparada. La atención médica de estos enfermos crónicos o incurables en los pabellones de los patronatos desarrolló la especialidad de la geriatría en la medicina argentina. La Sociedad Argentina de Geriatría, fundada en el año 1951 por la influencia del recordado Premio Nobel de Medicina Dr. Bernardo Houssay, fue la primera sociedad de esa especialidad en América Latina. Destacados médicos, trabajadores sociales, kinesiólogos y enfermeras se capacitaron en la atención médica y social de los pacientes de edad dependientes, quizás el tema más importante de la geriatría contemporánea. El crecimiento de la geriatría sobre esta base empírica tuvo consecuencias en la construcción social de la identidad de las personas mayores en nuestro país: promovió la visión de la vejez como una etapa particularmente conflictiva de la biografía personal, caracterizada por las enfermedades crónicas, la pobreza, el abandono y la exclusión social.
EL SISTEMA DE PRESTACIONES
Redondo (2007) señala como entre los años 1943 y 1954 se sancionaron distintos cuerpos legales que extendieron los beneficios previsionales a importantes sectores del mercado de trabajo. De ellos se destacaron, por la magnitud de población comprendida, el decreto-ley 31.664/44 que establecía el régimen para empleados de comercio y actividades civiles, y el decreto: 'ley 13.937/46 que reglamentaba el régimen para trabajadores de la industria. La cobertura creció desde el 1,2% de afiliados del total de la población económicamente activa (PEA) en el año de origen del sistema, 1904, hasta el 37,1% a fin de 1949. Debe tenerse en cuenta que la PEA teóricamente cubierta por la legislación representaba al 58,55% del total, en tanto e1 41,45% teóricamente no cubierto correspondía a los trabajadores rurales e independientes. En el año 1954, se promulgaron el régimen jubilatorio para los trabajadores rurales y la ley 14.397 que creó las cajas de trabajadores independientes, profesionales y empresarios.
Así desde el punto de vista normativo la cobertura teórica de la PEA fue casi total. Tras la caída del peronismo, el gobierno militar estableció en el año 1956 la creación de la caja para el servicio doméstico, mediante la cual se efectivizaba la meta de cobertura teórica total de la población económicamente activa.
Archaga y Cipolletta, (1997) observan como imbuido del ideario de la época, en Octubre de 1948 se promulgó la ley 13.478 que reglamentó un régimen de pensiones asistenciales para la vejez. El monto establecido era del 70% de la pensión mínima derivada de la jubilación ordinaria. El financiamiento fue asignado a la Lotería Nacional de Beneficencia y Casinos. La promulgación de la ley constituye el primer antecedente normativo a través del cual se reconocen, en nuestro país, deberes estatales en la cobertura básica de las personas con recursos insuficientes que, a causa de su vejez no están en condiciones de procurarse por sí mismos los medios de subsistencia.
El fundamento doctrinario pone de manifiesto la existencia de derechos por parte de las personas de edad, en consecuencia la pensión es vitalicia y en el caso de los matrimonios, la cónyuge superviviente es derecho habiente de la prestación.
En síntesis, en la década de 1940 se establecieron políticas de seguridad social para la vejez que se inspiraron en los lineamientos internacionales de la posguerra y expresaron una voluntad universalista –compatible con la Declaración de los Derechos del Hombre efectuada por las Naciones Unidas en el año 1948- tanto en los fundamentos doctrinarios como en las normas reglamentadas. Sin embargo, las relaciones de poder y posiblemente las restricciones del presupuesto público hicieron que en la práctica sólo se extendiera la afiliación obligatoria al sistema de previsión social, abarcando normativamente la casi totalidad de los sectores que componían la población económicamente activa.
Recién en el año 2003 se concretó la reglamentación de una ley con cobertura de las personas mayores con recursos insuficientes y sin acceso al régimen contributivo.
