EL PERFIL DEL EMPLEO SEGÚN DATOS CENSALES EN SANTIAGO DEL   ESTERO

NORA GÓMEZ

INTRODUCCIÓN

Este artículo está destinado a la descripción del perfil del empleo en Santiago del Estero en comparación con la media nacional y otros ámbitos provinciales en el período censal 1991 - 2001. El tema de educación y trabajo en general y de educación y empleo en particular aparecen con singular vigencia debido a una serie de factores convergentes tales como; la reconversión de las economías nacionales por la globalización que exige   mayor competitividad tanto a las empresas como a las personas en el mercado de trabajo;  los cambios en el mercado laboral, en la definición de las ocupaciones y en las redes productivas demandantes; la descentralización de los sistemas educativos, que amplía la capacidad local de decisión sobre la formación de recursos humanos y las iniciativas de cambio educativo, que en general tienden a aumentar la segmentación interna del sistema;  el proceso de privatización de empresas productivas y de servicios, antes en poder del Estado, que modifican sus demandas al mercado de trabajo y sus sistemas de capacitación; la grave crisis que envuelve todo el sistema educativo y específicamente a la educación técnica formal y  la formación profesional, que eran tradicionalmente las formas institucionalizadas de educación para el trabajo en la región. Estos hechos han despertado  un interés renovado en esta temática por parte de funcionarios de gobierno, empresarios, sindicatos,  directivos y docentes en el sistema educativo y motivó a trabajar en un  área  situada en la intersección del mundo de la educación, el ámbito del trabajo, y  cuestiones relacionadas con ambos campos. En términos generales, este trabajo apunta a describir una provincia tradicional a partir de un elemento constitutivo de una sociedad moderna  en el sentido de racional.

El perfil ocupacional del mercado de trabajo santiagueño  se caracteriza por poseer un bajo nivel de equilibrio, es decir, se ajusta mediante la migración y, la retracción de la fuerza de trabajo expresada en gran medida en la inactividad. En el se consideran algunos atributos del empleo provincial tales como la estructura sectorial de la ocupación, a fin de prestar atención en la singular importancia del empleo estatal en comparación con el nacional y otras jurisdicciones provinciales. Su importancia se centra en el estudio del perfil del empleo en un contexto de administración política dominante en la provincia en las últimas décadas  de características  autoritaristas y caudillistas. Ambos aspectos se relacionan con los elementos trabajados por Germani (1971) al describir una sociedad de tipo democrático con participación limitada. A su vez en el concepto de clientelismo se partirá de la definición de Farineti (1998) para quien  el clientelismo es una relación de dominación establecida como una situación de intercambio en la cual el individuo de estatus socioeconómico más elevado usa su influencia y recursos para dar protección  mediante beneficios a una persona de nivel  menor a cambio de apoyo, con lo que se genera una asimetría y desigualdad.  La variable perfil del empleo se trabajó a partir de las dimensiones de1 condición de actividad,  categoría ocupacional y  rama de actividad y, como referentes empíricos de tales aspectos, las tasa de actividad, ocupación y desocupación y los porcentajes de las diferentes categorías ocupacionales y ramas de actividad   entre 1991-2001 período considerado representativo por la multiplicidad de procesos acaecidos.

Finalmente se buscó plantear la interacción entre los aspectos asociados empíricamente en una sociedad tradicional ejemplarizada por la provincia de Santiago del Estero, en donde se ausentan las características  de una sociedad moderna, tal como define Garretón (2000) aquélla que se organiza a partir de la producción industrial en lo económico, por el estado nacional y la centralidad de los partidos en lo político, la idea de comunidad nacional en lo cultural, la noción de clases sociales en el ámbito de lo social y la idea de un individuo que posee una identidad estable y que cumple roles específicos que contribuyen al orden y al progreso social. Modernizar la sociedad exigía, entre otros aspectos, la planificación y la gestión racional de las prácticas sociales a partir de  instituciones  como la escuela, la familia, los partidos políticos, la universidad, etc. Así, el orden social estaría estructurado por las dimensiones: económica productiva y política la primera, con  eje en el trabajo, que va a ocupar una función clave en la  aspiración moderna de reemplazar el caos por el orden y la contingencia por lo predecible.  A partir de la segunda postguerra se da el auge de este tipo de sociedad en estrecha relación con el  capitalismo organizado y el desarrollo económico permanente basado en el crecimiento de la industria, el consumo de productos estandarizados que cumplen la función de integración social y donde el trabajo como condición natural del ser humano llevaba a clasificar de acuerdo con el  valor del aporte de su trabajo. Hopenhayn (2001) indica el cambio que experimentó el trabajo durante el capitalismo industrial, respecto de las sociedades preindustriales y señala que, en la sociedad del capitalismo industrial el trabajo se constituyó en el medio para que las personas encontraran un lugar en la sociedad. 

La variable perfil del empleo se conforma de tres dimensiones;  la condición de actividad, la categoría ocupacional y las ramas de actividad. Los indicadores correspondientes a la primera dimensión son las tasas de actividad, en la segunda, los valores  porcentuales referidos a las categorías asalariado público  y privado, patrón, cuentra propia y trabajador familiar y, finalmente, en la tercera, las ramas que conforman los sectores primario, secundario y terciario.

Después de describir la situación del empleo provincial a partir del planteo de aspectos relevantes, se examinarán las dimensiones que entran en juego. El propósito de esta parte es responder a los  objetivos de investigación planteados y presentar, luego del  encuadre conceptual,  la sistematización y análisis de información censal. La misma buscó incluir  lectura de investigaciones empíricas realizadas en otros ámbitos como  el estudio sobre el área metropolitana realizado por el INDEC con información de la Encuesta Permanente de Hogares en distintas fechas. El estudio trabajó con datos  censales 1991- 2001,  fuente que permitió  analizar el perfil de calificación de la PEA.

 

LOS CAMBIOS EN LOS REGISTROS CENSALES

 

En el año 2001 la Población en Edad Activa a nivel provincial representó un     66,5  %, en 1869 había sido de 56,0 %, en 1895 de 59,9 % y en 1914 llegó a representar  el 56,1 %. Las cifras muestran variaciones importantes en el período, que pueden asociarse a diferentes factores. Uno de los aspectos a tener en cuenta en este tipo de fuentes es la variación en las conceptualizaciones adoptadas, a partir de las cuales es posible distinguir posteriormente entre activos e inactivos, según la OIT  en la Resolución adoptada en la 13a reunión en 1982 y según el Convenio Internacional de Trabajo sobre Estadísticas del Trabajo Nº 169  y el INDEC. Los primeros censos  se dirigían a registrar  a bautizados clasificados por la condición racial, el estado civil, número de párvulos, clasificación por sexo y edad en grupos quinquenales hasta los 20 años y decenales, nacionalidad,  nivel de instrucción, provincia de nacimiento y departamento de residencia.  En relación con la  descripción de la actividad económica en  1895 se amplía la  descripción utilizada en 1869 y en 1914 continúa la búsqueda de perfeccionamiento. El criterio usado según la producción de conceptos y categorías en 1869 lleva a incluir  ocupaciones que se modifican en cada censo con  diferencias que pueden ser explicadas  por el cambio de criterios y de conceptualización según  la diversificación de la estructura ocupacional.

Con la intención de abordar las transformaciones conceptuales y metodológicas del siglo XX, se buscó explorar algunos de los cambios  en los aspectos relacionados a las definiciones censales, el concepto de profesión y la medición censal, con el propósito de señalar la resignificación en las definiciones y categorías censales. Para ello se debería iniciar considerando las cuestiones metodológicas de los tres primeros censos referidas a la medición censal, ya que la misma depende tanto de los referentes conceptuales y de la perspectiva teórica seleccionada como  de los instrumentos utilizados para la medición, así las fuentes  censales son siempre la expresión de una época, de un momento histórico de una sociedad y por ello  la reflejan.

En los tres primeros censos (ver Anexo – Comprobación) existen diferencias conceptuales respecto de los actuales  así  se habla de profesiones y no de ocupaciones. El concepto  de profesión utilizado por los antiguos censos si bien tendía a describir la actividad que el individuo realizaba, lo hacía desde  su formación, ya que el concepto de profesión pareciera incluir en su definición el resultado de ambos aspectos: lo laboral y lo educativo, aunque este último no siempre se lograba mediante el sistema de educación formal, hoy la ocupación  busca describir la actividad que el individuo ejecuta y se pregunta sobre la actividad realizada clasificada luego  por edad, sexo, categoría ocupacional  y ramas de actividad.

 El primer censo de 1869 se organiza en  una Idea General y una Investigación Retrospectiva seguida por  cuadro con información poblacional por agrupaciones según sexo y edad, población argentina por agrupaciones en las diferentes provincias (no se habla todavía de departamentos), población en las diferentes agrupaciones según estado civil con las categorías de casado, soltero y viudo, argentinos y extranjeros, sexo y condiciones especiales, profesiones, población por agrupaciones según casas, individuos y familias. En relación con las profesiones presenta 116, ordenadas alfabéticamente. El Segundo Censo Nacional, en 1895, presenta una mayor especificidad en la denominación de las ocupaciones y el de 1914 se realiza con criterio social,  diversificación temática y se aumenta el número de variables 1869. El listado incluye 116 ocupaciones efectivamente censadas en Santiago del Estero; en 1895 llegan a 141, pero se transcribe el listado completo de ocupaciones aplicado en todo el país, que es de 186. En 1914 las ocupaciones censadas llegan a 249. La diferencia entre 116 y 249 puede expresar el crecimiento y la diversificación de la estructura ocupacional, y de hecho la expresa. Pero también podría comprender ese algo más que está relacionado con la producción de conceptos y categorías, en la oficina del censo, antes que con la producción de bienes y servicios en el taller, la oficina o el campo de cultivo. Asimismo es posible señalar un aspecto conceptual referido a la profesión que se presenta en los tres censos, lo que significa una  diferencia con el actual de ocupaciones que apunta a una descripción de lo que se hace, de la actividad llevada a cabo por el trabajador.

Ninguno de los censos es enteramente confiable en la calidad de la información transcripta en los cuadros analizados, aunque la calidad y precisión van creciendo desde el primero al tercero. Esto se debe a que algunas denominaciones de ocupaciones no son enteramente excluyentes ni lo suficientemente abarcativas como para registrar toda una categoría productiva. Es lo que sucede con la profesión de Empresario -utilizada en 1895 y luego abandonada- que hoy nos resulta ambigua. Sólo se registran 5, pero el mismo censo nos indica la existencia de por lo menos una treintena de empresas manufactureras, agropecuarias, financieras y de comunicaciones que merecían el nombre de tales. La rama administración pública, no registrada en 1869, sólo es borrosamente presumible a través de 28 empleados. Que en 1895 existan bancos pero no banqueros es razonable, si se reserva ese nombre para los propietarios y no para los gerentes. No es posible con los datos disponibles alimentar el grupo ocupacional de los directores y funcionarios públicos superiores, ya que no se identifica a ministros, directores, jueces ni legisladores en ninguno de los censos.

También es notable que la explotación forestal no aparezca como reconocible hasta 1914. En los primeros censos sólo se consigna a unos pocos leñadores, que inclusive disminuyen de 66 a 35 entre 1869 y 1895. Diversas fuentes indican que había actividad forestal y empresas obrajeras organizadas por lo menos desde 1875, al construirse el ferrocarril de Córdoba a Tucumán. En 1914 hay una cifra más creíble de 2307 leñadores  y además 17 explotadores de bosques.

Todo esto abona la idea de que la lectura de los datos de los censos debe ser cruzada con la proveniente de otras fuentes, e inclusive cotejada con otros planos de la misma fuente.

