PREGUNTA: Quisiera saber sobre la gestación de los Evangelios. También necesito saber las características de la iglesia de Jerusalén, en tiempos de S. Pablo
RESPUESTA
Gestión de los evangelios
Después de la resurrección de Jesús y luego la venida del Espíritu
Santo en Pentecostés, los apóstoles comenzaron a difundir las Buenas Noticias
de Jesús. Toda la enseñanza era una enseñanza oral, especialmente en las
reuniones y celebraciones litúrgicas de las nuevas comunidades. Alrededor del año
50 d.C. Marcos decidió poner por escrito muchas de las enseñanzas de los apóstoles.
Los evangelios de Mateo y Lucas fueron escritos después de la destrucción de
Jerusalén por los Romanos en el año 70 d.C. El evangelio de Juan fue redactado
entre los años 90 – 100 d.C.
La Iglesia de Jerusalén en tiempos de Pablo
A continuación les ofrecemos algunos apuntes del curso dictado por Pablo
Richard sobre Pablo de Tarso y algunos textos de un artículo escrito por él y
titulado: LA PRÁCTICA DE PABLO: SUS OPCIONES FUNDAMENTALES, que se encuentra en
la Revista Ribla, No. 20, 1995, pp 115-130.
PABLO DE TARSO
La vida de Pablo se divide en tres grandes momentos o períodos:
1. Los primeros pasos (años 5 al 48 - desde su nacimiento hasta el Concilio de
Jerusalén). El momento más importante de esta primer etapa de su vida es su
encuentro con Cristo Resucitado en el año 35. Su “conversión” no es una
conversión del pecado, sino el paso de la justicia de la Ley (régimen de la
muerte) a otra justicia, la justicia en Cristo Jesús. Es un cambio de camino
gracias a una experiencia personal con Cristo Resucitado. En su carta a los
Filipenses (3,5-6. 8-9) Pablo nos habla, entre otras cosas, de su conversión:
... Nací de la raza de Israel, de la tribu de Benjamín, y fui circuncidado a
los ocho días. Soy hebreo e hijo de hebreos; con referencia a la Ley, soy
fariseo; mi fanatismo lo demostré persiguiendo a la Iglesia; en cuanto a ser
justo de la manera que dice la Ley, fui un hombre irreprochable.
....todo lo tengo al presente por pérdida, en comparación con la gran ventaja
de conocer a Cristo Jesús, mi Señor; por su amor acepté perderlo todo y lo
considero como basura. Ya no me importa más que ganar a Cristo y encontrarme en
él, desprovisto de todo mérito o santidad que fuera mío, por haber cumplido
la Ley, sino aquel mérito o santidad que es el premio de la fe y que Dios da
por medio de la fe en Cristo Jesús.
Pablo recibió el Evangelio por revelación, no por tradición ni por
catequesis. En Gálatas 1,11-24 leemos: Pero sepan, hermanos, que el Evangelio
que les prediqué no es doctrina de hombres, y tampoco lo recibí o lo aprendí
de un hombre, sino por una revelación de Cristo Jesús.
Durante 3 años (35-38) Pablo está en una misión en Arabia y Damasco. En Gal.
1,16-18.21 Pablo nos relata: En ese momento no tomé consejos de nadie, ni subí
a Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí. Más bien me fui de
inmediato a Arabia, de donde volví después a Damasco. Luego, pasados tres años,
subí a Jerusalén para entrevistarme con Pedro, y con él permanecí quince días...Después
pasé a las regiones de Siria y Cilicia (38-48)... En Gálatas 2,1 Pablo
continua: Después de catorce años (de su conversión), subí de nuevo a
Jerusalén con Bernabé, llevando a Tito con nosotros.
