GRACIAS, DON BLAS.
Para
hacerte una visita he escogido esta mañana fría que nos ha venido después de
las abundantes lluvias de este invierno a sabiendas que estaría sólo contigo.
Quería hacerlo desde hace tiempo. Hablar contigo. Aquí en Argentona, un pueblo
de Barcelona, en esta placita humilde de un barrio humilde poblado en su mayoría
por andaluces humildes, estás desde 1.998. También estás en Barcelona capital
en un bonito parque allá en la plaza de la Guinegüeta. Para estar contigo un
ratito he escogido el de
Argentona pero también iré a visitarte a Barcelona a comprobar sólo
como estás, si el sitio es digno de ti. Me he sentado en el banco más cercano
que he podido para poder ver bien el digno monumento que constituye tu busto en
bronce encima de un pedestal de piedra. Es paradójico que el único monumento
que he visto de ti lo haya visto en estas tierras extrañas de donde era Cambó
a quién en 1.917 le diste un no rotundo por reaccionario y derechista y por el
contrario en mi pueblo de nacimiento donde hay monumentos de la más diversa índole
sólo tengas dedicada una calle. ¿Sabe, D. Blas? Siempre he desconfiado de los
salvadores de patrias. Detrás de altísimos ideales, en la mayoría de los
casos, se esconden
inconfesables y rastreros intereses y
el sabio me hace cabilar cuando afirma que el nacionalismo es la bandera
donde se refugian los bribones. A menudo he sospechado que detrás de esas
banderas, himnos y otras manifestaciones patrióticas coexisten dos clases de
personas: los bienintencionados y sentimentales y los rufianes que los manipulan
siempre en beneficio propio. Si esto no es así ¿Por qué esos salvadores de
patrias que en el mundo han sido y serán, una vez alcanzado sus grandes ideales
no entregan el poder a gente bien preparada sino que mueren, casi siempre de
viejos, agarrados al poder y en casos no muy aislados lo legan a sus hijos por
muy inútiles que éstos sean? Como ejemplos tienes al responsable supremo de tu
muerte que por salvar a su patria no dudó en que se mataran entre hermanos mas
de dos millones de personas y actualmente tenemos un líder vasco llamado
Arzallus que tanto conoce a su pueblo y tanto lo ama que por salvarlo es capaz
de dejarlo aniquilar por una banda de terroristas. Pero por otro lado creo que
también en esto de las patrias, como en religiones, se han dado mártires,
gente que han entregado sus vidas por una patria idealizada. Tengo entendido que
tú eres uno de ellos. Pero también has de ser consciente que como tú, miles
de hombres con ese mismo ideal, murieron en una guerra canalla entre hermanos y
ninguno tiene erigido un monumento particular en ningún sitio.
Estos días últimos de febrero por todas partes hay actos celebrando “El día de la Patria Andaluza”. Vienen a ofrecerte ramos de flores y se dan solemnes discursos. Todos los políticos quieren salir en las fotos y se codean para estar en primera fila. Confieso que esto de la “Patria Andaluza” es nuevo para mí. Que en mi vida no había tenido otra patria que la española. Así que cuando llegué a Cataluña me sorprendió que muchos catalanes no se sintieran españoles sino sólo catalanes. También experimentaron este fenómeno el cerca del millón de andaluces que vinieron aquí en los años sesentas-setentas. Y nos dio envidia. Aquí nos sentíamos huérfano de patria, España quedaba como lejana y confusa. Los catalanes tenían la suerte de vivir en su patria, nosotros nos sentíamos realquilados. Nuestra patria española quedaba como fuera de lugar. Así ha estado la cosa hasta que nos regalaron la democracia en España y con ella alguien te resucitó y nos comunicó que nosotros, los andaluces errantes, también teníamos nuestra patria y que ésta se llamaba Andalucía. Que tenía su propia bandera blanca y verde y que también tenía himno propio: “Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad”. Que también tenía sus propios padres y mártires donde tú eras uno de ellos D.Blas. ¿Se cumplirían las palabras del filósofo? “Pobre del pueblo que un iluminado convenza que constituye un hecho diferencial”. Creo que en nuestro caso no. Nosotros los andaluces, siendo diferentes, no nos hemos sentido nunca ni mejor ni peor que nadie. Estoy convencido que detrás de este andalucismo nuevo y convencional que nos venden alguno lleno de folclore y falto de