LAS CONDICIONES DE VIDA DE LAS PERSONAS MAYORES
La Argentina protagonizó la expansión de la sociedad salarial, también denominada la epoca dorada del Estado de bienestar durante las décadas comprendidas entre 1945 y 1975. Hay evidencia de que si bien durante el período existía una inequitativa distribución de los fondos previsionales en el sistema que perjudicaba a los trabajadores asalariados de la industria y el comercio, la inversión de esos fondos en la macroeconomía ayudaba al acceso de esos trabajadores a la vivienda propia y a la mejora del capital humano de sus familias, fundamentalmente a través del aumento de los niveles educativo de sus hijos y del mejoramiento de sus condiciones de salud. Por tal motivo, los trabajadores que ingresaron al mercado de trabajo en las décadas del cuarenta y del cincuenta tuvieron más oportunidades de acumular bienes esenciales para el consumo en la vejez tales como: a) derechos jubilatorios, b)educación de sus hijos y c) vivienda propia. Esta es la base de un efecto coherente que condiciona la mejor situación relativa de los mayores años con respecto a las cohortes más jóvenes. En consecuencia, la transferencia generacional de los recursos fundada en aquella epoca de oro o en el estatuto del salario benefició muchos años después a las cohortes que actualmente tienen edades más avanzadas y extremas.
Cincuenta años después, al observar las condiciones de vida de las personas mayores, se puede evaluar el desempeño del sistema previsional contributivo: existen evidencias de que cumplió razonablemente con el principio de universalidad a expensas de sacrificar los de justicia, equidad y solidaridad.
Los sesgos de distribución regresiva observados no alcanzan para invalidar la función distribuidora de bienestar del sistema nacional de previsión consolidado hasta comienzos de los sesenta. Existen evidencias empíricas de que la extensión de la cobertura previsional entre las actuales cohortes de personas mayores es un factor decisivo para explicar la menor prevalencia de pobreza respecto de la población más joven en los últimos años.
Corno otros sistemas previsionales maduros de países cuyas poblaciones envejecieron tempranamente, el régimen de jubilaciones contributivas argentinas evita la pobreza de sus beneficiarios, aunque no garantiza la afluencia de sus recursos corrientes, y genera una cierta estratificación de la población mayor.
Redondo,( 2007) plantea que debe tenerse en cuenta que el haber previsional es un componente principal en los ingresos monetarios de las personas mayores. A partir del año 2003, se eliminaron los cupos presupuestarios y se extendió la cobertura de las pensiones asistenciales a la vejez -no contributivas- a todas las personas mayores con recursos materiales insuficientes y carentes de acceso al sistema previsional contributivo. La medida tuvo resultado inmediato, reduciendo drásticamente la indigencia tanto en los hogares con adultos mayores como en los de jefes mayores de 65 años.
Asimismo, las personas de 65 años y más son en alta proporción propietarias de la vivienda en las que habitan y disponen en mayores porcentajes que los grupos más jóvenes de cobertura de salud por medio de obra social, plan prepago o mutual.
La tenencia de vivienda propia es uno de los pilares del bienestar de las personas mayores. Debe tenerse en cuenta que los montos medios y mínimos de los haberes previsionales no permiten hacer frente a los costos que demanda el alquiler de una vivienda. Por tal motivo, las políticas de vivienda popular o de créditos hipotecarios resultan de fundamental importancia en los países con poblaciones envejecidas y deben ser consideradas complementarias, en sus funciones, a los sistemas previsionales o de ingresos monetarios básicos para la vejez. A lo largo de todo el siglo XX, hasta promediar la década de 1970, el acceso a la vivienda propia estuvo disponible para amplios sectores de la población urbana y se traduce muchos años después en uno de los componentes esenciales para la relativa fortaleza de recursos materiales de las actuales generaciones de personas mayores.
Debido a la intensa y prolongada relación que establecen las personas mayores con el Estado en las sociedades modernas, urbanizadas, con poblaciones envejecidas, y la calidad de sus vidas esta estrechamente vinculadas con las vicisitudes macroeconómicas y de las políticas públicas. Por este motivo, las condiciones de vida de la población de personas mayores pueden sufrir variaciones de importancia en diferentes períodos..
En conclusión, para la autora, entre el primer y el segundo Centenario se produjeron dos cambios notorios en la edad de la población: el envejecimiento demográfico y el alargamiento del promedio de vida. Ambos procesos se registraron en el marco de la modernización del país y fueron acompañados por el desarrollo de instituciones específicas que redujeron la pobreza que se observaba entre las personas mayores en las primeras décadas del siglo xx. El desafío que tiene ante sí la sociedad argentina en el siglo XXI es alcanzar un nivel de productividad tal que permita no sólo la erradicación de la pobreza, sino que ofrezca a los ciudadanos que se retiran del mercado laboral a causa de su edad avanzada o de su condición física, la capacidad de consumo de los bienes y servicios necesarios para vivir plenamente, con la adecuada integración social.
