Por escuchar la lluvia, la de los alegres y enamorados. La de los tristes y la de los pobres, por aprender a oír la quena y la zampoña, el alma de ellas y la del músico. Por sentir el viento que me envuelve y vibrar con el. Por recoger su brisa. Por adsorver y absorber el desierto vivirlo y recibir su canto y cuento. Por leer el vuelo de los pájaros cuando caminé con ellos siendo viento. Por descifrar con su trino su destino. Por saber el mar, con su salado aroma, oler sus alegrías y sus penas y la de los pescadores en sus trabajos rudos. Por sufrir con los hermanos sus tragedias. Por estar con ellos sentirlos respirarlos y llorar sus penas. Por darme la palabra, leerla e interpretarla y sentirla y traspasarla a otros. Por soñar, soñando a la mujer de sueños y por tenerla conmigo.
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