ideales por medio de emisoras de radio, revistas o asociaciones hay también verdaderos héroes y mártires que querían una Andalucía mejor y sobre todo mas justa y libre donde creo que hay que colocarte D.Blas. La verdad es que al principio pensé que eras otro vividor patriotero, otro salvador de patrias en beneficio propio pero aquello de “La tierra para quién la trabaje” no es la frase de un farsante y lo de dejar la elitista y lucrativa notaría y ejercer de abogado laboralista eso no es la forma de actuar de un vividor. Así que comencé a interesarme por el tema andaluz y tu obra y la inicié leyendo el “Manifiesto andalucista” de 1.917 donde te interesa la solución a los problemas municipales, regionalistas y estatales. ¡Cuán parecidas son tus ideas a otro andaluz y utrerano, el afrancesado Marchena que cien años ante pregonaba las mismas soluciones a los problemas eternos de esta España unida de siempre en el desamor, es decir la restauración de las diferentes Cortes Regionales o lo que tú llamas “Los Estados Unidos de España” y sobre todo la “Repulsión a un estado centralista para España”. ¡Si supieras D.Blas que lo hemos estando sufriendo durante cuarenta años y que nos devolvió a la edad media! La solución que se le ha dado seguramente no te gustaría mucho porque es un sucedáneo a lo que tú pregonabas pero por algo se empieza. Lo que sí te puedo decir es que seguimos siendo monárquicos. Lo siento, ya sé que eras un republicano furibundo. Me interesan tanto tus ideas que a la fundación andaluza en Sevilla, que lleva tu nombre, he solicitado que me envíen dos libros tuyos: “El ideal andaluz” y “Dictadura pedagógica”. Ahora estoy mas enterado y mucho mas orgulloso de mis ancestros andaluces donde la respuesta me la da nuestro himno: ”Pedid tierra y libertad por Andalucía libre, España y la Humanidad”. Nosotros también podemos presumir, como otros, de antigüedad de patria y héroes antiquísimos. Pero nunca hemos presumido de ello. También nosotros hemos existido siempre como pueblo lo que sucede es que no le dábamos importancia al hecho, lo escondíamos bajo el manto patrio de una España imperial y falsa que nos enseñaban en los colegios. Ya no me dan miedo y rabia las palabras que dijo de nosotros el vasco Sabino Arana de que éramos afeminados ya que nos gustaba el baile y teníamos figuras de toreros ni las del catalán Jordi Pujol que en 1.958 dijo de nosotros que formábamos un pueblo destruido y anárquico y que destruiríamos Cataluña al imponer nuestra mentalidad. También tú llegaste a preguntarte desesperado si nuestro país “era una patria o un establo” o si éramos “un pueblo abyecto y cobarde compuesto de individuos indignos y cobardes”. Miro tu monumento y no veo un héroe montado en un brioso corcel blandiendo una espada al viento sino el humilde busto de un hombre con aires de intelectual y abajo una inscripción: “A Blas Infante, Padre de la Patria Andaluza. Casares (Málaga) 5-7-1.885; Carmona (Sevilla) 1.936”. Lástima D.Blas que tú y los tuyos sucumbierais ante la barbarie y el desprecio al hermano porque estoy seguro de que si no hubiese sido así un millón largo de andaluces no hubiéramos tenido que emigrar a ganarnos el pan fuera de nuestra patria andaluza aunque para lograrlo estoy convencido que tendríamos que haber seguido tus palabras “¡No emigréis, combatid”. Sin embargo te puedo decir D.Blas que aunque Andalucía no es hoy como la soñaste tampoco está como la dejaste. Ahora los andaluces ya no emigramos sino que traemos gentes que nos trabajan, sobre todo africanos y sudamericanos. ¡Quién nos lo iba a decir! Después de esquilmar históricamente sus países ahora también nos tienen que trabajar nuestras tierras para poder quitarse el hambre. ¿Ese es el resultado de nuestro gran imperio de la cruz y la espada y nuestra aportación al desarrollo de esta pobre gente? Estoy seguro que ésta no es la patria que tú querías para nosotros. Tú querías una Andalucía trabajada por andaluces, sin latifundios, sin caciques y llena de cooperativas municipales de toda índole sin perjuicio de la iniciativa privada y así poder volver al esplendor que había llegado a alcanzar. De todos modos gracias D.Blas por su amor, valor y entrega de su propia vida al intentar darnos una patria digna.

Juan
Pedro López Núñez.
Premià de Mar.
Marzo 2001