Cuadro 45: Tiene Jubilación según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 52,7 70,2 80,7 86,1 89,0 88,1 83,5
No 47,3 29,8 19,3 13,9 11,0 11,9 16,5
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 996525 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 46: Tiene Jubilación según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90- 94 95 y más
Si 55,1 75,8 86,2 89,9 91,7 88,7 82,1
No 44,9 24,2 13,8 10,1 8,3 11,3 17,9
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
499544 422426 289055 152255 68423 29758 4431
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 47: Tiene Jubilación según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90- 94 95 y más
Si 50,8 66,1 77,1 83,9 87,9 87,9 83,9
No 49,2 33,9 22,9 16,1 12,1 12,1 16,1
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
610244 574099 438840 280653 156040 56896 13896
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 48: Tiene Jubilación según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 94 95 y más
Si 46,6 61,0 71,5 75,5 75,4 72,0 72,2
No 53,4 39,0 28,0 24,5 24,6 28,0 27,8
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 49: Tiene Jubilación según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90- 94 95 y más
Si 44,3 59,6 70,9 74,8 76,1 71,7 72,6
No 55,7 40,4 29,1 25,2 23,9 28,3 27,4
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8680 7193 4597 2794 1348 438 124
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 50: Tiene Jubilación según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 48,6 62,1 71,9 76,0 75,0 72,1 72,1
No 51,4 37,9 28,1 24,0 25,0 27,9 27,9
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9610 8638 6127 3967 2188 840 297
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
El análisis de la variable jubilación permite distinguir entre los que tienen y los que no tienen jubilación. Así tanto en el país como en la provincia de Santiago del Estero se observa un aumento de los que tienen jubilación entre los mayores comprendidos en el grupo de edad de 65-69 años al grupo de los de 95 y más años de 30,8 puntos porcentuales en el país y de 25,6 en la provincia en estudio.
LA COBERTURA DE SALUD PARA LAS PERSONAS MAYORES
En el año 1971, en momentos en que el envejecimiento de la población comenzaba a hacerse evidente, se creó el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP) -popularmente conocido por las siglas de ssu plan de atención médica (PAMI)- con la finalidad de proporcionar servicios de salud para las crecientes proporciones de beneficiarias del sistema nacional de previsión social.
La creación del Instituto reconocía dos antecedentes internos de importancia. Por un lado, las asociaciones mutuales, precursoras de las obras sociales, no deseaban asumir los riesgos que implicaba la cobertura de una población más susceptible de enfermarse. Por otro lado, la larga permanencia de enfermos crónicos en los hospitales públicos de agudos continuaba siendo un problema para la salud pública estatal, a pesar de la creación y ampliación de los hospitales de geriatría. En la década de 1970, los enfermos crónicos atendidos en las salas de hospitales de agudos no eran ancianos desamparados sino trabajadores jubilados que carecían de obra social o cuyas obras sociales no tenían suficiente capacidad para prestar servicios médicos y acudían a la internación en el sector público. Además, como antecedente externo influyó la experiencia norteamericana: el Instituto reprodujo el formato del MEDICARE establecido cinco años antes en los Estados Unidos.
A través de la creación del PAMI, la seguridad social extendió significativamente la cobertura de atención de la salud entre la población mayor de todo el país.
Finalmente, en el año 1995 se creó el Programa Federal de Salud (PROFÉ) dirigido a proporcionar atención médica a los beneficiarios de pensiones no contributivas, asistenciales y graciables, entre las que están comprendidas las pensiones no contributivas por vejez. Así, todas las personas mayores de 70 años con recursos materiales insuficientes tenían la posibilidad de acceder simultáneamente a la prestación económica de la pensión y a la cobertura de salud a través del PROFÉ.