 Los criterios tanto conceptuales como de clasificación se fueron modificando, ya que los censos anteriores permitían  diferenciar, como el de 1914, en: Agricultura y Ganadería, Industria y Artes Manuales,  Comercio, Transportes, Propiedad mueble e inmueble, Personal de Servicio, Defensa del país, Administración Pública, Cultos, Jurisprudencia, Profesiones sanitarias, Instrucción y educación, Bellas Artes, Letras y Ciencias,  Personal dependiente de gobiernos extranjeros, Sports y ejercicios físicos, Designaciones generales sin indicación de una profesión determinada y varias.  Así en esa fecha tenemos que en Agricultura y Ganadería contamos con Mayordomos, Peones de campo, Puesteros, Recibidores de cereales, Tamberos,  Vitivinicultores En Industria y Artes Manuales con marmoleros, panaderos, pintores, soldadores, tapiceros, tintoreros, modistas, maquinistas, maestros de obra, mecánicos, etc En Comercio, con Administradores de empresas, agentes de negocios, agentes de seguro, capitalistas, comisionistas, compradores, rematadores, dependientes de comercio, consignatarios, cobradores, comerciantes, empleados de comercio, gerentes de instituciones comerciales diversas, repartidores, tenedores de libros, viajantes de comercio, corredores de comercio. En el transporte, con cocheros, conductores, empleados de ferrocarril, guardahilos,  mensajeros,  guardas de tranvía, telefonistas, telegrafistas etc. En Propiedad mueble e inmueble, con rentistas. En personal de servicio, con amas de leche, amas de llave, cocineros, camareros, cuidadoras de casa, domésticos,  mucamos, niñeras, ordenanzas, porteros, serenos. En defensa del país, con militares. En Administración Pública, con  Empleados de gobierno o administración, jubilados y pensionistas. En Cultos, con religiosos católicos, sacerdotes, frailes, sacristanes, campaneros. En Jurisprudencia, con abogados, contadores públicos, escribanos y procuradores En Profesiones sanitarias, con dentistas, enfermeros, farmacéuticos, médicos, parteras y veterinarios. En Instrucción y educación, con celadoras, maestros y directores de escuelas, profesores de corte y confección, profesores de dibujo y pintura, profesores de labores, profesores de música y canto, etc.  En Bellas Artes, con artistas plásticos, teatrales, dibujantes, arquitectos, escultores, fotógrafos, músicos. En  Letras y Ciencias, con ingenieros, cartógrafos, periodistas, peritos agrónomos, taquígrafos, agrimensores, peritos mercantiles. En Personal dependiente de gobiernos extranjeros, con vicecónsul. En, Sports y ejercicios físicos, con entrenadores de caballos de carrera y profesores de esgrima. En Designaciones generales, sin indicación de una profesión determinada y varias, con empleados, acróbatas, ayudantes, inspectores, mendigos, jornaleros, guardianes, domadores, peones, etc.

Perfil del empleo

El concepto de Condición de actividad permite  definir la situación de las   personas en relación a su participación o no en la actividad económica y, por lo tanto si forman parte o no de la población activa se busca presentar la variación de las tasas de actividad general, ocupación y desocupación  entre 1991 y 2001 realizadas a partir de información censal de esas fechas censales.

El diseño metodológico se apoya en un esquema de tipo descriptivo que apunta a dos aspectos que cobraron dinamismo en la década pasada tales como el perfil  del empleo, entendido el primero como el resultado de tres descriptores: la tasa de actividad general acompañada por la de empleo y ocupación, los porcentajes por categoría de ocupación y  rama de actividad. Al haberse convertido la década de los noventa en un escenario de cambios frecuentes en las cifras del empleo, el espacio temporal se convierte en objeto de estudio, y el período comprendido entre los censos de 1991-2001, tiene una representatividad superior a la que se espera de una dimensión cronológica, fundamentalmente por su variedad y por la intensidad de los procesos desplegados en el mismo. El estudio  se encaminó a  abordar el proceso de ocupación y calificación entre 1991-2001 es decir, un proceso que tiene lugar a lo largo del tiempo, pero se trabajó mediante datos transversales. Este tipo de investigación se denomina estudio de tendencia porque intenta analizar los cambios dentro de la población a lo largo del tiempo

La investigación de la problemática seleccionada hace pie en el recorte evolutivo 1991-2001 y, en consecuencia, la selección del período apunta a la indagación mediante lecturas comparativas de la situación del empleo en dos fechas a manera de fundar los interrogantes en dos momentos de la misma sociedad y no, mediante el análisis comparativo con otra sociedad más desarrollada y moderna a pesar de  incluir en el recorte de información aspectos concernientes a otras sociedades. Es así como el muestreo del espacio temporal 1991-2001 se  sustentó en la necesidad de volver la mirada hacia otro escenario temporal para seleccionar los registros y articular sus interacciones. De esta manera, si la mirada se desplaza es, no fundamentalmente a través del espacio, sino específicamente por intermedio del tiempo y permite la vuelta a uno mismo y  a otra experiencia en relación al fenómeno objeto de estudio.

Jorge Schvarze (1977), al analizar el aumento de asalariados, plantea el crecimiento salario real de comienzos de la década del cuarenta, lo que generó una demanda de bienes de consumo que fortaleció la producción fabril en un círculo virtuoso. Salario real y crecimiento industrial avanzaban a la par consolidando la imagen de un desarrollo con bajo conflicto social. El crecimiento fabril se basó en esa expansión del mercado interno, al mismo tiempo que se convertía en la causa del incremento en la demanda de trabajo. La industria absorbió por sí sola 41% del aumento total del número de trabajadores en el período 1947-60, de modo que industria pasó a ser sinónimo de empleo. Los sindicatos pedían más fábricas para que hubiera más puestos de trabajo, forjando de ese modo una alianza objetiva con los agentes que proponían el modelo de industrialización sustitutiva de importaciones. El crecimiento industrial adquirió un carácter más capital intensivo a partir de la década del sesenta. La demanda de personal generada por la instalación de las nuevas ramas metal mecánicas, química y otras, apenas superaba a la reducción que ocurría en las más antiguas a medida que éstas se contraían o reemplazaban sus equipos obsoletos por otros más modernos.

Esos cambios llevaron a que la industria sólo absorbiera 4% a 7% de la mano de obra que se incorporó al mercado entre 1960 y 1980. La demanda dinámica de puestos de trabajo se derivó a la construcción, el comercio y los servicios, cuya forma de funcionamiento en la sociedad argentina permitió la expansión de una masa de trabajadores por "cuenta propia", que comenzaron a marcar la vida local. El total de ocupados por cuenta propia (pequeños empresarios, sus familiares, técnicos y otros) osciló en torno al 27% del total de trabajadores en el período 1947-1980. La relativa constancia de esa relación en el total nacional disimula dos tendencias divergentes: el número de quienes operaban en el ámbito urbano aumentó sistemáticamente mientras se reducía el de los registrados en el sector agrario.

Según el autor, los estudios sobre ese grupo social en los años sesenta y setenta destaca varias características que los diferencian de otros casos similares en América Latina. La mayoría de esos cuentapropistas tenían ocupación estable, ingresos promedio superiores a los de los asalariados comparables, y estaban estrechamente integrados al sistema social como miembros de la llamada clase media. Las oportunidades brindadas por ese tipo de actividad atrajeron a muchos asalariados que encontraban allí una vía de ascenso económico y social que no podían recorrer en su empleo formal. El desplazamiento de los individuos con más iniciativa hacia algunas profesiones cuentapropistas, como técnicos que reparan distintos tipos de artefactos, pequeños comerciantes, taxistas, etc., fue uno de los rasgos que marcó la evolución urbana (en especial de Buenos Aires) y generó una fuerte impronta social.

 La fecha de los censos de población no coincide con los ciclos económicos, si bien la comparación de ambos permite advertir que ese fenómeno se originó en el avance relativamente lento de la industria y las nuevas características técnicas que desplegó. La convergencia entre empleo asalariado y crecimiento fabril que se verificó con fuerza hasta 1960 perdió vigor en los años siguientes hasta 1974,  último de crecimiento industrial de la Argentina. A partir de esa fecha, el sector perdió presencia en el tema del empleo y llegó a ser expulsor de personal, como se verá más adelante. La descripción anterior sugiere que las formas tomadas por el proceso de desarrollo local ya marcaban diferencias con el modelo clásico. Hasta la década del cincuenta, "industrialización" era equivalente de "asalarización". No se puede decir lo mismo del período posterior, cuando esa asociación de variables dejó de sostenerse mutuamente.

 

Los datos censales. Variación de las tasas 1991

En primer aspecto seleccionado que permite, a partir de la información suministrada, la descripción del perfil del empleo es la condición de actividad. Con ella es posible aproximarnos mediante la tasa de actividad a indagar la problemática provincial desde un estudio comparativo de los datos registrados en una fecha censal, 2001 en relación con 1991. Este hecho suministra  la lectura del proceso y sus dos extremos, la situación de partida y la de llegada, lo que permite a una sociedad la comparación consigo misma además del enriquecedor intento de contrastar la información con datos provenientes de otros contextos provinciales.

A manera de presentar el perfil del empleo  a nivel nacional y provincial, se buscó describirlo desde sucesivas aproximaciones al objeto de estudio, que irán cobrando forma  a partir de las diferentes dimensiones seleccionadas. La primera de ellas ilustra la   variación entre 1991 y 2001 de la   condición de actividad que se expresa en la consignación de la tasa de actividad general, ocupación y desocupación en los distintos espacios provinciales. Para el estudio de los perfiles provinciales y el nacional se trabajó con los censos de 1991 y 2001.

                                     Cuadro21: Condición de actividad  1991

División  Político Territorial

Tasa de actividad General

Tasa de Ocupación

Tasa de Desocupación

Total País

56,7

---

6,3

Buenos Aires

56,7                             

---

6,9

Catamarca

55,6

---

5,0

Córdoba

57,2

---

6,6

Corrientes

53,8

---

4,6

Chaco

60,7

---

3,0

Chubut

62,0

---

5,9

Entre Ríos

53,9

---

5,0

Formosa

59,3

---

3,3

Jujuy

54,9

---

6,5

La Pampa

60,4

---

3,5                     

La Rioja

57,9

---

4,0

Mendoza

56,1

---

5,8

Misiones

63,2

---

3,8

Neuquén

62,5

---

6,4      

Río Negro

61,6

---

5,8

Salta

55,8

---

6,0

San Juan

53,6

---

7,4

San Luis

58,9

---

4,4

Santa Cruz

65,6                         

---

5,4

Santa Fé

54,1

---

6,9

Santiagodel Estero

53,7

50,9

5,2

Tucumán

51,7

---

9,0

Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártica e Islas del Atlantico Sur

72,7

---

7,5

Fuente: INDEC: Situación y Evolución Social Síntesis N 3 (1995)  1991. Santiago del Estero. Elaboración propia

 

                                           Condición de actividad  por división política administrativa 2001

 

Cuadro 22: Condición de actividad  2001

División  Político Territorial

Tasa de actividad General

Tasa de Ocupación

Tasa de Desocupación

Total País

57,2

26681048

40,9

26681048

28,5 

16264783

Buenos Aires

58,1

10293156

36,9

10293156

32,9

6040347

Catamarca

53,7

226119

41,4

226119

22,9

122494

Córdoba

59,1

230.2411

44,5

230.2411

23,9

1.361.822

Corrientes

50,4

629.783

36,9

629.783

26,9

317.489

Chaco

51,0

651224

36,9

651224

28,1

332299

Chubut

59,7

294563

46,4

294563

22,2

175716

Entre Ríos

53,7

836436

39,8

836436

25,9

449306

Formosa

50,3

314.593

37,3

314.593

25,8

158169

Jujuy

55,3

413.787

41,5

413.787

24,9

228.812

La Pampa

60,9

220.727

50,1

220.727

17,7

134.313

La Rioja

55,8

199.136

44,9

199.136

19,6

111.146

Mendoza

57,5

1152481

40,6

1152481

29,4

662621

Misiones

54,2

622771

40,9

622771

24,5

337450

Neuquén

60,7

332123

45,9

332123

24,5

201696

Río Negro

60,0

392869

43,5

392869

27,4

235482

Salta

54,9

715881

28,9

715881

29,3

393235

San Juan

55,5

439.402

39,8

439.402

28,9

245.658

San Luis

60,2

259.563

44,1

259.563

26,7

156.167

Santa Cruz

63,4

137.491

53,5

137.491

15,5

82.144

Santa Fé

56,4

2262862

40,1

2262862

28,1

127647

               Santiago del Estero

49,5

534.629

34,9

534.629

29,5

264452

Tucumán

53,6

938712

35,2

938712

34,6

503494

Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártica e Islas del Atlantico Sur

67,5

69056

55,8

69056

17,4

46627

Fuente: INDEC Censo de 2001 INDEC. Elaboración propia

 

En relación con la actividad y, a partir de la tasa del país de 57,2 %, es posible señalar dos grupos con tasas inferiores o superiores al valor país. El primero, y al que mayoritariamente  se le suman las provincias, está integrado por Catamarca, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta San Juan, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán con tasas más bajas que la nacional. Por otra parte, estaá el grupo conformado por las siguientes provincias con tasas superiores a la del país, que son Bs. As, Chubut, Córdoba, La Pampa, Mendoza, Neuquén, Río Negro, San Luis, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

La provincia de Santiago del Estero es la que presenta la tasa de actividad más baja del país de sólo 49,5 % y Tierra del Fuego, la más alta. Los datos censales exhiben una baja a nivel provincial de 3,8 puntos porcentuales en el período junto al crecimiento de la actividad a nivel país de   0,5 %,  lo que podría indicar una relación con aspectos asociados al estilo de administración política desarrollada  en Santiago del Estero más que a las variables demográficas que se expresan en la tasa de crecimiento poblacional provincial de 18,1 %  y la nacional de 10,6%.

