PREGUNTA: De acuerdo a libros que he tenido oportunidad de leer, se que existen manuscritos encontrados en Tierra Santa en el año 1945, que fueron escritos en épocas de los primeros cristianos, siglo I (aproximadamente), y que si bien no son evangelios, pudieran ser escritos inspirados por Dios, y que hablan de la vida o vivencias de Jesús y/o de los primeros cristianos.
RESPUESTA
Los manuscritos encontrados en Tierra Santa que mencionas,
hacen referencia muy probablemente, a los escritos de Qumram,
hallados en el Mar Muerto y pertenecientes a la secta de los esenios. Fuera de
éstos, existe gran cantidad de literatura acerca de de Jesús, su vida, los apóstoles
etc, contemporáneos a los escritos neotestamentarios, que no se
encuentran dentro del canon bíblico y a los que llamamos apócrifos. Estos
escritos así como los manuscritos del Mar Muerto tienen un gran valor histórico,
en cuanto testimonios de una época. Muchos de ellos narran historias de Jesús
con caracteres casi míticos, fantásticos, un poco ajeno a la sencillez de los evangelios.
La Iglesia concede a estos escritos valor en cuanto libros históricos, sin
embargo, no los reconoce como Palabra de Dios, inspirada, inerrante y canónica.
La pregunta entonces, es con qué criterios se fijó el canon de la Biblia, o
los libros que llamamos inspirados. El canon bíblico se fijó inicialmente en
el Sínodo judío de Yamnia a comienzos del siglo II y quedó oficialmente
establecido el siglo XVI (1545-1563) en el Concilio de Trento. Los criterios
fundamentales utilizados por la Iglesia para determinar qué libros pertenecían
a la Biblia y cuáles no, fueron la pertenencia o autoría de un apóstol o de
una comunidad formada en torno a un apóstol y el uso litúrgico. Los textos que
finalmente quedaron como canónicos, fueron aquellos que las primeras
comunidades reconocieron como testimonios de uno que había "visto" al
Señor, aunque no se tratara de un testigo ocular, como es el caso de Pablo, así
como su uso litúrgico en la celebración y la vida de la Iglesia naciente.
Más allá de estas consideraciones, existen también argumentos estrictamente
teológicos. Y es que para los cristianos la Biblia tiene valor, es inspirada e
inerrante en cuanto preparación (AT) y realización del amor de Dios manifestado en Jesucristo. Las Escrituras, sus palabras y
sabiduría, sin el acontecimiento de Jesús no tienen valor más que como
testimonio de una época.
Jesús es la Palabra del Padre. En Su Hijo el Padre ha dicho todo lo que tenía
que decir al mundo. En este sentido la Revelación está cerrada, concluida, con
la muerte del último apóstol, testigo de la única y verdadera Palabra de Dios
al hombre. Lo que nos queda es la profundización de lo contenido en las
Escrituras, la acción del "Espíritu que nos conducirá a la verdad
plena" (Juan 16, 13).
María José.
(Teóloga)