Cuadro 51: Obra Social según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 72,5 81,5 86,5 88,1 88,6 87,2 82,9
No 27,5 18,5 13,5 11,9 11,6 12,8 17,1
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 996525 727895 432908 224483 77654
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 52: Obra Social según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 68,4 79,6 86,0 87,9 88.4 86,5 81,3
No 31,6 20,4 14,0 12,1 11,6 13,5 18,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 53: Obra Social según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 76,5 83,4 87,0 88,2 88,7 87,9 84,4
No 23,5 16,6 13,0 11,8 11,3 12,1 15,6
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
499.544 422426 289055 152255 68423 20758 4431
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 54: Obra Social según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 60,2 69,0 73,8 74,4 74,4 69,6 67,3
No 39,8 31,0 26,2 25,6 25,6 30,4 32,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18.290 15831 10724 6761 3536 1278 421
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 55: Obra Social según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 54,3 65,1 71,3 72,9 74,0 68,0 70,2
No 45,7 34,9 28,7 27,1 26,0 32,0 29,8
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
8680 7193 4597 2794 1348 434 124
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 56: Obra Social según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Si 66,0 72,9 76,3 75,8 74,8 71,2 64,3
No 34,0 27,1 23,7 24,2 25,2 28,8 35,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
9610 8638 6127 3967 2188 840 297
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Junto a la relevancia del aspecto en estudio que distingue entre los con jubilación y sin ella se encuentran la información sobre obra social que según categorías censales separa a los mayores con obra social y sin obra social. La lectura de los cuadros permite observar un crecimiento de los porcentajes de los mayores con obra social entre el grupo de 65-69 años al de 95 y más. Este aumento es superior en el país de los datos provinciales en un 3,3 %. Asimismo es posible advertir que, mientras a nivel país crecen más los porcentajes entre los varones en Santiago del Estero lo experimentan las mujeres.
PARTICIPACIÓN ECONÓMICA
El envejecimiento poblacional al afectar la proporción de los diferentes grupos de edad modifica el tamaño de la población activa así como las relaciones de dependencia Los aspectos seleccionados para el análisis de la participación económica son la condición de actividad de los mayores, la categoría ocupacional y la rama de actividad. Como en el caso de las variables anteriormente desarrolladas se busca distinguir la participación por grupos quinquenales de edad y sexo al mismo tiempo que diferenciar los datos provinciales con los nacionales.
Cuadro 57: Condición de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Tasa de actividad 29,5 16,7 9,5 5,6 3,4 3,9 3,5
1109788 996947 727895 432908 224463 77654 18387
Tasa de Ocupación 21,3 11,8 6,8 4,1 2,3 2,5 2,2
1109788 996947 727895 432908 224463 77654 18387
Tasa de Desocupación 29,9 30,3 31,3 32,1 38,9 40,0 44,5
316163 153535 61166 20485 6152 2315 483
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 58: Condición de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Tasa de actividad 42,7 24,9 14,4 8,5 5,0 5,8 5,2
499544 422426 289055 152255 68423 20758 4431
Tasa de Ocupación 31,2 18,2 10,7 6,6 3,7 4,1 3,5
Tasa de Desocupación 27,0 26,9 25,1 22,3 26,1 28,3 32,3
213525 105290 41494 12990 3445 1200 232
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 59 : Condición de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Tasa de actividad 16,8 8,4 4,5 2,7 1,7 1,9 1,8
610244 574099 438840 280653 156040 56896 13956
Tasa de Ocupación 11,3 5,6 2,8 1,6 0,8 0,9 0,8
610244 574099 438840 280653 156040 56896 13956
Tasa de Desocupación 32,9 33,7 37,7 41,9 51,7 51,7 56,6
102638 48245 19672 7495 2707 1115 251
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 60: Condición de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Tasa de actividad 23,8 13,9 8,8 5,7 3,7 5,4 3,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 422
Tasa de Ocupación 18,5 10,8 6,8 4,1 2,5 2,0 2,1
18290 15831 10724 6761 3536 1278 422
Tasa de Desocupación 24,1 23,8 27,5 32,2 40,3 63,1 25,1
4238 2091 874 351 113 65 11
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 61: Condición de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95 y más
Tasa de actividad 36,7 21,6 13,6 8,2 5,6 6,2 4,0
8680 7193 4597 2794 1348 438 124
Tasa de Ocupación 29,0 17,0 11,0 6,5 4,3 2,3 3,2
Tasa de Desocupación 21,0 21,2 19,3 19,7 23,7 62,9 0,2
3183 1553 627 228 76 27 5
