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ALBERTO Los instrumentos de viento
Los instrumentos de viento
Tradicionalmente, la familia de los instrumentos de viento se divide en dos grandes grupos, según el material de que estén hechos: instrumentos de viento madera e instrumentos de viento metal.
Los instrumentos de madera
Los instrumentos englobados bajo el epiteto de "maderas" constituyen hoy una parte esencial del instrumentario, tanto en su vertiente culta como en la popular. Su origen es ciertamente re-
moto, por cuanto la flauta -del latín flatulare, de flatus, «Soplo- era conocida hace unos 25000 años a.C., hecha de hueso, a modo de silbato. Ya en Mesopotamia y Egipto, desde donde se expandió hacia el este, encontramos flautas de madera, en ocasiones con guarniciones de oro y rica ornamentación. Es de notar que en dichas civilizaciones se conocían los dos principales tipos de flauta, la recta o de pico y la transversal o travesera. Ambos modelos solían contar con tres orificios de digitación. El principio emisor de la flauta inspiró a otros instrumentos, también ilustres miembros de las «maderas»: el paso de una columna de aire por el cuerpo instrumental y su choque en un bisel en una embocadura circular u oblonga (ésta en el caso de la
flauta travesera). Los instrumentos basados en dicho principio fisico son los clarinetes y los oboes, cuyos nombres, si bien corresponden a instrumentos específicos de la cultura occidental, se toman como apelativos genéricos para designar bien los ejemplares de tubo cilíndrico y lengüeta simple (clarinetes), bien los de tubocónico y lengüeta doble (oboes). Es de subrayar que en Egipto, en el 2600 a.C., existió un aerófono de lengüeta simple, antecesor del llamado zummarab, considerado un primitivo clarinete, cuyo desarrollo genealógico conduciría al clarinete creado por el alemán Johann Christoph Denner (1655-1707) hacia 1703. Lo que Denner hizo en realidad fue aplicar a la flauta de pico dulce una lengueta simple, lo cual confirió
instrumento mayor potencia y extensión.
En otro orden, y gracias a su tipo específico de embocadura, análoga a la del clarinete, el saxofón se clasifica entre los especímenes de madera. En cuanto al oboe, un legatario del aulós griego y de las posteriores chirimías medievales y renacentistas, no adoptó una forma similar a actual hasta 1650, año en que apareció en Francia un tipo de oboe de sección cónica, ligero acampañamiento y lengüeta doble, cuya invca-
ción se atribuye al compositor y constructor Jean Hotteterre (c. 1605-entre 1690 y 1692).
El oboe, que causó entusiasmo en la corte Luis XIV, se propagó rápidamente por Europa y generó modelos afines que respondían a las distintas extensiones por lo común más graves que la propia del modelo normal, como son el oboe de amor, el oboe de caza, el corno inglés y, sobre todo, el fagot, considerado como un bajo del oboe.
Los instrumentos de metal
El origen de los intrumentos de la familia del «metal» debe buscarse en los antiguos cuernos de animales que se utilizaban para la emisión de señales. La mayoria de civilizaciones del pasado recurrieron a este elemento para tal cometido, aunque en ocasiones se le daba también un uso litúrgico, tal como sucede con el shofar
judío, un cuerno de carnero que se tañía en la sinagoga, y del cual hallamos testimonio ya en Números XXIX, 1. Sin embargo, el empleo del cuerno fue muy superior en los países nórdicos europeos, pues en ellos se per feccionó y se fabricó de metal, como acaece con el luur escandinavo, una trompa de gran tama-
ño inspirada en el colmillo de un mamut. En la Edad del Bronce (1800-1000 a.C.) ya muchos pueblos fundían el metal para confeccionar grandes trompas, casi siempre destinadas a fines bélicos, aunque se mantenía su primigenia función de elemento de señales. Un ejemplo de ello es el kárnyx céltico. Herencia de estas antiguas trompas son los aerófonos de metal surgidos en la Edad Media -recordemos, sin embargo, el
olifante, realizado con el colmillo de un elefante, por lo general ornamentado, que llegó a Europa a través de Bizancio y Sicilia, con pabellón y tubo recto ligeramente cónico, como es el caso de las trompetas y sacabu-
ches éstos últimos antecesores del trombón-. Esta familia de instrumentos adquirió notable importancia gracias al perfeccionamiento de la trompa en el siglo XVII, añadido al nacimiento de la trompa de caza -hoy
más conocida como trompa natural-, consistente en un aerófono de metal con un tubo progresivamente ensanchado, con boquilla estrecha, cónica, ancho pabellón y cuello arrollado sobre sí mismo. Si el pri-
mer cometido de estos instrumentos fue la música heráldica y militar, paulatinamente se fueron incorporando a la música culta, y así los vemos plenamente integrados en la orquesta del clasicismo, para, en el siglo siguiente, ser objeto de grandes cambios morfológicos -es de subrayar la incorporación de pistones- y adquirir una importancia determinante, tal como de muestra la música de Berlioz y Wagner, que re-
quiere ejemplares creados durante el XIX, como tubas, fiscornos y oficleidos.
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