Otras provincias que observaron un proceso similar de crecimiento de la actividad en el período fueron: Buenos Aires, Córdoba, Jujuy, La Pampa, Mendoza, San Juan, San Luis, Santa Fe y Tucumán, y, entre las que registraron un descenso se encuentran Catamarca,Chaco, Chubut, Formosa,  Entre Ríos, Corrientes, La Rioja, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Es importante remarcar la baja participación provincial en relación a los diferentes ámbitos del contexto nacional, al mismo tiempo que la variación de la Tasa de Actividad General con los datos censales de 1991 y 2001 no presenta la misma dirección de movimiento. La lectura de la tasa en ambas fuentes, censal y EPH para la actividad urbana y total, exhibe a nivel provincial una tendencia a bajar diferente a  nivel nacional.

A comienzos de los noventa, el mercado laboral exhibió condiciones de cierto dinamismo que se modificaron sustancialmente a mediados de la década con la emergencia de situaciones que expresaron las tensiones acumuladas como consecuencia de las modalidades que impuso la economía.

Se estimó pertinente para la lectura de la baja tasa de actividad la elaboración de tipologías en donde la primera de ellas se basa en el empleo por rama de actividad, información disponible en el capítulo en páginas posteriores, e integrar a partir de este factor un grupo de provincias  con similar cantidad de población y un segundo grupo  con  provincias con participación del sector público semejante. El primer grupo quedó integrado por las provincias de Chaco, Corrientes, Jujuy, Misiones, San Juan y Santiago del Estero con poblaciones de 984.446, 930.991, 611.888, 965.522, 620.023 y 804.457 con tasas de 51,0%, 50,4%, 55,3%, 54,2%, 55,5% y 49,5%.

Un segundo grupo conformado por provincias con similares porcentajes de empleo público; Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Tucumán con  porcentajes  de empleo público de 10,1%, 10,5%, 10,6%, 8,2%, 8,6%, 9,4%, 10,3%,11,1%, 9,2%, 9,9%  y 9,6% y, finalmente, un tercer grupo constituido por provincias con proximidad de  porcentajes de las ramas de actividad y enseñanza tales como Tucumán, Chubut, Río Negro, San Juan, Salta y Santiago del Estero, con porcentajes de 19,4, 21,1%, 18,7%, 20,5%, 18,2%, y 20,0  Así se advierte que la tasa de actividad es baja independiente del grupo de referencia.

En el plano descriptivo, el comportamiento de la tasa de desocupación que había subido en los noventa como consecuencia del desempleo abierto, al mismo tiempo que la literatura sobre el tema lo asocia al aumento que se dio en la actividad por mayor presión de la oferta, en los 2000 inicia una caída en todo el país y en Santiago del Estero según lo refleja la EPH. Investigaciones del INDEC, GIUSTI et.al (2004), muestran que niveles de desocupación superiores con datos censales en comparación con la EPH al punto que en varios aglomerados urbanos la tasa de desocupación superaba el treinta por ciento. En efecto, se halló que sistemáticamente las tasas de desempleo observadas con el Censo 2001 eran superiores a las registradas por la EPH. Sin embargo, los rangos de diferencia son muy variados ya que en un caso (Posadas) superan los veinte puntos porcentuales, mientras que en otros (Ciudad de Buenos Aires, Santa Rosa, Gran Catamarca, San Salvador de Jujuy y Ushuaia-Tierra del Fuego) están alrededor de los cinco puntos. Es importante mencionar que se ha constatado en otros países[1] que los últimos relevamientos censales también presentan diferencias con las encuestas de hogares en el nivel de la desocupación en el mismo sentido que en la Argentina, aunque en diferente magnitud.

Finalmente la tasa de ocupación es un indicador que refleja la capacidad de una economía de generar empleo, se manifiesta baja al igual que la tasa de actividad a gran distancia con el total país.

POBLACIÓN OCUPADA EN LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DE OCUPACIÓN. TRABAJADORES DE PRIMERA Y DE SEGUNDA CLASE

Una segunda aproximación al perfil del empleo se expresa en las categorías de ocupación y se  presentan en dos fechas censales 1991-2001 a nivel nacional y provincial. Conforme a la Clasificación Internacional de la Situación del Empleo1993 la categoría ocupacional diferencia, como  se vio anteriormente entre Patrón, Empleador, Obrero o Empleado, Cuenta Propia y Trabajador Familiar. Las categorías ocupacionales tanto censales como de la Encuesta Permanente de Hogareres  distinguen relaciones laborales a partir de la base de situaciones típicas del mercado laboral. Así la distinción entre cuenta propia y empleador  es que el primero no ocupa personal en relación de dependencia y en relación al empleado, en que no depende de un patrón. Asimismo  el trabajo por cuenta propia no es compatible con la utilización de máquinas, instalaciones y equipos.

En la literatura especializada se destacan aspectos de la actividad laboral de manera tal que en el paradigma elaborado por CEPAL y desarrollado por OIT –PREALC se señala que en las economías subdesarrolladas se presenta una característica que define la estructura productiva como dual, es decir, con la coexistencia de un sector moderno con elevada tecnología y productividad y otro informal con escasa capacidad de acumulación. En oposición a este enfoque, resalta la concepción Histórico Estructural desarrollada por Torrado (1985) que sostiene la combinación de un Modo de Producción Capitalista con modos Preexistentes y subdesarrollados al Capitalismo y postula la tesis de un desarrollo desigual y combinado. Algunos autores como Becaria y Orsatti (1990) y Canitrot (1995) observan un proceso de disminución de ocupasiones asalariadas junto a la pérdida sufrida por estar en relación al carácter de estabilidad según lo señala Rifkin (1996).

 

Cuadro 23: Distribución porcentual de la población ocupada por categoría ocupacional  País 1991 2001

 

       1991

Ambos sexos

       2001

Ambos sexos

Obrero o Empleado

64,6

70,1

Público

18,6

21,2

Privado

39,4

48,9

Servicio Doméstico

7,2

---

Cuenta Propia

22,9

20,3

Patrón

7,1

6,2

Trabajador Familiar

5,4

3,4

 

100,0

(12.368.328)

100,0

(10913187)

Fuente: Censo de Población y Vivienda INDEC 1991 2001.Elaboración Propia

 

Es posible diferenciar las categorías ocupacionales en formales e informales. Las primeras  incluirían a los empleados o asalariados y patrones, y  las segundas, vinculadas  habitualmente a la informalidad, reclutan cuentapropias y trabajadores familiares. Asimismo suele admitirse al primer grupo de categoría como perteneciente  al sector moderno y, asociarse al segundo con situaciones opuestas. Se advierte, que si bien para la captación del empleo estas categorías significan un avance, suelen cubrir parcialmente las situaciones laborales ante la diversidad de modalidades expresadas en algunos casos. Así es posible identificar entre los asalariados una heterogeneidad de tipos de vinculación laboral, pero en los censos de nuestros país se distingue sólo entre público y privado.

La globalización permite explicar, desde el punto de vista macroeconómico, algunos aspectos del empleo informal por   la desregulación  de los mercados, la restructuración de la producción (a través de la subcontratación y la tercerización) y la desreglamentación del Estado, que afectaron las condiciones y los derechos fundamentales de los trabajadores.

El término sector informal surgió en 1972, a raíz de una investigación realizada por la OIT sobre la situación de los trabajadores pobres en Kenia. Sin embargo, es durante la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) de 2002, cuando se presentó un marco conceptual para el empleo en la economía informal, que relacionaba el concepto del empleo en el sector informal, basado en la empresa, con un concepto del empleo informal más amplio y basado en el puesto de trabajo.

Actualmente, la OIT propone analizar el trabajo en la economía informal a partir del déficit de trabajo decente. Es imposible pensar en un trabajo decente que no incluya el derecho a la formación y, especialmente, a una formación de calidad, pertinente y equitativa. Desde esta premisa Cinterfor/OIT se suma al logro de las metas y objetivos que la OIT promulga y propone. En las últimas décadas se constató el crecimiento exponencial de la economía informal en algunas zonas geográficas del mundo. La dimensión de este fenómeno es tan importante que ocupó un lugar central en la agenda de la 90° Conferencia de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en 2002, donde se organizó un debate llamado El trabajo decente y la economía informal.

Desde la década de los 70, los países latinoamericanos sufrieron los impactos de la globalización financiera y de la dislocación de los procesos productivos. Las políticas macroeconómicas tras la crisis de la deuda no hicieron más que acentuar las dificultades y profundizar las desigualdades sociales y económicas. A pesar de la mayor cantidad de inversiones directas externas (IDE) y de los programas de ajuste estructural, el crecimiento económico no generó nuevos puestos de trabajo ni tampoco un mayor desarrollo regional. Como consecuencia de estos procesos, la informalidad se expandió y se constituyó como una realidad tangible. El Estado, con su modelo previo de integración social, se encuentra debilitado,  ya que no puede garantizar el empleo estable. La decadencia de la sociedad salarial se observa a través de las nuevas condiciones de empleo de los trabajadores en su conjunto: la brecha entre trabajadores informales y formales respecto de la seguridad laboral es cada vez menor. Algunos autores, como  Tokman (2004), proponen considerarla como el resultado de la descentralización y la reorganización de la producción y del proceso del trabajo a nivel global. La economía informal en América Latina se caracteriza, según Tokman (2004), como aquella que agrupa actividades que requieren poco capital, tecnologías simples y salarios marginales. Esto supone que el ingreso de los individuos es relativamente fácil. Otra perspectiva propone considerar informales a los trabajadores (rurales y urbanos) que no gozan de un salario constante y suficiente, así como todos los trabajadores a cuenta propia-excepto los técnicos y los profesionales - forman parte de la economía informal. Los pequeños comerciantes y productores, los microemprendedores, los empleados domésticos, los trabajadores a cuenta propia que trabajan en sus respectivas casas y los trabajadores ocasionales (los lustradores, los transportistas, la gente que trabaja a domicilio, por ejemplo en la confección o en la electrónica, y los vendedores ambulantes) integran la categoría informal de la economía.

Las definiciones propuestas nos indican que, en la actualidad, la mayoría de los trabajadores en el mundo se encuentran en esta situación y que la característica fundamental de las actividades informales es la precariedad de las condiciones de trabajo en la cual se encuentra el trabajador.

La definición más operativa que propone la OIT para las actividades informales en América Latina es la siguiente: son trabajadores informales aquellos por cuenta propia (con la excepción de las profesiones liberales), los familiares no remunerados, el servicio doméstico y empleadores y empleados de pequeñas empresas. La informalidad se constituye, en un primer momento, como una forma de subsistencia.

Durante el período de la posguera, América Latina puso énfasis en las condiciones formales de empleo como principal mecanismo de integración social. El trabajo formal asalariado fue definido como la manera legítima y prototípica de obtener los beneficios de la sociedad. Según PRELAC (Programa Regional de Educación para América Latina) y la OIT, entre 1950 y 1980, en la casi totalidad de los países para los cuales se dispone de estadísticas, se pudo observar un crecimiento importante del empleo formal urbano y del sector moderno rural (en comparación con el “informal urbano” y el tradicional rural). Se produjo una gran incorporación de la oferta de mano de obra a la economía no agropecuaria y urbana en puestos tanto asalariados como no asalariados. Si bien en un primer tiempo la modernización y la urbanización instituyeron el trabajo asalariado, luego informalizaron aún más las relaciones de trabajo: en los años 80, la economía informal creció al ritmo de la crisis latinoamericana y en la década de los 90, la globalización, si bien posibilitó el acceso a nuevos mercados y el ingreso de nuevas inversiones, no significó mayores puestos de trabajo ni un mayor bienestar para la población. Según la OIT, en 1990, el 51,6% del total de los empleados de América Latina formaba parte de la economía informal. En 1997, este porcentaje ascendía a 57,4%, con un incremento de 11,2 % entre ambas fechas.

El empleo en la economía informal creció en todos los países estudiados, pero es necesario observar un incremento notable del mismo en Argentina, Brasil y Venezuela. En 1998, según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), el porcentaje de población urbana empleada en la economía informal más alto se encontraba en Bolivia (59,5%), en Nicaragua (57,9%) y en Paraguay (52,2%), mientras que en Chile y Costa Rica este porcentaje era menor (ambos 30,8%). Los datos de la CEPAL (1994) sólo incluyen los trabajadores asalariados que trabajan en empresas de 5 empleados o menos, los trabajadores domésticos y los trabajadores no profesionales que trabajan por cuenta propia. La distribución de los trabajadores informales urbanos por posición en el empleo nos muestra que la mayoría son autoempleados y asalariados. Según la OIT, los trabajadores informales a cuenta propia son más numerosos actualmente: se observa un crecimiento importante de esto entre 1980 y 2000 en toda la región (salvo en el caso de Brasil y de Colombia, donde los asalariados informales son más importantes). En el Caribe, el empleo  cuenta propia tiene una gran incidencia en el aumento de la informalidad.