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Antes de entrar en el segundo momento de la vida de Pablo a continuación
presentamos como introducción estas palabras del artículo “La Práctica de
Pablo...” por P. Richard (p. 125):
Hay en la vida de Pablo, analizada como totalidad, dos grandes opciones o
pasiones, que orientan toda su práctica apostólica: la verdad del Evangelio y
la unidad del Pueblo de Dios. En ciertos momentos de la vida de Pablo la defensa
de la verdad del Evangelio puso en peligro seriamente la unidad del Pueblo de
Dios; en otros momentos la defensa de la unidad arriesgó la verdad del
Evangelio. Es muy difícil, hasta el día de hoy, defender simultáneamente la
verdad del Evangelio y la unidad de la Iglesia. Normalmente la defensa de una
pone en peligro la otra. En la vida de Pablo las dos opciones se combinaron de
una manera dialéctica y fructífera. Considerar estas dos opciones en la vida
de Pablo es intentar una interpretación global de su práctica apostólica. Es
lo que intentaremos hacer brevemente en los párrafos que siguen...
2. Pablo, apóstol de los gentiles, constructor de Comunidades (48-55)
Opción fundamental de Pablo: La Verdad del Evangelio
Aquí nace el verdadero Pablo (Gal. 2,1-10). Pablo Richard nos explica este período
de la vida de Pablo de la siguiente manera (pp 126ss): En la segunda parte de la
vida de Pablo, entre los años 48 y 55, la opción
fundamental del Apóstol es por la verdad del Evangelio. Así lo define el mismo
Pablo en la carta a los Gálatas. Hablando de la Asamblea de Jerusalén (año
48), Pablo dice que ni por un instante cedió, sometiéndose a los falsos
hermanos que querían circuncidar a Tito, “a fin de salvaguardar para ustedes
la verdad del Evangelio” (Gal. 2,3-5). Igualmente en el conflicto de Antioquía
(fines de 48), Pablo dice que se enfrentó a Pedro “porque no procedía con
rectitud, según la verdad del Evangelio” (Gal. 2,14). Son dos momentos
cruciales en la vida del Pablo, ambos sucedidos en el año 48, que marcan un
nuevo comienzo en su vida. Pablo está convencido de la verdad de su Evangelio,
que no es de orden humano, que no lo recibió de hombre alguno, sino por
revelación de Jesucristo (cf. Gal. 1,11-12). Pablo sube a Jerusalén para
exponer el Evangelio que proclama entre los gentiles (Gal. 2,2). Se admira de
los Gálatas que tan pronto se han pasado a otro Evangelio; no es que haya otro,
pero algunos quieren deformar el Evangelio de Cristo (Gal1,6-7). El Evangelio de
Pablo es claro: “el ser humano no se justifica por las obras de la ley, sino sólo
por la fe en Jesucristo” (Gal. 2,16). Si se desvirtúa la verdad del
Evangelio, no sería posible la misión a los gentiles; además, teológicamente
hablando: Cristo estaría al servicio del pecado y habría también muerto en
vano (Gal. 2,15-21). En la asamblea de Jerusalén (según la versión de Pablo
en Gal. 2,1-10), Pablo fue intransigente para salvaguardar la verdad del
Evangelio. Incluso
trata con un tono irónico a las autoridades de la Iglesia, “los que eran
tenidos por notables - ¡qué me importa lo que fuesen! - en Dios no hay acepción
de personas” (Gal. 2,6). A los miembros de la Iglesia de Jerusalén,
que se oponen a su Evangelio, los trata muy duramente como intrusos, falsos
hermanos, infiltrados para espiar la libertad que tienen en Cristo (Gal. 2,4).
Podemos decir que en Jerusalén Pablo arriesga la unidad del Pueblo de Dios por
salvaguardar la verdad del Evangelio. Esto es más cierto aún en el conflicto
de Antioquía. Pablo se enfrenta con “algunos del grupo de Santiago” (que es
ya el jefe de la Iglesia de Jerusalén), con Bernabé y con
Pedro, porque actúan de una manera hipócrita poniendo en peligro la verdad del
Evangelio (Gal. 2,11-14). Parece que Pablo perdió en este enfrentamiento en
Antioquía, pues de haber ganado lo hubiera puesto en su relato de los
acontecimientos. Lo que sucedió realmente es que Pablo rompió con los de
Santiago, con Bernabé (cf. He 15,36-40 donde se narra esta ruptura, aunque
Lucas la justifica y disimula con el motivo de Juan Marcos) y con Pedro.
