PREGUNTA: QUISIERA SABER EN QUÉ CITAS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS SE HABLA DE VOCACIÓN

NOMBRE: Raúl 
CORREO-E: [email protected]
PAÍS: España
FECHA: 11/may/2000
 
RESPUESTA

1. En el AT. La expresión “llamar a uno por su nombre” significa frecuentemente la elección, el llamamiento para una función o misión determinada (Ex 31,29. El Deutero-Isaías utiliza dos fórmulas para indicar la elección: o “llamar a uno por su nombre” (43,1; 45,3) o “llamar” a secas (41,9; 42,6; 46,11; 48,12.15; 50,2; 51,2). En otros lugares, la invitación por la que Dios ofrece al hombre la participación en los bienes de la salud se presenta como un llamamiento o vocación (cf. Prov 1,24;  9,15); idéntica idea expresa también, sin duda, la conocida fórmula: “El nombre de Dios ha sido invocado sobre alguno” (1Re 8,43: Am 9,12; Jer 7,10s.14.30; 14,9; 15,16; 25,29; 32,34; 34,15; Is 63,19; 2Par 7,14; Dan 9,18s; Dt 28,10). Dios lo llama para sí, lo señala como propiedad suya.
2.- En el NT  A) Los evangelios hablan repetidas veces de un plan divino dirigido a los hombres: “Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos” (Mt 22,14; 20,16; cf. Ap 9,9); este texto paradójico quiere seguramente inculcar en los oyentes la idea de que la vocación o llamada de Dios jamás puede ser para el hombre motivo de gloria, sino que  siempre es pura gracia de Dios (cf. Mt 8,12: no basta repetir que somos “hijos del reino”, cuando siempre corre el riesgo de ser reprobados; cf. Mt 9,12s). Jesús llama, por una parte, a los apóstoles (Mt 4,21 par.), pero también, por otra parte, a los pecadores (Mt 9,13 par.).
B) La idea de una vocación divina se encuentra, sobre todo, en Pablo. Los cristianos son “llamados” (1Cor1,24; Heb 9,15), “llamados por Cristo Jesús” (Rom 1,6), “llamados santos” (1,7), “llamados según el plan de Dios” (8,28). El llamamiento de Dios es consecuencia de su amor (1Cor 1,2.9; Jds 1), pues Dios ama a “los que están en Cristo Jesús” (Ap 17,14). El “llamamiento de Dios “ (Rom 11,29; Gal 1,6) va muchas veces implícito en la idea de elección (Rom 11,28; 1Cor 1,26s), que es efecto de su pura misericordia: “Dios nos salvó y nos llamó con santa vocación, no en consideración de nuestras obras, sino según su propio plan y su gracia, dada a nosotros en Cristo” (2Tim 1,9). Cada uno debe permanecer en el estado en que estaba en el momento de su vocación por dios en Cristo Jesús (1Cor 7,20.24) y mostrarse digno de esta gran gracia recibida (Ef 4,1; 2Tes 1,11). Esta gracia de la vocación es “celestial” (Heb 3,1; Flp 3,14), y trae consigo la esperanza de la salud (Ef 1,18; 4,4: no hay más que una misma esperanza como término de nuestra vocación o llamamiento). La vocación divina es, pues, un término especial que designa toda la obra de salud cristiana: “Dios os ha llamado por nuestro evangelio, para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo mismo” (2Tes 2,14; cf. 1Tes 2,12: “Dios os llama a su reino y a su gloria”). Según las ideas de los primeros cristianos, esta vocación divina supone una intervención activa de Dios que llama (Gal 5,8.13; 1Tes 5,24; Rom 14,17; 9,26), tanto en la historia de la salud en general (Rom 9,7 = Gen 21,22; Heb 11,8), como en la vida de cada cristiano (2Pe 1,10). Cada uno de nosotros está “llamado por Dios para la comunión en su Hijo” (1Cor 1,9); consecuencia de ello es que “no hemos sido llamados para la impureza”, sino “para la santidad” (1Tes 4,7), “para la vida eterna (1Tim 6,12), “de las tinieblas a su luz admirable” (1Pe 2,9), “a su gloria eterna” (5,10; 2Pe 1,3). La comunión de cada cristiano con el Hijo de Dios crea también la unión (Hech 2,39) entre todos los cristianos: “Un cuerpo y un espíritu, como habéis sido también llamados a una misma esperanza” (Cf. 4,4; Col 3,15).
Dios llama al predicador de la fe, al apóstol, de una manera especialísima (cf. Gál 1,15; Rom 1,1; 1Cor 1,1; Hech 13,2; 16,10). (fuente: DICCIONANRIO DE LA BIBLIA, por S. de Ausejo y otros, Editorial Herder, Barcelona, 1987)

P. Santiago W.

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