Cap�tulo II
                                  Tras varias horas escondidos en las cuevas del pe��n, la marabunta enfurecida de choriceros se deshizo y las personas volvieron a sus casas. El se�or Jos� y Lul� estaban asustad�simos y decidieron no salir de las cuevas en un tiempo prudencial. Sobrevivieron durante semanas comiendo higos chumbos. Pero dada el escaso poder nutricional de los mismos pronto comenzaron a adelgazar y a demacrarse. Nina parec�a haberse olvidado de ellos pero en realidad hab�a puesto precio a su cabeza, la muy malvada. Esa mujer no ten�a piedad y quer�a por encima de todo recuperar su dinero a costa de hacer cantar a Lul� y al se�or Jos� incluso en el espect�culo de Fofo si hac�a falta.
                                   Pero Lul� y su bienamado due�o estaban bien ocultos, pronto se dieron cuenta de que si pretend�an instalarse all�, deb�an decorar su p�treo habit�culo ya que era bastante triste vivir en un sitio tan brutalmente prehist�rico. As� que decidieron bajar al mercadillo de Espiel donde a�n no los conoc�an y podr�an pasar desapercibidos, adem�s como hab�an adelgazado mucho pues la posibilidad de ser reconocios era m�s remota todav�a. Cuando llegaron al mercadillo se dividieron el trabajo, Don Jos� comprar�a la comida mientras que Lul� que era una chica se encargar�a de la decoraci�n. Tras varias horas de compras fren�ticas y de haber lapidado todos sus reales y maraved�es, que no eran muchos,  volvieron al pe��n con multitud de mercader�as reci�n compradas.
                                 Lul� r�pidamente comenz� a decorar la cueva, estaba ansiosa, incluso se hab�a comprado la revista "choza" (precursora de la revista "hogar") para tener ideas frescas. Pero pronto se dio cuenta de que las paredes se ve�an muy desnudas as� que decidi� pintar sobre ellas algunos dibujillos esquem�ticos para adornarlas, que luego con el tiempo y el desconocimiento hist�rico ser�an pretendidas pinturas rupestres...
                                 Una vez finalizados los trabajos de decoraci�n de la cueva, Don Jos� decidi� explorar los alrededores del pe��n para ver si cazaba alguna liebre que anduviera libre. As� comenz� a escalar las escarpadas paredes gran�ticas del pe��n pensando que en la cima podr�a divisar m�s f�cilmente los lugares en las que estas endiabladamente r�pidas criaturas abundaban m�s. Pero cuando ya estaba casi en la cumbre, el se�or Jos� resbal� y call� al vac�o. Al llegar al suelo su cuerpo estall� cual petardo de feria y la sangre se esparci� manchando todas las piedras del pe��n de  rojo, de ah� viene el caracter�stico color sanguinolento que el pe��n luce actualmente.
                              La pobre perra, cuando se percat� del estruendo producido por la explosi�n del cuerpo de Jos�, sali� rapidamente y vi� el cuerpo inerme de su due�o, por lo que se puso muy muy triste, despu�s de que hab�a estado todo el d�a decorando la cueva, ahora don Jos� mor�a cruentamente y no podr�a disfrutar de tan bien decorado rinc�n. Lul� en se�al de duelo erigi� una cruz en la cima del pe��n para recordar tan nefasto suceso y tir� unos petardos para que jam�s se olvidara el sonido que hab�a producido al morir don Jos�. Por eso, el d�a de Santa B�rbara, que fue el d�a en que Jos� muri�, nosotros tiramos petardos para rememorar su muerte y el sonido que hizo su cuerpo al caer.
                             Lul�, desolada, decidi� hacerle una tumba como es debido a su querido due�o, pero cuando llevaba una profundidad de medio metro m�s o menos, la tierra comenz� a salir negra, ello extra�� fuertemente a la perra que embuida por los hechos no se percat� de que Nina que andaba por all� busc�ndolos, hab�a escuchado el petardo y que la vigilaba sigilosamente detr�s de una chumbera.
                               Nina que no es tonta, pronto se dio cuenta de que la tierra negra que estaba sacando Lul� no era sino carb�n, por fin iba a sacarles beneficios al difunto Jos� y a Lul�, menos mal que Nina era precabida y siempre llevaba con ella su paloma mensajera m�vil y mand� un mensaje (m�s o menos lo equivalente a un sms actualmente) a un primo suyo franc�s ofreci�ndole el carb�n a buen precio.
                               Pero hab�a un problema... Lul�. Nina se acerc� por detras sin hacer ning�n ruido y cuando se hayaba detr�s de la perra, la empuj� al vac�o cayendo la pobre pekinesa a la fosa junto con su due�o. Nina, que no tiene escr�pulos, la enterr� viva all� mismo y cuando cont� la historia a sus amigos, exager� un poco el tama�o de la desgraciada perra, ah� fue cuando comenz� a fraguarse la leyenda del fiero y cruel mast�n Terrible, cuando sin embargo era la peque�a y fiel pekinesa Lul�...
                              Al final el franc�s compr� el carb�n y el resto de la historia es sobradamente conocida por todos...

















                       
                              -FIN DE LA HISTORIA DE TERRIBLE Y EL CARB�N-
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