Pablo en su intento de salvar la verdad del Evangelio, pone en grave peligro la
unidad de la Iglesia. Para Pablo en ese momento salvar la verdad del Evangelio
es prioritario e indispensable para asegurar la misión de los
gentiles. Después del enfrentamiento de Antioquía, donde se salva la verdad
del Evangelio, aunque se fractura la unidad del Pueblo de Dios, Pablo sale de la
ciudad para evangelizar, fundado en la verdad del Evangelio, a las
comunidades de Galacia (año 49), Filipos, Tesalónica, Berea, Atenas (año 50),
Corinto (años 50-52 y fue aquí donde Pablo escribió su carta a los Tesalonicenses)
y Efeso (52-55 y aquí en Efeso Pablo escribe las cartas a
los Gálatas, los Corintios, los Filipenses y a Filemón, cuando estaba
encarcelado). Siete años dura esta misión, donde Pablo, con hechos y con
comunidades concretas, va a legitimar y consolidar la verdad del Evangelio.
Terminado este período, comienza el tercer momento de su vida, donde su opción
fundamental será ahora la unidad del Pueblo de Dios.
3. Pablo Mártir (Años 55-60)
Opción de Pablo - La unidad de la Iglesia (sin
dejar de lado la verdad del Evangelio)
Después de siete años de evangelización en Macedonia, Grecia y Asia, Pablo da
por terminada su tarea en esa región. Guiado por la verdad del Evangelio pudo
predicar, con libertad y sin obstáculos, la Palabra de Dios a los
gentiles: “desde Jerusalén hasta el Ilírico he dado cumplimiento al
Evangelio de Cristo” (Rom 15,19). El Ilírico designa aquí el punto más
occidental de la Macedonia, desde donde la ruta romana pasaba vía marítima a
Italia y Roma. El punto de partido para Pablo es Jerusalén, lo que es muy extraño.
Pablo de hecho partió desde Antioquía. Pero aquí Jerusalén no designa tanto
un punto geográfico, sino una referencia teológica: su misión
está enraizado en la historia del Pueblo de Dios, que comienza en Israel y
termina entre los gentiles. En Jerusalén también se vivió la muerte y
resurrección de Cristo y allí se encuentra la comunidad cristiana, madre de
todas las comunidades. Pablo va ahora a trazar una nueva línea: de Roma a España
(ROM 15,2,8). Línea Jerusalén-Ilírico cubre la parte oriental del Imperio
Romano. Ahora la nueva línea Roma-España designa la parte occidental del
Imperio. Para entender el fin de este primer período misionero de Pablo, desde
Jerusalén al Ilírico, es importante leer atentamente el discurso de despedida
de Pablo a los ancianos de Efeso en Hechos 20,17-38. Pablo no está dejando
grandes estructuras como fruto de su misión, sino fundamentalmente
la fuerza de la Palabra de Dios: “Ahora los encomiendo a Dios y a la Palabra
de su gracia, que tiene poder para construir el edificio” (Hechos 20,32).
Pablo ha decidido ir a Roma, para comenzar la evangelización de
Occidente. Pero curiosamente decide ir a Roma....¡pasando por Jerusalén! No es
de ningún modo la ruta más directa. ¿Por qué Pablo va a Jerusalén? Solo hay
una respuesta: antes de emprender su nueva misión es urgente consolidar la
unidad del Pueblo de Dios y de la Iglesia. Del año 49 al 55 Pablo vivió
apasionado por la verdad del Evangelio, ahora del 55 al 60 Pablo luchará por la
unidad de la Iglesia. La Iglesia de Roma era probablemente una misión fundada
por la Iglesia judeo-cristiana de Jerusalén. Si Pablo quería tomar Roma como
base para su nueva misión, necesitaba reconciliarse con Jerusalén. Pero hay
una razón más profunda: la unidad de la Iglesia. Para Pablo la
unidad de la Iglesia es algo más que una cuestión de estrategia misionera.
