Las cordilleras y los cerros siempre me han llamado y han hablado conmigo. Me han contado de las fuerzas que han entrado en ellos para crecer, para formar sus valles y sus r�os, y como anida el c�ndor en las alturas. Como la nieve se deposita en sus cumbres y como el sol llega a besarla, para convertirla en miles de hilos de plata que bajan jugando para formar los r�os. Me han contado como el viento ha modelado sus cinturas y formas. Como las noches fr�as llenas de estrellas, se han depositado en cada poro de las monta�as. Me han susurrado que, a veces, el agua se queda en su regazo para formar lagunas multicolores y que ellas con su relampaguear invitan a los p�jaros para que aniden en ellas. Me sorprenden las formas y sombras que dibujan, a veces juegan con las nubes y ellas est�n de sombrero. Otras los visten de gris y de agua, otras se convierten en amantes suaves y acariciantes y bajan por su cintura, hasta cubrirlo todo. Las monta�as y cordilleras me han ense�ado el arte de amar de las nubes y de la lluvia y del vuelo misterioso y suave de las �guilas y de los c�ndores. Y s� t� eres monta�a, cordillera y cerros y est�s llena de valles y de colinas y de nubes y te mueves con la belleza del c�ndor Y yo tengo el arte del amar ense�ado por ellos, como no amarte cada d�a, con la suavidad de la lluvia y con ligereza y delicadeza y magia del vuelo de los amos de la altura.
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