EL ARTE DE LA DIPLOMACIA
"Die Politik ist keine exakte Wissenschaft, sonder eine Kunst"
La política no es una ciencia exacta, sino un arte
Hugo Tulio César Rubio Rodríguez
Así entendía el famoso estadista prusiano, Otto von Bismarck, a la política, más como una habilidad sutil que como una serie de conocimientos teóricos. Y efectivamente, la política es -o al menos debería serlo- un arte.
Sin embargo, considero que la opinión del Barón Bismarck es más en el sentido diplomático de la política, que en la política en sí. Haciendo una analogía con el pensamiento de Quevedo me atrevo a afirmar que podrá haber política sin diplomacia, mas pocas veces diplomacia sin política (Quevedo decía: "podrá haber puñalada sin lisonja, pero no lisonja sin puñalada").
En su más simple sentido diplomacia comprende todos los medios por los cuales los estados establecen o mantienen relaciones mutuas, se comunican unos con otros, o despachan operaciones políticas o legales, en cada caso a través de sus agentes autorizados. Diplomacia en este sentido puede existir entre los estados en guerra o conflicto, pues el concepto se refiere a la comunicación, sea con propósitos amistosos u hostiles, más que a las formas materiales del conflicto (Cfr. Brownlie, Ian. Principles of Public International Law, Oxford. p. 341).
La diplomacia es tan antigua como las primeras sociedades civilizadas. El asilo, por ejemplo, es una institución que tiene un origen religioso: en la antigua Grecia, los delincuentes podían refugiarse en templos, que escapaban a la competencia de la autoridad, y en donde encontraban protección. El derecho de asilo se desarrolló también en el seno de la Iglesia Cristiana, desde sus comienzos hasta fines de la Edad Media. Hoy en día se distinguen dos tipos de asilo principalmente, el territorial y el diplomático.
Los cónsules tienen su origen ya en tiempos del Imperio Romano, como representantes del César en las colonias y provincias para solucionar problemas que tuviesen los ciudadanos romanos. Luego en la Edad Media, los comerciantes de las ciudades designaban a uno de sus compañeros para que resolviese las disputas que pudiesen surgir en materias comerciales.
La importancia de los cónsules fue aumentando hasta tener la exclusividad de  la jurisdicción penal y civil sobre los comerciantes de su misma nacionalidad. Su posición se vio debilitada mas tarde, y es sólo en el S. XIX cuando adquieren definitivamente las características que hoy les son propias y la importancia que hoy tienen, como consecuencia del desarrollo que el comercio internacional experimentó en ese siglo.
Sin embargo es a partir del Renacimiento, y con el surgimiento del Estado moderno, que la diplomacia aparece como una actividad específica y profesional. Las repúblicas italianas, prósperas por su comercio, se distinguen por la destreza política de sus embajadores, en especial Venecia. Es lógico suponer que países cuya prosperidad radica en las actividades comerciales deben procurar al máximo el mantenimiento de relaciones pacíficas, cordiales y permanentes.
Se considera que a finales del S. XVI, Enrique III de Francia (el mismo que concediera la libertad de cultos en la paz de Beaulieu de 1576) crea el primer Ministerio de Relaciones exteriores que se registra en la historia.
Es a partir de la paz de Westfalia en 1648, la que pusiera fin a la guerra de los Treinta Años, que se establecerían representaciones diplomáticas permanentes de cada uno de los monarcas ante las otras cortes europeas. El Cardenal Richelieu es quien impone el francés en lugar del latín como la lengua de la diplomacia.
Es solo hasta 1815, en el Congreso de Viena, que la Diplomacia toma forma como tal. Se distinguen las diversas funciones jerárquicas, se acuerda dividir a los diplomáticos en tres categorías: a) embajadores, nuncios o legados, b) ministros acreditados ante los monarcas, c) encargados de negocios acreditados ante los ministros de estado. Con algunas variantes, tal clasificación subsiste hasta hoy.
Posteriormente, y en virtud del principio de extraterritorialidad, se considera inviolable por las autoridades locales el terreno y los edificios ocupados por las representaciones extranjeras.
El primer gran tropiezo de la diplomacia fue la I Guerra Mundial. La diplomacia fracasaría y vendrían las crisis de 1907 (independencia de Bulgaria y anexión de Bosnia-Herzegovina por Austria) y de 1911 (Conflicto franco-alemán en el África). El detonador de la guerra fue el asesinato del heredero del trono austriaco, el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, en Sarajevo, el 28 de julio de 1914. Austria envía un ultimátum a Serbia, ésta no lo acepta y el 28 de julio Austria le declara la guerra a Serbia, seguirían en efecto dominó Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Bulgaria, Turquía, Rumania, Estados Unidos, por mencionar algunos. El 11 de noviembre de 1918, los alemanas firmarían el armisticio con los aliados en Compiegne (4 meses atrás, en Ekaterimburgo, había sido asesinado vilmente S. A. I. el Zar Nicolás II).
Con la lucha terminada, las potencia en reconstrucción y una Alemania severamente humillada (cabe recordar los términos en que fue redactado el Pacto de Versalles) Europa parecía dar una nueva cara al mundo, la ?Belle Epoque? como se le decía en Francia. La Sociedad de las Naciones (iniciativa americana de 1919) parecía funcionar, incluso en 1928, el Pacto de París (Pacto Brian-Kellog) contra la guerra, recibió las firmas de todas la potencias (por esas fecha Gandhi buscaba elevar a la India a la categoría de dominio). Sin embargo las tensiones no tardaron en sentirse y la realpolitk comienza a desplazar a la diplomacia.