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 62: Condición de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago Del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Tasa de actividad 10,9 6,2 4,0 3,1 1,7 4,5 2,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 422
Tasa de Ocupación 7,9 4,6 2,6 1,7 0,7 1,7 1,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 422
Tasa de Desocupación 27,2 26,4 35,6 44,7 56,8 63,2 50,0
1055 538 247 123 37 38 6
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 63: Categoría Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Total. País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Asalariado 48,0 38,4 32,8 31,9 32,1 54,4 49,7
Asalariado Público 14,3 9,1 7,2 8,3 9,4 17,5 14,5
Asalariado Privado 33,7 29,3 25,6 23,6 22,7 36,9 35,2
Patrón 13,2 15,9 17,4 18,2 18,2 10,9 7,9
Cuenta Propia 33,2 38,1 40,6 40,3 39,2 26,9 33,7
Trabajador Familiar 5,6 7,6 9,2 9,6 10,5 7,8 8,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1109788 996947 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 64: Categoría Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Asalariado 39,8 29,9 25,2 25,8 23,6 47,5 45,1
Asalariado Público 12,4 8,0 6,0 6,8 7,1 14,9 15,2
Asalariado Privado 27,4 21,9 19,2 19,0 16,5 32,6 29,9
Patrón 17,2 20,9 23,5 24,2 24,4 14,2 7,6
Cuenta Propia 38,7 42,7 43,2 41,4 42,7 30,9 40,8
Trabajador Familiar 4,3 6,5 8,1 8,6 9,3 7,4 6,5
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
155867 76870 31065 10087 2547 860 157
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 65: Categoría Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Mujer. País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Asalariado 56,2 46,9 40,4 38,0 40,6 61,3 54,2
Asalariado Público 16,1 10,2 8,4 9,9 11,8 20,2 13,8
Asalariado Privado 40,1 36,7 32,0 28,1 28,8 41,1 40,4
Patrón 9,2 11,0 11,4 12,2 11,9 7,7 8,2
Cuenta Propia 27,7 33,4 37,9 39,1 35,7 22,9 26,6
Trabajador Familiar 6,9 8,7 10,3 10,7 11,8 8,1 11,0
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
68829 32004 12265 4354 1308 538 109
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 66: Categoría Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Asalariado 41,2 30,1 25,6 25,5 14,8 51,0 16,7
Asalariado Público 19,1 12,6 19,6 13,2 11,4 24,6 -
Asalariado Privado 22,1 17,5 19,6 13,2 3,4 26,4 16,7
Patrón 7,8 7,0 12,4 11,2 8,3 6,0 -
Cuenta Propia 41,2 49,4 46,2 51,3 56,0 33,2 66,6
Trabajador Familiar 9,8 13,5 15,8 12,0 20,9 9,8 16,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
18290 15831 10724 6761 3536 1278 422
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 67: Categoría Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago del Estero2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Asalariado 35,1 26,2 24,3 20,1 17,1 45,0 33,4
Asalariado Público 16,8 12,6 8,9 9,8 10,3 35,0 -
Asalariado Privado 18,3 13,6 15,4 10,3 6,8 10,0 33,4
Patrón 8,6 8,0 10,9 12,0 10,3 5,0 -
Cuenta Propia 47,5 51,6 50,3 58,5 62,0 45,0 -
Trabajador Familiar 8,8 14,2 14,5 9,4 10,6 5,0 66,6
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
2514 1224 506 183 58 20 3
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 68: Categoría Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Asalariado 47,2 34,0 26,9 30,9 12,5 57,0 -
Asalariado Público 21,4 12,6 3,1 14,7 12,5 14,2 -
Asalariado Privado 25,8 21,4 23,8 16,2 - 42,8 -
Patrón 6,9 6,0 13,8 10,2 6,2 7,1 -
Cuenta Propia 34,9 47,2 42,1 44,1 50,0 21,4 66,6
Trabajador Familiar 11,0 12,8 17,2 14,7 31,3 14,5 33,4
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
89768 396 159 68 16 14 3
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 69: Rama de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Total. País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Agricultura 12,1 14,3 15,9 16,3 16,3 11,8 14,2
Industria 10,1 11,0 11,8 12,3 11,6 9,4 9,4
Construcción 4,0 3,3 2,4 1,9 1,7 3,4 5,1
Servicios 68,3 63,8 59,9 56,2 53,5 59,4 58,7
No bien Especificadas 5,5 7,6 10,0 13,3 16,9 16,0 12,6
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
224696 108874 43330 14441 3855 1398 266
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 70 : Rama de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Agricultura 20,7 24,2 26,7 26,9 26,6 20,2 24,8
Industria 10,9 10,2 9,9 9,9 8,8 9,5 9,5
Construcción 7,8 6,5 4,5 3,5 3,1 6,2 8,3
Servicios 56,3 53,8 52,1 51,3 50,3 52,7 48,5
No bien Especificadas 4,3 5,3 6,8 8,4 11,0 11,4 8,9
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
155867 76870 31065 10087 2547 860 157
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 71: Rama de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Mujer. País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Agricultura 3,5 4,3 5,2 5,7 5,9 3,3 3,6
Industria 9,2 11,8 13,7 14,7 14,3 9,3 9,2
Construcción 0,2 0,2 0,3 0,3 0,3 0,6 1,8