 

                                                                    Categoría ocupacional  según división política administrativa. 1991

                                         Cuadro 24 : Distribución porcentual de la población ocupada por categoría ocupacional  1991

 

Asalariado

  Asalario

Servicio

Doméstico

Cuenta

Propia

Patrón

Trabajador

Familiar

Total

Público

Privado

Total País                                     

64,6

18,6

39,4

7,2

7,1

22,9

5,4

100,0

Buenos Aires                                                 

66,6

15,0

44,2

7,4

20,3

7,3

3,6

100,0

Catamarca

68,2

38,3

23,6

6,2

20,9

3,2

7,7

100,0

Córdoba 

59,2

16,5

35,0

7,7

26,7

7,7

6,4

100,0

Corrientes

60,6

23,4

27,7

9,4

25,0

4,3

10,1

100,0

  Chaco

58,9

18,8

33,3

6,8

21,2

6,3

13,7

100,0

  Chubut

71,2

25,4

38,7

7,1

18,6

5,9

4,3

100,0

Entre Ríos                                

61,8

21,9

31,6

8,3

23,8

6,2

8,1

100,0

Formosa

53,1

26,2

19,3

7,6

29,4

3,8

13,7

100,0

   Jujuy

67,3

27,3

32,6

7,5

23,3

3,5

5,9

100,0

La Pampa                               

61,9

21,4

33,2

7,2

22,4

9,0

6,7

100,0

La Rioja                                                  

72,2

40,1

25,8

6,2

17,9

3,5

6,4

100,0

Mendoza

64,0

18,1

39,9

6,1

24,9

5,5

5,5

100,0

Misiones

51,9

14,7

29,4

7,9

26,3

4,9

16,9

100,0

Neuquén

70,3

28,5

34,4

7,5

19,3

5,1

5,1

100,0

Río Negro                                  

68,8

21,8

39,6

7,4

19,3

7,3

4,5

100,0

  Salta

63,2

22,5

32,2

8,5

25,8

4,1

6,8

100,0

San Juan                                   

66,8

23,3

36,8

6,6

22,2

5,2

5,8

100,0

San Luis                                   

68,7

22,2

40,8

5,7

20,7

5,1

5,6

100,0

Santa Cruz                               

81,2

46,3

29,5

5,4

11,7

4,7

2,5

100,0

Santa Fe                                    

63,4

16,8

39,1

 7,5

22,3

8,7

5,7

100,0

Santiago del Estero                 

55,7

21,5

26,5

7,8

27,6

4,0

12,7

100,0

Tucumán

65,9

22,6

34,6

8,7

23,8

4,9

5,4

100,0

Tierra del Fuego

78,4

32,8

41,0

4,6

14,3

5,0

2,2

100,0

Fuente: INDEC Situación y Evolución Social Síntesis N 3 (1995)

 

 

                                                                 Cuadro 25: Distribución porcentual de la población ocupada por categoría ocupacional  2001

 

 Asalariado

   Asalariado

Servicio

Doméstico

Cventa

Propia

Ppatrón

Trabajador

Familiar

TTotal

Total

Público

Privado

Total País                                     

70,1

21,2

48,9

---

20,3

6,2

  3,4              

100.0     

 

10913187

Buenos Aires                                                 

72,7

19,0

53,7

---

18,3

6,2

  3,3          

100.0     

4.052.761

Catamarca

74,7

39,5

35,2

---

19,0

2,9

  3,4          

100.0           

94.421

Córdoba 

64,3

16,4

47,9

---

24,5

7,0

  4,2          

100.0       

1025324

Corrientes

67,4

26,8

40,6

---

23,5

4,2

  4,9          

100.0        

232.076

Chaco

64,9

26,6

38,3

---

23,3

5,7

  6,1          

100.0        

238.986

Chubut

75,1

27,7

47,4

---

16,8

5,0

  3,1          

100.0        

136.690

Entre Ríos                                

68,2

26,3

41,9

---

20,8

6,5

  4,5          

100.0        

333.109

Formosa

62,5

33,4

29,1

---

26,6

3,9

  7,0          

100.0       

117.364

Jujuy

70,4

29,9

40,5

---

22,3

2,8

  4,5          

100.0       

171.827

La Pampa                               

66,1

27,9

38,2

---

20,0

8,9

  5,0          

100.0       

110.556

La Rioja                                                  

77,3

40,9

36,4

---

16,6

3,3

  2,8          

100.0         

89.330

Mendoza

70,2

21,1

49,1

---

21,2

5,0

  3,6          

100.0      

467.735

Misiones

58,9

20,5

38,4

---

26,1

4,7

10,3

100.0      

254.627

Neuquén

76,0

36,8

39,2

---

16,3

4,4

  3,3          

100.0      

152.332

Río Negro                                  

72,0

24,2

47,8

---

17,9

6,3

  3,8          

100.0      

170.925

Salta

66,6

23,2

43,4

---

25,0

3,5

  4,9           

100.0      

278.164

San Juan                                  

74,2

26,6

47,6

---

19,4

3,8

  2,6          

100.0      

174.729

San Luis                                   

72,8

25,2

47,6

---

19,4

4,9

  2,9          

100.0      

114.471

Santa Cruz                               

82,5

42,9

39,6

---

11,9

3,8

 1,8          

100.0        

73.622

Santa Fe                                   

67,8

19,5

48,3

---

20,2

8,4

  3,6          

100.0      

906.618

Santiago del Estero                 

65,3

26,3

39,0

---

25,7

3,4

  5,6          

100.0      

186.446

Tucumán

72,2

25,0

47,2

---

21,2

3,8

  2,8          

100.0      

329.440

Tierra del Fuego

81,1

36,5

44,6

---

13,3

4,1

  1,5          

100.0        

38.495

Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda 2001. Elaboración Propia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: INDEC Censo de Población y Vivienda

2001. Elaboración Propia.

 

 

A nivel provincial es posible comprobar  un aumento porcentual de asalariados y una reducción correlativa de los ocupados en la categoría de cuenta propias. En el período se observa un importante proceso de asalarización acompañado de una reducción  en el cuentapropismo tanto a nivel país como en todas las provincias, salvo Santa Cruz y Chaco. Asimismo y, en relación con su dinámica, se observa entre los asalariados un crecimiento tanto a nivel nacional como provincial, pero mientras en la provincia tal aumento representa 9, 6 %, que se expresa en 4,8 % en el ámbito público y 12,5 en el privado, en los registros nacionales tal incremento es de 5,5 % y una reducción correlativa en la categoría cuenta propia de 1,9 % en la provincia y de 2,6%  en la información censal nacional.

Los registros censales dan cuenta del avance en los porcentajes de asalariados provinciales en una década de fuerte reducción del espacio estatal mediante el proceso de privatización  y la crisis del Modelo Benefactor que no cobra relevancia a nivel provincial motivado por la fuerte presencia de características clientelares con que se expresa el estilo de administración política dominante. 

 

EL ROSTRO DEL EMPLEO EN LAS  RAMAS DE ACTIVIDAD-PAÍS  SANTIAGO DEL ESTERO, 1991-2001

Ocupados por Ramas de actividad País Santiago del Estero1991- 2001

A fin de abordar los niveles de desarrollo productivo de los sectores económicos, se examina a continuación el perfil por rama de actividad,   dimensión señalada como relevante a la hora de describir el perfil del empleo provincial. El  referente empírico, los porcentajes en cada una de ellas, suministra la información apropiada  que permite la lectura comparativa en relación con el total nacional y con otros contextos provinciales. Si bien a nivel provincial los registros en el empleo industrial fueron siempre bajos, el mismo desciende en la provincia  una magnitud menor, 1,4 %, que el simultaneo descenso en el país, donde representa 6,1 puntos porcentuales. Paralelamente a dicho proceso, se observa el crecimiento del sector terciario: que adquiere relevancia en la provincia y en el país, aunque fundamentalmente en esta última, con un crecimiento en la rama servicios Comunales sociales y Personales de 10,9 % lo que representa 9,5 puntos porcentuales de diferencia del porcentaje provincial de  1,4 %. El aumento a nivel provincial  podría considerarse según Zurita (1999) no un proceso de terciarización moderna, sino que se sustentaría en la generalización de actividades informales junto a la hipertrofia del sector público  y supervivencia de ocupaciones tradicionales como el servicio doméstico. Asimismo, el empleo agropecuario, si bien sufre una fuerte reducción en el período a nivel provincial en 12,1 puntos porcentuales continúa captando un porcentaje de ocupados considerablemente más alta que el correspondiente al país, que observa un incremento de 7,1 puntos porcentuales en el período. En la construcción, es posible advertir un comportamiento similar en términos generales entre la provincia y el país con incremento en ambos, aunque levemente superior en Santiago del Estero. En el comercio se verifican comportamientos disímiles que se expresan en un suave descenso a nivel país de 0,3 % y un aumento levemente superior en la provincia de 1,3 %. Finalmente estructuras similares de ambos contextos se verifican en el transporte y en el sector financiero.

 

Cuadro 26: Distribución Porcentual de los ocupados en las diferentes ramas de actividad Rama de Actividad.  País - Santiago del Estero. 2001

 

País

Santiago del Estero

2001

2001

Ambos Sexos

Ambos Sexos

Agricultura y pesca 

8,3

18,3

Minas y canteras

0,3

0,1

Industria Manufacturera

11,4

6,6

Electricidad

0,8

0,7

Construcción

6,1

7,9

Comercio al por mayor y Menor

10,2

11,2

Transporte             

6,6

4,5

Finanzas 

1,7

0,6

Administración Pública

8,5

9,9

Enseñanza

8,5

10,1

Servicios Comunales, Soc. Personas y Otros

33,6

24,7

Algunas no bien especificadas

 

 

Fuente: INDEC. Censo de Población y Vivienda  2001.Elaboración Propia

4,0

100,0

(10.913.187)

5,4

100,0

(186.446)

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: INDEC. Censo de Población y Vivienda  2001.Elaboración Propia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Fuente: INDEC. Censo de Población y Vivienda  2001.Elaboración Propia

 

  

Población ocupada en las diferentes ramas de actividad en las distintas provincias

 Desde los años treinta, con el proceso de industrialización sustitutiva el país presenta un desarrollo económico desigual, a partir del cual, a diferencia de áreas como Buenos Aires, donde el desarrollo de la  actividad productiva fue un elemento constitutivo de la región en Santiago del Estero, la población se vio incentivada a un proceso migratorio hacia  zonas de mayor dinamismo, con lo que se acentúa  un proceso de despoblamiento que pierde relevancia en los noventa con el agotamiento del modelo sustitutivo. La transformación de los noventa y los cambios en el sector industrial lo hacen percibir no sólo como de escasa capacidad de absorción de mano de obra, sino como el principal factor de expulsión. Investigaciones de Rojo y Rotondo (2005) acerca de la especialización industrial en el Gran Buenos Aires dan cuenta de que, a pesar del retroceso de la actividad industrial, la producción de bienes del Gran Buenos Aires explica casi el 30 % del empleo registrado a nivel país, según datos de la EPH. La lectura del censo 2001 indica para el área una concentración poblacional de 31,6% y el 49% de los ocupados en la industria, servicios y comercio. Asimismo los datos de  2001 nos adelantan importantes cambios relacionados sobre todo con algunas de las ramas de actividad Algunos de ellos surgen del análisis del total de producción agrícola nacional que  expresa en los siguientes cuadros en donde la provincia de Santiago del Estero ocupa el sexto lugar pero su posición es diferente  en relación con otras provincias si el porcentaje se obtiene del total de producción provincial, ya que en este caso ocupa el tercer lugar después de Misiones con 27,7%, y Chaco con 18,4 %,  Santiago del Estero con 18,3 %,   Formosa con   18,2%, San Juan 16, 4% Mendoza 15,1 %, Salta 14,0 %, San Luis 10,9%, Tucumán 10,3 % etc. (Ver Anexo – Comprobación).

El propósito de esta parte del trabajo, luego del listado de datos contenidos en los cuadros, a manera de pausa en el cauce de la información censal, consiste en observar algunos de los cambios que se fueron delineando en el empleo provincial que, sin duda, se vio afectado por decisiones y hechos políticos, sociales y económicos. Para perfilarlo, se podría iniciar intentando comprender esa sustancia relacionada a los conceptos y categorías de análisis con que se trabaja en la oficina de producción censal. Así, si bien los actuales censos hablan de ocupaciones y, se pregunta, sobre la categoría de ocupación y la actividad desplegada para realizar la clasificación por  rama de actividad y mediante las categorías obtenidas se busca describir lo que se hace, los primeros censos de 1869,1895 y 1914 no mencionan tal término y en su lugar se habla de profesión para referirse a una situación social que apunta a lo que el individuo es. La caracterización de lo que se hace se dirige a identificar a los sujetos.

