SEÑOR, PERMITE QUE TE HABLE HOY,
DEL
DULCE ENCUENTRO
QUE
ME CAMBIO,
LA
HORA FELIZ EN QUE YO ESCUCHE,
TUS
PALABRAS DE AMOR.
Dime
cuándo pudo suceder,
si
en la luz que el sol vierte al surgir,
o
cuando el calor me hace vivir,
o
fue en la noche al volver.
¿Fue
cuando una rosa deshojé,
o
en la fuente al agua que bebí;
o
fue en el calor del dulce hogar,
donde
por fin te miré?
No
fue en las horas de ilusión,
sino
al decidir mirarme bien;
como
amigo, en mi alma te encontré
tú
me esperabas allí.