Arequipa, niña blanca de mirada azul y de cerrar de ojos negros brillantes de estrellas. Niña dormida con el sueño suave de los hielos. Dormida con el sueño que atraviesa los tiempos. Niña buscadora de las aguas grandes y profundas. Con tu sonrisa de siglos dibujada en tu rostro. Niña mensajera de palabras de sol, tú no necesitabas las palabras, bastaba tu sueño de hielos, tu sonrisa coronada por volcanes y tu actitud de paciencia que se encuentra sólo en las alturas. Niña pastora de guanacos, Niña de calles blancas, amasadora de silla, constructora de misterios Niña sonreidora, Niña dormida, despierta desde el hielo en donde te dormiste. Sacude a los indios de su letargo, quítales la paciencia que les trasmitiste, dale de nuevo tu fuerza para escalar montañas para que de nuevo sean dueños de su tiempo y de los volcanes. Para que conversen de nuevo con el sol que asoma en las mañanas, y se encuentren ahora nuevamente con las aguas grandes y profundas y despierten cada día con la fuerza y el misterio eterno de tu mirada.
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