Esta aproximación a los conceptos usados en las fuentes censales nos introduce en la concepción de comienzos del siglo XX acerca del  trabajo. Éste era un aspecto fundamental  de la vida y su desarrollo, una profesión. Los trabajadores se profesionalizaban pero no sólo desde el apoyo que puede brindar el sistema educativo formal, sino también desde la experiencia o sistema educativo informal, aportando con significados que  contribuían a alimentar la vida individual, sobre todo en el ejercicio de la profesión liberal. Los cambios de mediados de siglo en lo relacionado a los aportes del fordismo, taylorismo y su proceso de asalarización y regulación rompen el dinamismo de la práctica profesional liberal a la que se le comienza a asignar otro sentido, que contribuye a su vez con el nuevo significado. Es así como aparece una nueva expresión del trabajo, ahora vista como ocupación y se manifiesta socialmente como un medio de vida, y su sentido se desplaza del hacer al nuevo comportamiento impuesto como modelo por la revolución industrial y generalizado luego hacia el consumo. La transformación de la tecnología exige cambios laborales que se manifiestan en exigencias de una formación más holística, hibridizada y global, al mismo tiempo que menos especializada, segmentada y atomizada en un primer sentido. Pero también impone un nuevo lugar y forma de concebir el trabajo, ya que desde este enfoque se vuelve difuso el concepto de ejercicio profesional como identificador social y se desarrolla y perfecciona la idea de ejercicio liberal del trabajo. Este concepto deja su rol central de dar sentido social a la vida y comienza a  expresarse sólo como medio para desarrollar la misma sobre todo en la dirección de aportar los elementos que faciliten al trabajador la gratificación con el consumo.

El trabajo plantea una aproximación al perfil del empleo   en un ámbito  de sociedad dominante expresado en el estilo de administración política  que ejerció el gobierno en las últimas décadas, que se sustancia a partir de las dimensiones autoritarismo y clientelismo. La primera se define como un liderazgo personalista que cobra forma en la figura del caudillo, que asume el  ejercicio del gobierno, en donde el elemento personalismo de la definición comprende a su vez un aspecto de control del gobierno, y del partido político y la ejecución de programas de distribución social. La segunda se manifiesta en redes clientelares de intercambio  en donde se generan acciones de uno que dependen de la racionalidad del otro.

Castells y Aoyama (1994) analizan la la sucesión de paradigmas económicos desde la Edad Media en tres momentos distintos, cada uno de ellos definido por el sector dominante de la economía: un primer paradigma, en el que la agricultura y extracción de materias primas dominó la economía; un segundo, en el cual la industria y la fabricación de bienes durables ocuparon la posición de privilegio; y un tercero y actual paradigma, en el cual la provisión de servicios y la manipulación de la información están en el centro de la producción económica. Es así como la posición dominante ha pasado de la producción primaria a la secundaria y de ella, a la terciaria. La modernización económica involucra el pasaje del primer paradigma al segundo,  Modernización significa industrialización. Se puede denominar al pasaje desde el segundo al tercer paradigma, desde la dominación de la industria a la de los servicios y la información, un proceso de posmodernización económica, o mejor aún, de informatización. La definición de los cambios entre estos tres paradigmas aparece primero en términos cuantitativos, referidos a los porcentajes de población incorporados en cada uno de estos dominios productivos o al porcentaje del valor total producido por los diversos sectores de producción. Los cambios en las estadísticas de empleo en los países dominantes durante los últimos cien años también indican cambios dramáticos.

 Otros autores, como Bell (1973) y Touraine (1971), expusieron  textos en donde desarrollaron los términos para una enorme literatura que debate la periodización de las fases de la producción moderna. Pero los mismos señalan que los indicadores cuantitativos no pueden aprehender ni la transformación cualitativa durante la progresión de un paradigma hacia otro, ni la jerarquía entre los sectores económicos en el contexto de cada paradigma. En los procesos de la modernización y el pasaje hacia el paradigma del dominio industrial, la producción agrícola no sólo declinó cuantitativamente (tanto porcentaje de trabajadores empleados como en proporción del valor total producido); sino también, lo que es más importante, la propia agricultura fue transformada. Cuando la agricultura quedó bajo el dominio de la industria, incluso cuando todavía era dominante en términos cuantitativos, estuvo sujeta a las presiones sociales y financieras de la industria, más aún la misma producción agrícola fue industrializada. Pero la agricultura no desapareció, sino que permaneció como un componente esencial de las economías industriales modernas, pero  ahora como una agricultura industrializada, transformada. La perspectiva cuantitativa fracasa también en el reconocimiento de jerarquías entre economías nacionales o regionales en el sistema global, lo que conduce a todo tipo de desconocimientos históricos, instalando analogías donde no las hay. Desde una perspectiva cuantitativa, por ejemplo, uno puede aceptar que una sociedad del siglo veinte, con la mayoría de su fuerza laboral ocupada en la agricultura o la minería y la mayoría de sus valores producidos en estos sectores (tales como India o Nigeria), esté en posición análoga a una sociedad que haya existido en el pasado, con igual porcentaje de trabajadores o valor producido en esos sectores (tales como Francia o Inglaterra). La ilusión histórica modela la analogía en una secuencia dinámica de modo tal que un sistema económico ocupa igual posición o estadio en una secuencia de desarrollo, que otro ha ocupado previamente, como si todo se dispusiera en la misma línea moviéndose en fila hacia delante. Desde la perspectiva cualitativa, es decir, en términos de su posición en las relaciones de poder globales, sin embargo, las economías de estas sociedades ocupan posiciones incomparablemente distintas. En el caso previo (Francia o Inglaterra del pasado), la producción agrícola existió como sector dominante en su esfera económica, mientras que en el caso posterior (India o Nigeria del siglo XX), se halla subordinada a la industria en el sistema mundial. Las dos economías no están en una misma línea sino en situaciones radicalmente diferentes e incluso divergentes de dominación y subordinación. En estas  posiciones jerárquicas diferentes, una multiplicidad de factores económicos. Para que las últimas economías pudieran alcanzar una posición análoga a la de las primeras, deberían invertir la relación de fuerza y alcanzar una posición de dominación en su esfera económica contemporánea como lo hizo Europa, por ejemplo, en la economía medieval del mundo Mediterráneo. En otras palabras, el cambio histórico debe ser reconocido en términos de las relaciones de fuerza a lo largo de la esfera económica. Los procesos de modernización e industrialización transformaron y redefinieron todos los elementos del plano social. Cuando la agricultura fue modernizada como industria, la granja se volvió progresivamente una fábrica, con toda la disciplina fabril, la tecnología, las relaciones saláriales, etc. La agricultura se modernizó como industria. En forma más general, la misma sociedad se industrializó lentamente, hasta el punto de transformar las relaciones y la naturaleza humana. La sociedad se volvió una fábrica.

A principios del siglo veinte,  Musil cuenta de un tiempo en que la gente crecía naturalmente, pero la actual agitación, provocada por la modernización, moviliza la propia naturaleza de lo humano. En nuestros tiempos, sin embargo, la modernización ha concluido. En otras palabras, la producción industrial ya no está expandiendo su dominación por sobre otras formas económicas y fenómenos sociales. Un síntoma de este cambio se manifiesta en los cambios cuantitativos del empleo. Mientras el proceso de modernización estaba indicado por una migración del trabajo desde la agricultura y la minería (el sector primario) a la industria (el secundario), el proceso de posmodernización o informatización se demuestra mediante la migración desde la industria a los servicios (el terciario), cambio que viene teniendo lugar en los países capitalistas dominantes, en especial en los Estados Unidos, desde principios de los 70. Los servicios abarcan un amplio rango de actividades, desde el cuidado de la salud, la educación, las finanzas y el transporte hasta los entretenimientos y la publicidad. Los empleos para la mayor parte son altamente móviles e involucran habilidades flexibles. Más importante aún: se caracterizan en general por el papel central desempeñado por el conocimiento, la información, el afecto y la comunicación. En este sentido muchos denominan a la economía posindustrial una economía informacional. Sostener que la modernización ha concluido y que la economía global está atravesando un proceso de posmodernización hacia una economía informacional no significa que la producción industrial será dejada de lado ni que dejará de jugar un papel importante, incluso en las regiones más dominantes del planeta. Del mismo modo que los procesos de industrialización transformaron la agricultura y la volvieron más productiva, así también la revolución informacional transformará la industria redefiniendo y rejuveneciendo los procesos de fabricación. Aquí el nuevo operario administrativo imperativo trata a la fabricación como un servicio. Efectivamente, a medida que se transforman las industrias, la división entre manufactura y servicios se borra. Del mismo modo que durante el proceso de modernización toda la producción tendió a industrializarse, así también durante el proceso de posmodernización toda la producción tiende hacia la producción de servicios, a volverse informacionalizada.

No todos los países, incluso entre aquellos capitalistas dominantes, se han embarcado en el proyecto de posmodernización siguiendo el mismo camino. Según los autores, los modelos implican el aumento del empleo en los servicios posindustriales, pero enfatizan diferentes tipos de servicios y  relaciones entre servicios y manufactura. El primer camino tiende hacia un modelo de economía de servicios y es dirigido por los Estados Unidos, El Reino Unido y Canadá. Este modelo implica una rápida declinación de los empleos industriales con el correspondiente incremento de los empleos en el sector servicios. En particular, los servicios financieros que manejan el capital tienden a dominar a los otros servicios del sector. En el segundo modelo, el info-industrial, representado por Japón y Alemania, los empleos industriales decaen más lentamente que en el primer modelo, y, lo más importante, el proceso de informatización está estrechamente integrado y sirve para reforzar la fuerza de la producción industrial existente. En este modelo, los servicios relacionados directamente con la producción industrial resultan más signifcativos que los demás.

Los dos modelos representan dos estrategias para manejar y obtener ventajas en la transición económica, pero debe quedar claro que ambos avanzan resueltamente en dirección a la informatización de la economía y la resaltada importancia de las redes y flujos productivos, aunque las naciones y regiones subordinadas del mundo no sean capaces de implementar estas estrategias, los procesos de posmodernización les imponen cambios irreversibles. El hecho de que la informatización y el cambio hacia los servicios hayan tenido lugar principalmente en los países capitalistas dominantes y no en otra parte, no nos debe llevar a un entendimiento de la situación económica global contemporánea en términos de estadios lineales de desarrollo. Es verdad que mientras la producción industrial ha declinado en los países dominantes, ha sido efectivamente exportada a países subordinados, por ejemplo, desde Estados Unidos y Japón a México y Malasia.

Esos cambios y desplazamientos geográficos pueden inducir a algunos a creer que hay una nueva organización global de los estadios económicos por la cual los países dominantes son economías de servicios informacionales, sus subordinados inmediatos, las economías industriales, y los últimos subordinados, las economías agrícolas. Desde la perspectiva de los estadios de desarrollo, por ejemplo, uno puede suponer que mediante la exportación contemporánea de producción industrial, una fábrica automotriz construida por Ford en Brasil en 1990 podrá ser comparable a la fábrica Ford de Detroit en 1930, porque ambas instancias de producción pertenecen al mismo estadio industrial y señalan que cuando se mira con más detenimiento se destaca que ambas fábricas no son comparables, y sus diferencias son muy importantes. Primeramente, ambas fábricas son radicalmente distintas en términos de tecnología y prácticas productivas. Cuando se exporta capital fijo, generalmente se hace en su más elevado nivel de productividad. La fábrica Ford de Brasil en 1990, entonces, no será construida con la tecnología de la fábrica Ford de Detroit de 1930, sino que se basará en la tecnología informacional y computacional más avanzada y productiva que sea posible obtener. La infraestructura tecnológica de la propia fábrica la colocará claramente dentro de la economía informacional. Segundo, y tal vez más importante, las dos fábricas se hallan en diferente relación de dominación con respecto a la economía global como un todo. La fábrica de autos de Detroit de 1930 representa el pináculo de la economía global en la posición dominante, produciendo el valor más elevado, la fábrica de 1990, ya sea en San Pablo, Kentucky o Vladivostok, ocupa una posición subordinada en la economía global subordinada a la producción de servicios de mayor valor.