Servicios 80,2 73,8 67,5 61,2 56,7 66,0 68,9
No bien Especificadas 6,9 9,9 13,3 18,1 22,8 20,8 16,5
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
68829 32004 12265 4354 1308 538 109
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 72: Rama de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Agricultura 18,7 25,3 29,6 28,3 34,4 12,5 -
Industria 9,3 10,0 8,6 7,9 4,0 6,1 16,7
Construcción 5,2 3,0 3,1 0,8 - - 16,7
Servicios 57,8 49,0 40,2 43,1 33,7 62,2 16,6
No bien Especificadas 9,0 13,0 18,5 19,9 27,9 19,2 50,0
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
5435 1620 665 251 74 34 6
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 73: Rama de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago del Estero2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Agricultura 33,3 43,0 46,6 49,2 50,0 25,0 -
Industria 8,2 7,4 6,5 5,5 1,7 5,0 33,3
Construcción 10,2 5,7 5,5 1,6 - -  p; 33,3
Servicios 42,8 36,2 29,5 31,7 36,2 60,0 33,4
No bien Especificadas 5,5 7,7 11,9 12,0 12,1 10,0 -
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
4667 1224 506 183 58 20 3
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 74: Rama de Actividad según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
Agricultura 4,0 7,6 12,6 7,4 18,8 -  p; -
Industria 10,4 12,6 10,7 10,3 6,3 7,1 -
Construcción 0,1 0,3 0,6 - - -  p; -
Servicios 73,0 61,8 50,9 54,4 31,2 64,3 -
No bien Especificadas 12,5 17,7 25,2 27,9 43,7 28,6 100,0
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
768 396 159 68 16 14 3
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 75: Calificación Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
C.P 9,8 10,6 11,2 11,8 13,0 9,8 9,4
C.T. 19,3 21,3 23,3 24,1 23,7 18,6 11,7
C.O 46,0 44,4 42,8 41,0 38,0 38,1 44,4
No Calif 17,6 15,3 12,9 11,1 9,9 17,1 19,9
Otro 7,3 8,4 9,8 12,0 15,4 16,4 14,6
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
224.696 108.874 43.330 14.441 3855 1398 266
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 76: Calificación Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Varón País2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
C.P 11,2 12,5 13,3 14,2 16,3 11,4 10,8
C.T. 19,7 22,4 24,7 25,5 24,9 16,9 8,9
C.O 51,1 40,3 45,0 42,9 41,0 45,8 52,9
No Calif 11,0 9,6 8,8 8,3 6,6 13,0 15,3
Otro 7,0 15,2 8,2 9,1 11,2 12,9 12,1
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
155.867 76.870 31.065 10.087 2547 860 157
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 77: Calificación Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
C.P 6,6 6,2 5,7 6,4 6,7 7,2 7,3
C.T. 18,3 18,6 19,9 20,9 21,5 21,4 15,6
C.O 34,5 35,3 37,1 36,5 32,1 25,8 32,1
No Calif 32,5 29,0 23,2 17,8 16,4 23,6 26,6
Otro 8,1 10,9 14,1 18,4 23,3 22,0 18,4
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
68.829 32.004 12.265 4354 1308 538 109
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 78: Calificación Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Total. Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
C.P 4,5 5,3 3,9 4,4 6,8 8,8 0,0
C.T. 11,8 12,3 13,4 14,3 12,2 17,6 0,0
C.O 56,4 57,0 55,3 51,8 50,0 41,2 33,3
No Calif 17,6 12,9 11,7 10,4 5,4 17,6 0,0
Otro 9,7 12,5 15,7 19,1 25,6 14,8 66,7
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
3282 1620 665 251 74 34 6
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 79: Calificación Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Varón. Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
C.P 4,8 6,1 4,3 4,9 8,6 5,0 0,0
C.T. 10,6 12,3 11,9 13,1 13,8 10,0 0,0
C.O 61,9 62,3 61,1 57,9 55,2 65,0 66,6
No Calif 14,4 9,9 8,7 9,8 5,2 10,0 33,4
Otro 8,3 9,4 14,0 14,3 17,2 10,0 0,0
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
2514 1224 506 183 58 20 3
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
Cuadro 80: Calificación Ocupacional según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 90-94 95y más
C.P 3,4 2,8 2,5 2,9 0,0 14,3 0,0
C.T. 15,6 12,4 18,2 17,6 6,3 28,6 0,0
C.O 38,4 42,9 37,1 35,3 31,3 7,1 0,0
No Calif 28,3 22,2 21,4 11,8 6,3 28,6 0,0
Otro 14,3 19,7 20,8 32,4 56,1 21,4 100
Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
768 396 159 68 16 143
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001
La participación económica de los mayores se analiza con la tasa de actividad, ocupación y desocupación. En el país y en Santiago del Estero se observa una tasa de actividad en descenso entre el primer quinquenio de edad y el último en estudio tanto para varones como para mujeres. Esta reducción la experimenta también la ocupación a diferencia de la tasa de desocupación que crece en ambos sexos entre los mayores del grupo de edad 65-69 hasta el quinquenio de 95 y más años en el país y, en la provincia, crece en las mujeres y baja en los varones.