Las razones para la unidad las tenemos en Romanos caps. 9 - 11. La comunidad de
los gentiles que creen en Jesús ha sido incorporada al Pueblo de Israel; son
como injertos en el olivo del Dios de Israel. La ruptura con el Israel bíblico,
hubiera significado la pérdida de la Biblia hebrea, que era la única Biblia
del Pueblo de Dios; hubiera significado la ruptura con toda la tradición exódica,
profética, apocalíptica y sapiencial del Pueblo de Dios; se hubiera roto la
misma historia de la Salvación. Si las Iglesias de Pablo hubieran roto la
unidad, se hubieran transformado en un cristianismo filosófico y abstracto, al
margen de la historia de la salvación del Pueblo de Dios. Igualmente la Iglesia
judeo-cristiana, si hubiera roto con las Iglesias de la gentilidad, se hubiera
transformado en un secta judía, encerrada en la ley, sin universalidad. La
unidad de la iglesia era una
necesidad histórica tanto para Pablo (la Iglesia de la in-circuncisión) como
para Santiago (la Iglesia de la circuncisión); pero también para el futuro del
cristianismo.
Para reconstruir la Unidad de la Iglesia, Pablo comienza con la solidaridad:
organiza una colecta entre los gentiles de sus comunidades en favor de los
cristianos de Jerusalén. La colecta tiene también para Pablo un
valor simbólico: “si los gentiles han participado en sus bienes espirituales,
ellos a su vez deben servirles con sus bienes temporales” (Rom15,27). Este
acto de solidaridad con Jerusalén no será fácil, pues aceptar la colecta
significaba aceptar la santidad lograda por la fe y no por la ley, de las
comunidades cristianas de la gentilidad. Pablo tiene sus temores (ROM 15,30-32).
Sobre la colecta puede leerse 2 Cor 8 y 9, donde queda muy claro que los que
participan en la colecta son comunidades extremadamente pobres: “probados por
muchas tribulaciones, su rebosante alegría y su extrema pobreza, han desbordado
en tesoros de generosidad” (2 Cor 8,1-4). Es una solidaridad entre cristianos
pobres. Esta metodología de Pablo de reconstruir la unidad de la Iglesia a
partir de la caridad y la solidaridad entre los pobres, sería un buen método
también para la Iglesia de hoy. Por los Hechos de los Apóstoles (caps. 20 al
28) sabemos que a Pablo le va ir muy mal en Jerusalén. Lucas presenta el viaje
de Pablo a Jerusalén en paralelo con el viaje de Jesús a Jerusalén. Cuando
llega Pablo a la ciudad santa, es recibido con “alegría”, pero
inmediatamente se le impone una práctica cultural en el Templo, con la cual
Pablo arriesga la misma credibilidad de la verdad del Evangelio. Así como en el
año 48 en Jerusalén
y Antioquía Pablo fue inflexible para salvar la verdad del Evangelio, poniendo
en peligro la unidad de la Iglesia, ahora Pablo arriesga y pone en peligro la
verdad del Evangelio para salvar la unidad de la Iglesia. Pablo pagará un
precio muy alto por esta unidad. Pablo morirá en Roma por su fidelidad a la
verdad del Evangelio, pero de hecho y en concreto, será por la unidad de la
iglesia que Pablo dará su vida, interrumpiendo su proyecto
misionero de evangelizar la otra mitad occidental del Imperio. Serán sus discípulos
los que continuarán su obra. Incluyámonos también nosotros en esta tarea
misionera, siguiendo fielmente las opciones de Pablo que hemos sintetizado en
este artículo.
P. Santiago W.