Hoy todas las actividades económicas tienden a quedar bajo el dominio de la economía informacional y a ser transformadas cualitativamente por ella. Las diferencias geográficas en la economía global no son signos de copresencia de diferentes estadios de desarrollo, sino líneas de la nueva jerarquía global de la producción. Desde la perspectiva de las regiones subordinadas, está quedando cada vez más claro que la modernización ya no es la clave del avance económico y la competencia. Las regiones más subordinadas, tales como las áreas de África subsahariana, están efectivamente excluidas de los flujos de capital y las nuevas tecnologías, y se encuentran en los límites de la inanición. La competencia por las posiciones de mediano nivel en la jerarquía global es conducida no por la industrialización sino mediante la informatización de la producción. Grandes países con diversas economías, tales como India y Brasil, pueden sostener simultáneamente todos los niveles de los procesos productivos: producción de servicios basada en la información, moderna producción industrial de bienes, y producción tradicional de manufacturas, agricultura y minería. No es preciso que haya una progresión histórica ordenada entre estas formas, sino que se mezclan y coexisten. Todas las formas de producción existen dentro de las redes del mercadomundial y bajo dominación de la producción informacional de servicios. Las transformaciones de la economía italiana desde los 50 demuestran claramente que las Economías relativamente atrasadas no siguen simplemente los mismos estadios que experimentaron las regiones dominantes, sino que se desenvuelven a través de patrones mixtos y alternativos. Tras la Segunda Guerra Mundial, Italia era aún una sociedad basada en los campesinos, pero en los 50 y 60 ingresó en una furiosa aunque incompleta modernización e industrialización, un primer milagro económico. Sin embargo, luego, en los 70 y los 80, cuando aún no se habían completado los procesos de industrialización, la economía italiana se embarcó en otra transformación, un proceso de posmodernización, y logró un segundo milagro económico. Estos milagros italianos no eran realmente saltos hacia delante que le permitirían alcanzar las economías dominantes, en realidad representaban mezclas de diferentes formas económicas incompletas.

Lo más significativo, y que puede colocar convenientemente al caso italiano como modelo general para todas las demás economías atrasadas, es que la economía italiana no completó un estadio (industrialización) antes de moverse hacia el siguiente (informatización). De acuerdo con dos economistas contemporáneos, la reciente trasformación italiana revela una interesante transición desde el proto-industrialismo al proto-informacionalismo. Diversas regiones evolucionarán hacia tener elementos campesinos mezclados con industrialización parcial e informatización parcial. De este modo, los estadios económicos están todos presentes al unísono, fundidos en una economía compuesta, híbrida, que varía en el mundo no en tipo sino en grado. Del mismo modo que la modernización en la era previa, la posmodernización o informatización hoy  marcan un nuevo modo de volverse humano.

Las cifras más recientes sobre el empleo en el sector público se pueden consultar en la base de datos de la OIT con actualización en 2001. Según las últimas informaciones disponibles, las cifras brutas correspondientes a más de 75 países indican que, ese año, el sector público empleaba a más de 435 millones de personas, de las cuales 260 millones trabajaban en la administración pública y los 175 millones restantes en empresas y servicios públicos. Respecto de la administración pública, cabe señalar que los países en desarrollo suelen emplear muchas más personas en el nivel central y que los países industrializados dan mucho más empleo en los planos regional y local. Por ejemplo, en Bostwana, Gabón y Uganda, los funcionarios públicos que desempeñan funciones en el nivel central constituian un 81,6; un 93,2 y un 85,6 por ciento, respectivamente. En Suecia y los Estados Unidos en cambio, los funcionarios que trabajaban en los niveles central y federal constituían un 20 y un 13, 5 por ciento, respectivamente; un 18,7 y un 23,1 por ciento trabajaba en los niveles regional y estatal, y el 61,3 y 63,4 por ciento  desempeñaba funciones en el plano local.

Los datos provenientes de otras fuentes por lo general no son comparables, aunque dan alguna indicación respecto del empleo en el sector público. Según datos del Banco Mundial (An International Statistical Survey on Government Employment and Wages, 1997 / Encuesta Internacional sobre Estadísticas de Empleo y Remuneraciones en el Sector gubernamental de 1997, ese año, en África, el porcentaje de la fuerza de trabajo ocupada en la administración central y no central, respecto del empleo total, era de 3 y 1 por ciento, respectivamente. En Asia las cifras correspondientes eran de 2,4 y 1,6, por ciento respectivamente; de 2,6 y de 1,6 por ciento en Europa; de 3,6 y 1,8 por ciento respectivamente en América Latina y el Caribe, y de 6,6 y 3,9 por ciento en Oriente Medio y Norte de África. Se pueden contrastar esas cifras, que corresponden a países en desarrollo exclusivamente, con las cifras promedio para los países de la OCDE, que son de 4,3 y de 5,7 por ciento, respectivamente. Según fuentes de Naciones Unidas (World Public Sector Report, 2001 / Informe Mundial sobre el Sector Público, 2001) el porcentaje de empleo en cargos gubernamentales como porcentaje del empleo total es de 7,8 por ciento en los países desarrollados; de 10,1 por ciento en las economías en transición, y de 3,4 por ciento en los países en desarrollo (1,9 por ciento en África; 5,4 por ciento en América Latina y el Caribe, y 3,5 por ciento en Asia y Oceanía). Según fuentes de la OCDE (OCDE en números, 2004) en 2002 en Australia, el empleo en la administración pública y la defensa, se cifraba en un 5,4 por ciento del empleo total, cifra que muestra un descenso con respecto al 6,7 por ciento registrado en 1992. En Austria ese porcentaje disminuyó ligeramente pasando de 5,9 a 5,8 por ciento; en Alemania pasó de 8,2 a 6,9 por ciento durante el mismo período. Ese porcentaje, que disminuyó en muchos países de la OCDE, aumentó sin embargo en varios otros países como en la República Checa, Hungría, México, Polonia, Portugal y la República Eslovaca. En 2002, la parte correspondiente al empleo en la administración pública y la defensa no alcanzó al 4 por ciento en el Japón (3,3), la República de Corea (3,2), Nueva Zelandia (3,2), Polonia (3,8) y Suiza (3,8), respectivamente. Cabe señalar, sin embargo,que dicho porcentaje era relativamente importante en Bélgica y Francia (10,1 por ciento en cada uno). Por otra parte, el porcentaje del empleo correspondiente a educación, salud, servicios sociales y otros servicios, con respecto al empleo total era considerablemente elevado en muchos países de la OCDE, alcanzando el valor más elevado en Suecia (38,4 por ciento), seguido de Japón (34 por ciento) y de Noruega (30,9 por ciento).

Cabe señalar una vez más que estas cifras no distinguen entre el empleo en el sector privado y en el sector público. En 1998 se celebró la Reunión conjunta sobre el desarrollo de los recursos humanos en los servicios públicos en el contexto de los cambios estructurales y la transición, y  se recordaron, a este respecto, el Convenio sobre el desarrollo de los recursos humanos, 1975 (núm. 172) y la resolución y conclusiones relativas al ajuste estructural y el desarrollo de los recursos humanos, adoptados por la Conferencia Internacional del Trabajo en su 79ª reunión (junio de 1992). Dicha resolución refrendaba la importancia que revestían unas políticas amplias de desarrollo de los recursos humanos en períodos de transición y de ajuste estructural, con énfasis en la educación y la formación como un elemento esencial en el círculo virtuoso, que consiste en que el desarrollo de la formación y de las cualificaciones engendra una mayor motivación en el trabajo, una productividad más elevada de los trabajadores, una adaptación permanente al cambio tanto de parte de los trabajadores como de las empresas, un aumento del empleo y de los niveles de ingreso, y un mayor bienestar. En la misma resolución se destacaba que las políticas sobre recursos humanos deberían formularse y aplicarse en el marco de la adhesión a los principios democráticos, del tripartismo y de la consulta entre los gobiernos, los interlocutores sociales y los grupos de la comunidad. Se puso particular énfasis además en el acceso igualitario a la formación para todos los grupos de la población, entre ellos, las minorías étnicas y los grupos marginados. La citada reunión concluyó que el desarrollo de los recursos humanos en el sector de los servicios públicos era un elemento importante del proceso de reforma y que dicho desarrollo debería tener lugar en un marco integrado y no de manera fragmentada y que sólo tendría éxito en la medida en que se reconociera que no existía una solución única susceptible de aplicarse en toda circunstancia. Los trabajadores de los servicios públicos necesitan poseer competencias y herramientas de trabajo apropiadas, así como una orientación que les permita proporcionar servicios de calidad. El desarrollo de los recursos humanos es un proceso en el que deben participar los trabajadores mediante consultas, en el que deben recibir un trato justo sobre las bases de las normas internacionales del trabajo.

CRONOLOGÍA DEL EMPLEO URBANO

Los datos que se exponen a continuación y su variación estuvieron expuestos a las políticas aplicadas a nivel nacional  a propuesta de Fondo Monetario Internacional (FMI) que, según Stiglitz (2002), alentaba una visión pesimista sobre el Estado, por lo que propugnó la elaboración de propuestas  como las del Consenso de Washington, que en la mirada del economista no fueron satisfactorias, sino que  expusieron a los países a mayor riesgo y  destrucción en lugar de la creación de empleo. La década de los noventa va a estar signada por cambios estructurales que se inician en 1989 y 1990 con la crisis de modelo de sustitución y que, según Salvia (1997), para el análisis de la dinámica del empleo, obligan a diferenciar dos momentos: el primero se  extendería de 1991 a 1993 y el segundo, a partir de esa fecha. Desde una perspectiva crítica al modelo impuesto, Rofman (1996) señala  el nuevo rol del Estado en este contexto drásticamente reducido de su histórico papel anterior para dar lugar al mercado como el más eficiente asignador de recursos y con la apertura externa y atraso cambiario como puntos clave de la política económica. En el análisis de algunas medidas y sus consecuencia, Becaria (1996) plantea, en relación con las mismas y, con el ingreso de capitales verificado entre 1991 y 1994 por la mayor confianza que genero la aplicación del modelo, que la reducción de protección arancelaria, el atraso cambiario y el aumento de la presión fiscal hicieron que varias líneas de producción  fueran absorbidas por las importaciones, lo que llevó a debilitar la producción de muchas firmas.

De manera similar a las crisis del 91 y del 95, el año 2001presentó situaciones tales que, en  el mes de mayo, se registró la mayor salida de depósitos del sistema financiero. Gerchunoff (2003), en sus análisis, desarrolla dos explicaciones de la depresión Argentina: mientras una enfatiza el sistema cambiario, otra se centra en el manejo fiscal. Desde la primera hipótesis la Argentina, padeció de un desequilibrio en un tipo real de cambio debido a diferentes causas. En el año 1991 el nivel de precios en dólares por la estabilización fue más alto de lo esperado. Para el autor, el tipo de cambio por regla general se acerca a su equilibrio, porque su valor se modifica o porque el valor de equilibrio se mueve y se aproxima al nivel vigente. Durante algunos años de mediados de los noventa, el problema inicial del tipo de cambio pareció corregirse por ambas vías, tras el tequila, los precios internos de la Argentina aumentaron menos que sus precios externos, la productividad aumento más que en EEUU y la Argentina siguió siendo un lugar seguro para invertir. Desde 1998, se comienza a observar una caída de los precios externos y los capitales inician el retiro de los países emergentes. La fuga de capitales se asienta en la percepción de que Argentina, para corregir su desequilibrio externo, habría de imponer una devaluación. Si bien en 1996 el tipo de cambio real estaba en equilibrio, para 2001, según cómputos, el país necesitaba de una duplicación de su tipo de cambio para restablecer su equilibrio.

Para el autor, la divergencia del tipo de cambio respecto de su nivel adecuado había despertado la recensión al deteriorar la competitividad de la producción nacional en relación tanto respecto de las importaciones como de los mercados externos. Desde la perspectiva fiscal se planteaba  que el desequilibrio presupuestario fue mayor al sostenible. Esta postura -la debilidad de las cuentas públicas- impacta en el riesgo soberano de Argentina y lleva al aumento de la tasa de interés al mismo tiempo que retrae el gasto privado. Para Gerchunoff, esta visión no sobrevive pruebas numéricas. La Argentina tenia a mediados de 1990 una deuda pública que significaba el 40 % del PBI y algunos estudios muestran que de un grupo de 55 países del Banco Mundial, 26 tenían una deuda mayor, incluidos EEUU, Reino  Unido, Finlandia y España. Por otro lado, en todo el periodo 1991-2000, la Argentina logró un desequilibrio de 1% del PBI; un tercio del que se aceptaba a los países europeos de acuerdo con el tratado de Maastrecht.

A fin de completar su análisis, Gerchunoff (2003) señala tres puntos. En primer lugar ubica el tema de la contabilidad, ya que en su opinión la misma es discutible, debido a que el aumento de la deuda pública excedió las cifras de déficit fiscal. En segundo lugar, opina que  en Argentina lo relevante no es la deuda del gobierno central sino de toda la administración pública, incluidas las provinciales que tuvieron un desequilibrio en el periodo 1991-2000  de 0,78 % del PBI y, finalmente, plantea que el problema pareciera haber sido más de omisión que de acción, ya que el país  no supo aprovechar el crecimiento en el periodo para reducir la deuda pública, ahorrar y enfrentar la crisis desde otra situación.