La lectura de la información por categoría de ocupación busca diferenciar a los ocupados mayores de 65 años según trabajen como asalariado, patrón, cuenta propia o trabajador familiar. En el país los datos exhiben un leve crecimiento entre el primer y último quinquenio en estudio, en asalariados. Esta suba se registra más entre los privados. También aumenta el porcentaje de trabajador familiar y cuenta propia. Entre los varones crecen los asalariados públicos y privados, además la categoría cuenta propia y trabajador familiar. La información acerca de la variación de los porcentajes en mujeres entre el primer y último quinquenio en estudio, registra un descenso en asalariado, patrón y cuenta propia junto a un aumento del trabajador familiar. En Santiago del Estero baja el porcentaje de asalariados, patrones y crece el de cuenta propia y trabajador familiar. Los datos acerca el porcentaje de varones exhiben un descenso en las categorías de asalariado, patrón y cuenta propia y una alza trabajador familiar En el sexo femenino baja el porcentaje de asalariados y patrones y crece cuenta propia y trabajador familiar.
En rama de actividad crece, a medida que se pasa del primer quinquenio al de 95 y mas el porcentaje de trabajadores en la rama agricultura y construcción en el país. En Santiago del Estero sube el porcentaje en la industria y en la construcción. El análisis de la calificación ocupacional mediante el porcentaje de mayores distribuido entre el primer y ultimo quinquenio de edad permite observar que bajan los ocupados mayores en la categorías de calificación profesional, técnico y operativa. En el país crece el porcentaje de no calificados y la categoría otro y, en Santiago del Estero la categoría otro. La información por sexo señala que entre los varones descienden los porcentajes de trabajadores entre el primer y último quinquenio de edad con calificación profesional, técnica y suben en el país los porcentajes con mayores con calificación operativa y no calificados y en la categoría otro. En Santiago del Estero los que poseen calificación operativa y no calificados. Entre las mujeres sube en el país el porcentaje de mujeres del primer al último quinquenio de edad con calificación profesional y asimismo crecen los porcentajes de la categoría otro y en Santiago del Estero solo esta última categoría. El análisis de la calificación ocupacional permite observar que, entre el primer y último quinquenio de edad en estudio bajan las categorías de calificación profesional, técnica y operativa. En el país crece el porcentaje de no calificados y la categoría otro y en Santiago del Estero la categoría otro. La información por sexo señala que entre los varones desciende, entre los quinquenios en estudio, el porcentaje de trabajadores con calificación profesional y técnica y suben en el país la calificación operativa como así también la categoría no calificados y otro. En Santiago del Estero bajan los porcentajes en todas las categorías de califificación y solo aumenta la categoría otro. La información sobre el sexo femenino exhibe una sube del porcentaje en el país de la calificación profesional y la categoría otro y a nivel provincial solo esta última.
NECESIDADES BÁSICAS INSATISFECHAS
También se incorporó al estudio la variable necesidades básicas insatisfechas con las que se buscó diferenciar entre los que tienen al menos una NBI y los que no presentan.
