Una definición de “revolucionario” es uno que causa un cambio en la
esencia o marcha habitual de las cosas. Cuando Jesús inició su vida pública
existía una sociedad llena de injusticia, opresión, pobreza y marginación.
Tal estado de cosas no quería Dios para su pueblo. El proyecto de Dios era un
proyecto de vida y no de muerte y por eso envió su Hijo único quien se hizo
hombre y habitó entre nosotros para ser luz para los hombres.
En Lucas 4,15-19 leemos lo que dijo Jesús al proclamar su misión haciendo
suyas las palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí.
Él me ha ungido para traer Buenas Nuevas a los pobres, para anunciar a los
cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a
los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor”. Jesús cumplió
esa profecía de Isaías y todo que Él hizo y enseñó era para cambiar los
corazones y “la marcha habitual de las cosas”. En ese sentido podemos llamar
a Jesús un verdadero revolucionario. Así lo consideraron los jefes del pueblo
judío y temprano en la vida pública de Jesús los fariseos buscaban “la
forma de eliminar a Jesús” (Mc 3,6;) (ver también Jn 11,45-57 ).
P. Santiago W.