Asimismo es posible argumentar, mediante una combinación de ambos puntos, el problema fiscal y el sector externo. Así, para el autor es relevante que una alta proporción de deuda pública estuviera denominada en moneda extranjera, lo que implica que recolectar impuestos no seria suficiente para pagar el gasto, sino también la posibilidad de generar divisas suficientes para llevarlo a cabo. En relación con el endeudamiento externo con capacidad de obtener divisas, la situación argentina se presenta como extraordinaria, ya que en el año  2000 su deuda externa quintuplicaba las exportaciones al igual que Brasil y Turquía, dos países que seguirán a la Argentina en la razón Deuda externa/ exportaciones y ellos también sufrieron la crisis financiera.

Resumiendo, es posible señalar cuatro mecanismos  que llevaron a la recesión a autoperpetuarse: el primero es el hecho de que en la Argentina la tasa de interés aumentaba a medida que caía la economía en lugar de bajar, como ocurre en los países desarrollados; el segundo aspecto se relaciona con el ajuste de la crisis fiscal, en el país la solución fué aumentar impuestos y reducir gastos durante la recesión,  lo que llevó a una caída mayor en la demanda agregada; tercero la caída de los precios por la recesión y, finalmente, la incertidumbre cambiaria al deteriorar la competitividad.

En general la provincia exhibe una tendencia con las cifras históricas a una baja tasa de actividad censal, que no puede ser explicada por variables demográficas sobre todo en el aglomerado urbano Santiago –La Banda, centro del proceso migratorio rural –urbano que desplegó la dinámica provincial. Desde los datos que ofrece  la EPH para el aglomerado, las bajas tasas de actividad y desempleo abierto del período tampoco pueden interpretarse como consecuencia del proceso migratorio, sino que sugieren otros factores asociados tanto a la baja tasa de actividad como de desocupación. La primera observa el  aglomerado para 1991 según la EPH valores excepcionales de 35,2 y luego caen en tendencia continua y se profundiza con el efecto Tequila de 1995 a 32,7 hasta las cifras más bajas registradas en el período, de 31,7, en 1999 y 2000 cuando su aumento  señala una característica del espacio urbano en estudio,  de ser contenida por la caída de la tasa de actividad a diferencia del aumento, que se observa en otros aglomerados urbanos con mayor desarrollo, donde los ingresantes al mercado laboral profundizan el problema de la creación de empleo. En la primera mitad de la década cobra importancia  el incremento entre 1991 y 1994 del gasto público total que describe un aumento en el período en millones de 418,0 a 718,0 y a 622,0 en 1995.

En relación con los datos de empleo presentados y la crisis de los noventa es posible señalar que entre 1991 y 1993 crece el número de personas ocupadas por el impacto que produjo la estabilidad económica sobre el ingreso real. Pero a partir de esta fecha se observa, según Salvia (1997), una reducción en términos absolutos de la cantidad de personas ocupadas. La nueva institucionalidad que estableció el plan de convertibilidad sirvió para la realización de reformas estructurales tanto a nivel de mercado como en las relaciones laborales. Así, las nuevas características del esquema emergente de relaciones laborales que sustituyen las antiguas relaciones laborales favorecedoras del empleo estable y a tiempo completo son producto del proceso de transformación del paradigma tecnológico dominante en las relaciones productivas, con el incremento acentuado de los procesos de robotización, informatización y automatización flexible, entre otras formas, y las nuevas normas de flexibilización laboral. Esta transformación tan profunda en aspectos tales como los modelos de gestión tecnológica, que se manifiesta a nivel de producción y de empleo, mueve a una caída en la participación económica especialmente en aquellos grupos de baja calificación laboral. Es así como, si bien en este periodo la producción crece, baja la tasa de empleo, hecho motivado, como se vio, por la sustitución de fuerza de trabajo estable y de tiempo completo por sistemas de producción tecnológicos avanzados, que privilegian a pocos y acuden al apoyo  circunstancial de trabajo auxiliar. 

Los datos del empleo 2003, año en que como consecuencia de los cambios económicos favorables evidenciados en relación con la producción, se genera un aumento en la tasa de empleo en el total de aglomerados según la Encuesta Permanente de Hogares y, en forma paralela, la reducción de la desocupación.  Los datos de la EPH nos introducen en un periodo crítico a nivel nacional y  provincial, donde, si bien en este último ámbito se dieron recortes de diferente tipo, no se registraron despidos masivos motivo por lo que el sector público continúa jugando un factor central como empleador.

 

Condición de actividad   EPH

Cuadro 27: Tasa de actividad, de ocupación y desocupación en Total de aglomerados 1985-2005. %

Años

TAG

TO

TD

1985

37,9

35,5

6,3

1986

38,6

36,3

5,9

1987

39,5

37,1

6,0

1988

38,7

36,2

6,5

1989

40,2

36,9

8,1

1990

39,0

35,7

8,6

1991

39,5

37,1

6,9

1992

40,2

37,4

6,9

1993

41,0

37,1

9,9

1994

40,8

35,8

10,7

1995

42,8

34,9

18,4

1996

41,0

34,0

17,1

1997

42,1

35,3

16,1

1998

42,4

36,9

13,2

1999

42,8

36,6

14,5

2000

42,4

35,9

15,4

2001

42,6

35,7

16,4

2002

41,7

32,7

21,4

2003

42,7

36,1

15,6

2004

60,1

51,4

14,6

2005

59,5

52,0

12,5

Fuente: Encuesta Permanente de Hogares. INDEC.

               

Cuadro 28: Tasa de actividad, de ocupación y desocupación en el aglomerado Santiago del Estero-La Banda. 1985-2005. %

Años

TAG

TO

TD

1985

34.4

33.2

3.6

1986

33.5

32.1

4.2

1987

34.4

32.8

3.6

1988

33.1

31.1

5.9

1989

32.8

30.0

8.6

1990

34.4

33.0

4.2

1991

35,2

33.8

4.1

1992

34,4

33.4

2.8

1993

34,1

32.7

4.0

1994

33,4

32.5

2.7

1995

32.7

29.9

8.6

1996

32.8

28.9

11.8

1997

32.8

29.2

11.1

1998

3,5

30,2

9.8

1999

31.7

29.4

7.2

2000

31.7

28.9

8.6

2001

35.0

30.7

12.2

2002

33.9

28.3

16.5

2003

36.7

32.0

12.9

2004

55,0

47,5

13,6

2005

53,8

49,8

7,5

Fuente: Encuesta Permanente de Hogares. INDEC.

 

Los datos de empleo y sus variaciones  permiten conjugar en su lectura los aspectos sociales y políticos severamente interrelacionados a la crisis económica que se fue generando a nivel provincial, en gran medida por razones endógenas, pero a la que contribuyeron aspectos ligados a la política nacional, donde el rol del Estado junto a su alto crecimiento y su baja eficiencia se unen a las consecuencias de la deuda externa nacional para permitir elaborar con políticas de Fondo Monetario Internacional planes de transformación de las empresas publicas. En 1985 se elabora de manera conjunta por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional el conocido plan Baker o programa para el crecimiento sostenido. Entre sus propósitos, además del pago de la deuda, esta el interés por un desarrollo político macroeconómico de libre mercado en los países periféricos. Si bien este plan se puso en marcha, sus resultados no conformaron al Fondo  Monetario, por lo que se vio necesaria la implementación de nuevas medidas conocidas como el Consenso de Washington, con el propósito de poner en marcha la reforma de estado, estrategia que va a ser cumplida por el gobierno del presidente Menem a partir de tres leyes como sustento jurídico: la 23.696, la 23697, la 24629 destinadas, a la reforma del Estado y a la reestructuración de empresas publicas la primera, de emergencia económica la segunda y ampliatoria de la primera, la tercera de 1996. De esta manera se establecieron puntos alrededor de los cuales se concretó. El primero, de corte fundamentalmente político, estuvo dirigido a empresas publicas productoras de bienes y servicios, a fin de privatizar mediante la modificación el rol del Estado y el segundo, de corte económico, tendió a la desregulación del mercado. Asi las condiciones sociopolíticas a nivel nacional más el propio proceso provincial van a desencadenar una serie de situaciones criticas en donde convergen diferentes aspectos. Uno de ellos es el analizado por Tenti (2005) en relación con el aumento de agentes en la administración pública, que pasa de 30.973 empleados en 1991 a 26.030, como consecuencia de la intervención federal en 1994 y crece hasta 2001 a 49.029.

Otra de las medidas tomadas fue la Ley Ómnibus Nº 5986, de noviembre de 1993, que buscó adherir a la provincia a la Reforma impulsada por el Estado Nacional mediante la adopción de las siguientes medidas:

·                    Declaraba en disponibilidad a todo el personal del Estado provincial hasta tanto fuesen aprobadas las nuevas estructuras. 

·                    Cesantía inmediata de todo el personal temporario de la administración provincial que  hubiese ingresado después del 31 de diciembre de 1990.

·                    Creación de un programa de empleo mínimo para la reconversión laboral y pago de un piso de $200  como subsidio.

·                    Cese de todo empleado de los tres poderes en condiciones de jubilarse

·                    Eliminación de los cargos vacantes como consecuencia de las bajas producidas

·                    Fin de todas las adscripciones, comisiones de servicio, traslados y cambios de destino, salvo el personal de la Casa de Santiago en Buenos Aires.

·                    Institución del régimen de retiro voluntario por ciento veinte días.

·                    Retracción al 28 de febrero de 1993 de todos los haberes, de las jubilaciones, retiros y pensiones que hubieran sido incrementados a partir del 1 de marzo de 1993.

·                    Autorización del Poder Ejecutivo para dictar una norma que estableciera una nueva política salarial en el plazo de 180 días priorizando las áreas de educación y salud.

·                    Designación del Ministerio de Economía para la coordinación, ejecución y control de políticas de rediseño, reformulación, privatización, nacionalización administrativa, desregulación, desburocratización, redimensionamiento y reducción del Estado  Provincial. El mismo ministerio debía disponer medidas para el establecimiento de un centro de control de gastos de personal.

·                    En el ámbito de la educación pública declaraba la emergencia educativa con la prohibición de incorporar personal contratado, aplicaba la nacionalización y jubilación de los agentes, derogaba las normas vigentes sobre la incompatibilidad e intervenía al Consejo General de Educación por un lapso de 180 días.

·                    Determinaba la emergencia administrativa en la prestación de servicios públicos y ejecución de contratos a cargo del sector estatal.

·                    Declaraba la emergencia en la situación económica financiera de la administración pública centralizada, descentralizada, entidades y empresas del Estado, obras sociales, bancos estatales y en el área de obras públicas.

·                    El articulo 83 fijaba sujetos a privatizaciones los siguientes entes provinciales: Dirección Provincial de Obras Sanitaria (DIPOS), Casinos Provinciales, Matadero Frigorífico 17 de octubre, Banco de la Provincia, Dirección de Aviación Civil, Administración Provincial de Recursos Hídricos, Boletín Oficial, Instituto Provincial de Seguros, Terminal de Ómnibus y Caja Popular de Ahorro.

·                    Facultaba al Poder Ejecutivo de iniciar el proceso de descentralización en todas las áreas del estado provincial y aplicar el programa de propiedad participada.

·                    Se desregulaba el ejercicio de actividades profesionales y no universitarias y la matriculación de los profesionales.

 

Como plantea Tenti (2005) y, como consecuencia de la misma, se vivieron situaciones criticas por acciones policiales contra los manifestantes que, una vez sancionada la ley, se unieron a la  respuesta tanto la CGT como otros gremios en la convocatoria a un paro y movilización con reclamos que se extendieron a la totalidad del territorio provincial y por varias semanas con apoyo de distintos sectores tales como productores agropecuarios, comercios, empleados bancarios. Esta situación de descontento generalizado a la que se sumaron otras,  según la cual se conoce que la población santiagueña bebía agua cruda porque el estado provincial no había pagado su deuda de $ 18.000  a los proveedores de cloro y la falta de tres meses de pago de los salarios. llevó a que el 15 y el 16 de diciembre, en medio de un caos total, se desencadenaran los hechos de incendio y destrucción. Con la intervención federal y la posterior reelelección de Juárez como gobernador se  suceden los ajustes y privatizaciones que traen cambios, algunos de ellos expresados en las privatizaciones.          En el año 1994 se llevaron se llevaron a cabo cuatro privatizaciones que incluyen la del Casino de la ciudad de Santiago del Estero y Las Termas, Empresa de Agua y Energía, Servicio Médico Laboral del Consejo General de Educación y El Matadero 17 de octubre. En el año 1995 sólo se concretó la privatización provincial de Construcciones Perilago y las restantes, Banco de la Provincia de Santiago del Estero, DIPOS,  convertida en Aguas de Santiago del Estero, y la empresa constructora, AGE junto a la Zona Franca Frías. 