Cuadro 81: Tiene NBI según Grupos Quinquenales de edad. Total País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 94 95 y más
Si NBI (Al menos una) 11,5 12,5 13,8 14,7 15,3 15,6 17,9
No Tiene 88,5 87,5 86,2 85,3 84,7 84,4 82,1
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1.109788 996525 727895 432908 224463 77654 18387
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 82: Tiene NBI según Grupos Quinquenales de edad. Varón País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 94 95 y más
Si NBI (Al menos una) 11,9 13,2 14,5 16,0 17,6 18,6 21,1
No Tiene 88,1 86,8 85,5 84,0 82,4 81,4 78,9
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 83: Tiene NBI según Grupos Quinquenales de edad. Mujer País 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 94 95 y más
Si NBI (Al menos una) 11,1 11,8 13,1 13,3 12,9 12,5 14,6
No Tiene 88,9 88,2 86,9 86,7 87,1 87,5 86,4
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 84: Tiene NBI según Grupos Quinquenales de edad. Total Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 94 95 y más
Si NBI (Al menos una) 24,6 26,8 29,3 30,3 31,1 35,3 35,7
No Tiene 75,4 73,2 70,7 69,7 68,9 64,7 64,3
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.
Cuadro 85: Tiene NBI según Grupos Quinquenales de edad. Varón Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 94 95 y más
Si NBI (Al menos una) 25,6 28,3 31,2 32,7 34,8 41,5 33,3
No Tiene 74,4 71,7 68,8 67,3 65,2 58,5 66,7
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
Cuadro 86: Tiene NBI según Grupos Quinquenales de edad. Mujer Santiago del Estero 2001
65-69 70-74 75-79 80-84 85-89 94 95 y más
Si NBI (Al menos una) 23,6 25,3 27,4 27,8 27,3 29,1 38,0
No Tiene 76,4 74,7 72,6 72,2 72,7 70,9 62,0
100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia
En este aspecto en estudio es posible observar que a medida que se aumenta la edad es decir se pasa del quinquenio de 65-69 años al de 95 y más crece el porcentaje de mayores que tienen al menos una NBI y baja el de los que no tienen. Asimismo en la lectura de la información por sexo se observa para los datos del país que el porcentaje de los que tienen al menos una NBI crece más entre los varones. En Santiago del Estero los porcentajes de los mayores con al menos una NBI aumenta más entre las mujeres.
CONCLUSIÓN
A medida que los mayores pasan del grupo de edad de 65-69 al de 95 y más años se observan cambios sobre todo en algunos aspectos que en los quinquenios que vivieron como adultos eran de vital importancia y a veces eje de sus vidas, como el trabajo y la familia. Sobre el primer punto se observa en general un descenso de la actividad económica y, en los casos en que esta continúa cambia la forma de inserción en el mercado laboral al buscar espacios de menor responsabilidad y más baja exigencia de participación tal el caso de la categoría trabajador familiar o como asalariado. En cuanto a la segunda problemática en general los mayores cambian su estado civil al pasar del estado de casado al de viudo situación experimentada fundamentalmente por mujeres porque son las que tienen mayor esperanza de vida.
Asimismo se buscó profundizar el tema familia trabajado además mediante la relación de parentesco y el tipo de hogar que sobre el primer aspecto los datos permiten observar que a medida que los mayores aumentan en edad o envejecen, sobre todo a partir de los 80 que es el período que se inicia la declinación dejan de lado su antiguo rol de jefe o cónyuge y se incorporan a hogares en donde se integran como otro miembro del hogar es decir pasan a ser abuelos en el caso de que vivan con sus hijos y nietos o tíos cuando se integran a otro tipo de hogar. La información acerca del tipo de hogar sugiere que con el paso de los años el envejecimiento de los mayores los condiciona a no poder sostener un tipo de hogar nuclear ya sea porque sus hijos se independizaron o porque perdieron al cónyuge y el consiguiente estado de viudez los deja solos. Estos cambios en el hogar plantean al mayor nuevas situaciones de convivencias que se ven resultas al sumarse a un hogar compuesto o extenso.
También es importante considerar la información referida a la seguridad social dado que cuando más se aumenta en años también crece la posibilidad de pasar a la condición de inactividad y tramitar una jubilación. Esta misma tendencia al crecimiento en los porcentajes con la edad se registra al abordar la obra social. Así se observa un aumento en el porcentaje de mayores a medida que envejecen en el uso de obra social lo que se asocia al mayor riesgo de enfermarse.
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