En ese entonces la política exterior de los países estaba en manos de nobles y educados caballeros. Me permitiré citar del libro Lo que queda del día una escena muy curiosa que relata Mr. Stevens, el "perfecto mayordomo inglés", si bien el libro no fue escrito en esa época, hace un claro reflejo de aquellos tiempos, situando a un Mr. Lewis, político americano de carrera en una reunión en Darlington Hall:
"Durante unos instantes reinó un silencio embarazoso hasta que, por fin, mister Lewis se puso en pie, sonriendo afablemente como era su costumbre...finalmente, volvió a sonreír y dijo: ... me disculparán por lo que voy a decir, pero, a mi juicio, parecen ustedes una pandilla de ingenuos soñadores y serían unos caballeros encantadores si no se empeñasen en entrometerse en asuntos que afectan a todo el planeta. Pongamos como ejemplo nuestro anfitrión, aquí presente. En el fondo, ¿qué es? Un caballero, y supongo que en eso están todos de acuerdo. Un típico caballero inglés, recto, bienintencionado, sí, pero un mero aficionado...pero hoy en día los asuntos internacionales ya no pueden estar en manos de aficionados, y cuanto antes lo comprendan ustedes aquí, en Europa, mejor. Y ahora, amables y bienintencionados caballeros, permítanme que les pregunte algo. ¿Tienen idea de cómo evoluciona el mundo que los rodea? Ya forman parte del pasado los días en que se podía ser bondadoso...Hay caballeros como nuestro buen anfitrión que se creen con derecho a entrometerse en asuntos que no entienden. Se han dicho muchas tonterías estos días. Con muy buen corazón y muy buena intención, pero tonterías. Lo que necesitan en Europa son buenos profesionales que dirijan sus asuntos, y como no reaccionen pronto, están abocados al desastre. Ahora brindemos, caballeros, brindemos por los profesionales".
Ishiguro, Kazuo. Lo que queda del día, Ed. Anagrama pp. 108 y 109.
La II Guerra Mundial sería el otro gran tropiezo para la diplomacia, ya varios países se habían retirado de la sociedad de las naciones, entre ellos: España, pues contaba con un gobierno republicano (la familia real había sido llevada al exilio), Japón, por su acción en el Manchukúo. Italia, por sus agresiones militares a Etiopía, y Alemania, con Hitler a la cabeza, por violar varios puntos del Tratado de Versalles.
Alemania invadiría Polonia y comenzaría así la II Guerra Mundial. Al terminar ésta, lo que se encuentra es una Europa destrozada, Asia terriblemente diezmada y el mundo en recesión. Inclusive los anuncios comerciales en revistas de la época pedían ahorrar luz y gasolina. La ONU surgiría entonces como el máximo rector y detentor del orden internacional.
Los atentados del 11 de septiembre cambiaron para siempre el panorama mundial, un Estados Unidos demostró una vez mas su supremacía sobre cualquier otro país y a punta de bayoneta entraría con el grueso de sus tropas a los territorios de Afganistán e Irak, todo esto ante las voces de rechazo de la comunidad internacional y el no menos que bochornoso descrédito de la ONU.
La Diplomacia fracasó, y ha fracasado constantemente desde los últimos 40 años, la Diplomacia hoy debe cambiar, debemos rescatar lo que esos nobles caballeros que describe Ishiguro mejor sabían hacer: procuraban nobles ideales y muy altos valores.
Pero cómo cambiar a eso? cuándo por ejemplo en el servicio diplomático mexicano no son sino simples ignorantes del protocolo y las normas internacionales los que ocupan los puestos. Hace un par de días asistí a la recepción de la Embajada de México en Estados Unidos, el salón lucía sus mejores galas. Un servidor asistió bajo invitación, recibida por correo electrónico y con el  imperativo de "imprímala y con esa se presenta y pasa" (¿?), a mi arribo al edificio de la OEA mi sorpresa fue enorme al constatar que nadie presentaba las invitaciones, que varios nombres de los invitados no estaban en la lista (entre ellos el de un servidor) y que lo que era una recepción para nacionales estaba repleta de extranjeros. Al llegar, y expresar mi malestar por la forma poco cortés y planeada de la recepción, la señorita en cargo se limitó a decir "bueno, pero lo importante es que está Usted aquí, no cree?". Mon Dieu!, casi se me cae la cara de pasmo al oír esa respuesta, ¡caray! y quien responde así trabaja en una embajada y trata asuntos de orden internacional.
Luego, al observar el tipo de asistentes a la recepción me di cuenta que no eran mas que un puñado de personas ávidas de escalar una posición social a base de falsas y vanas presunciones. Recuerdo una frase de mi abuela "dime de que presumes y te diré de que careces", ¡cuánta razón tenían esas sabias palabras!. Muchos de ellos jóvenes que buscaban sobresalir en el medio social de Washington a como diera lugar, sin darse cuenta que no demostraban mas que sus míseros y raquíticos conocimientos de derecho internacional.
Cuando tomé un curso de Diplomacia y protocolo diplomático en Monterrey, mi buen amigo Marco decía: ?para esto se necesita malicia?. Desgraciadamente tenía toda la razón, la mala intención que impera hoy ha llevado a vulgarizar la diplomacia, a hacerla algo inelegante, prosaico y mediocre.
Desde estas líneas haré mías las palabras que Lord Darlington daba en respuesta a Mr. Lewis por sus comentarios, pero mas que  en un tono de comentario las haré mías como un grito desesperado por volver a la nobleza de la Diplomacia: 
"...Le diré, por tanto, una cosa. El comportamiento que Usted considera propio de 'aficionados', nosotros lo consideramos atribuible a una cualidad llamada honor" (Ibid).
New Haven, Septiembre de 2004
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