Mi padre era un gigante como los robles y como las araucarias que lo abarcan todo. Siempre lo vi con la fuerza de los gigantes, lo miraba, lo admiraba y lo tem�a. Su tronco era recto como el de los �rboles milenarios, su mirada era la de los c�ndores, �l lo sab�a todo, �l lo hacia todo y yo le admiraba y le tem�a. Yo crec�a y �l era siempre grande. Yo era el ni�o y �l era el hombre. Mi padre no dorm�a, o quiz�s dorm�a de pie como los �rboles. Mi padre no era fr�gil, el tenia el don de las palabras, tenia el don de la certeza, tenia toda la sabidur�a consigo. Crec�, crec�, mas, mi padre ya no era sabio, ni era certero, mientras m�s crec�a �l se hacia d�bil y se convert�a en ni�o. Cuando �l fue d�bil y dej� de ser sabio, encontr� al hombre, con sus debilidades y sus errores y ya no le tem� y solamente lo am�. Y se convirti� de nuevo en sabio y fue mas alto que el m�s grande de los robles y tuvo mas edad que el m�s antiguo de los alerces y encontr� a mi padre, y lo am�.
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