PREGUNTA: De acuerdo a libros que he tenido oportunidad de leer, se que existen manuscritos encontrados en Tierra Santa en el año 1945, que fueron escritos en épocas de los primeros cristianos, siglo I (aproximadamente), y que si bien no son evangelios,  pudieran ser escritos inspirados  por Dios, y que hablan de la vida o vivencias de Jesús y/o de los primeros cristianos.

NOMBRE: Carlos
CORREO-E:  [email protected]
PAIS: Argentina
FECHA: 16/07/2001

RESPUESTA

Los manuscritos encontrados en Tierra Santa  que mencionas, hacen referencia muy  probablemente, a los escritos de Qumram,  hallados en el Mar Muerto y pertenecientes a la secta de los esenios. Fuera de éstos, existe gran cantidad de literatura acerca de de Jesús, su vida, los apóstoles etc, contemporáneos a los escritos neotestamentarios,  que no se encuentran dentro del canon bíblico y a los que llamamos apócrifos. Estos escritos así como los manuscritos del Mar Muerto tienen un gran valor histórico, en cuanto testimonios de una época. Muchos de ellos narran historias de Jesús con caracteres casi míticos, fantásticos, un poco ajeno a la sencillez de los evangelios. La Iglesia concede a estos escritos valor en cuanto libros históricos, sin embargo, no los reconoce como Palabra de Dios, inspirada, inerrante y canónica. La pregunta entonces, es con qué criterios se fijó el canon de la Biblia, o los libros que llamamos inspirados. El canon bíblico se fijó inicialmente en el Sínodo judío de Yamnia a comienzos del siglo II y quedó oficialmente establecido el siglo XVI (1545-1563) en el Concilio de Trento. Los criterios fundamentales utilizados por la Iglesia para determinar qué libros pertenecían a la Biblia y cuáles no, fueron la pertenencia o autoría de un apóstol o de una comunidad formada en torno a un apóstol y el uso litúrgico. Los textos que finalmente quedaron como canónicos, fueron aquellos que las primeras comunidades reconocieron como testimonios de uno que había "visto" al Señor, aunque no se tratara de un testigo ocular, como es el caso de Pablo, así como su uso litúrgico en la celebración y la vida de la Iglesia naciente.

Más allá de estas consideraciones, existen también argumentos estrictamente teológicos. Y es que para los cristianos la Biblia tiene valor, es inspirada e inerrante en cuanto preparación (AT) y realización del amor de Dios manifestado en Jesucristo. Las Escrituras, sus palabras y sabiduría, sin el acontecimiento de Jesús no tienen valor más que como testimonio de una época.
Jesús es la Palabra del Padre. En Su Hijo el Padre ha dicho todo lo que tenía que decir al mundo. En este sentido la Revelación está cerrada, concluida, con la muerte del último apóstol, testigo de la única y verdadera Palabra de Dios al hombre. Lo que nos queda es la profundización de lo contenido en las Escrituras, la acción del "Espíritu que nos conducirá a la verdad plena" (Juan 16, 13).

María José.
(Teóloga)

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