Otro dato interesante resulta el de la política implementada desde el gobierno provincial, de corte paternalista, que llevó al despliegue de estrategias como una manera de mantener su sistema clientelar. Es así como se adoptaron medidas que llevaron al recorte de ingresos tanto de funcionarios públicos  (ministros, diputados, jueces, etc.) como de las categorías más altas de dicho sector, lo que trajo como consecuencia  a partir de mediados de 1995 cierta homogeneización salarial. Esta disposición tomada por el gobierno  electo en este año  permitió  la fijación de un  salario  mínimo en las categorías bajas de la administración pública[2]. El perfil provincial es producto de un sistema paternalista que no ha sabido transitar etapas que le permitieran  adecuarse a los cambios actuales.

En primer lugar, si bien la característica dominante en el mercado  de trabajo provincial puede ser leída desde la perspectiva que plantea la hipótesis del trabajador desalentado, sobre todo si el análisis se centra, como en este caso, en  períodos  críticos como fue la década estudiada, característica que puede ser explicada no sólo por los bajos salarios, sino también por la limitación  de las posibilidades laborales  en cuanto a diferenciación de la demanda que exige el mercado laboral. El estudio del mercado laboral  aparece como relevante para el análisis desde mediados de los setenta y fundamentalmente en los últimos años, debido a los cambios de la economía a partir de 1989, que llevó a una creciente heterogeneización de la sociedad. En el año 1999, como producto de la crisis,  el déficit fue de 7094 millones, es decir el doble de 1998, cuando el saldo negativo había alcanzado a 3838 millones de dólares.  A nivel provincial los cambios se manifestaron en parte  con las grandes distancias salariales que habían llevado en diciembre de 1993, entre otros hechos, a la movilización de la población y generaron disturbios que concluyeron con la quema de casas de funcionarios y los edificios públicos, sede de los tres poderes.   Una medida desplegada desde el gobierno provincial fue la implementación de la posibilidad, para los grupos con una antigüedad de quince años y más,  del retiro voluntario y  de jubilarse, a las personas de cincuenta años y más, con veinte años de antigüedad.

 En la  provincia,  si bien no se registraron despidos masivos, motivo por el que el  sector público continúa jugando un factor central como empleador, sí se nota en otros aspectos, de manera tal que en octubre de 2000 el ingreso promedio provincial fue de $401,40 mientras que a nivel nacional el mismo alcanzó a $585,80. Por otro lado y, según un informe del gobierno provincial, el salario promedio de un empleado público alcanza a $930,  es decir $ 35  menos del ingreso mensual promedio de la provincia de Buenos Aires, mientras que en el ámbito privado no supera los $500. 

Con  la crisis de 2002 aumenta la tasa de desocupación y desde 2003 se observa un descenso a nivel provincial de la tasa de actividad y ocupación. En la  actividad económica provincial se observa la caída del poder adquisitivo de los asalariados, pérdida de fuentes laborales y consecuentemente aumento de los niveles de pobreza e indigencia. Datos oficiales indican que por la pérdida de empleos y la baja en su calidad, habrían salido de circulación alrededor de unos $100 millones del circuito económico local. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de mayo de esa fecha reveló la existencia de un 60,2% de la población total del aglomerado urbano Santiago del Estero-La Banda bajo la línea de pobreza. El informe de la CEPAL (2004) consigna aspectos registrados en América Latina en respuesta a circunstancias económicas tanto de carácter estructural como cíclico, tales como el empleo informal relacionado con la marginación de una parte de la población que no puede insertarse en el ámbito formal por el lento crecimiento de la economía, el desempleo como factor de ajuste en los períodos con rigidez en las normas de contratación y despido y, por último, la flexibilización de las formas de trabajo.

A partir de  datos de la EPH los autores Rojo y Rotondo (2005) señalan que el Gran Buenos Aires concentra en el 2005 empleo en actividades de servicios en mayor medida que el promedio del país (56 % frente a 50 %) junto al peso del empleo industrial. Asimismo observan que entre 1996 y 2004 el crecimiento del empleo en la actividad industrial fue levemente superior en los partidos (25% frente al 24% del promedio del país) y en el mismo período el sector servicios es similar en los partidos en relación a la media del nacional (24% en ambos). La evolución del empleo industrial presentaría según los autores una evolución por debajo de la media nacional expresado en el período en 3% de caída a nivel nacional, 7% en los partidos y 12 % en la Capital, pero el empleo industrial se recuperaría en el período de acuerdo con sus estudios, en ambas áreas, 16% en los partidos y 14 % en la Capital y resaltan la recuperación del patrón de crecimiento en el sector industrial a nivel de 1996.

La lectura de información de la EPH por parte de Lefore y Schleser (2005) acerca de las categorías ocupacionales, los lleva a presentar tres categorías de trabajador cuenta propia: cuenta propia profesional, de oficio, y de subsistencia. La primera incluiría a los trabajadores que se desempeñan como cuenta propia en ocupaciones altamente calificadas, los segundos en ocupaciones calificadas y los últimos en no calificadas. Así, según sus informes, en 2004 el  76 % de los cuenta propia son de oficio, el 11 % que incluye a profesores, técnicos, enfermeros, verduleros, comerciantes panaderos, carniceros, albañiles, pintores, electricistas, plomeros, zapateros, modistas, tejedoras, artesanos, cocineros, carpinteros, mecánicos, gomeros, taxistas, camioneros, remiseros,  a los profesionales, en donde se encuentran profesionales en función específica como médicos, abogados, ingenieros, contadores, arquitectos, psicólogos, odontólogos, músicos y artistas y el 13 % a los de subsistencia, con vendedores ambulantes, promotores, volanderos, peones, ayudantes, aprendices, cuidadores, changarines y jornaleros.

 EL MICROCLIMA DEL EMPLEO  POR ZONA RURAL Y URBANA

Un aspecto complementario del perfil del empleo provincial es su lectura por área rural y urbana, que se presenta también a nivel nacional y  que permite su asociación con los aspectos demográficos vinculados al porcentaje de población rural y urbana. Atendiendo a esa vinculación, esta parte del trabajo se ocupa de describir las características del mercado de trabajo urbano y rural de manera genérica atendiendo a la configuración interna de ambos. A tal fin, un aspecto por considerar es el de la captación de empleo que pone de relieve los componentes demográficos y socioculturales con los que ambos se asocian. Los datos porcentuales de los siguientes cuadros describen una clara tendencia a una mayor actividad en los centros urbanos.

Cuadro 29: Condición de actividad por zona Rural y Urbana 1991-2001

 

1991

2001

 

País

Santiago del Estero

País

Santiago del Estero

TAG Urbana

56,0

53,1

57,7

54,0

 

24.085.369

362. 399

2.595.679

172.230

TAG Rural

61,7

53,7

52,3

40,1

 

 

 

2.595.679

171.340

Fuente: INDEC  Censo de Población y Vivienda 2001 Elaboración Propia

 

Cuadro 30: Distribución Porcentual de los ocupados en las diferentes CATEGORÍAS DE OCUPACIÓN  País Santiago del Estero. 2001

Categoría Ocupacional

País

Santiago del Estero

Urbano

Rural

Urbano

Rural

Obrero público

21,9

14,4

30,1

15,5

Obrero privado

49,3

45,6

38,9

39,1

Patrón                    

6,2

6,2

3,9

2,0

Cuenta propia

20,0

22,7

23,9

30,8

Trabajador familiar 

2,6

10,6

3,2

12,6

Total      

100,0

100,0

100,0

100,0

(9813940)

(1.099.247)

(137.536)

(48.910)

Fuente: INDEC   Censo de Población y Vivienda  2001.Elaboración Propia

 

Cuadro 31: Distribución Porcentual de los ocupados en las diferentes ramas de actividad  País Santiago del Estero. 2001

Ramas de Actividad

País

Santiago del Estero

Urbano

Rural

Urbano

Rural

Agricultura y pesca

3,5

52,0

6,0

53,0

Minas y canteras

0,3

0,4

0,0

0,3

Industria

11,9

7,2

6,6

6,7

Electricidad

0,9

0,5

0,8

0,4

Construcción

63

4,0

8,8

5,4

Comercio al por mayor y Menor

18,7

7,0

18,8

5,6

Transporte             

7,1

2,3

5,5

1,5

Finanzas 

1,9

0,2

0,8

0,0

Administración Pública

6,9

5,8

11,7

5,0

Enseñanza              

9,0

4,6

11,7

5,1

Otros Servicios  y Actividades

29,5

12,1

24,7

9,7

Algunas no bien especificadas

4,0

3,9

4,6

7,3

 

100,0

(9813940)

100,0 (1.099.247)

100,0 (137.536)

100,0 (48.910)

Fuente: INDEC   Censo de Población y Vivienda  2001.Elaboración Propia

                                              

En el perfil confluyeron aspectos de las diferentes variables seleccionadas y que se especifican a nivel provincial en un trabajador desalentado y predominantemente asalariado  que acentúa esta característica durante la última década  1991 – 2001, tanto el  país como en la provincia, y  el desaliento que se expresa en la tasa de actividad tanto urbana con datos de la EPH como provincial, que baja en Santiago del Estero mientras  aumenta en el país. El recorrido por las ramas de actividad presenta diferencias con crecimiento en Santiago del Estero sólo en Construcción y Transporte y en el país, en Agricultura y Servicios.

Este capítulo se centró en el estudio del perfil del empleo trabajado metodológicamente por la condición de actividad, la categoría ocupacional y la rama de actividad. Asimismo se utilizaron como indicadores de tales dimensiones las tasas de actividad ocupación y desocupación, y los porcentajes de las diferentes categorías ocupacionales y ramas de actividad por sexo  entre 1991-2001 y las de la EPH de los últimos años. Para la dimensión espacial seleccionada como centro de estudio se presentan los datos en relación con todos los espacios políticos administrativos del país a fin de contrastar a la provincia de Santiago del Estero con otros de mayor dinamismo, aunque el desafío más importante no se asienta sólo en él, sino que, fundamentalmente, intenta realizar la lectura mediante la comparación con la misma sociedad objeto de estudio en dos momentos censales.

CONCLUSIONES

 

 En síntesis, tenemos que este artículo se volcó a la lectura de la información sobre el empleo provincial mediante la utilización de fuentes de información tanto censales como de la EPH,  a fin de descubrir  los cambios en los aspectos fundamentales tales como la condición de  actividad, categoría ocupacional y rama de actividad y describir a partir de los mismos el perfil del empleo provincial en relación con otros ámbitos pero, fundamentalmente, en una mirada sobre sí misma en diferentes momentos en el período 1991-2001. El primero de los aspectos estudiados se midió con la tasa de actividad, la que describe una provincia donde el desaliento parece ser el sello por sus tasas muy inferiores respecto de las nacionales. La relevancia de la problemática del desaliento enfatiza la lectura mediante una asociación que no puede circunscribirse y ser explicada exclusivamente por variables socio-demográficas, a pesar de la importancia de  la migración rural-urbana que tuvo como destino el aglomerado urbano Santiago-La Banda. La sustancialidad que expresan los datos tiende a sugerir asociación con aspectos ligados al ámbito político. El segundo provee una cartografía para dibujar el perfil del empleo con el trazo que le imprime el empleo público íntimamente asociado al perfil político provincial y el tercero, en relación con los anteriores, nos sitúa en un espacio con procesos económicos alejados de la producción industrial y sustentados en consecuencia, por las ramas que menor calificación ocupacional exigen.

Este artículo estuvo centrado en describir el perfil del empleo provincial y la heterogeneidad laboral nacional sustanciada en la información de condición de actividad, categoría ocupacional y rama de actividad. Para ello, la investigación buscó abalizar la baja actividad laboral en Santiago del Estero en relación a ámbitos más modernos.

            Asimismo el trabajo intentó describir el alto porcentaje de ocupados en la categoría asalariado público y en la rama de actividad administración pública provincial en comparación al promedio nacional.


 

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[1] Evidencia en este sentido pueden hallarse en los últimos censos de Chile, Brasil, España, Australia y Gran Bretaña entre otros.

[2] Los sueldos en la actividad privada pueden desagregarse de la siguiente manera. Bancarios $600 Choferes y Colectiveros $740, Comercio $350, Construcción $180, Correos $450, Maestros privados $400, Profesores Privados $500, Diario El Liberal. Mayo de 2001

Mediante Decreto serie B Nº O217  de agosto de 1995. Se aplicó una reducción que representó para el grupo de ingresos entre 700-800 de un 10% , de801 a 1000 de 15%, de 1001 a 1500 de 18% y de 1501 en adelante de 20%.

           

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